Me topé con un video en TikTok de una muy joven influencer mexicana cuyo tema es la literatura. En él mostraba su más reciente lectura Aquí no es Miami de Fernanda Melchor. Libro de relatos acaecidos todos en el puerto de Veracruz, algunos incluso, elevados al estatus de leyenda. Compré dicho libro, y además de confirmar la calidad literaria de Melchor, pienso que algún día podría aspirar a ganar el nobel de literatura. ¿Por qué no?
Ahora mismo lleva unos años sonando la mexicana Cristina Rivera Garza por su libro acerca del atroz feminicidio de su hermana, allá por 1989, cuyo nombre es El eterno verano de Liliana. Ejercicio este que también supone una pieza periodística de gran calidad, en el que se evidencian problemas endémicos del país como la violencia, el machismo, la burocracia onerosa e ineficaz y una obscena y creciente impunidad, que luce rayando en lo total, en algunas mediciones.
En los relatos de Fernanda Melchor lo mismo se adivinan lastres diversos propios del México, tanto del siglo XX cómo el actual. En la introducción afirma que no aceptará otra etiqueta de ficción que no sea la inherente a todo constructo del lenguaje humano, en su forma, desde la poesía hasta la nota periodística roja; nos subraya, que el vocablo “ficción” tiene su etimología en el latín ‘fingere’, cuyo significado es modelar o dar forma. Afirma también que la realidad carece de voluntad directiva, de sentido deliberado; pone pues ènfasis en la subjetividad que va aparejada a toda acción humana. “El hombre es él y su circunstancia” habría sentenciado el escritor español José Ortega y Gasset, y que toda pieza literaria, desde la novela hasta el reportaje, acaban teniendo su fuerte carga de ficción, por así decirlo.
Lo mismo nos dice la escritora jarocha, acreedora ya al prestigioso premio internacional de periodismo R. Kapuscinski, que todo lo escrito por el ser humano se trata de artificios, no de la propia vida misma. Sin duda, en el género periodístico de opinión, el concepto de objetividad está muy lejos de ser el adecuado, cuando mucho pudiéramos hablar de cierta imparcialidad, esa que se refiere a la ética periodística, pero que nunca podría eliminar esta la subjetividad, ni en ese género periodístico ni en otros, mismo caso en la literatura en su sentido más amplio. Da gusto, pues, hallar talento joven mexicano que promete aún mucho de los que ya ha logrado. Así sea.
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