Celebran Regios Día del Patrimonio de Nuevo León

Nuevo León celebró con éxito total el 14 de marzo su 8° Edición del Día del Patrimonio de manera virtual debido al COVID-19, con más de 200 000 personas a nivel nacional y hasta 44 países en...

18 de marzo, 2021

Nuevo León celebró con éxito total el 14 de marzo su 8° Edición del Día del Patrimonio de manera virtual debido al COVID-19, con más de 200 000 personas a nivel nacional y hasta 44 países en las más de 100 actividades de decenas de organizaciones públicas y privadas que hicieron posible el Día del Patrimonio de Nuevo León 2021.

El Arq. Sergio Humberto Rodríguez González, Coordinador General del Comité Organizador agradeció a todas las y los participantes: “Este es un esfuerzo colectivo para celebrar, difundir y conocer diversos aspectos que dan identidad a quienes son originarios o viven en #NuevoLeón cada segundo domingo de marzo”.

El Arq. Sergio enfatizó que este año se logró tener una mayor cobertura a comparación del año pasado, se logró superar el número de audiencia. El Consejo organizador está constituido por más de 70 instituciones, organismos públicos y privados, museos, fundaciones, universidades, asociaciones civiles y colectivos y municipios del estado de Nuevo León.

Los regiomontanos vivieron virtualmente el DPNL que difunde la herencia cultural del estado. La agenda del evento estuvo integrada por presentaciones artísticas, visitas guiadas, arte sacro regional, danza clásica, contemporánea, folklórica música norteña, arquitectura vernácula, e historia.

Participaron un grupo de alumnas del cuarto año de la Licenciatura en Danza Clásica de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey; Danza Folklórica presentó el espectáculo “Arriba el Norte”, Un tour guiado por el Padre José Raúl Mena, Director del Museo Arquidiocesano de Arte Sacro, el Conjunto de Jhoniván Sánchez, música colombiana y sin dejar de lado una remembranza de música del “Rebelde del Acordeón” Celso Piña (1953-2019).

También participaron por medio de cápsulas culturales vía online Historiadores e Historiadoras de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística: MCP. Óscar Tamez Rodríguez  Presidente de la SNHGE “Fundación de Nuevo León y sus Capitales”,  Mtro. Eduardo Cázares Puente “La Ciudad de Monterrey en el Siglo XIX”, Dr. Mario Treviño Villarreal “Actividades económicas en el Nuevo Reyno de León”, Mtra. María Luisa Santos Escobedo “Historia de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística”, Mtro. Arturo Delgado Moya “Patrimonio Educativo del Siglo XX” y Dra. Angélica Murillo Garza “Nuevo León a través de sus monumentos como símbolos identitarios”.




Enlaces

Arq. Sergio Humberto Rodríguez González

Coordinador General del DPNL

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Cada año tenemos un mayor número de homicidios dolosos y en algunos lugares, la cuarta parte corresponden a feminicidios, esto es, homicidio por razón de género. Dichos titulares de nota roja resultan como la punta del iceberg; solo estamos viendo lo más amarillista, pero no nos aventuramos a mirar debajo del nivel del agua, a esa base que sustenta los crímenes que se dan en México, desde Tijuana hasta Tuxtla Gutiérrez.  Tal vez haya cambios en edad de las víctimas, en ocupación de ellas al momento de ser asesinadas.  El móvil que lleva a privarlas  de la vida varía, pero en el fondo hay un mismo sustrato que se repite, como una amalgama de elementos culturales que, acomodados de una u otra manera, finalmente dan un resultado similar. En los últimos diez años, y más acentuado con razón de la pandemia, surgen importantes escritoras  de novela negra en Latinoamérica: México; Argentina; Colombia; Chile.  Más allá de Verónica Llaca, ganadora del concurso “Una vuelta de tuerca” en el 2014 con su novela La simetría de los árboles, no ha sido hasta estos últimos años cuando aparecen voces poderosas, tanto en México como en Latinoamérica, contando desde su percepción de género la historia de la violencia contra la mujer.  Dentro de las jóvenes creadoras tenemos una gama variada de voces que nos llaman a zambullirnos en las gélidas aguas en torno al iceberg del feminicidio para conocer, centímetro a centímetro la base que lo sostiene. Un término que me resultó esclarecedor, y al cual quiero dedicar esta colaboración, lo llama Selva Almada, escritora argentina “micro violencias domésticas”.  De este modo se refiere a esos detalles suspendidos en la mayoría de los hogares latinoamericanos.  Desde los menos favorecidos en la esfera económica hasta los que consideramos “bien avenidos”, conformados por familias de clase media o media alta, integradas, con ingresos económicos estables; hijos con excelentes oportunidades de estudio; ocasión de frecuentes  viajes por placer.  En un extremo y el otro de la escala socioeconómica que estamos imaginando ahora, se presentan esos mínimos actos de violencia contra la mujer que, a la vuelta de los años, hacen un acumulado considerable, que bien puede culminar en un feminicidio. En mi práctica institucional  hospitalaria era muy común atestiguar las diferentes reacciones de la familia ante el nacimiento de un varón o de una mujer.  Hablo de los tiempos en que el ultrasonido apenas comenzaba a utilizarse, por lo que la mayoría de quienes acudían al Sector Público, no se enteraban del género biológico sino hasta el parto. Alguna vez, cuestioné a una madre por qué se alegraba más por un niño que por una niña, me dijo: “Porque el niño va a ayudar a llevar más dinero a la casa”.  No me convenció del todo su respuesta. Husmeaba  factores antropológicos y psicológicos detrás de ese pensamiento que logré entender leyendo a Margaret Mead, antropóloga social dedicada a estudiar la impronta que deja la madre en los hijos con relación a las funciones de género.  Ella analizó poblaciones en Nueva Guinea para establecer principios que son válidos de forma universal. En nuestro amado México, esas costumbres de privilegiar al varón por encima de la mujer dentro de casa vienen de centurias atrás.  A pesar de que las deidades de la Cultura Mexica fueron tanto masculinas como femeninas, sí comenzó a determinarse un patrón de conducta de género: los varones iban al Calmécac para ser  sacerdotes, o se preparaban como guerreros.  Detrás de unos y otros estaba la mujer, como sombra, pero a la vez apuntalando esos patrones de comportamiento: una sociedad matriarcal revestida de un halo de glorificación para el varón.  La única ocasión en que la mujer llegaba a esos niveles tan elevados, era cuando moría durante la labor de parto. Así avanzamos como civilización, recibiendo influjos judeocristianos provenientes de Europa, en ocasiones otros distintos de África y en menor proporción de Asia. Incorporamos los elementos que resultaban útiles para conformar una sociedad que determina que en igualdad de circunstancias, el varón estudie y la mujercita se quede en casa aprendiendo labores del hogar;   dentro de casa, que la madre y las hijas atiendan al padre y a los hijos varones; que las prerrogativas sean en automático para el varón y altamente condicionadas para la mujer. Según el nivel sociocultural, tenemos desde padres violentos al extremo, hasta los que dejan caer con sutileza frases o actitudes que indican que para él las acciones del hijo son mejores  que las que hace la hija. Se descalifica, desacredita y resta valor a la mujer de un modo tan cotidiano y casual que se vuelve parte de la cultura intrafamiliar, y caldo de cultivo para violencias mayores. Ahora bien, que sea la mujer la que narre acerca de la violencia de género, otorga a su obra un doble valor: No es el varón narrando desde fuera como un testigo casual; es ella, la mujer, narrando desde el dolor y la impotencia; desde el sistema familiar que la asfixia, o en el mejor de los casos entorpece su crecimiento personal.  Esta voz narradora nos llama a salir del letargo para entender que la normalización de la violencia no es sana. Lejos de que sea el contacto con los videojuegos violentos o con las series sobre narcos, la causa última, la violencia se respira en el ambiente hogareño, en micro dosis, en forma habitual.  Ahora es tiempo de ventilar las habitaciones, de abrir puertas y ventanas del conocimiento, para detectar cuáles son esas expresiones de micro violencia con las que hemos convivido desde la infancia. 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CARTAS A TORA 218

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