Cartas a Tora XXX

Querida Tora:   Querida Tora:               Temo que lo que te voy a contar te disguste, y hasta te haga llorar. Yo, desde luego, estoy que no me calienta el sol...

23 de marzo, 2017

Querida Tora:

 

Querida Tora:

              Temo que lo que te voy a contar te disguste, y hasta te haga llorar. Yo, desde luego, estoy que no me calienta el sol (Una forma de hablar que se explica por sí sola. No preguntes).

Empezaron a hacer el agujero en el patio, como ya te dije. Los vecinos se reunían todos los días alrededor de él, y hablaban en voz baja.”¿Por qué taparon el hoyo, si iban a hacer otro?” “Nos va a costar todo el doble”. ““¿Es que son tontos?”  “Tontos no, idiotas”. Los calificativos subían de tono, y el portero empezó a alarmarse cuando se dio cuenta de que iban dirigidos a él. Llamó al chavo del 7, y hablaron largo y tendido.

Por otro lado hay una vecina, la señora del 10, que hace años que está enferma. No sé de qué pero ni se alivia ni se muere. Vive con su único hijo, y lo tiene bien apergollado. El muchacho (nadie es muchacho a los 50 años, pero como es soltero y vive con su mamá, no sé cómo llamarlo) es novio de la del 18 desde hace… ¡35 años! ¿Te imaginas? Una vez, la muchacha compró un vestido de novia porque ya se iban a casar; pero la señora salió al pasillo y se puso a gritar que le robaba a su hijo, que no tenía derecho a llevárselo y no sé cuántas barbaridades. (Esto lo sé de oídas, porque fue hace muchos años). El hijo le prometió que nunca la iba a abandonar, que contaría con él hasta la muerte, y quién sabe cuántas ternezas más. Total, que la muchacha se echó a llorar, se sintió una mala mujer (casi cabaretera de quinta) y guardó el vestido entre alcanfores (Unas cositas que se ponen entre la ropa para que no se la coman las polillas (unos animales que comen ropa) Cierro el doble paréntesis). Y allí quedaron los muchachos, platicando todas las tardes en la puerta del 10, bajo la mirada vigilante de la madre para que no metan la pata  (que, la verdad sea dicha, lo que suelen meter no es la pata). La mamá de la muchacha (49 años muy entrados a 50) lo que quiere es que la metan; pero el muchacho le prometió a su madre que no le faltaría nunca a la muchacha, y ya tiene tres hijos en otras colonias.

¿Qué tiene que ver ésto con el agujero? Allá voy. Resulta que el martes pasado fue el portero a visitar a la señora del 10 con el pretexto de que es la vecina más antigua, y le van a dar una medalla. Y al día siguient e, la señora se murió.

Como lo oyes. Tuvo un ataque al corazón (provocado por arsénico). Pero el muchacho no quiso que le hicieran la autopsia (¡Cómo iban a despedazar el cuerpo de su mamacita! “Que la entierren así, y ya”, dijo). Y mientras en el 10 se hacía el velorio hubo fiesta en el 18, porque la mama de la muchacha dijo que “por fin se va  casar m’ija”; y si se apuran, a lo mejor me dan un nieto”. (Tiene ocho, pero de sus otras hijas, no de ésta). Al principio se vio feo que mientras en el piso de abajo se rezaban responsos, en el de arriba se oyeran guarachas y mambos; pero al cabo de unas horas el novio subió a bailar un danzón muy apretado con la novia que fue muy aplaudido, y tuvieron que hacer un “bis”.

Luego vino la boda. El vestido de novia estaba un poco carcomido, pero con unas puntadas bien dadas quedó como nuevo. No pudieron hacer nada con el color, pues se había puesto medio amarillo, pero sólo lo advertían los que se fijaban mucho. El vistió el mismo traje negro con que se graduó de secundaria, que hubo que fajarlo primero con un corsé ortopédico y casi no podía hablar; pero le alcanzó la voz para decir el “Sí, quiero” con el que esta gente formaliza los matrimonios (y tu mamá que  quiere no sé cuántas ceremonias para cuando tú te cases, que yo creo que las inventa ella misma. Ya tengo apuntadas 15  ceremonias distintas). ¿El banquete? Lo encargaron al King’s. El plato fuerte fue “Charales With Huauzontle In Cuaresmeño Sauce”, que les dieron a muy buen precio.

¿Todavía no te das cuenta de qué tiene que ver ésto con el agujero? Son maniobras del portero y del chavo del 7 para distraer a los vecinos y que se olviden de lo del patio, y el drenaje y los baños, y todo eso. Mientras todo ésto pasaba, nadie se fijó que el hoyo quedó más grande que el de antes, que las losas que pusieron en el patio las vendieron (aunque a ellos les dijeron que se habían despedazado al quitarlas) y los baños huelen más que nunca.

Pero los vecinos están ocupados ahora esperando que los novios regresen de su luna de miel. Luego se van a ir a vivir al 10, pero primero van a tirar todas las cosas de la vieja (perdón, de la madre del muchacho), y están esperando a ver dónde caen para poder agarrar todo lo que puedan.

¿Tengo o no razón para que el sol no me caliente?

Te quiere,

                 Cocatú

Comentarios


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Durante los últimos meses el clima y la vegetación habían variado enormemente, dificultando el trayecto; el paraje yermo y polvoriento donde habían asentado su campamento base, de a poco se había transformado en una jungla espesa, húmeda y de rocosos acantilados, cada vez más escarpados e inhóspitos. Únicamente algunos ínfimos asentamientos humanos con sus respectivos animales domésticos habían logrado sobrevivir ahí. Aquella, pues, era la realidad de Latinoamérica. Sólo pobreza. Gente jodida, jodida y solitaria, viviendo en medio de la nada. Carajo, pensaba el comandante Ramón, ¿cómo es posible que el gobierno, los gobiernos puedan permitir algo así, una existencia infrahumana y miserable, sin ningún propósito, sin ninguna aspiración? Justo algunas horas antes, él y los dieciséis hombres que componían aquella primera columna del llamado Ejército de Liberación Nacional se habían topado, accidentalmente, con una anciana desdentada que conservaba, a su avanzada edad, el buen talante y cuyo tiempo se dividía entre pastorear a sus cabras y cuidar a sus dos hijas, una enana y otra que yacía postrada en el interior de la pequeña choza construida con paja y adobe a la que las tres denominaban hogar. Habían intercambiado algunas escuetas palabras acerca de la distancia con respecto a las poblaciones más cercanas y después, poco antes de ponerse en marcha nuevamente, le habían dado cincuenta pesos, mucho considerando la cantidad que les restaba, no sin antes hacerle prometer que no hablaría con ninguno de los soldados que rondaban la zona. Una anciana y dos hijas enfermas. Algunos campesinos y sus familias. Una casa solitaria aquí, un caserío allá. Todos, en medio de aquel territorio agreste y perdido. En medio de la nada. Peor aún, dado los recientes acontecimientos, resultaba poco probable que fuera a cumplir con la palabra empeñada. El recuerdo de la segunda columna, cuya posición debió de haber sido informada al ejército por alguno de los campesinos locales, disparó de pronto imágenes dentro de la cabeza de Ramón; comenzaron a aparecer frente a sus ojos, claramente, los rostros de sus compañeros caídos. Muertos, todos muertos. Jóvenes. Buenos compañeros. Valientes y leales. Emboscados, sin oportunidad alguna de defenderse, asesinados como animales por unos soldados de mierda, sin ningún rastro de honor. Lo tenían todo y ahora ni siquiera podía saber él, con certeza, qué suerte correrían sus cuerpos. Julio y Manuel también habían muerto, ellos apenas dos semanas atrás. ¿Qué hay de aquellos que los amaban, de sus amigos, de sus compañeros, de su familia? ¿Qué será de la mía, si corro con la misma suerte? A mis hijos les costará trabajo recordarme, sobre todo a los más pequeños, pero mi mujer se encargará de criarlos como hombres y mujeres de bien, preocupados por su patria y por su gente. Aún y cuando no lo había expresado hasta ese momento, y jamás lo haría, era consciente de que el exterminio de aquella segunda columna marcaba el precipitado fin de la odisea. Durante algunos meses, el balance de fuerzas había presentado un saldo positivo; habían logrado abastecerse de cuantioso parque y provocado numerosas bajas enemigas. Pero la caída de la segunda columna era un golpe difícil de ignorar. Salir de allí con vida era, ahora, el único propósito, el único objetivo. La luz de la luna resultaba apenas perceptible dada la cantidad de nubes que pululaban el cielo aquella noche de octubre, de modo que el grupo avanzaba lentamente, entre penumbras. Continuaron la penosa marcha en silencio, bordeando un pequeño arroyo y atravesaron unos cuantos sembradíos de papas, dejando un notorio rastro entre la hierba.  Cada paso representaba un auténtico desafío y cerca de las 2 a.m. Ramón decidió que había sido suficiente. A pesar de la inconveniencia estratégica que representaba el instalarse entre aquellos peñascos, era inútil seguir avanzando. Los combatientes, no sin esfuerzo, lograron acomodarse en la boscosa hondonada y trataban de dormir un poco, debilitados por la fatiga, las infecciones, el hambre, la falta de vitaminas y la permanente tensión. Su comandante, recostado contra un árbol y respirando con sumo esfuerzo, aprovechaba el aparente sosiego para reponerse del arduo trayecto. Durante la madrugada, una compañía de flamantes rangers se apostó en los riscos que dominaban aquel desfiladero. Un campesino, como tantos otros que se habían encontrado a lo largo de aquella fatídica campaña, los había delatado. 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Mentalmente repasa los eventos que había compartido con el rey, desde la euforia de su nacimiento, el descubrimiento de aquella terrible enfermedad que le aquejaba, la batalla del Vado de Jacobo, la construcción del castillo de Chastellet, las desavenencias con Reinaldo de Châtillon, aliado de Guy y tantos, tantos otros, hasta que, finalmente el cansancio termina por vencerlo, soñando con otras épocas.   La mañana siguiente augura numerosos pendientes de los cuales encargarse, por lo que Raimundo se levanta temprano y quizás debido a ello, se convierte en el primero en saberlo. Se dirige al palacio y, desde el momento en que se acerca al rey, nota que algo anda mal. Siente cómo un violento escalofrío recorre su cuerpo. La pesada respiración habitual bajo la máscara metálica no se escucha en absoluto. Con suma rapidez se acerca y palpa la mano real para revisar el pulso, sin tener la más mínima posibilidad de controlar el temblor en la suya. Nada. 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Un mes después sobrevendría lo inevitable: la aniquilación del ejército cruzado en La batalla de los Cuernos de Hattin y la subsecuente captura del infame y belicoso Guy de Louisignan, último rey de Jerusalén por parte de Salāh-ad-Dīn, provocando la capitulación de la ciudad sagrada del Gólgota, el tempulum Domini y el Santo Sepulcro, la cual, hasta el momento de escribir estas líneas, jamás volvería a encontrarse bajo el manto cristiano.   " ["post_title"]=> string(24) "Balduino, Fidei Defensor" ["post_excerpt"]=> string(131) "“I will not cease from mental fight, /  nor shall my sword sleep in my hand / till we have built Jerusalem…”. -William Blake" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(23) "balduino-fidei-defensor" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-09-22 13:03:57" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-09-22 18:03:57" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=83633" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(18) ["max_num_pages"]=> float(9) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "05c8423682f776d8dd00f1a25d52e897" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Balduino, Fidei Defensor

“I will not cease from mental fight, /  nor shall my sword sleep in my hand / till we have built Jerusalem…”....

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