Cartas a Tora XXIX

Querida Tora… Querida Tora:          ¿Qué crees? Taparon el hoyo del patio. Ya se puede pasar como al principio. Nadie lo podíamos creer. Un día llegaron como treinta trabajadores, y se pusieron a llenar el hoyo con todo...

16 de marzo, 2017

Querida Tora…

Querida Tora:

         ¿Qué crees? Taparon el hoyo del patio. Ya se puede pasar como al principio. Nadie lo podíamos creer. Un día llegaron como treinta trabajadores, y se pusieron a llenar el hoyo con todo lo que encontraron; hasta la tierra de las macetas le echaron (con todo y plantas, para terminar más pronto). La del 2 estaba negra de coraje, pero luego dijo que por el bien de la vecindad sacrificaba sus plantas. Los que sí se enojaron mucho fueron el sobrino del que vivía en el 41 (¿Te acuerdas de él?) y su amigo. Sí, acuérdate que en las horas de mucho tránsito en la azotea pasaban a las vecinas en brazos a cambio de unos pesos. Pues se quedaron sin trabajo, y van a tener que ir a buscar cómo ganar dinero en otra parte.

Y no sabes qué aprisa acabaron. El hoyo lo llenaron el primer día; al siguiente pusieron unas losas de piedra iguales a las que tenía antes, y al tercero ya se podía pasar. Pero no pasó nadie hasta el domingo, porque el sábado iban a hacer una inauguración. Todos dieron sus cuotas, pero no alcanzaba para la inauguración. Entonces, los que tienen dotes artísticas (casi todos dijeron tenerlas) se ofrecieron a hacer un programa de variedades. Así, la señora del 8 cantó un bolero muy sentido. Los del 37 hicieron un número de excéntricos musicales que les salió muy mal, pero de todas formas se lo agradecieron. El señor del 32, que es más serio que un nopal sin espinas, contó chistes; eran chistes muy viejos, muy tontos, pero de todas formas se los rieron. La mocha recitó una poesía que a nadie le gustó, porque hablaba del amor a Dios y era muy espiritual, y que a mi me pareció preciosa. Hubo un trío, que cada uno cantaba una canción distinta, y que abuchearon mucho. Luego, un prestidigitador que quiso desaparecer a la vieja del 38, pero en vez de eso apareció a otra igual de gritona; y ahora, cuando se pelean, nadie puede dormir. Los inquilinos empezaron a enojarse de verdad, y ya iban a golpear al portero, como administrador que no sabía organizar festivales; pero él los calmó anunciando a la estrella, a la única, a la incomparable ¡Flor del Mal!

Y que sale la Flor, más desnuda que vestida. Y todos los señores empiezan a chiflar y a aullar, y se suben al escenario a manosearla. Pero entonces… Tengo que reconocer que el chavo del 7 es chiquito, pero muy hombrecito. Se les paró enfrente y sacó una pistola y dijo que el primero que la tocara se llevaría un plomazo. Y el segundo, también. Y el tercero y todos los demás. Alguien le gritó que no le iban a alcanzar las balas; pero él sacó una ametralladora y dio unos tiros al aire. Los obligó a sentarse y a escucharla cantar. Ella dijo que iba a cantar en francés, lo cual les pareció muy sexy y aplaudieron a rabiar. La vieja estaba borracha, y no se le entendía nada; pero como allí nadie habla francés, nadie se enteró de que no se le entendía. Luego le pidieron que cantara en alemán. El portero le empujó un vaso de tequila y la aventó al escenario. Ella cantó lo mismo que antes, pero más borracha, y el éxito fue inenarrable. La pobre Flor casi se marchita con tantas felicitaciones y el chavo se la tuvo que llevar para que pudiera respirar. Se tuvieron que refugiar en el hotel, porque ya venían de otras vecindades a ver por qué tanto ruido, y ya no salieron en toda la noche.

Quien sí lo pasó mal fue la mamá del chavo, porque al no encontrarlo a él, la gente fue a felicitarla a ella, que nunca se había sentido tan apenada como ese día. Lo peor fue cuando el del 11, que es mecapalero (una especie de cargador. No preguntes más, porque se me va la inspiración), la tomó en brazos y la arrojó al aire varias veces; y cuando se cansó la dejó caer. La pobre señora se tuvo que ir a acostar sin cenar y pasó muy mala noche.

Hubo una cena traída del King’s, que se puso muy pomadoso (¿Eh? ¿Qué tal?) con unos “Stuffed Chiles with Nogada Sauce and Verdolagas in Jelly and Bayo Beans”. Todos estaban encantados y brindaron a la salud del portero (Administrador, los corrigió él) y del chavo del 7, aunque no estuviera, y dijeron que los querían para siempre, que nunca admitirían que se los cambiaran.

Como a la una de la mañana pasaron la charola para recoger cooperaciones y pagar la cena, y todo el mundo dio todo lo que tenía, pues habían olvidado el valor del dinero. Y se fueron a dormir muy contentos, pensando que todo en esta vida se arregla, tarde o temprano.

Y sí, al día siguiente los citaron a junta. Y el chavo (el portero no se quiso arriesgar) les dijo que ya tenían contratado el equipo para arreglar los baños y que empezarían en cuanto recogieran las cuotas. La mocha, en nombre del Consejo, les pidió que las entregaran pronto para proceder inmediatamente al arreglo de los baños y poder vivir como Dios manda. Tardaron una semana en reunir las cuotas (algunos se atrasaron; los de siempre, pero la Flor dijo que ella se encargaría de cobrarles). Y, por fin, les anunciaron que el lunes siguiente empezarían la obra. Lo primero que tenían que hacer era excavar un agujero en el patio. Un escalofrío recorrió el cuerpo de todos. Acababan de tapar un hoyo, ¿y ya iban a hacer otro? Hubo un conato de insubordinación, pero llegó un ingeniero a explicar que la única manera de llegar al drenaje era hacer un hoyo en el patio; que si tenían suerte y daban con el daño pronto, sólo sería un agujero pequeño. Y los convenció.

Ya están excavando. Tenemos tierra hasta en la azotea y el tránsito en ella está peor que nunca. Los del 41 están felices. Vamos a ver qué pasa.

Te quiere,

                 Cocatú

Comentarios


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Lawrence Shannon adentro de aquel autobús rebosante de mujeres religiosas en La noche de la iguana, la oscura, densa, sensual y sórdida adaptación cinematográfica de la aclamada obra del dramaturgo Tennessee Williams, dos veces ganador del premio Pulitzer (Un tranvía llamado deseoLa gata sobre el tejado de zinc), y quien fuera uno de los referentes de la literatura norteamericana del siglo XX.   En La noche de la iguana, Williams nos cuenta una historia colmada de sexo, traición y amor, en la cual un afligido sacerdote que ha colgado los hábitos, fungiendo ahora como guía turístico de un grupo de maestras de Corpus Christi, dirige una excursión por la costa del Pacifico mexicano hacia el hotel de su viejo amigo Fred Faulk. Aquí se entera de que él ha muerto y quien lleva ahora el parador es su jovial y desmesurada viuda, Maxine. 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  1. Lawrence Shannon es un sacerdote retirado tras una crisis de fe; Maxine Faulk es la madura, visceral  y atractiva propietaria del hotel donde transcurre la acción; Hannah Jelkes es una pintora gentil y amable, artista solterona ya cerca de los cuarenta; Charlotte Goodall, la más joven de la expedición, es una incitante y frívola muchachita que no cesa en sus intentos de seducir al reverendo complicando aún más su situación; y la señorita Fellowes es la típica mujer mandona que organiza el periodo vacacional de las guías del Bible College,a la cual le produce rabia el romance que sostienen la malintencionada jovencita y el clérigo Shannon. 
Quince años después de El tesoro de la Sierra Madre, película filmada en Tampico en 1948, con Humprey Bogart en el rol principal, el gran cineasta y trotamundos John Huston, uno de los mejores directores en la historia del séptimo arte, volvió a México para rodar esta adaptación de La noche de la iguana. En el otoño de 1963 se inició la filmación. La película se rodó íntegramente en escenarios naturales, en los alrededores de Puerto Vallarta, que en esos años era un remoto y desconocido paraíso tropical. Un rincón, una aldea de pescadores conocida como Mismaloya, resultó ideal para instalar el deteriorado hotel en donde se lleva a cabo la trama. Al principio Huston tuvo que pugnar con Tennnesse Williams para filmar ahí, ya que este insistió en que se filmase en Acapulco, donde, se rumora, le había ocurrido una aventurilla inconfesable que le sirvió de fuste para aquel drama de culpas y deseos incontenibles. 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Miles de ojos se posaron sobre lo que se proyectaría después como uno de los principales destinos turísticos del país, y la pareja Burton/ Taylor,  así como la casa Kimberley, tuvieron mucho que ver en esto, ya que fue ahí donde la pareja vivió parte de su tormentoso romance.  La llamaban  Casa Kimberley porque su primer dueño  había hecho fortuna con la prodigiosa mina de diamantes sudafricana. El lugar los enamoró tanto que Burton compró la casa para regalársela, en su cumpleaños  número 32, a Liz, un mes antes de contraer nupcias. Se dice que el galés adquirió la soberbia residencia de tres niveles en cincuenta y siete mil dólares. En la actualidad esa finca que era un sitio obligado para turistas, se encuentra en el descuido absoluto, y al parecer sólo se conserva parte de la fachada original.  Por su parte, John Huston  al terminar la filmación, se quedó un tiempo a vivir en el estado jaliscience, en la selva, entre boas y mosquitos, 25 kilometros al sur de Puerto Vallarta, en una cabaña solitaria donde no se podía acceder sino en canoa.   A casi 60 años de aquella primera incursión de Puerto Vallarta como set cinematográfico, sabemos que La noche de la iguana desde un principio estuvo destinada a convertirse en un clásico de la historia del cine. “Cuando hago una película es simplemente porque creo que la historia es digna de ser contada” declaró alguna vez John Houston.  " ["post_title"]=> string(20) "Hollywood en México" ["post_excerpt"]=> string(188) "“La noche de la iguana” situó en el mapa a Puerto Vallarta que de pronto se llenó de periodistas y fotógrafos ávidos por obtener imágenes de las estrellas presentes en el rodaje." 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Te acuerdas de que tuve problemas al final del viaje y que aterricé en un museo de arte moderno, ¿verdad? Pues allí quedó la nave, y era la primera vez que iba a verla. Ya la pusieron en un lugar de honor en los jardines del museo, de manera que se ve en cuanto entras. Yo la vi muy bonita, no te voy a mentir. Pero lo que de verdad me sorprendió es que tiene un rótulo que dice “Elevación  del Alma al Abandonar el Cuerpo, Desde el Punto de Vista Ateo”. Eso me hizo pensar, y pronto concluí que la han tomado por una escultura moderna de cierta importancia; porque, si no, la habrían arrumbado por ahí, en algún almacén. El título lo entiendo (Más o menos), pero me sorprende que le hayan dado un sentido esotérico; sobre todo, porque los funcionarios públicos (Y casi todos los que exponen allí son, en el fondo, funcionarios públicos) deben ser (De hecho, aunque no de derecho) irreligiosos. Así que me quedé en el museo, para pensar detenidamente en el asunto. 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Todos actores  extraordinarios pero con personalidades temperamentales capaces de hacer saltar chispas en aquel entorno caluroso.  En declaraciones publicadas en la prensa, John Huston admitió haber reunido al elenco principal y a Elizabeth Taylor, la diva de los ojos violetas que por esas fechas gozaba de su ardiente romance con Burton, a lo que la prensa calificó como “el adulterio más famoso de  la historia”. Cuenta la historia que Huston le entregó a cada actor una  pistola Derringer con cuatro balas cada una, grabadas con el nombre de los demás. ”Richard Burton estaba acompañado de Liz, que todos sabíamos seguía casada con Eddie Fisher; Michael Wilding, su ex esposo, llegó para manejar la publicidad de Burton; Peter Viertel, el esposo de Deborah Kerr, que la acompañaba, había tenido un amorío con Ava Gardner, quien llegó con dos asistentes, dos gigolós mexicanos que la seguían siempre, donde quiera que ella fuese allí iban ellos dos; y Sue Lyon estaba celosamente custodiada por su novio y su madre”, confiesa el director. Pero no hubo menor incidente. “Todo el mundo esperaba el momento en que las pistolitas fuesen utilizadas. Nadie lo hizo y todo transcurrió en paz”, concluyó Houston.   La noche de la iguana situó en el mapa a Puerto Vallarta, que de pronto se llenó de periodistas y fotógrafos ávidos por obtener imágenes de las grandes estrellas presentes en el rodaje. Miles de ojos se posaron sobre lo que se proyectaría después como uno de los principales destinos turísticos del país, y la pareja Burton/ Taylor,  así como la casa Kimberley, tuvieron mucho que ver en esto, ya que fue ahí donde la pareja vivió parte de su tormentoso romance.  La llamaban  Casa Kimberley porque su primer dueño  había hecho fortuna con la prodigiosa mina de diamantes sudafricana. El lugar los enamoró tanto que Burton compró la casa para regalársela, en su cumpleaños  número 32, a Liz, un mes antes de contraer nupcias. Se dice que el galés adquirió la soberbia residencia de tres niveles en cincuenta y siete mil dólares. En la actualidad esa finca que era un sitio obligado para turistas, se encuentra en el descuido absoluto, y al parecer sólo se conserva parte de la fachada original.  Por su parte, John Huston  al terminar la filmación, se quedó un tiempo a vivir en el estado jaliscience, en la selva, entre boas y mosquitos, 25 kilometros al sur de Puerto Vallarta, en una cabaña solitaria donde no se podía acceder sino en canoa.   A casi 60 años de aquella primera incursión de Puerto Vallarta como set cinematográfico, sabemos que La noche de la iguana desde un principio estuvo destinada a convertirse en un clásico de la historia del cine. “Cuando hago una película es simplemente porque creo que la historia es digna de ser contada” declaró alguna vez John Houston.  " ["post_title"]=> string(20) "Hollywood en México" ["post_excerpt"]=> string(188) "“La noche de la iguana” situó en el mapa a Puerto Vallarta que de pronto se llenó de periodistas y fotógrafos ávidos por obtener imágenes de las estrellas presentes en el rodaje." 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