Cartas a Tora XIV

Querida Tora: Querida Tora:          ¿Qué crees? Agarraron a la del 24. Y no fue por un descuido ni cosa parecida, sino por envidia. Estoy muy triste, porque la del 25, su vecina más cercana,...

2 de diciembre, 2016

Querida Tora:

Querida Tora:

         ¿Qué crees? Agarraron a la del 24. Y no fue por un descuido ni cosa parecida, sino por envidia. Estoy muy triste, porque la del 25, su vecina más cercana, su amiga íntima, tuvo la culpa de todo. La señora del 14 hace mucho tiempo que tiene una televisión muy grande, en la que todo parece real.  Eso no es mérito suyo; se la regaló el último marido que tuvo cuando se fue, dizque para que se consolara. No le sirvió de consuelo, pero sí de distracción, porque se sentaba todo el día a ver las tele-novelas y se olvidaba un poco de su pena. Pero sí lloró al marido; lloró hasta empapar todas sus toallas. Pero al menos le dejó algo positivo, porque los otros sólo le dejaron hijos (tiene siete; algunos no son hijos suyos, sino de sus maridos, y a todos los mantiene). La señora no trabaja, porque no tiene tiempo de atender a tanto chiquillo; entonces, se le ocurrió poner a trabajar su televisión. La idea se la dio la vieja del 25, una tarde que fue a que le dejara ver el capítulo 130 de “La Inconsútil”, porque su televisión estaba dscompuesta. Y ahí, platicando durante los espacios que les dejaban libres los sollozos, le sugirió que vendiera boletos para ver la televisión, porque a todas las viejas les gustaría ver las tele-novelas en su pantallota, que permite verles las arrugas a las artistas. Pues así lo hizo, y todas las tardes le llegaban 7 u 8 vecinas, y se la pasaban bomba viendo las desgracias de la pobre protagonista. Y cuando son los capítulos finales, los boletos cuestan el doble. Lo único que les pidió, además de dinero, fue que no se enterara el portero, “porque ya ven cómo es ese señor””. En ocasiones le llegaban hata 30 vecinas, y les cobraba según si les daba silla, sillón o suelo. Luego, se le ocurrió hacer palomitas de maíz; vender cacahuates, pepitas, muéganos y no sé cuántas cosas más, que compraba en la Central de Abastos.

Sin embargo, sacaba más cuando había un partido importante de futbol o una pelea de box, porque a los señores les vendía cervezas, café con piquete, cubas y toda suerte de bebidas alcohólicas, que sus hijos le ayudaban a preparar. Y cuando alguno se ponía difícil, le echaba por el gañote un café bien cargado con sal y lo mandaba a su casa. Las viejas estaban muy contentas, porque así los maridos no se iban a  la cantina a ver los partidos, ni tenían que ir a buscarlos por toda la colonia.

A la del 24 le iba bien y podía mantener a todos los niños; y hasta les compró una televisión para que vieran sus propios programas. Trabajaba mucho, pero sin salir de su casa y  sin descuidar a sus hijos.

Pero la del 25 llegó un día y le dijo que, como la idea había sido suya, tenía que darle la mitad de sus ganancias. Ella no quiso, se hicieron de palabras, se hicieron de golpes, y la del 25 acabo en la Casa de Socorro, porque todos los niños se le fueron encima. Entonces, en cuanto la dieron de alta, fue a contarle al portero lo que pasaba todas las tardes en el 24. Ya te imaginarás cómo se puso el señor, cómo despotricó contra la ingratitud de los inquilinos, contra el desorden en el que querían vivir. Y allá fue, con todos sus achichincles, hasta el 22. Las señoras estaban viendo el capítulo final de “La Inconsútil” cuando tocaron a la puerta. Todas los callaron, dijeron que no dejaban oir, que se fueran, etc., etc., El portero insistió; y la señora del 22 no tuvo más remedio que abrir. El portero le dijo que estaba faltando a la ley y que tenía que confiscarle la televisión. ¡El escándalo que se armó! Todas se le echaron encima, a él y a sus achichincles, los arañaron y golpearon y les taparon las bocas para que les dejaran oir las últimas palabras de la protagonista. El portero se las quiso llevar a todas a la Delegación y acusarlas de malos tratos a la autoridad; pero ellas se echaron a correr por todas las azoteas, y no las alcanzaron. Luego le quiso confiscar el aparato a la del 22, pero los niñoslo patearon en las espinillas y más arriba y se lo impidieron. Al ver que no podía con ellos, se fue; pero al día siguiente llamó a la del 22, y le dijo que lo que estaba haciendo era un delito, porque el contenido del programa de televisión pertenece a sus dueños, que ella estaba lucrando con algo que no era suyo, que estaba envenenando las almas de esas pobres mujeres con problemas ajenos y que, sobre todo, lo estaba desobediendo a él. La pobre mujer lloró más que con las desventuras de la inconsútil, dijo que no lo volvía a hacer aunque sus hijos se murieran de hambre, y que los mandaría a pedir limosna. Esto pareció conmover al portero; le dijo que se calmara, que podía seguir con su negocio siempre y cuando pagara un pequeño impuesto “para las mejoras urgentes del Condominio”. La señora dejó de llorar, ajustaron un porcentaje y se quedaron muy contentos.




Entonces, la del 25 fue a pedirle su “corta” al portero. Este le dijo que durante 3 meses le iba a dar el 25% de lo que cobrara, pero nada más. Y eso, porque le daba la gana, pues no tenía obligación de premiar a una chismosa; y que si no le gustaba se preparara, porque él sabía que hacía pequeños “servicios” a inquilinos muy urgidos; y que lo iba a proclamar a los cuatro vientos para que las viejas la echaran del condominio por ejercer el oficio más antiguo del mundo. Total, que la vieja se fue con la cola entre las patas y sin posibilidades de ganarse un dinerito extra. Pero la del 24, viéndola tan agüitada, la fue a invitar a ver el capítulo primero de “Volverás A Mi”, que prometía estar muy prendida.

Bueno, ya te expliqué con todo detalle lo que pasó con las viejas. Espero que tu seas más sensata que ellas y nunca te veas en un problema semejante.

Te quiere,

                   Cocatú

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