Cartas a Tora LXXXVII

Querida Tora: Querida Tora:          Quien invitó la película el sábado pasado fue el chavo del 7. Era la primera vez, y a todo el mundo le llamó la atención el título: “El Hombre Indestructible”. Tuvo mucho...

25 de mayo, 2018

Querida Tora:

Querida Tora:

         Quien invitó la película el sábado pasado fue el chavo del 7. Era la primera vez, y a todo el mundo le llamó la atención el título: “El Hombre Indestructible”. Tuvo mucho éxito, aunque al principio estaba un poco aburrida. Es una película americana bastante vieja (Tiene como 60 años, imagínate), que hizo un actor que se especializó en películas de miedo, que se llamaba Lon Chaney. Se hizo famoso haciendo el hombre lobo, y casi todos sus papeles fueron de monstruo. En ésta era un hombre común y corriente que, no me acuerdo por qué, se vuelve indestructible (La verdad es que al principio no me gustó y me quedé dormido junto a Cloti, la iguana (¿Te acuerdas de ella? Todavía no sé si es hembra o macho, pero anda siempre pegada a la gatita rubia, que en cuanto la ve se lava toda la cara con la lengua) Los tres nos dormimos; y algunas personas también.

Pues este personaje, en cuanto se da cuenta del poder que tiene, empieza a abusar de los demás. Se va haciendo terrible, y nadie puede hacer nada para acabar con él. Y no veas las barrabasadas que hace (Barrabasada viene de Barrabás, que fue un personaje real que hizo muchas maldades, y quedó como ejemplo de lo que no debe hacer un hombre, ¿qué te parece?) Le disparan, tratar de atraparlo, no sé si lo apuñalan, y nada. Sólo les faltó echarle una bomba atómica. Esa es una bomba que cuando la echaron en una ciudad de Japón mató y dejó malheridos a varios millones de personas. Han de haber pensado que echársela a un solo hombre era mucho desperdicio (Además del gasto, claro). Y si daba resultado, la gente iba a pensar que había que hacer lo mismo con todos los delincuentes, ¿y te imaginas la contaminación que eso iba a provocar? Las ciudades en la que la echaron (Fueron dos, no una sola) quedaron contaminadas durante muchos años, y durante todo ese tiempo causaron enfermedades y desastres. No, no puede ser. Aunque la gente está tan desesperada que quiere recurrir a todo para acabar con la violencia. El otro día vi aquí cerca, en la calle, un cartel que decía: “Señor Ladrón (Fíjate: Señor Ladrón. El respeto nunca está de más) Si te sorprendemos robando en esta calle no vamos a llamar a la policía. Te vamos a linchar”. Busca “linchar”, búscala, y verás lo terrible que es eso. Pero a la gente ya no le importa. Están desesperados.

En la película pasaba igual. Por fin, alguien dice que hay que electrocutarlo. Y le ponen una trampa en donde le descargan una cantidad enorme de electricidad. Y ves cómo el indestructible se va carbonizando, y se va encogiendo, encogiendo, hasta que sólo queda un montoncito de ceniza. Pero todo el tiempo, el hombre no deja de patalear ni de golpear el aire con los puños (Como si pudiera hacerle algo al aire) ni de gritar. En realidad no sé si gritaba, si era el ruido de la descarga eléctrica o si era música para hacer el momento más  terrorífico. El caso es que había un escándalo terrible. Y cuando ves el montoncito de ceniza…En realidad no sé si lo vi o me lo imaginé, pero me impresionó mucho. La gatita rubia y Cloti, no; ellos estaban tan tranquilos, platicando (Aquí entre nos, no sé cómo pueden platicar dos animales que ni siquiera tienen idioma, pero estaban tan entretenidos el uno con el otro que no sé qué otra palabra emplear).

Total, que los vecinos hasta aplaudieron. Pero no sé si fue porque mataban al villano ese (Siempre es feo matar, aunque sea a un indestructible) o porque se eliminaba un mal que afectaba a toda la población. Y no se fueron enseguida, sino que se quedaron a comentar los incidentes de la película.

Sólo al portero no le gustó. Dijo que era demasiada violencia, y que el chavo del 7 se equivocaba al mostrarles esos casos. ¿O es que quería eso para la vecindad? El proponía crear un ambiente tranquilo, pacífico y que promoviera el amor al prójimo, no esos enfrentamientos estériles. Y cuando te acuerdas de que, al mismo tiempo, le está robando la luz a uno de los inquilinos; que las cuotas de mantenimiento las emplea en mantener a la Flor (Y a su prima) y en sostener a unos guaruras que no necesita, nada más porque son sus hijos (Y uno que otro sobrino). ¿Cómo espera que le creamos, si cada vez que hace una junta habla mal del chavo del 7? (Y de su mamá, que no se mete con nadie). La verdad, cada día me gusta menos el portero. Pero los vecinos no se han dado cuenta, y creen que es una gran persona, a pesar de que ha prometido muchas cosas y no las ha cumplido. Ahí está el agujero del patio, sin ir más lejos; y lo de los baños… y los lavaderos… Nunca ha entregado cuentas de lo que costaron los lavaderos (Que no sirvieron para nada, ¿ te acuerdas?).

Por lo pronto, el sábado nos va a pasar una película que se llama “Baile, Mi Rey”, que no me imagino de qué puede tratar. Pero ya los vecinos la están esperando con ansia, no sé por qué. ¿Qué rey será ese?

 Bueno, mi amor. Piensa en todo esto. Pero sin fatigarte, porque luego te pones ceñuda. No me olvides, ¿eh?

Te quiere,

               Cocatú

Comentarios
object(WP_Query)#18587 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(21214) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "29-08-2021" ["before"]=> string(10) "26-09-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(21214) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "29-08-2021" ["before"]=> string(10) "26-09-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18586 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18593 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18679 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "29-08-2021" ["before"]=> string(10) "26-09-2021" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(463) "SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2021-08-29 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2021-09-26 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (21214) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish') GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2" ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18583 (24) { ["ID"]=> int(70128) ["post_author"]=> string(2) "60" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-06 10:58:43" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-06 15:58:43" ["post_content"]=> string(17419) "No obstante haber transcurrido ya varias décadas, aún se me dificulta aceptar que un grupito de amigos se reunía con mi papá en casa a practicar tiro al blanco al final del patio colindante con el 14º. Batallón de Infantería, en ese entonces ubicado en calles Revolución y Degollado.  Resonaban los disparos de las escuadras Colt y los revólveres Smith & Wesson. Las balas pegaban en la barda del cuartel y, sin novedad.  Al parecer, para los centinelas este hecho no representaba ningún problema, o tal vez estos tiradores tenían permiso de un señor que vivía a media cuadra de mi casa; el General Petronilo Flores Castellanos, Jefe del Estado Mayor de la Zona Militar y Gobernador del Territorio de Baja California Sur. Cuando éramos niños, mi hermano Clemente, -un año mayor que yo- solíamos ir a jugar con sus hijos Roberto y Jorge. Una tarde que llegó a su casa, el padre de ellos, a mi hermano y a mí nos hizo unas preguntas mientras nos dirigía una inquisitiva mirada… luego expresó sonriente: “¡Buenos muchachos!”.   El 4 de abril de 1957, encontrándose el gobernador Petronilo en funciones expiró –de muerte natural- y el 18 del mismo mes lo suplió el Teniente Coronel Lucino M. Rebolledo. Él y mi padre, el Ing. Clemente Ávila Muñoz pertenecían al Club de Leones donde se hicieron buenos compañeros. Como una muestra de aprecio, don Lucino le regaló a mi papá un paquete con seis pistolas; entre ellas una escuadra pavonada calibre 22, un revólver 32, otro calibre 44, ambos niquelados, de aquellos de “maroma”, además otras que no recuerdo. Me había prometido que al llegar a la mayoría de edad me regalaría una de esas armas. Esperé… y esperé… pero la pistola nunca llegó. CUATRO AÑOS DESPUÉS. Fue un domingo del verano de 1961, cuando La Paz (Baja California Sur) con sus escasos 30 000 habitantes hacía honor a su nombre. Esa mañana le pedí a mi papá que me aceptara acompañarlo al Club de Caza, Tiro y Pesca “Gavilanes”, inaugurado hacía poco tiempo en un terreno de “El Mezquitito”, pues a iniciativa de un ex revolucionario, gobernador del Territorio de Baja California Sur, Gral. de División Bonifacio Salinas Leal [1959-1965], el antiguo stand de “Palmira” quedaba en desuso.  Aceptó mi petición y, en su Chevrolet modelo 1956 rojo y blanco nos dirigimos a la casa de uno de sus amigos y a la vez compadre, mismo que portando una escuadra niquelada al cinto ya nos estaba esperando de pie en el porche. Este caballero le llevaba a mi padre algunos treinta años de edad, pues mi progenitor era dado a convivir también con gente mayor que él. Los domingos solía yo ir al matiné (función de cine por la mañana), pero si acaso lograba enterarme a tiempo que mi padre iría al club, optaba por irme de colado con él, pues me daba la oportunidad de hacer unos disparos con un rifle calibre 22; que bien recuerdo compró en la cantidad de 300.00 en la armería de don Esteban Ortiz, ubicada entonces en calle Madero/ Independencia y 16 de septiembre. Un arma tan certera como no he conocido otra, misma que aparece en el recuadro de la imagen. Y entonces los tres enfilamos por la carretera al sur… Entre los socios del club de aquel entonces recuerdo a los señores Ramiro Alvarado, ing. Humberto Quiroz Cárdenas, Francisco “Pancho” Olachea, Carlos Navarro de Alba, Cap. Enrique Aguilar Morales, un señor apellidado Leana Rojas, otro a quien llamaban “Güero” Cañez, etc., que debido a las brumas del tiempo no alcanzó a distinguir, pues el que esto escribe apenas cursaba el 5º. año de primaria. Ese viejo campo de tiro de “Palmira” se ubicaba cerca del mar, cuyo stand estaba formado por una gran enramada rectangular con alta techumbre, y en uno de sus costados ostentaba una cerca formada por carapachos de caguama, que iban sumándose después de que los domingos era disfrutado un quelonio, cocinado “a la greña”  servida sobre su propio caparazón y, el pecho recostado sobre dos varillas clavadas en la tierra, al calor de las brasas de carbón de mezquite, avivadas por la brisa de la cercana bahía. Años antes, como actividad especial fue lanzado un avión de madera desde lo alto del cerro de “La Calavera”, rumbo a la línea de tiro para que los presentes, de manera individual, le dispararan con su rifle calibre 7mm. Aquella ocasión le tocó el turno al señor Fernando “Charol” Ramírez y, de los cinco cartuchos con que cargó su arma, logró acertarle dos balazos al volador artefacto. Algunos de los tiradores alegaban -en broma- que ese logro representaba todo un acto ventajoso. ¿Por qué? Pues porque ese ganador había participado en muchas batallas como defensor del presidente Francisco I. Madero. O sea, que el ex revolucionario Ramírez tenía un poquitito más de experiencia que ellos en el manejo del Mauser.  Uno de tales días, a este añorado stand llegó de visita un grupo de “Materiales de Guerra” con los mejores francotiradores del Ejército Mexicano. Su labor consistía en practicar generosamente el tiro diariamente y, hacer exhibiciones de su destreza en todos los estados de la república. Ellos venían bien apertrechados con una serie de colchones, apoyos y coderas. Mi padre, sin más equipo que su ánimo y su rifle Mauser deportivo les ganó a todos ellos. Tal vez de momento a los francotiradores no les vino en gracia, pero al fin militares tenían que disciplinarse. Y para demostrar que no había ningún enojo, esa noche invitaron a mi padre a cenar al hotel “Perla”.  Le propusieron que se uniera a ellos y le otorgarían grado de Oficial, a lo que respondió: “Señores, muchas gracias por la distinción, pero aquí tengo mi familia y mi trabajo”. Entonces, a una orden del jefe, un soldado dio media vuelta y regresó con una caja de 1,000 cartuchos calibre 7 mm. Al entregársela le dijo: “Ingeniero, de todas maneras le vamos a regalar este parque, para que siga tirando”.  Y llegamos al nuevo stand; piso de cemento y techo de asbesto, con baranda de madera en la línea de tiro, con espacios numerados, sobre la cual los socios colocaban su pistola y parque. A la derecha había una bodeguita, que en esos domingos se convertía en expendio de refrescos “Peñafiel“, y moderadamente cerveza “Tecate” en bote. Sanitarios impecables, largas bancas de cemento a dos niveles, para los visitantes y tiradores esperando su turno y, al fondo del campo una amplia barda de ladrillo para la retención de balas.  Al igual que en el anterior campo de tiro, las competencias consistían en acumular puntos mediante el “Tiro a la diana” con rifle y pistola ambos en calibre 22 y, también con rifle 7mm; “Tiro al bote”, haciendo avanzar un bote de cerveza vacío disparándole con pistola, no directamente sino un poco abajo para que se elevara sobre el suelo; “Tiro a la gallina”; “Tiro al guajolote”, utilizando en todo ello el calibre 22. Pero sin duda alguna, las competencias más emocionantes eran mediante rifle calibre 7 mm en el “Tiro al chivo” y “Tiro al borrego”.  El día en que se inauguró este stand, al primer borrego mi papá le acertó un tiro a 600 metros de distancia. Cuando los comisionados llegaron a revisar al animal tirado en el suelo, por ninguna parte le encontraban huella del impacto, pues estaba muy lanudo y, en broma dijeron que ese borrego “había fallecido de un ataque al corazón”. Por fin descubrieron que esa bala había entrado en medio de un costillar. En mi casa, parte del animal fue preparado a la parrilla y lo saborearon varios compañeros y socios. Por estas fechas mi padre era presidente del club “Gavilanes”. Ahora bien, estaba yo sentado en una de esas bancas, momentos en que se estaba efectuando el “Tiro al bote”… A mi izquierda se encontraba aquel señor a quien sus amigos llamaban “Güero” Cañez. Al sonar un disparo, repentinamente un gesto de dolor se dibujó en su cara, sobándose desesperadamente su brazo derecho; poco después recogió el proyectil achatado y, en su mano, sonrientemente empezó a agitarlo de arriba a abajo soplándole para que se enfriara. Dos metros a la derecha y esa bala me hubiera dado a mí. Uno de tantos domingos anteriores, un señor muy serio, de cabello y bigote cano se hallaba sentado en una de las bancas, observando con atención la buena, regular o pésima destreza de los diversos tiradores. De igual manera, en esos instantes se estaba tirando al bote. De repente se dejó escuchar en voz alta: ¡Al Gobernador le pegaron un balazo!”   La persona aludida se retorcía arqueando su cuerpo hacia atrás… Falsa alarma. Simplemente otra bala rebotada, que le había caído precisamente entre el cuello de la guayabera y la camiseta, bajando por la espalda del ex revolucionario, General de División, Bonifacio Salinas Leal, quien en otros tiempos había tomado parte en la toma de Monterrey, batallas de Celaya y Aguascalientes, entre otros encuentros.  Debo declarar, que yo no fui testigo presencial de este hecho; creo que fue al mismo señor Cañez, a quien aquella ocasión escuché contarle a sus compañeros esta anécdota del Gral. Bonifacio, una vez que se había recuperado del susto.  Digno resulta recordar a otro gran ex revolucionario, el Gral. de Div. Agustín Olachea Avilés, quien fue gobernador del entonces Territorio en dos ocasiones [1929-1931 y 1946-1956]. Entre muchos encuentros, a don Agustín le tocó formar parte en las batallas de Ciudad Juárez, donde Álvaro Obregón derrotó a Francisco Villa y su División del Norte. Después fue Secretario de la Defensa Nacional en el sexenio del presidente Adolfo López Mateos. Conservo el original de un oficio fechado el 14 de enero de 1963, donde por orden de este Secretario de la Defensa Nacional, a mi papá -a quien estimaba y le decía "Hijo"-, le envió para su seguridad y legítima defensa, una licencia de portación de su revólver Ruby Extra calibre 38, con vigencia en toda la República Mexicana. Jamás hizo mal uso de esa arma, sólo la utilizaba cuando por razones de trabajo salía a algún otro Estado y, para protegerse de algún peligro que pudiera surgir en el corazón de los montes sudcalifornianos, que es donde mayormente transcurrió su vida laboral.  Y así, aquel veraniego domingo de 1961, al concluirse la “tirada”, como solía decirse en esos tiempos, regresamos a casa. Bueno, eso pensé. Cuando íbamos transitando por la calle Isabel la Católica, mi progenitor giró el auto hacia la izquierda, creyendo yo que iba a dejar a su amigo-compadre, que por ese rumbo vivía, pero no fue así, pues siguió de frente y se estacionó junto a un jacalón en calle Juárez/ entre Altamirano y Ramírez. Era un lugar con paredes de “masonite” y techo de palma, cuyo letrero decía: “El Palo Verde”, o sea, una cantina cuyo color hacía juego con el nombre del establecimiento. Ambos bajaron del auto, y me dijeron que muy pronto regresarían, que solamente iban a tomarse una cervecita. Subí los vidrios casi hasta arriba y sin pretenderlo muy pronto me quedé dormido. Ignoro de qué tamaño sería esa cervecita, pues transcurrió más de una hora y no regresaban. Serían como las tres de la tarde cuando escuché el “toc toc” en el cristal. Era el acompañante de mi padre gritando: “¡Despiértate, vamos a bajar las armas a la cantina!” Desperté sobresaltado bañado en sudor y, enseguida le entregué su arma y la de mi padre, diciéndome que mi papá se había quedado dentro platicando con un ganadero, que necesitaba que le deslindaran el terreno de su rancho. Se fajó la pistola de mi papá en un costado y la de él la llevaba en su mano derecha. Yo embracé el rifle de la manera correcta; llevándolo diagonalmente al frente, sujetándolo con las dos manos y con los codos pegados al cuerpo, pues así lo había aprendido en las películas Western del cine  “California”.  Me ordenó que yo fuera por delante, y me fue siguiendo a prudente distancia rumbo a la puerta de la cantina, que distaba unos diez metros desde la orilla de la calle. Como podemos apreciar en el recuadro de la imagen, el rifle que menciono tenía apariencia de carabina y, no obstante ser calibre 22 de un solo tiro, marca ITHACA, modelo M49, en esos momentos para mí era una carabina WINCHESTER calibre 44-40, de las que usaban los vaqueros del Old West. Cuando crucé la puerta de la cantina, los parroquianos me dirigieron una sorpresiva y angustiante mirada. Entregamos las armas en la barra, que fueron guardadas en un cajón inferior de la misma. Los clientes siguieron bebiendo tranquilamente su cerveza. Y por esas cosas raras que suceden, el cantinero autorizó que yo permaneciera en la mesa que ocupaban mi papá, su compadre y el sr. ganadero.  Eran de aquellas mesas de madera maciza en color verde, y sillas con asiento y respaldo de cuero. El compadre de mi progenitor al verme todavía sudoroso me dijo: ¡Tómate una “Coronita”! No recuerdo si me la tomé o no. Creo que sí. Transcurrieron unas dos horas y, ahora sí, todos volvimos a casa.  Y bien, ¿quién era este señor que me custodió hasta entrar a esa cantina? Tenía imperativa voz, tranquila aunque inquisidora mirada, y de paso firme y cadencioso. Lo único que yo sabía es que era un militar retirado. Al poco tiempo me enteré que se trataba del Mayor de Infantería Teófilo Bautista, que siendo un jovencito de 16 años, se había unido a las fuerzas de Venustiano Carranza, donde participó en distintas batallas.  Yo tenía diez años cuando entré armado a esa cantina acompañado por este personaje y, debido a mi corta existencia, en ese momento no valoré ese hecho en su real dimensión; pero seis décadas después, sigo pensando que: ¡no cualquiera tiene el honor, de que un veterano del Ejército Constitucionalista haya actuado como su guardaespaldas!                                        [[email protected]]" ["post_title"]=> string(29) "Con aroma de pólvora quemada" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(28) "con-aroma-de-polvora-quemada" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-06 11:02:28" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-06 16:02:28" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70128" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18542 (24) { ["ID"]=> int(70201) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-08 09:59:56" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-08 14:59:56" ["post_content"]=> string(6814) "Hace meses que lo habíamos previsto, no fui el único, muchos sabíamos que se cocinaba la simulación, así son las cosas. Nunca se llevaron el monumento a Colón para restaurarlo, pero había que hacer las cosas a la mala, fingiendo demencia y haciéndose el que no vio ni supo cómo, después de todo siempre se le puede achacar el gazapo a la voluntad popular, a los nuevos tiempos y a quien tenga el descuido o la cara dura de cargarlo. El problema no está en remover uno de los emblemas de la ciudad de México después de más de casi ciento cincuenta años de presencia; tampoco retirar una obra de arte que representaba el ideal ético y estético de la generación a la cual se rinde culto en la presente administración; el problema no está, desde luego, en la reinterpretación histórica, eso es algo que hacemos constantemente pero, ya se ve, preferimos el gran Teocali de cartulina que reparar el recinto de los caballeros águila, el de verdad. El problema está en la falta de diálogo, de programa, de visión de nosotros mismos. Eso podría ser tarea de la Secretaría de Cultura pero, claro, se nos olvida que no tenemos algo así funcionando. En su Visión de Anáhuac, Alfonso Reyes decía: “Cualquiera que sea la doctrina histórica que se profese (y no soy de los que sueñan en perpetuaciones absurdas de la tradición indígena, y ni siquiera fío demasiado en perpetuaciones de la española), nos une con la raza de ayer, sin hablar de sangres, la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia”. Porque, seamos sinceros, no somos un pueblo guerrero ni cosa que se le parezca, somos un pueblo de resistencia, de los que aguantan que les pase el camión encima para luego levantar la cabeza, sonreír y seguir andando. La historia se construye con los vencedores y con los vencidos, con los olvidados y los marginales tanto como con los protagonistas y la amputación del Paseo de la Reforma no atañe a la imagen de Cristóbal Colon y lo que representa - entre otras cosas el idioma en que escribo y en el que usted me hace el favor de leerme -, sino del legado que nos llevó desde la llegada desde Aztlán hasta la construcción del Estado mexicano de ciudadanos con Juárez y su generación ejemplar. Pero eso no es verdad revelada, es una interpretación que al menos merece ser discutida y eso es lo que deseríamos, que se abriera el foro para saber qué somos, cómo nos vemos y a qué aspiramos. Porque esto es imponer rostro que es también destino, es pasarse de listo con la leyenda negra y con el truco de la remodelación urbana. A fin de cuentas estamos en la tenebra característica de los peores años de nuestra política, qué se le va a hacer, no sabemos que se va a construir ahí, se dice - se dice.. oiga usted, por ahí andan diciendo, eso se oye -, que será un monumento a la mujer indígena o a una mujer indígena y dónde está la convocatoria a los artistas para que presenten sus proyectos sobre ese espacio privilegiado de la geografía urbana; se trata de una indígena de hace quinientos años o de las de ahora, de las que carecen de derechos porque son mujeres en un país donde el feminicidio no se persigue ni se castiga; porqué no doña Marina, lengua de Cortés, al final también indígena y madre del primer mestizo simbólico y también del primer rebelde, don Martín, pero también Malintzin, Malinche. Claro, estas son sólo algunas de muchas interpretaciones que al menos merecen ser discutidas. Pero se prevé que no lo será, que la escultura ya ha sido elegida y que a nadie le van a preguntar ni por el artista ni por el sentido del monumento. Las cosas hechas de esa manera no garantizan que el monumento no vaya a ser removido en cinco o seis años cuando la moda no sea el pasado prehispánico sino el afrodescendiente o tal vez el futurismo de la ciencia ficción; claro son sólo hipótesis que al menos merecen ser discutidas. En ausencia de programa, de plan y de visión cualquier cosa puede suceder. Ya lo vemos, el listillo de Santiago Abascal encontró quien le hiciera eco en México y quiero pensar, de corazón lo deseo, que algunos de los 16 desafortunados senadores ahora coaligados mediante firmas autógrafas con un fascistoide que suspira por la resurrección de la Falange, no supieran ni de qué se trataba, que les invitaron al coctel y les pasaron la pluma y alegres pasando la tarde echaron la firma sin conocer en realidad con quién estaban tratando. En serio, quiero creer que algo así pasó, pero es un acto de fe porque el PAN se tardó varios días en dar una respuesta oficial, lo que significa que al menos hubo una discusión que ni siquiera merecía realizarse porque con el fascismo no se dialoga, es lo que le llamamos la paradoja de la tolerancia, se puede ser tolerante con todo, menos con la intolerancia. Tampoco hay que ser muy inteligente ni tener memoria de bibliotecario para saber que esas tentaciones siempre han existido en la derecha mexicana, recuérdese el MURO, el Yunque o el sinarquismo. El punto está en que estos desafíos a la democracia, en el corazón de uno de nuestros partidos tradicionales y que parecían liderar la oposición, es una señal inequívoca de lo perdidos que estamos. Eso de invocar el espíritu anticomunista del Macartismo más barato y ramplón, después de la caída del muro de Berlín, no tiene desperdicio; que un partido que se dice humanista, tenga entre sus filas senadores, no cualquier militante sino senadores que representan estados de la federación, tratando de renovar la fe que llevó a las dictaduras militares en Latinoamérica al poder, que fue fuente de sufrimiento, muerte y dolor en el mundo, de verdad que ni aunque fuera broma tendría gracia.  Y aquí está el dilema, o bien existen elementos fascistas en la cúpula de Acción Nacional o el camarada Abascal los timó con espejitos, como cuenta la leyenda negra. Claro, la Secretaría de Cultura con un discurso nacional elaborado, con visión de Estado y de Nación, habría respondido de inmediato para cortar de tajo la raíz de la intolerancia, pero desde luego, no tenemos algo así funcionando y no sé, tal vez también merezca ser discutido. En fin, después de tantos siglos, de años de desencuentro, cuando creíamos haber logrado una democracia funcional que nos ayudara a sortear los problemas de la coexistencia pacífica de clases, grupos de interés, nacionalidades y etnicidades, nos encontramos con que apenas asomamos las narices sobre la democracia electoral que parece por fin resuelta pero que no es sino una pequeña parte del edificio democrático completo que a muchos nos gustaría habitar.   César Benedicto Callejas Escritor. @cesarbc70" ["post_title"]=> string(41) "Entre Franco y McCarthy... don Cristóbal" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(37) "entre-franco-y-mccarthy-don-cristobal" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-08 12:02:33" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-08 17:02:33" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70201" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18583 (24) { ["ID"]=> int(70128) ["post_author"]=> string(2) "60" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-06 10:58:43" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-06 15:58:43" ["post_content"]=> string(17419) "No obstante haber transcurrido ya varias décadas, aún se me dificulta aceptar que un grupito de amigos se reunía con mi papá en casa a practicar tiro al blanco al final del patio colindante con el 14º. Batallón de Infantería, en ese entonces ubicado en calles Revolución y Degollado.  Resonaban los disparos de las escuadras Colt y los revólveres Smith & Wesson. Las balas pegaban en la barda del cuartel y, sin novedad.  Al parecer, para los centinelas este hecho no representaba ningún problema, o tal vez estos tiradores tenían permiso de un señor que vivía a media cuadra de mi casa; el General Petronilo Flores Castellanos, Jefe del Estado Mayor de la Zona Militar y Gobernador del Territorio de Baja California Sur. Cuando éramos niños, mi hermano Clemente, -un año mayor que yo- solíamos ir a jugar con sus hijos Roberto y Jorge. Una tarde que llegó a su casa, el padre de ellos, a mi hermano y a mí nos hizo unas preguntas mientras nos dirigía una inquisitiva mirada… luego expresó sonriente: “¡Buenos muchachos!”.   El 4 de abril de 1957, encontrándose el gobernador Petronilo en funciones expiró –de muerte natural- y el 18 del mismo mes lo suplió el Teniente Coronel Lucino M. Rebolledo. Él y mi padre, el Ing. Clemente Ávila Muñoz pertenecían al Club de Leones donde se hicieron buenos compañeros. Como una muestra de aprecio, don Lucino le regaló a mi papá un paquete con seis pistolas; entre ellas una escuadra pavonada calibre 22, un revólver 32, otro calibre 44, ambos niquelados, de aquellos de “maroma”, además otras que no recuerdo. Me había prometido que al llegar a la mayoría de edad me regalaría una de esas armas. Esperé… y esperé… pero la pistola nunca llegó. CUATRO AÑOS DESPUÉS. Fue un domingo del verano de 1961, cuando La Paz (Baja California Sur) con sus escasos 30 000 habitantes hacía honor a su nombre. Esa mañana le pedí a mi papá que me aceptara acompañarlo al Club de Caza, Tiro y Pesca “Gavilanes”, inaugurado hacía poco tiempo en un terreno de “El Mezquitito”, pues a iniciativa de un ex revolucionario, gobernador del Territorio de Baja California Sur, Gral. de División Bonifacio Salinas Leal [1959-1965], el antiguo stand de “Palmira” quedaba en desuso.  Aceptó mi petición y, en su Chevrolet modelo 1956 rojo y blanco nos dirigimos a la casa de uno de sus amigos y a la vez compadre, mismo que portando una escuadra niquelada al cinto ya nos estaba esperando de pie en el porche. Este caballero le llevaba a mi padre algunos treinta años de edad, pues mi progenitor era dado a convivir también con gente mayor que él. Los domingos solía yo ir al matiné (función de cine por la mañana), pero si acaso lograba enterarme a tiempo que mi padre iría al club, optaba por irme de colado con él, pues me daba la oportunidad de hacer unos disparos con un rifle calibre 22; que bien recuerdo compró en la cantidad de 300.00 en la armería de don Esteban Ortiz, ubicada entonces en calle Madero/ Independencia y 16 de septiembre. Un arma tan certera como no he conocido otra, misma que aparece en el recuadro de la imagen. Y entonces los tres enfilamos por la carretera al sur… Entre los socios del club de aquel entonces recuerdo a los señores Ramiro Alvarado, ing. Humberto Quiroz Cárdenas, Francisco “Pancho” Olachea, Carlos Navarro de Alba, Cap. Enrique Aguilar Morales, un señor apellidado Leana Rojas, otro a quien llamaban “Güero” Cañez, etc., que debido a las brumas del tiempo no alcanzó a distinguir, pues el que esto escribe apenas cursaba el 5º. año de primaria. Ese viejo campo de tiro de “Palmira” se ubicaba cerca del mar, cuyo stand estaba formado por una gran enramada rectangular con alta techumbre, y en uno de sus costados ostentaba una cerca formada por carapachos de caguama, que iban sumándose después de que los domingos era disfrutado un quelonio, cocinado “a la greña”  servida sobre su propio caparazón y, el pecho recostado sobre dos varillas clavadas en la tierra, al calor de las brasas de carbón de mezquite, avivadas por la brisa de la cercana bahía. Años antes, como actividad especial fue lanzado un avión de madera desde lo alto del cerro de “La Calavera”, rumbo a la línea de tiro para que los presentes, de manera individual, le dispararan con su rifle calibre 7mm. Aquella ocasión le tocó el turno al señor Fernando “Charol” Ramírez y, de los cinco cartuchos con que cargó su arma, logró acertarle dos balazos al volador artefacto. Algunos de los tiradores alegaban -en broma- que ese logro representaba todo un acto ventajoso. ¿Por qué? Pues porque ese ganador había participado en muchas batallas como defensor del presidente Francisco I. Madero. O sea, que el ex revolucionario Ramírez tenía un poquitito más de experiencia que ellos en el manejo del Mauser.  Uno de tales días, a este añorado stand llegó de visita un grupo de “Materiales de Guerra” con los mejores francotiradores del Ejército Mexicano. Su labor consistía en practicar generosamente el tiro diariamente y, hacer exhibiciones de su destreza en todos los estados de la república. Ellos venían bien apertrechados con una serie de colchones, apoyos y coderas. Mi padre, sin más equipo que su ánimo y su rifle Mauser deportivo les ganó a todos ellos. Tal vez de momento a los francotiradores no les vino en gracia, pero al fin militares tenían que disciplinarse. Y para demostrar que no había ningún enojo, esa noche invitaron a mi padre a cenar al hotel “Perla”.  Le propusieron que se uniera a ellos y le otorgarían grado de Oficial, a lo que respondió: “Señores, muchas gracias por la distinción, pero aquí tengo mi familia y mi trabajo”. Entonces, a una orden del jefe, un soldado dio media vuelta y regresó con una caja de 1,000 cartuchos calibre 7 mm. Al entregársela le dijo: “Ingeniero, de todas maneras le vamos a regalar este parque, para que siga tirando”.  Y llegamos al nuevo stand; piso de cemento y techo de asbesto, con baranda de madera en la línea de tiro, con espacios numerados, sobre la cual los socios colocaban su pistola y parque. A la derecha había una bodeguita, que en esos domingos se convertía en expendio de refrescos “Peñafiel“, y moderadamente cerveza “Tecate” en bote. Sanitarios impecables, largas bancas de cemento a dos niveles, para los visitantes y tiradores esperando su turno y, al fondo del campo una amplia barda de ladrillo para la retención de balas.  Al igual que en el anterior campo de tiro, las competencias consistían en acumular puntos mediante el “Tiro a la diana” con rifle y pistola ambos en calibre 22 y, también con rifle 7mm; “Tiro al bote”, haciendo avanzar un bote de cerveza vacío disparándole con pistola, no directamente sino un poco abajo para que se elevara sobre el suelo; “Tiro a la gallina”; “Tiro al guajolote”, utilizando en todo ello el calibre 22. Pero sin duda alguna, las competencias más emocionantes eran mediante rifle calibre 7 mm en el “Tiro al chivo” y “Tiro al borrego”.  El día en que se inauguró este stand, al primer borrego mi papá le acertó un tiro a 600 metros de distancia. Cuando los comisionados llegaron a revisar al animal tirado en el suelo, por ninguna parte le encontraban huella del impacto, pues estaba muy lanudo y, en broma dijeron que ese borrego “había fallecido de un ataque al corazón”. Por fin descubrieron que esa bala había entrado en medio de un costillar. En mi casa, parte del animal fue preparado a la parrilla y lo saborearon varios compañeros y socios. Por estas fechas mi padre era presidente del club “Gavilanes”. Ahora bien, estaba yo sentado en una de esas bancas, momentos en que se estaba efectuando el “Tiro al bote”… A mi izquierda se encontraba aquel señor a quien sus amigos llamaban “Güero” Cañez. Al sonar un disparo, repentinamente un gesto de dolor se dibujó en su cara, sobándose desesperadamente su brazo derecho; poco después recogió el proyectil achatado y, en su mano, sonrientemente empezó a agitarlo de arriba a abajo soplándole para que se enfriara. Dos metros a la derecha y esa bala me hubiera dado a mí. Uno de tantos domingos anteriores, un señor muy serio, de cabello y bigote cano se hallaba sentado en una de las bancas, observando con atención la buena, regular o pésima destreza de los diversos tiradores. De igual manera, en esos instantes se estaba tirando al bote. De repente se dejó escuchar en voz alta: ¡Al Gobernador le pegaron un balazo!”   La persona aludida se retorcía arqueando su cuerpo hacia atrás… Falsa alarma. Simplemente otra bala rebotada, que le había caído precisamente entre el cuello de la guayabera y la camiseta, bajando por la espalda del ex revolucionario, General de División, Bonifacio Salinas Leal, quien en otros tiempos había tomado parte en la toma de Monterrey, batallas de Celaya y Aguascalientes, entre otros encuentros.  Debo declarar, que yo no fui testigo presencial de este hecho; creo que fue al mismo señor Cañez, a quien aquella ocasión escuché contarle a sus compañeros esta anécdota del Gral. Bonifacio, una vez que se había recuperado del susto.  Digno resulta recordar a otro gran ex revolucionario, el Gral. de Div. Agustín Olachea Avilés, quien fue gobernador del entonces Territorio en dos ocasiones [1929-1931 y 1946-1956]. Entre muchos encuentros, a don Agustín le tocó formar parte en las batallas de Ciudad Juárez, donde Álvaro Obregón derrotó a Francisco Villa y su División del Norte. Después fue Secretario de la Defensa Nacional en el sexenio del presidente Adolfo López Mateos. Conservo el original de un oficio fechado el 14 de enero de 1963, donde por orden de este Secretario de la Defensa Nacional, a mi papá -a quien estimaba y le decía "Hijo"-, le envió para su seguridad y legítima defensa, una licencia de portación de su revólver Ruby Extra calibre 38, con vigencia en toda la República Mexicana. Jamás hizo mal uso de esa arma, sólo la utilizaba cuando por razones de trabajo salía a algún otro Estado y, para protegerse de algún peligro que pudiera surgir en el corazón de los montes sudcalifornianos, que es donde mayormente transcurrió su vida laboral.  Y así, aquel veraniego domingo de 1961, al concluirse la “tirada”, como solía decirse en esos tiempos, regresamos a casa. Bueno, eso pensé. Cuando íbamos transitando por la calle Isabel la Católica, mi progenitor giró el auto hacia la izquierda, creyendo yo que iba a dejar a su amigo-compadre, que por ese rumbo vivía, pero no fue así, pues siguió de frente y se estacionó junto a un jacalón en calle Juárez/ entre Altamirano y Ramírez. Era un lugar con paredes de “masonite” y techo de palma, cuyo letrero decía: “El Palo Verde”, o sea, una cantina cuyo color hacía juego con el nombre del establecimiento. Ambos bajaron del auto, y me dijeron que muy pronto regresarían, que solamente iban a tomarse una cervecita. Subí los vidrios casi hasta arriba y sin pretenderlo muy pronto me quedé dormido. Ignoro de qué tamaño sería esa cervecita, pues transcurrió más de una hora y no regresaban. Serían como las tres de la tarde cuando escuché el “toc toc” en el cristal. Era el acompañante de mi padre gritando: “¡Despiértate, vamos a bajar las armas a la cantina!” Desperté sobresaltado bañado en sudor y, enseguida le entregué su arma y la de mi padre, diciéndome que mi papá se había quedado dentro platicando con un ganadero, que necesitaba que le deslindaran el terreno de su rancho. Se fajó la pistola de mi papá en un costado y la de él la llevaba en su mano derecha. Yo embracé el rifle de la manera correcta; llevándolo diagonalmente al frente, sujetándolo con las dos manos y con los codos pegados al cuerpo, pues así lo había aprendido en las películas Western del cine  “California”.  Me ordenó que yo fuera por delante, y me fue siguiendo a prudente distancia rumbo a la puerta de la cantina, que distaba unos diez metros desde la orilla de la calle. Como podemos apreciar en el recuadro de la imagen, el rifle que menciono tenía apariencia de carabina y, no obstante ser calibre 22 de un solo tiro, marca ITHACA, modelo M49, en esos momentos para mí era una carabina WINCHESTER calibre 44-40, de las que usaban los vaqueros del Old West. Cuando crucé la puerta de la cantina, los parroquianos me dirigieron una sorpresiva y angustiante mirada. Entregamos las armas en la barra, que fueron guardadas en un cajón inferior de la misma. Los clientes siguieron bebiendo tranquilamente su cerveza. Y por esas cosas raras que suceden, el cantinero autorizó que yo permaneciera en la mesa que ocupaban mi papá, su compadre y el sr. ganadero.  Eran de aquellas mesas de madera maciza en color verde, y sillas con asiento y respaldo de cuero. El compadre de mi progenitor al verme todavía sudoroso me dijo: ¡Tómate una “Coronita”! No recuerdo si me la tomé o no. Creo que sí. Transcurrieron unas dos horas y, ahora sí, todos volvimos a casa.  Y bien, ¿quién era este señor que me custodió hasta entrar a esa cantina? Tenía imperativa voz, tranquila aunque inquisidora mirada, y de paso firme y cadencioso. Lo único que yo sabía es que era un militar retirado. Al poco tiempo me enteré que se trataba del Mayor de Infantería Teófilo Bautista, que siendo un jovencito de 16 años, se había unido a las fuerzas de Venustiano Carranza, donde participó en distintas batallas.  Yo tenía diez años cuando entré armado a esa cantina acompañado por este personaje y, debido a mi corta existencia, en ese momento no valoré ese hecho en su real dimensión; pero seis décadas después, sigo pensando que: ¡no cualquiera tiene el honor, de que un veterano del Ejército Constitucionalista haya actuado como su guardaespaldas!                                        [[email protected]]" ["post_title"]=> string(29) "Con aroma de pólvora quemada" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(28) "con-aroma-de-polvora-quemada" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-06 11:02:28" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-06 16:02:28" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70128" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(20) ["max_num_pages"]=> float(10) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "c64844e845d96878f9612175046189c6" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Con aroma de pólvora quemada

No obstante haber transcurrido ya varias décadas, aún se me dificulta aceptar que un grupito de amigos se reunía con mi papá...

septiembre 6, 2021

Entre Franco y McCarthy... don Cristóbal

Hace meses que lo habíamos previsto, no fui el único, muchos sabíamos que se cocinaba la simulación, así son las cosas. Nunca...

septiembre 8, 2021




Más de categoría

CARTAS A TORA 242

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le...

septiembre 24, 2021
dante estatua

Dante, a 700 años de su fallecimiento

En este artículo se ofrecen múltiples ejemplos de la influencia de Dante en la historia del arte, en homenaje...

septiembre 22, 2021
Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional

Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional

En este artículo se da cuenta de la importancia de la lucha libre y sus protagonistas como íconos culturales...

septiembre 22, 2021
dibujo guerra españoles contra indios

Ni Colón ni Tlali: Cuitláhuac y Temilotzin

Cuitláhuac y Temilotzin son dos personajes que deberían de ser considerados para sustituir el Monumento a Cristóbal Colón en...

septiembre 22, 2021