Cartas A Tora IX

Querida Tora: Querida Tora: Quihubo. No abras así los ojos, porque se te van a caer. Es un saludo. Ya casi no se usa, pero me gustó. ¿Y a ti? Quihubo… quihubo… ¡quihúbole! Todos los días se...

21 de octubre, 2016

Querida Tora:

Querida Tora:

Quihubo. No abras así los ojos, porque se te van a caer. Es un saludo. Ya casi no se usa, pero me gustó. ¿Y a ti? Quihubo… quihubo… ¡quihúbole! Todos los días se aprende algo nuevo.

¿Qué te cuento? Lo del agujero en el patio sigue causando problemas. El portero aún no encuentra gente apropiada para llenarlo. Además, la poca tierra que los vecinos trajeron se fue con las lluvias, dejando un lodazal espantoso. Entonces la del 4, que es muy “pípiris nais” (no hace falta que te explique, ¿verdad?; se explica solo) fue a quejarse con el portero. Quién sabe qué hizo, pero la recibió enseguida. La señora le dijo que sus pisos se ponían perdidos de lodo, que así no se podía vivir, y quién sabe cuántas cosas más que no entendí (yo estaba ahí, haciéndome el dormido, pero llegué un poco tarde). Y no dejó de hablar hasta que el portero le juró, por su mamacita que están en el cielo, que pondría pronto remedio.

Pues sí, a los dos días llegaron unos ingenieros. Midieron la longitud, la anchura y la profundidad del agujero y dijeron a los vecinos (todos estaban ahí, mirando y criticando) que les calcularan la cantidad de tierra que necesitaban. Ahí fue donde la puerca torció el rabo (No, no había ningún animal; es una forma de hablar), pues nadie sabía hacerlo. Entonces, los ingenieros pidieron una computadora. Nuevo silencio, porque los pocos que tenían no la querían prestar. Por fin el del 41 les facilitó la suya, chiquita pero útil. Y ahí estuvieron los ingenieros todo el día, haciendo cálculos. Les tuvieron que del King’s unos “Tacos of Beef Steak with Rooster's Beak Sauce” para que comieran los pobres, porque ya estaban hasta pálidos del trabajal que tenían. Allá como a las once de la noche, salieron a decirles cuánta tierra necesitaban y cuánto les iba a costar. Había tierra de hoja, tierra negra, tierra para las macetas y tierra corriente, que es la más barata. Todos dijeron que de la corriente, al fin que se ve igual que las otras. Luego les dijeron de las piedras para cubrir la tierra, pero lo vecinos contestaron que eso más adelante, que lo primero es lo primero.

Tuvieron que cooperar, claro. Unos dejaron de fumar, otros dejaron de beber y otros dejaron de comer, pero todo el mundo dio su aportación, y están esperando que les traigan la tierra prometida.




Mientras, los vecinos tienen que seguir subiendo a la azotea y bajar en los otros patios para llegar a sus viviendas. A propósito, el Administrador dice que no son viviendas sino deparamentos; y la vecindad es ahora Condominio, y hay que buscarle un buen nombre para que luzca más.

Hay algunas señoras muy grandes que se cansan mucho de subir y bajar escaleras. Alguien aconsejó a una de ellas que le diera una propina a uno de los guardianes de los baños para que la llevara en brazos,. Así  lo hizo, y en pocos días todos los guardianes estaban ocupados cargando viejas, y todo el mundo se metía a los baños sin respetar turnos. No te quiero decir cómo se puso la contaminación (así la llaman ahora en vez de peste). Además del Doble Día sin Baño, el portero prohibió a los guardianes despegarse de sus puestos de trabajo.

Entonces el sobrino del señor del 41 vio la oportunidad de hacerse de unos centavos, y empezó a dar servicio de 6 a 8 de la mañana y de 8 a 10 de la noche. Se hacían unas colas interminables; y las muchachas empezaron a salir temprano por el pan y la leche, y regresaban tarde para que el muchacho no tuviera que subir a ninguna vieja y pudiera sentarse a platicar un rato.

Pero apareció el portero, y les gritó a todos. Les dijo que el Condominio era un lugar residencial, y que no se valía hacer negocios ahí. Se armó un borlote espantoso. El sobrino juró (mintiendo, por supuesto) que no cobraba por pasarlas. El portero respondió que entonces cobraba en especie, y que eso era indigno y que… No lo dejaron terminar. Todos los señores se le echaron encima porque estaba “mancillando el honor de sus esposas e hijas”. Y tuvieron que intervenir sus achichincles ( ¿ya encontraste la palabrita?) para que no lo lincharan.

Entonces, los vecinos bloquearon la escalera otra vez, y no dejaron pasar ni siquiera al portero, que iba a cobrar al del 47 los seis meses de atraso que tenía. Tuvo que echar una tabla sobre el agujero y pasar así. Los vecinos le soplaban con fuerza, a ver si se caía; pero no, atravesó muy bien el hoyo, tanto de ida como de venida. Pero el bloqueo persistió.

Estuvieron discutiendo tres días. Por fin, el portero accedió a que el sobrino subiera a quien quisiera, a condición de que entregara a la Administración el 20% de sus ganancias “para las mejoras y el embellecimiento del Condominio”). El muchacho aceptó, deseoso de colaborar a mejorar la vecindad, y volvió a su trabajo.

Ahora hay 5 ó 6 muchachos haciendo lo mismo y dando su colaboración a la Administración. Están muy entusiasmados, y dicen que si todos los vecinos trabajaran como ellos y dieran sus aportaciones, su Condominio sería el mejor de la ciudad… del país… del mundo.

Si no estuviera convertido en gato, yo me pondría a ayudarlos. Me gusta que la gente sea solidaria y trabaje por el bien común. ¿A ti no?

Te quiere

         Cocatú

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