CARTAS A TORA 353

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diariamente le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

14 de junio, 2024

Querida Tora:

El otro día vino un señor que vende a las señoras de la vecindad cremas, polvo, perfumes y otros cosméticos. Pero lo que ellas aprecian más es una crema llamada “Sublime Obsesión”, por el título de una película vieja que les gusta mucho. Se supone que la tal crema les quita las arrugas, que evita la formación de otras, que impide las manchas y la flacidez en la piel… Yo no sé si sea cierto, porque algunas, como la del 56, yo creo que ya no puede hacer nada con la cara que tiene. Pero la compran y se la aplican muy a gusto,

El problema se manifestó primero en la del 56, que se pone dos o tres manos de la crema para tratar de aparentar juventud y belleza. Pero al verse en el espejo comprobó que estaba amarilla completamente. Fue inmediatamente con la del 55, y vio que estaba igual. Entonces las dos, alarmadas, fueron a tocar a todas las puertas, a ver si se trataba de una epidemia, o qué había sucedido. Resultó que todas estaban igual y todas se sentían mal, pero no por enfermedad, sino por el coraje que tenían. También el moreno del 41 estaba en las mismas condiciones, y fue entonces que las viejas supieron que él también era adicto a las cremas. El güero no; ese tiene un cutis perfecto, según dijo la atribulada señora del 10

Afortunadamente (Para ellas) ese día iba a volver el vendedor a cobrar a algunas señoras que el día anterior no habían tenido dinero, y se citaron todas en el patio a las doce del día, que es la hora a que suele presentarse el hombre. Y allí estuvieron, sin preocuparse por el quehacer ni por la comida de la familia ni por ir a recoger a los chilpayates a la escuela. Pero el hombre se hizo esperar; y aunque entró disculpándose por el retardo, no pudo evitar que lo rodearan con las manos en alto, engarfiadas como para arrancarle la piel a tiritas, poco a poco y echándole limón (Proposición de la del 56, que estaba verdaderamente indignada y que ni siquiera con los tequilas que se echó se había podido calmar).

Todas lo insultaban, todas lo agredían, todas le echaban en cara que las había convertido en chinas, pero de pies grandes; y que, por lo tanto, se iban a desquitar a lo chino. Y ya alzaba la mano la del 37, que es las más aventada, cuando el hombre alcanzó a decir:

-¡Un momento! Ya sé lo que pasó. No hay problema, les juro que no hay problema. Siempre hago yo la crema personalmente, y sé muy bien lo que le pongo. Pero ayer se me hacía tarde, y le pedí a mi ayudante – gracias a la ayuda de ustedes, he podido contratar un ayudante -que me pasara el frasco número 6, que es el del ingrediente secreto que le pongo; pero apuesto a que me pasó el frasco número 7, y esa fue la causa del desastre.

-¿Por qué? ¿Qué tiene el frasco número 7? – demandaron todas.

El pobre hombre titubeó, pero al fin dijo:

  –A… ácido nítrico.

Un alarido de horror escapó de todas las gargantas.

-¡¡¡Ácido nítrico!!!

-Ese es un ácido muy fuerte- opinó la del 10.

-Efectivamente. respondió el hombre – Pero le puse una cantidad muy pequeña y muy diluída y no les va a pasar nada. La piel se les va a poner como cuando van a Acapulco y se tateman al sol, y luego se caerá, igualito que en Acapulco. Y abajo tendrán una piel nuevecita, mucho mejor que la anterior. Les va a hacer un “peeling” muy bueno.

-¿Y el color amarillo? – exigió saber la del 37.

-Desaparecerá al caerse la piel.

-¿Y si no?

-Entonces, podrán quemarme con leña verde.

Las arpías conferenciaron un momento y aceptaron la situación, pero le pidieron al hombre su nombre completo, dirección, CURP y Registro Federal de Causantes, “por lo que se pudiera ofrecer”.

Pero la del 10 estaba muy inquieta, y preguntó:

-Oiga, ¿y qué es lo que tiene el frasco número 6, que no tiene este efecto?

-Pipí.

-¡¿Qué?! – dijeron muchas, al mismo tiempo que del 10.

-Es de un gatito que tengo. Pero muy chiquito, muy tiernito.

-¡¡¡Meados de gato!!! – exclamaron todas al unísono.

Y se lanzaron sobre él.

El hombre se ve como de la tercera edad, a punto de salir de ella. Pero corrió como si su esposa lo persiguiera por olvidar su aniversario de bodas. Todas las viejas se fueron quedando por las esquinas, en las puertas de las tiendas o en algún hoyo que tuviera el volumen adecuado, cansadas, sedientas, enojadas y frustradas; pero no consiguieron darle alcance, y se tuvieron que regresar a la vecindad sin haber podido darle ni una simple bofetada. Pero algo aprendieron. Y ahora, cada vez que les llega alguien a venderles cremas, exigen que las haga delante de ellas para saber lo que les pone, y luego ya se las compran. Lo que no se les ocurre todavía es que cuando les hacen la crema en el patio, le ponen ciertos ingredientes; y cuando se las llevan hecha y en un bonito frasco, otros que nadie sabe lo que son.

Es muy fácil engañar a esta gente.

Te quiere

Cocatú

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