CARTAS A TORA 322

Querida Tora: El otro día, la sensación en la vecindad fueron dos de los ninis. Siempre se habla de ellos¸ pero nunca se los había visto como bajaron ese día: bañados quién sabe dónde, porque en la...

15 de septiembre, 2023 cartas a tora

Querida Tora:

El otro día, la sensación en la vecindad fueron dos de los ninis. Siempre se habla de ellos¸ pero nunca se los había visto como bajaron ese día: bañados quién sabe dónde, porque en la azotea no hay ni un baño; con el pelo corto y más o menos peinados; y con ropa bastante aceptable. ¿Qué les pasó?, se preguntaban todos. Y la respuesta fue asombrosa: Habían conseguido un trabajo.

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Nadie los creyó, ni siquiera yo. Y como no me gusta quedarme con la duda, me fui detrás de ellos. Me condujeron a una iglesia cercana, y allí se enfrentaron a su trabajo: se iban a encargar de la zona donde están los nichos para las urnas para guardar las cenizas de los difuntos; tenían que mantenerla limpia y agradable, y ayudar a las personas que iban a depositar alguna urna o a rezar por alguien. Y aunque no lo creas, realizaron su trabajo bastante bien, al grado de que muy pronto les confiaron las llaves de esa zona para que la abrieran a algunos deudos que llegaban siempre tarde porque sus actividades no les permitían llegar a horas asequibles.

¿Pero qué crees? Poco después de esto empezaron a vestirse mejor, a comer regularmente y hasta se compraron colchones para dormir. Los vecinos estaban contentos, pensando que se estaban civilizando. Yo también lo llegué a pensar, hasta que me di cuenta de que algunas veces salían a altas horas de la noche. Pensé que iban a dar una vuelta, o a satisfacer algunas necesidades fisiológicas imperativas que les daba pena admitir. Pero luego observé que regresaban muy contentos, y que se encerraban en su cuchitril y se ponían  a contar dinero y a repartírselo. Eso me dio muy mala espina. ¿Qué estaban haciendo por las noches?

Necesitaba enterarme, y me dediqué a seguirlos. A veces sí iban a satisfacer algunas necesidades líquidas en algún antro de mala muerte. Pero un día vi que llegaban a la iglesia; se aseguraban de que no había nadie que los viera, abrían la puerta de la zona de nichos y llamaban a unas personas que estaban en la otra cuadra, esperando, y que llevaban en brazos algún nicho pequeño y barato y caras de haber pasado unos días muy malos. Todo esto espoleó mi curiosidad, y me metí detrás de ellos. Luego, cerraron cuidadosamente la puerta.

Entonces los que habían estado esperando rezaban algo, o besaban la urna que llevaban; y la mayoría lloraban. Entonces los ninis abrían uno de los nichos, sacaban una urna, vaciaban las cenizas que contenía en  una bolsa y ponían las cenizas que traían los dolientes en la urna vacía; luego la ponían en el nicho, lo cerraban y decían a los afligidos asistentes:

-Ya está su difuntito en el seno de la iglesia, y aquí quedará por siempre. Váyanse tranquilos y descansen en paz, como ellos (y ahogaban la risa) No exactamente como ellos, pero en paz. Aquí quedarán por los siglos de los siglos. Pueden venir a verlos todas las veces que quieran, pero siempre a estas horas, porque en el día hay mucha gente y no se puede rezar a gusto. Eso sí: avísenos cuando quieran venir, para estar aquí. Ahora, váyanse sin hacer ruido.

Y aquella gente les pagaba y desfilaba en silencio, conteniendo el llanto y los gemidos, y se dispersaban en diferentes direcciones. Entonces, los ninis cerraban y se llevaban la bolsa con las cenizas que habían sacado del nicho. Creo que al principio las llevaron a su cuarto en la azotea; pero se les empezaron a amontonar, y prefirieron ir a tirarlas a un terreno baldío cerca de la iglesia, temiendo que algún día las descubrieran los padrecitos de la iglesia; pero pronto se convencieron de que entre las ratas, los gatos y los perros callejeros las harían desaparecer antes del amanecer.

Les fue muy bien con aquel negocito, y ya estaban pensando en comprarse un coche. Pero el sacristán de la iglesia acertó a pasar por el baldío en un momento en que dos perros se disputaban un pedazo de un nicho de los corrientes que habían olvidado los ninis, y empezó a sospechar.

No tardó mucho en darse cuenta de lo que estaba pasando, y menos aún en comunicárselo al párroco. Así, la siguiente vez que los ninis llegaron de noche a la zona de nichos los estaban esperando el párroco, dos o tres sacerdotes, el sacristán, un policía y varias de esas viejas que se pasan el día en la iglesia sin hacer nada. Los ninis echaron a correr, los dolientes también; pero fueron perseguidos hasta que los echaron de la colonia. Y las más bravas, como siempre, eran las viejas que no tenían nada que hacer.

Yo me quedé por ahí, a ver qué pasaba. Pero sólo pude oír que el policía le preguntó al párroco si iba a denunciarlos. Y el párroco respondió que no, que el daño estaba hecho y que no iban a poder remediarlo en favor de los fieles que habían comprado los nichos; que era mejor dejar las cosas como estaban, pues lo importante no es dónde están las cenizas, sino las oraciones que los deudos elevaran por los difuntos.

Los ninis regresaron a la azotea, a robar comida a quien se dejara y a molestar a las chamacas con sus piropos malintencionados.

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]
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