Cartas a Tora 295

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

6 de enero, 2023 CARTAS A TORA 298

Querida Tora:

La productora de cine cumplió su palabra y al día siguiente, muy temprano, llegaron el equipo técnico y el equipo humano para filmar la famosa escena de la ventana. El galancito resultó amigo (M¿más bien, conocido de nuestro actor de televisión) así que se abrazaron, se felicitaron mutuamente (no sé por qué) y se desearon suerte y felicidad. Pero al separarse, nuestro actor musitaba “Ya me podían haber escogido a mi. Soy mejor actor que él. Y hasta más guapo. Les hubiera cobrado menos. Esta gente no sabe lo que hace”. Pero no podía hacer nada, y tuvo que contentarse con ver la filmación.

Empezaron con el galán subiendo por la enredadera para ver a su amada. Los vecinos estaban con el alma en un hilo, temiendo que el muchacho se cayera y lastimara su bello rostro (así lo decía la del 48, que había enloquecido repentinamente por él). Pero el chavo llegó con bien a la ventana, lo que le valió un aplauso de la concurrencia. Pero eso no le gustó al director, y les pidió que se abstuvieran de cualquier exclamación, porque le echaban a perder las secuencias. A espaldas del director, el chavo les agradecía los aplausos, pero en cuanto el director volteó se hizo el disimulado, y apenas si se atrevió a mandar un  beso con la punta de los dedos a la del 48, quien cayó desmayada en brazos de su vecina.

La escena de la ventana tardó como cuatro horas en filmarse, porque subían y bajaban las cámaras, porque el actor pedía un vasito de agua o porque la actriz se quejaba de que su compañero abusaba con las caricias que le hacía, ya fuera que le metiera la lengua hasta la garganta o que con la mano oculta para la cámara le llegara más allá de la pantaleta (todo eso son pequeñas muestras del acoso a que someten a la mujer, y que ella no denuncia  por miedo a perder su trabajo, por miedo a que la llamen “puritana” o porque les gusta y no se atreven a decirlo.. Pero allá iba la cosa, y llegó el momento en que el padre de la chica aparece para… 

No nos enteramos para qué, porque ¿quién crees que hacía el papel del padre? Pues el portero, que había exigido que le dieran un papel en la película para permitirles filmar en la vecindad. Ya te figurarás que los vecinos se quedaron patidifusos; y nuestro chavo actor más deprimido, porque estaba seguro que él podría hacer mejor el papel de padre que “ese viejo idiota”. (total, era cosa de que le pintaran unas canas y unas arrugas, y hasta les cobraría menos).

Pero el portero no se había aprendido el papel, y no sabía qué decir. Y tuvieron que poner a alguien detrás de él, que le dijera las palabras que debía decir. Pero el portero no lograba escucharlo (yo creo que está medio sordo, pero no lo quiere admitir), y había que repetir todas las tomas que le hacían, porque o se quedaba mudo o decía alguna barbaridad. El director lo tomó con buen humor y dijo que luego un actor de verdad (gesto de desaprobación del portero) diría sus parlamentos, y todo arreglado. El verdadero problema surgió cuando el director quiso dar por terminada la filmación, y el portero fue a reclamar que no le habían tomado ningún “close up” (Close up = gran acercamiento, en el que la cámara toma la cara del actor y en pantalla aparece sólo eso, mostrando el rostro en todo su esplendor). Pero en el caso del portero no había ningún esplendor, como no fuera el de las mejillas mal rasuradas o los poros abiertos de su nariz. El director se negó, diciendo que la visión de ese rostro alteraría “el ambiente delicado, pleno de sentimientos honestos que emanaba de la conversación en la ventana”, y se enzarzaron en una discusión que terminó cuando el portero dio orden a sus guaruras de que rodearan a todos los miembros de la filmación y les apuntaran con sus armas.

Afortunadamente, el utilero se dió cuenta de que las pistolas eran de chinampinas y se le dijo al director, por lo cual éste dió orden de salir de la vecindad a como diera lugar. Pero entonces uno de los guaruras (el más feo, que siempre quiere quedar bien con su papá) les arrebató una de las cámaras y amenazó con tirarla al patio. Entonces sí, el director ser puso pálido, pálido, y dio orden de tomarle su “close up” al portero. Este puso su cara más angelical, y aguantó los tres minutos de filmación sin mover un músculo, por lo cual el director lo felicitó. Con eso, ya pudo irse todo el equipo humano y llevarse el equipo técnico intacto. Y yo pude escuchar que el representante del productor le decía al portero que había malgastado muchos metros de película (que es muy cara) en ese estúpido “Close up”; y el director contestó que la cámara no tenía ya película, y que podía haber filmado todo lo que el portero le exigiera.

Ojalá que la película salga alguna vez al mercado. Me gustaría ver cómo luce la vecindad, y la voz que le ponen al portero.

Te quiere

Cocatú

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CARTAS A TORA 297

El muchacho dijo todo lo que dicen los que se encuentran en situación parecida, e hizo todos los juramentos de costumbre. “Nada nuevo”, pensé, “Este se va al rato, y no vuelve. Y la única que va a sufrir es la muchacha”. Pero me equivoqué. Doña Sura lo atendió como yo nunca creí que fuera capaz de atender a un pretendiente de su hija, pues hasta le ofreció un cafecito con pastel de chocolate. Y ya los dos chavos creían que no habría obstáculos para su amor, cuando doña Sura le pidió que le dejara leerle las cartas. La chava se entusiasmó porque su mamá no le lee las cartas gratis a nadie, y creyó que ya empezaba a considerarlo parte de la familia. Pero en cuanto colocó las cartas sobre la mesa, lanzó un grito porque en ellas veía (según dijo textualmente) la muerte, el horror y el espanto. 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Doña Sura afirmó que ella venía de familia de profetas, y que sus predicciones siempre se cumplían; y volvió a echar las cartas una y otra vez, hasta que entre ellas apareció el rey de Bastos, y señalando el garrote que lleva, declaró que esa era la peor carga que le podía salir a alguien (pero al chavo le salió hasta la cuarta o quinta vez que le echó las cartas), y dijo a su hija que no se burlara de ella, porque entonces la cosa sería peor para todos; y se levantó enfurecida, enorme en esa túnica negra que tanto le gusta usar y con voz salida de los infiernos dijo al chavo “No pasarás”, y cayó desvanecida. Varias de las vecinas se desmayaron también, y hubo que llevarlas a la enfermería (por cierto, que la enfermera se negó a atenderlas, “no le fuera a  caer a ella también alguna maldición”). Las que no se desmayaron empezaron a gritar, algunas se hincaron a rezar; y los gritos se oían ya en la vecindad de junto. 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Gramática de la vida

Ésta es nuestra obligación hacia el niño; darle un rayo de luz y seguir nuestro camino. -María Montessori.

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