CARTAS A TORA 278

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

19 de agosto, 2022 cartas

Querida Tora:

Llegaron unos recién casados a vivir a la vecindad, y enseguida les cayeron bien a todos, porque se les veía muy enamorados, siempre juntos y tomados de la mano y dirigiéndose miradas muy elocuentes.  Todos les ayudan y hasta te diría que los consienten; con la excepción del señor del 37 (ese que te digo que es bastante bruto) y sus amigos de la cantina, porque dicen que el muchacho es muy bonito y muy delicado (cosas del machismo tan extendido aún entre esta gente).

Pero un día llegó a visitarlos un hermano de ella, y les armó un escándalo. ¿Y sabes por qué? Porque dice que el recién casado no es hombre, que es mujer; que él la conoció hace tiempo, que andaba de cabaretera y que fue suya varias veces, y ahora quiere hacerse pasar por hombre quién sabe por qué; y que si el matrimonio se efectuó fue porque él (el hermano, no te vayas a confundir) vive fuera de la ciudad, y que ahora que vino vio las fotos de la boda y está seguro de que el novio es aquella mujer que él conoció.

Muchos vecinos salieron al oír el alboroto y, huelga decirlo, se pusieron de parte de los recién casados. Y entre todos lograron echar de la vecindad al hermano. Pero éste salió hecho una furia, diciendo que iba a desenmascarar al presunto cuñado. Los vecinos lo abuchearon como no tienes idea (salvo el del 37 y su clan), pero en el fondo les quedó algo así como una duda, y en los corrillos del patio sólo se oía hablar de ese asunto. Y hasta empezaron a mirar con desconfianza a la parejita; y algunas madres suspicaces prohibieron a sus hijas que los frecuentaran. Total, que lo que era una vida de armonía y colaboración se convirtió en un ambiente tenso y hostil.

Sin  embargo, todo se resolvió de repente cuando, un domingo a mediodía, la recién casada se puso enferma durante el transcurso de una junta de vecinos: empezó a volver el estómago, y luego se desvaneció. La llevaron  a su vivienda y el atribulado esposo llamó a un médico. ¿Y qué crees que dijo éste? Que la muchacha estaba embarazada.

La vecindad entera lanzó un grito de alegría. Y cuando el hermano regresó, no lo dejaron ni entrar; y con toda la satisfacción del mundo le revelaron  el estado de la muchacha. El hermano no tuvo más remedio que irse, afirmando que los habían engañado. Pero nadie le hizo caso.

Sin embargo, a mi me quedó una duda. ¿Por qué? No lo sé. Pero algo me olía mal. Y me puse a meditar a la luz de la luna llena, que es cuando medito mejor. Y recordé que una noche había visto a la muchacha subir a la azotea y tocar a la puerta de uno de los cuartos, en el que vive un nini que tiene una barba rubia muy poblada. Le abrieron, y entró. Salió al poco rato, asegurándose de que nadie la viera. Al pie de la escalera la esperaba el marido, quien le pasó un brazo por los hombros y la condujo cariñosamente a su vivienda.

La duda se convirtió en una inquietud muy grande, y seguí meditando. Así recordé que había visto a la recién casada hablar con el nini en más de una ocasión, siempre en algún rincón  apartado o en la calle. Y todo se aclaró cuando vi que el marido se entrevistaba con el nini en la azotea vecina, donde nadie podía verlos, y le daba una cantidad de dinero. No sé cuánto (No seas chismosa). Estaban muy lejos para poder verlo. Pero de que era dinero, era dinero. ¡Le pagaron  al nini para que le hiciera un bebé a la chica! Yo me quedé de a seis (¿Por qué de a seis y no de a ocho?), pero no había error posible. Sobre todo, porque cuando una noche que la chica llegó algo tarde el nini la interceptó en la escalera y le pidió que subiera a su cuarto, ella se negó rotundamente. Varias veces le rogó, pero ella se mantuvo incólume, como corresponde a una señora decente (Por lo menos, eso es lo que dicen).

El bebé está a punto de nacer, y toda la vecindad está pendiente del acontecimiento. Yo también, no lo voy a negar. Creo que, con el tiempo, el asunto se reducirá a que ese bebé sea un  niño que tenga dos madres, como se ve cada día con más frecuencia. A ver qué hace entonces el hermano de la muchacha.

Te quiere

Cocatú

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Fue porque los vecinos quisieron organizar un festival para el Día de las Madres para celebrar a todas las madres de la vecindad, y la Mocha se encargó de que los niños aprendieran los bailes y las canciones que les dedicaron. Resultó todo muy bonito, y tanto las vecinas como los vecinos quedaron muy contentos. Tanto así, que unos días después, entre todos le compraron a la Mocha un ramo de flores y fue una comitiva a entregárselo. Y durante varios días, quien encontrara a la Mocha en el patio o las escaleras la detenía para felicitarla. Hasta ahí, todo iba muy bien. ¿Pero qué crees? El portero se puso celoso ¿De qué? De nada, porque él no organiza festivales ni cosa que se le parezca. Pero empezó a decir que a él no lo detenían para felicitarlo por nada, a pesar de lo bien que llevaba la administración de la vecindad, ni le daban las gracias por los lavaderos (Que siguen en ruinas) o por los baños (Sigue en pie la norma de Un Día Sin Baño); y todo eso le pareció injusto. En consecuencia, se puso a pensar qué hacer para que los vecinos lo trataran igual (O mejor) que a la Mocha. Lo primero que se le ocurrió fue que los vecinos hicieran una manifestación para vitorearlo y para dar gracias al cielo de que hubiera nacido  y estuviera trabajando para ellos, pero el patio no es muy propio para esas marchas multitudinarias que a él le gustaría organizar. Pensó también en un convivio, pero le saldría muy cara la beberecua, y ni modo de darles un tecito con unas galletitas. Una comida era peligrosa, porque seguro que hacían mole, y su intestino no estaba para comer cosas irritantes, porque luego se pasaba la noche en el baño, y eso era indigno de su posición. Por fin, decidió que lo mejor era hacer una encuesta, porque así, ni siquiera sabrían los vecinos quién la había organizado o contratado. Él prefería la manifestación, pero… Los vecinos no sabían lo que era una encuesta. El les dijo que no temieran, que no les iban a cobrar nada; que se trataba de contestar unas preguntas muy sencillas. Y los vecinos aceptaron. Y sí, a los pocos días se presentaron en la vecindad unos señores muy trajeados que pasaron a todas las viviendas y les hicieron dos o tres preguntas que a nada comprometían y que ni siquiera el del 37 se negó a contestar. Luego, el portero les informó que el domingo siguiente los esperaba en el patio, a las doce en punto, para comunicarles el resultado de la encuesta. Huelga decir que todos estaban nerviosos, esperando (y temiendo) el resultado de la encuesta; y antes de las doce ya estaba al patio a rebosar, porque las familias acudieron enteras, hasta con los bebés. A la hora señalada apareció el portero con todos sus guaruras y la Flor en todo el esplendor de su vestuario. Y empezó a decir que esa encuesta se hizo porque la gente se lo pidió (los vecinos se miraron unos a otros, seguros de que ninguno de ellos había abierto la boca al respecto); pero que era muy necesaria para aclarar las cosas, porque en la vecindad corrían muchos rumores y era necesario saber quién era quién y qué quería cada uno de ellos. Esto intrigó mucho a los vecinos, y ya ansiaban conocer el resultado de aquella encuesta (un chavo que ya está en la Prepa les había explicado lo que la palabra significaba y, quien más quien menos, se sentía erudito en la materia. Y con su voz más engolada y más artificial, el portero empezó a enumerar los resultados de la encuesta: ¿Quién es la persona más sabia y más hábil de la vecindad? Respuesta: el señor portero. ¿Quién es la persona que mejor ha administrado la vecindad? El señor portero. ¿Quién es el que resuelve todos los problemas que se le presentan a la vecindad y a los vecinos? 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Jacqueline Peschard, socióloga de formación, con maestría en Ciencia Política por la UNAM, hace señalamientos así de puntuales como valientes.  Habla de la democracia como el gobierno a través de la discusión, de manera que este  sistema sólo podrá sobrevivir siempre y cuando esté al alcance del ciudadano promedio (o “de a pie”, como me gusta llamarlo). Hace suyo el concepto de Herari de que los humanos pasamos de ser  asesinos ecológicos seriales para convertirnos en asesinos ecológicos en masa.  Viene a nuestra mente cualquier comparación entre los campos de exterminio nazi y los niños víctimas de las grandes hambrunas en países africanos y de Medio Oriente. 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Nuestra casa común

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