Querida Tora:
Fíjate que el señor del 55 se puso enfermo del intestino, y en una de sus urgencias quiso utilizar el baño que hicieron para los guaruras. Pero no le permitieron entrar. Por más que rogó, él y toda su familia, no le permitieron pasar. Entonces se fue corriendo al King’s; pero no llegó, y tuvo un percance en plena calle. Llegaron los policías, y se lo querían llevar. “Al corralón”, decía uno de ellos, un chavito que apenas tiene la sombra de un bigote. Y no servía que le explicaran que el corralón es para coches. El insistía “¡Al corralón!, al corralón!”.
Por fin, no se lo llevaron (dinero de por medio), pero le hicieron limpiar todo el “mobiliario urbano” que había ensuciado. Entonces, la familia quiso llegar a un acuerdo con el portero para que le permitiera usar el baño de los guaruras por tratarse de “verdaderas emergencias”. Después de muchas audiencias, interrumpidas por carreras al King’s, el portero accedió, pero con sus condiciones. Primero, el señor tuvo que someterse a un examen médico con el doctor que el portero dijera. La familia aceptó (tuvo que pagar la consulta). Después tuvo que pagar una credencial que tardó varios días en estar lista, a pesar de que la hicieron los guaruras con cartoncillo y engrudo. Esa credencial la firmó la enfermera (Hubo que pagar la “molestia” que se le infligió a la mujer). Y después, cada vez que el hombre quisiera usar el baño, tenía que recabar la firma de tres guaruras (Y pagar cada una de esas molestias).
La primera vez que el del 55 quiso usar el baño, todo fue muy bien; y el hombre se sintió muy aliviado por las facilidades que le habían dado. Pero la segunda vez, el primer guarura con el que fue le dijo que la enfermera tenía que ponerle a la credencial una palomita en una casilla especial. Y la enfermera estaba ocupada en dar el tratamiento paliativo al portero, y tuvo que esperar, con grave peligro de ensuciar el ”mobiliario urbano” de la vecindad (léase escaleras y pasillo). En otra ocasión, sólo pudo conseguir a dos guaruras, porque los otros estaban en junta con el portero y no se les podía molestar. Pero él sí los molestó, porque la naturaleza no espera ni consiente a nadie. Total, que a los pocos días tenía que pagar a los guaruras por cada molestia que les infligía, y a la familia ya le resultaba más barato internar al enfermo en un hospital de medio pelo; pero entonces tenían que dejar a una persona al cuidado del enfermo, y esa persona tenía que faltar a trabajar, lo que iba en perjuicio de los ingresos familiares.
Luego, pensaron en comprar un excusado portátil, pero no cabía en ninguna parte. Pensaron ponerlo en el pasillo; pero el portero les dijo que si lo hacían tendrían que pagar una renta por el espacio que ocupara. Y entre eso y la limpieza, les resultaba muy difícil manejarlo.
También se les ocurrió tener siempre un taxi a la puerta de la vecindad, dispuesto a llevarlo al King’s o a cualquier otra fonda de los alrededores; pero también les salía muy caro. Además de que el taxista enseguida empezó a enamorar a la chava del 3, y la familia puso el grito en el cielo porque “cómo un taxista se iba a casar con su princesita”. (Aunque el taxista nunca habló de casamiento; y tampoco la “princesita”).
La solución la dio la madre del enfermo; y, en realidad, era muy sencilla: cambiarse a otra vecindad, a una vivienda que tuviera baño privado. Les iba a salir más cara la renta, pero eso se compensaba con no tener que gastar en las fondas para que les permitieran usar el baño, no tener que tomar taxis para llevar al señor a otro lado, no tener que pagar las “molestias” infligidas a enfermera y guaruras, y muchos otros gastos hormiga.
Y así se resolvió el problema. Y todos los que abusaron durante tanto tiempo del pobre enfermo se quedaron con un palmo de narices y lamentando la falta de aquellos ingresos tan fáciles que tuvieron. Pero era un abuso, ¿no te parece? A mi me indignó mucho la forma en que los vecinos, empezando por el portero, trataron a ese hombre. Pero eso es la humanidad.
Te quiere
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