Querida Tora1:
No sabes la que se armó el otro día en la vecindad. Y es que una noche, uno de los ninis de la azotea, el más feo y peludo de todos, se metió al 43 a robar. Así como lo oyes. En la madrugada abrió la ventana de la recámara, entró y empezó a coger las pertenencias de la familia. Ya se salía con su botín (un reloj de mentiras, una pulserita de plástico y un cinturón de cartón muy bien pintado), cuando el señor se despertó. Y pasado el susto correspondiente, se lanzó sobre el ladrón, lo golpeó y lo echó al pasillo, entre gritos y llanto de la familia,
Al instante salieron casi todos los vecinos, y se pusieron a increpar al nini y a darle manazos. El del 37 cogió una piedra y se la lanzó; y todos los demás ya iban a hacer lo mismo, cuando ¿qué crees? Apareció el portero, enfundado en su magnífica bata de lana; y con toda su imponente majestad, les puso el alto. Les dijo que lo que querían hacer era una salvajada, indigna de seres humanos; que ese muchacho no tenía más culpa que ser pobre y desgraciado y que en vez de golpearlo debían compadecerse de él y darle nuevas oportunidades de vida. Habló muy bien, y todos los vecinos bajaron la cabeza, avergonzados.
Y no paró ahí la cosa sino que, abriendo los brazos con magnanimidad, le dijo al chavo “Ven”, y lo arropó en un abrazo apretado que por poco lo sofoca. Un gesto arriesgado, pero que tuvo el efecto deseado, porque todos los vecinos se conmovieron y empezaron a aplaudir. Y con cada “¡Bravo!” que se escuchaba, le daba un nuevo estrujón. Entonces el nini, para corresponder, ¿sabes lo que hizo? Le agarró las de atrás. Con una mano nada más, porque la otra la tenía ocupada en bolsearlo.
Los vítores se ahogaron al momento y el portero levantó la cabeza, alarmado. El nini, por el contrario, inició un movimiento para besarlo, lo cual el portero no pudo tolerar; y de un empujón lo lanzó contra el barandal del pasillo, que por poco se cae al patio; luego lo miró desde su altura inalcanzable e hizo un gesto a sus guaruras. Estos se dispusieron a actuar; pero el chavo fue más rápido y escapó como alma que lleva el diablo.
El portero se retiró con cara de dignidad ofendida, pero los vecinos se quedaron al chisme, porque unos opinaban que el abrazo había estado bien, y otros que no había servido para nada. ¿Y la acción del nini? No sabían si era agradecimiento o entusiasmo por el abrazo recibido, Y se estuvieron hasta que amaneció, discutiendo y haciendo cábalas sobre el lance. Que lo más que llegaron fue a preguntarse si el portero se pondría a abrazar a todos los ninis, y a suponer cómo iba a reaccionar cada uno de ellos. Los del 41 eran los más entusiastas en el sistema de abrazos, y se ofrecieron a ser los primeros en subir a la azotea y congregar a los ninis; sobre todo, el güerito.
Sin embargo, nadie se atrevió a ponerse en contacto con los ninis. Además de la indecisión que acompaña siempre a los actos “heroicos”, porque el día siguiente notaron la ausencia de los guaruras. Ni uno solo apareció por la vecindad. Algunos opinaron que el portero les había dado vacaciones. ¿Pero a todos? Porque no quedó ni siquiera uno para espantar a los vecinos que fueran a tocar a la portería. Andaban todos escamados, como quien teme algo que no sabe lo que es.
La inquietud les duró poco porque la tarde de ese mismo día, como a las seis, encontraron al nini en la vecindad, entre sus cuates, pero apenas lo reconocieron: tenía la cara completamente hinchada y amoratada y le costaba trabajo caminar. Pero las cosas parecían haber vuelto a su cauce normal, y todos se tranquilizaron. Hasta el portero.
Entre los otros habitantes de la azotea (léase gatos, ratas, perros y demás fauna) hay cierta inquietud, porque el gatote negro se pasea todas las noches seguido de un ejército de gatas. No sé cómo le hace,
Te quiere
Cocatú
1 Contexto: Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese lugar. Su correspondencia tiene algo de crítica social y toques de humor.
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