CARTAS A TORA 235

Querida Tora1: Hubo un problema en el Seguro Vecinal por desabasto de medicamentos (léase ruda). Ya antes había pasado algo así, pero ahora fue peor. Hubo una especie de epidemia de gripa en la vecindad y, naturalmente,...

6 de agosto, 2021 CARTAS A TORA 228

Querida Tora1:

Hubo un problema en el Seguro Vecinal por desabasto de medicamentos (léase ruda). Ya antes había pasado algo así, pero ahora fue peor.

Hubo una especie de epidemia de gripa en la vecindad y, naturalmente, todos los afectados acudieron  al Seguro Vecinal. Pero a los dos días ya no tenía la enfermera con qué hacer los chiquiadores, y en el patio no se oían más que accesos de tos y gritos de rabia. Cómo sería la cosa, que el portero se alarmó y fue a deliberar con la enfermera sobre lo que podían hacer. Ella le dijo que comprara unas plantitas de ruda para cultivarlas allí mismo, pero el portero dijo que no, que el proveedor le había dicho que le pasara a la Flor para un fin de semana, y que a ese no le compraría nunca nada. Ella dijo que buscara otro, y el portero aceptó (aparentemente).

Digo “aparentemente”, porque lo que hizo fue pedir (mejor dicho, ordenar) a sus guaruras que le buscaran un sustituto de la ruda. Los muchachos tuvieron que obedecer y se fueron al mercado donde venden artículos para brujería a consultar a las expertas. Un rato después volvieron, diciendo que podían emplear papas. “Papas fritas sencillas, ¿verdad? Nada de onduladas o con queso ni ninguna otra cosa, ¿verdad? ¿O son  cocidas o en  puré?”. Los muchachos dijeron que eso no lo habían preguntado, y tuvieron  que volver al mercado, con  la orden de regresar “pero enseguidita”, porque las toses se oyen ya en la vecindad más cercana, y no quería que cundiera la alarma.

Regresaron enseguida con una solución que al portero agradó mucho: “crudas y con cáscara”. Y enseguida los puso a pelar un kilo que tenía en la cocina. Se lo dió a la enfermera y le dijo que eso tenía que alcanzarle para curar a toda la vecindad, “porque eran muy efectivas para los males respiratorios”

Se hizo una cola impresionante ante la enfermera, y todos salían muy contentos, creyéndose curados ya del mal. Pero no a todos les dio resultado. Y no faltaron los vecinos sabihondos que afirmaban que las papas tenían que ser blancas; otros que no, que amarillas; o que debían ser papas alfa, o de las chiquitas que le ponen al pavo al horno, o las que ya están empezando a germinar; y hubo hasta quien dijo que tenían que ser papas deshidratadas. La cosa fue subiendo de tono, y un día (domingo en la tarde, por cierto), fueron a manifestarse ante la portería, en momentos en que el portero estaba comiendo con la Flor en sus habitaciones. 

Al cabo de mucho rato, el portero salió a ver qué era tanto griterío. Y al enterarse del problema montó en cólera (ya te he contado antes lo que eso significa), y les dijo que en vez de protestar debían agradecerle que se hubiera molestado tanto en encontrarles un medicamento tan bueno; que si no se habían curado con él era porque no querían, pues su eficacia estaba probada en todo el mundo; que se aplicaran otra dosis; y que si eso no daba resultado, que se aguantaran, que de todas formas se iban a curar; y si no se curaban era porque ya les había llegado la hora, y cuando eso sucede no hay chiquiadores de nada que sean efectivos. Y se encerró en la portería.

Los vecinos tuvieron que irse a sus casas y resignarse a tomarse un tecito de cualquier cosa, porque cuando el portero se pone así no se puede hacer nada. Y sí, la mayoría se curaron. Con el tiempo. Pero algunos la pasaron muy mal, y tres o cuatro se convencieron de que les había llegado la última hora y se despidieron de parientes y amigos. Pero a esos les hicieron  un funeral muy bonito.

En la azotea andan todas las gatas muy alborotadas, porque ha aparecido un gato negro y grandote (otro más; yo no sé de dónde salen tantos gatos grandes y negros). A ver si no hay allí una epidemia de partos.

Bueno, mi vida, me despido hasta la próxima.

Te quiere

Cocatú

 1Contexto: Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese lugar. Su correspondencia tiene algo de crítica social y toques de humor.

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