CARTAS A TORA 207

Querida Tora: Te voy a contar una historia que a mí me llamó mucho la atención. Y tu, con lo romanticona que eres… Aunque a lo mejor me equivoco. Pero, en fin, ahí te va. En el...

25 de diciembre, 2020 CARTAS A TORA 270

Querida Tora:

Te voy a contar una historia que a mí me llamó mucho la atención. Y tu, con lo romanticona que eres… Aunque a lo mejor me equivoco. Pero, en fin, ahí te va.

En el 35 vive un matrimonio con una hija única, que ya está crecidita. Puede que no llegue a los 40, pero poco le falta. Es una mu… (iba a decir muchacha) …jer de buen tipo; ni fea ni bonita, pero agradable; maestra de pian por vocación, y porque no sabe hacer otra cosa; hija de familia en la más amplia concepción de la palabra. Se le conoció un novio; pero quién sabe qué pasó, que un día dejó de ir a visitarla, y ella no ha querido dar explicaciones (mejor. A nadie le importan esas cosas, salvo a ella). El caso es que tiene una tía, por parte de madre, que se fue a conocer España (un país lejano, pero con muchos contactos con nosotros). Allí conoció a un muchacho (éste sí pasa de los 40), soltero, apuesto (según  ella), muy buen hijo, camarero en un buen restaurant, sin vicios ni problemas. ¿Y qué crees? Que le gustó. No para ella, sino para la del 35. ¿Puedes creerlo? Lo miró atentamente y le dijo “Tú me gustas para una sobrinita que tengo. Harían muy buena pareja”. El muchacho se rio, pero aceptó el nombre y la dirección de ella; y un domingo en la tarde que estaba aburrido, le escribió. Y, tal vez lo más increíble, ella le contestó.

Se estableció una relación epistolar y alegre que duró varios meses. Y un día, sin  saber cómo, él se le declaró. Ya sabes el problema: “Tú en España y yo acá. No puede ser, no puede ser, no puede ser”. Pero él insistió, y ella por fin le dijo: “Si quieres algo, ven a verme aquí”. Y como él quería mucho más que algo, un día se presentó en  el 35, sin  avisar siquiera que venía. Desmayo de la chica, desmayo de la madre. Sospechas y recelos del padre. Lo tuvieron  que recibir porque al muchacho no le alcanzaba ni para un hotel (se conoce que se vino con lo puesto). Y venga a cuidarlos día y noche, para que no se propasaran. Pero no se propasaron. El chico es muy serio y muy formal, y ella salió a su madre: feroz defensora de los principios morales. Pero la situación era insostenible, y se casaron. Así, sin invitados, a las ocho de la mañana, y yendo después a desayunar a un elegante restaurant del centro de la ciudad. Cuando regresaron del desayuno fue cuando avisaron a sus amigos de la vecindad. ¡Y se armó el fiestón! Todos cooperamos (yo solo pude llevar unos pellejos que me dio la del 7; pero lo que importa es la intención, ¿no te parece?).

Total que, después de un tiempo, el chavo se llevó a la muchacha a España, y sé que allá viven ahora, muy felices.

Vas a decir que fue una historia con muy poca miga (en primer lugar, no es pan), y tal vez sea cierto. Pero te la quise contar porque en este momento el planeta, tan grandote y tan bonito, está pasando una época muy mala. Hay muchas enfermedades nuevas; ha habido inundaciones en muchas partes; y terremotos y migraciones masivas y casos de aves migratorias que pierden el rumbo y van a dar a donde no deben; ese tipo de cosas que hace que los agoreros del desastre (qué frasecita, ¿eh?) digan: “Ahora sí se va a acabar el mundo”. ¿Pero sabes qué? Yo creo que mientras haya chavas como esta del 35 y su camarero lejano, que jamás imaginaron lo que les iba a pasar, pero que lo aceptaron con gusto y ahora lo están disfrutando, el mundo no se va a acabar. Y me gustaría que todos se dieran cuenta de ello y pensaran positivamente, porque eso crea un entorno favorable para la vida, y las dificultades se vencen y las desgracias se acaban. Así ha sido desde que el  mundo existe, y que no me vengan con historias deprimentes. Las enfermedades las van a vencer con vacunas, o con lo que sea. El mundo no se va a acabar, ni hoy ni nunca. ¿Pero cómo se los hago entender? Tú sí te das cuenta, ¿verdad? El mundo es lo que nosotros hacemos de él. La vida es la que nosotros decidamos vivir.

Me puse muy serio, ¿verdad? No me gusta, pero lo creí necesario. Salúdame a tu mamacita (en el buen sentido de la palabra), pues todos tenemos derecho a vivir. Y hasta la próxima.

Te quiere,

Cocatú

Comentarios


object(WP_Query)#16265 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(59467) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "01-09-2022" ["before"]=> string(10) "29-09-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(59467) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "01-09-2022" ["before"]=> string(10) "29-09-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#16269 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#16267 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#16268 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "01-09-2022" ["before"]=> string(10) "29-09-2022" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(503) " SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2022-09-01 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2022-09-29 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (59467) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2 " ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#16266 (24) { ["ID"]=> int(83156) ["post_author"]=> string(3) "123" ["post_date"]=> string(19) "2022-09-09 14:06:09" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-09-09 19:06:09" ["post_content"]=> string(6692) "¿Cuánto tiempo nos resta? Nos desplazamos al descubierto, sin tener conocimiento de lo que nos aguarda más adelante, el ejército está cerca, muy cerca de nosotros y los campesinos se convierten rápidamente en informantes y delatores. Ni uno solo se ha sumado a nosotros. Luchamos por ellos, morimos por ellos y, aun así, nos traicionan a la primera oportunidad, reflexionaba el comandante, mientras intentaba llenar de aire, con grandes bocanadas, sus maltrechos pulmones. Tosió un poco, hizo un ademán con la mano a sus hombres indicándoles que el receso había terminado y juntos, reanudaron la marcha cuesta abajo. Oscurecía. Varios días llevaban ya siguiendo aquella ruta. La altura del terreno donde se encontraban ahora debía rondar los dos mil metros sobre el nivel del mar, adelgazando el aire y otorgando peso adicional a los fatigados cuerpos que, tras meses de incesantes vómitos y diarreas, trabajosamente luchaban por seguir descendiendo. Durante los últimos meses el clima y la vegetación habían variado enormemente, dificultando el trayecto; el paraje yermo y polvoriento donde habían asentado su campamento base, de a poco se había transformado en una jungla espesa, húmeda y de rocosos acantilados, cada vez más escarpados e inhóspitos. Únicamente algunos ínfimos asentamientos humanos con sus respectivos animales domésticos habían logrado sobrevivir ahí. Aquella, pues, era la realidad de Latinoamérica. Sólo pobreza. Gente jodida, jodida y solitaria, viviendo en medio de la nada. Carajo, pensaba el comandante Ramón, ¿cómo es posible que el gobierno, los gobiernos puedan permitir algo así, una existencia infrahumana y miserable, sin ningún propósito, sin ninguna aspiración? Justo algunas horas antes, él y los dieciséis hombres que componían aquella primera columna del llamado Ejército de Liberación Nacional se habían topado, accidentalmente, con una anciana desdentada que conservaba, a su avanzada edad, el buen talante y cuyo tiempo se dividía entre pastorear a sus cabras y cuidar a sus dos hijas, una enana y otra que yacía postrada en el interior de la pequeña choza construida con paja y adobe a la que las tres denominaban hogar. Habían intercambiado algunas escuetas palabras acerca de la distancia con respecto a las poblaciones más cercanas y después, poco antes de ponerse en marcha nuevamente, le habían dado cincuenta pesos, mucho considerando la cantidad que les restaba, no sin antes hacerle prometer que no hablaría con ninguno de los soldados que rondaban la zona. Una anciana y dos hijas enfermas. Algunos campesinos y sus familias. Una casa solitaria aquí, un caserío allá. Todos, en medio de aquel territorio agreste y perdido. En medio de la nada. Peor aún, dado los recientes acontecimientos, resultaba poco probable que fuera a cumplir con la palabra empeñada. El recuerdo de la segunda columna, cuya posición debió de haber sido informada al ejército por alguno de los campesinos locales, disparó de pronto imágenes dentro de la cabeza de Ramón; comenzaron a aparecer frente a sus ojos, claramente, los rostros de sus compañeros caídos. Muertos, todos muertos. Jóvenes. Buenos compañeros. Valientes y leales. Emboscados, sin oportunidad alguna de defenderse, asesinados como animales por unos soldados de mierda, sin ningún rastro de honor. Lo tenían todo y ahora ni siquiera podía saber él, con certeza, qué suerte correrían sus cuerpos. Julio y Manuel también habían muerto, ellos apenas dos semanas atrás. ¿Qué hay de aquellos que los amaban, de sus amigos, de sus compañeros, de su familia? ¿Qué será de la mía, si corro con la misma suerte? A mis hijos les costará trabajo recordarme, sobre todo a los más pequeños, pero mi mujer se encargará de criarlos como hombres y mujeres de bien, preocupados por su patria y por su gente. Aún y cuando no lo había expresado hasta ese momento, y jamás lo haría, era consciente de que el exterminio de aquella segunda columna marcaba el precipitado fin de la odisea. Durante algunos meses, el balance de fuerzas había presentado un saldo positivo; habían logrado abastecerse de cuantioso parque y provocado numerosas bajas enemigas. Pero la caída de la segunda columna era un golpe difícil de ignorar. Salir de allí con vida era, ahora, el único propósito, el único objetivo. La luz de la luna resultaba apenas perceptible dada la cantidad de nubes que pululaban el cielo aquella noche de octubre, de modo que el grupo avanzaba lentamente, entre penumbras. Continuaron la penosa marcha en silencio, bordeando un pequeño arroyo y atravesaron unos cuantos sembradíos de papas, dejando un notorio rastro entre la hierba.  Cada paso representaba un auténtico desafío y cerca de las 2 a.m. Ramón decidió que había sido suficiente. A pesar de la inconveniencia estratégica que representaba el instalarse entre aquellos peñascos, era inútil seguir avanzando. Los combatientes, no sin esfuerzo, lograron acomodarse en la boscosa hondonada y trataban de dormir un poco, debilitados por la fatiga, las infecciones, el hambre, la falta de vitaminas y la permanente tensión. Su comandante, recostado contra un árbol y respirando con sumo esfuerzo, aprovechaba el aparente sosiego para reponerse del arduo trayecto. Durante la madrugada, una compañía de flamantes rangers se apostó en los riscos que dominaban aquel desfiladero. Un campesino, como tantos otros que se habían encontrado a lo largo de aquella fatídica campaña, los había delatado. Tanto Ramón como los demás guerrilleros notaron, al despertar, el movimiento y la agitación que se producía en la parte alta de la hondonada; después de intercambiar algunas indicaciones, a través de señas y en silencio, tomaron en sus manos los fusiles semiautomáticos, desenfundaron las pistolas y comenzaron a avanzar, sigilosamente, a través de la profusa vegetación. Seis de los combatientes, formados en grupos de a dos, abrían el paso. Nacía el alba.  " ["post_title"]=> string(16) "Adiós muchachos" ["post_excerpt"]=> string(202) "“Irse a cruzar el desierto / lo mesmo que un forajido, / dejando aquí en el olvido, / como dejamos nosotros, / su mujer en brazos de otro / y sus hijitos perdidos”. -José Hernández (1834-1886). " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(15) "adios-muchachos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-09-09 14:08:15" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-09-09 19:08:15" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=83156" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#16244 (24) { ["ID"]=> int(83427) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2022-09-16 11:37:41" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-09-16 16:37:41" ["post_content"]=> string(4533) "Querida Tora: El otro día me pegó muy fuerte la nostalgia, y me fui a ver la nave en la que llegué a este planeta. Te acuerdas de que tuve problemas al final del viaje y que aterricé en un museo de arte moderno, ¿verdad? Pues allí quedó la nave, y era la primera vez que iba a verla. Ya la pusieron en un lugar de honor en los jardines del museo, de manera que se ve en cuanto entras. Yo la vi muy bonita, no te voy a mentir. Pero lo que de verdad me sorprendió es que tiene un rótulo que dice “Elevación  del Alma al Abandonar el Cuerpo, Desde el Punto de Vista Ateo”. Eso me hizo pensar, y pronto concluí que la han tomado por una escultura moderna de cierta importancia; porque, si no, la habrían arrumbado por ahí, en algún almacén. El título lo entiendo (Más o menos), pero me sorprende que le hayan dado un sentido esotérico; sobre todo, porque los funcionarios públicos (Y casi todos los que exponen allí son, en el fondo, funcionarios públicos) deben ser (De hecho, aunque no de derecho) irreligiosos. Así que me quedé en el museo, para pensar detenidamente en el asunto. Allí se está muy bien al sol, con poca gente (En ese momento no hay exposiciones de ninguno de los artistas taquilleros del país). Estuve pensando mucho rato, pero no llegué a ninguna conclusión. Sin embargo, oí una conversación de los empleados de limpieza, que me resultó muy ilustrativa. Una de ellas, una mujer por cierto, que parecía muy enterada de todo lo que pasaba ahí, dijo que el director del museo había visto la “escultura” en una ocasión, y que se mostró muy impresionado. Preguntó por el autor, y le contestaron que nadie lo conocía, que no sabían cómo la escultura había llegado allí ni por qué. Entonces, el director se encerró con los principales miembros del Consejo Directivo, y estuvieron varias horas hablando. Y cuando salieron, el director anunció que el museo tenía una invitación para enviar esculturas a un concurso que se iba a celebrar en un país muy lejano, que tiene muy buena prensa en cuanto a arte se refiere, y que el museo no contaba con ninguna pieza digna de entrar al concurso; y que, por lo tanto, había decidido enviar la pieza incógnita (Así le llamó a la nave, figúrate). Pero como no podía enviar una pieza de autor desconocido, iba a decir que era suya. Todos le aplaudieron. Y luego, en privado, lo felicitaron por esa muestra de desprendimiento y de amor al arte y a su país al firmar con un nombre tan importante una pieza desconocida. Enviaron la nave tal como estaba, sucia por el viaje y hasta un poco oxidada. Y la “pieza” participó en el concurso, ganó el Primer Premio, el Segundo y el Tercero, y varias asociaciones artísticas de aquel país le entregaron reconocimientos y medallas. Y acababa de regresar aquí después de un viaje por varios museos importantísimos de todo el mundo. El director no había regresado todavía. El país anfitrión le envió dos boletos para que él y su esposa asistieran al evento; pero él exigió boletos para sus tres hijos, porque quería que los niños presenciaran el “emotivo momento” que se daría si la obra obtenía algún premio. Le dieron los tres boletos. Pero luego, el director logró que el gobierno de este país le otorgara una extensión para que durante el viaje de regreso pudiera visitar algunos importantes países como emisarios culturales de alta categoría (Eso de la “alta categoría” no sé cómo se lo creyeron, porque el mentado director no ha producido ni una sola obra de arte digna de tal nombre. Pero el presupuesto de este país da para eso y para mucho más). Total, que el museo está esperando al director y su corte para hacerle un recibimiento digno del embajador cultural tan importante en que se ha convertido, y ya están haciendo los preparativos para el evento. Yo no pienso asistir a la celebración, porque temo enfermarme al oir los discursos y presenciar el besamanos. Algún día se descubrirá la verdad y, como se dice vulgarmente, al freir será el reir. Te quiere Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 282" ["post_excerpt"]=> string(182) "Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-282" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-09-16 11:37:41" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-09-16 16:37:41" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=83427" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#16266 (24) { ["ID"]=> int(83156) ["post_author"]=> string(3) "123" ["post_date"]=> string(19) "2022-09-09 14:06:09" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-09-09 19:06:09" ["post_content"]=> string(6692) "¿Cuánto tiempo nos resta? Nos desplazamos al descubierto, sin tener conocimiento de lo que nos aguarda más adelante, el ejército está cerca, muy cerca de nosotros y los campesinos se convierten rápidamente en informantes y delatores. Ni uno solo se ha sumado a nosotros. Luchamos por ellos, morimos por ellos y, aun así, nos traicionan a la primera oportunidad, reflexionaba el comandante, mientras intentaba llenar de aire, con grandes bocanadas, sus maltrechos pulmones. Tosió un poco, hizo un ademán con la mano a sus hombres indicándoles que el receso había terminado y juntos, reanudaron la marcha cuesta abajo. Oscurecía. Varios días llevaban ya siguiendo aquella ruta. La altura del terreno donde se encontraban ahora debía rondar los dos mil metros sobre el nivel del mar, adelgazando el aire y otorgando peso adicional a los fatigados cuerpos que, tras meses de incesantes vómitos y diarreas, trabajosamente luchaban por seguir descendiendo. Durante los últimos meses el clima y la vegetación habían variado enormemente, dificultando el trayecto; el paraje yermo y polvoriento donde habían asentado su campamento base, de a poco se había transformado en una jungla espesa, húmeda y de rocosos acantilados, cada vez más escarpados e inhóspitos. Únicamente algunos ínfimos asentamientos humanos con sus respectivos animales domésticos habían logrado sobrevivir ahí. Aquella, pues, era la realidad de Latinoamérica. Sólo pobreza. Gente jodida, jodida y solitaria, viviendo en medio de la nada. Carajo, pensaba el comandante Ramón, ¿cómo es posible que el gobierno, los gobiernos puedan permitir algo así, una existencia infrahumana y miserable, sin ningún propósito, sin ninguna aspiración? Justo algunas horas antes, él y los dieciséis hombres que componían aquella primera columna del llamado Ejército de Liberación Nacional se habían topado, accidentalmente, con una anciana desdentada que conservaba, a su avanzada edad, el buen talante y cuyo tiempo se dividía entre pastorear a sus cabras y cuidar a sus dos hijas, una enana y otra que yacía postrada en el interior de la pequeña choza construida con paja y adobe a la que las tres denominaban hogar. Habían intercambiado algunas escuetas palabras acerca de la distancia con respecto a las poblaciones más cercanas y después, poco antes de ponerse en marcha nuevamente, le habían dado cincuenta pesos, mucho considerando la cantidad que les restaba, no sin antes hacerle prometer que no hablaría con ninguno de los soldados que rondaban la zona. Una anciana y dos hijas enfermas. Algunos campesinos y sus familias. Una casa solitaria aquí, un caserío allá. Todos, en medio de aquel territorio agreste y perdido. En medio de la nada. Peor aún, dado los recientes acontecimientos, resultaba poco probable que fuera a cumplir con la palabra empeñada. El recuerdo de la segunda columna, cuya posición debió de haber sido informada al ejército por alguno de los campesinos locales, disparó de pronto imágenes dentro de la cabeza de Ramón; comenzaron a aparecer frente a sus ojos, claramente, los rostros de sus compañeros caídos. Muertos, todos muertos. Jóvenes. Buenos compañeros. Valientes y leales. Emboscados, sin oportunidad alguna de defenderse, asesinados como animales por unos soldados de mierda, sin ningún rastro de honor. Lo tenían todo y ahora ni siquiera podía saber él, con certeza, qué suerte correrían sus cuerpos. Julio y Manuel también habían muerto, ellos apenas dos semanas atrás. ¿Qué hay de aquellos que los amaban, de sus amigos, de sus compañeros, de su familia? ¿Qué será de la mía, si corro con la misma suerte? A mis hijos les costará trabajo recordarme, sobre todo a los más pequeños, pero mi mujer se encargará de criarlos como hombres y mujeres de bien, preocupados por su patria y por su gente. Aún y cuando no lo había expresado hasta ese momento, y jamás lo haría, era consciente de que el exterminio de aquella segunda columna marcaba el precipitado fin de la odisea. Durante algunos meses, el balance de fuerzas había presentado un saldo positivo; habían logrado abastecerse de cuantioso parque y provocado numerosas bajas enemigas. Pero la caída de la segunda columna era un golpe difícil de ignorar. Salir de allí con vida era, ahora, el único propósito, el único objetivo. La luz de la luna resultaba apenas perceptible dada la cantidad de nubes que pululaban el cielo aquella noche de octubre, de modo que el grupo avanzaba lentamente, entre penumbras. Continuaron la penosa marcha en silencio, bordeando un pequeño arroyo y atravesaron unos cuantos sembradíos de papas, dejando un notorio rastro entre la hierba.  Cada paso representaba un auténtico desafío y cerca de las 2 a.m. Ramón decidió que había sido suficiente. A pesar de la inconveniencia estratégica que representaba el instalarse entre aquellos peñascos, era inútil seguir avanzando. Los combatientes, no sin esfuerzo, lograron acomodarse en la boscosa hondonada y trataban de dormir un poco, debilitados por la fatiga, las infecciones, el hambre, la falta de vitaminas y la permanente tensión. Su comandante, recostado contra un árbol y respirando con sumo esfuerzo, aprovechaba el aparente sosiego para reponerse del arduo trayecto. Durante la madrugada, una compañía de flamantes rangers se apostó en los riscos que dominaban aquel desfiladero. Un campesino, como tantos otros que se habían encontrado a lo largo de aquella fatídica campaña, los había delatado. Tanto Ramón como los demás guerrilleros notaron, al despertar, el movimiento y la agitación que se producía en la parte alta de la hondonada; después de intercambiar algunas indicaciones, a través de señas y en silencio, tomaron en sus manos los fusiles semiautomáticos, desenfundaron las pistolas y comenzaron a avanzar, sigilosamente, a través de la profusa vegetación. Seis de los combatientes, formados en grupos de a dos, abrían el paso. Nacía el alba.  " ["post_title"]=> string(16) "Adiós muchachos" ["post_excerpt"]=> string(202) "“Irse a cruzar el desierto / lo mesmo que un forajido, / dejando aquí en el olvido, / como dejamos nosotros, / su mujer en brazos de otro / y sus hijitos perdidos”. -José Hernández (1834-1886). " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(15) "adios-muchachos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-09-09 14:08:15" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-09-09 19:08:15" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=83156" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(19) ["max_num_pages"]=> float(10) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "27b643a32efa771f0921667aed371a79" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Adiós muchachos

“Irse a cruzar el desierto / lo mesmo que un forajido, / dejando aquí en el olvido, / como dejamos nosotros, /...

septiembre 9, 2022

CARTAS A TORA 282

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días le escribe cartas...

septiembre 16, 2022




Más de categoría

Cartas a Tora 283

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días...

septiembre 23, 2022

Balduino, Fidei Defensor

“I will not cease from mental fight, /  nor shall my sword sleep in my hand / till we...

septiembre 22, 2022

Programa Mujer en UPG radio

Agradezco la invitación de mí estimada amiga Mayela Rodríguez, Conductora del Programa de Radio “Mujer” de la Universidad Pedro...

septiembre 22, 2022
Brian Palma

Brian de Palma

Brian de Palma es uno de los directores que han revolucionado la manera de hacer cine.

septiembre 22, 2022