CARTAS A TORA 206

Querida Tora: Llegó un vecino nuevo. Un  señor muy arreglado, muy correcto, siempre de traje y corbata, que se dispara de casi todos los demás. Todos lo miraron con recelo; pero como este señor saluda a todos...

11 de diciembre, 2020 CARTAS A TORA

Querida Tora:

Llegó un vecino nuevo. Un  señor muy arreglado, muy correcto, siempre de traje y corbata, que se dispara de casi todos los demás. Todos lo miraron con recelo; pero como este señor saluda a todos atentamente y desea felicidades a diestro y siniestro, acabaron por aceptarlo. Y más cuando vieron  que salía todos los días con un pequeño maletín muy lustroso, muy brillante. En ese momento, empezaron a decir que era doctor.

Al cabo de unas semanas, ya nadie se fijaba en él. Pero yo noté que el señor empezaba a visitar a los “ninis” de la azotea, y que hablaba con ellos largo y tendido. Eso me llamó la atención. Y me dediqué a observarlo con detenimiento. Luego me di cuenta de que salía con dos o tres ninis, y volvían hasta la noche, a veces riendo y  chacoteando, a veces con cara de cansados. No me quedó más remedio que seguirlos.

No creas que fue fácil. Tuve que tomar el metro con  ellos, y me las vi negras para evitar que me aplastaran. Más de una vez no pude bajarme con ellos, y me tuve que regresar a la vecindad, frustrado y pisoteado. Pero al fin logré llegar a donde iban. ¿Y qué crees? El señor se quitó el traje amparado por un árbol, y abajo llevaba puras garras. No garras como las mías, que al fin y al cabo son armas ofensivas y defensivas, sino ropa hecha jirones, sucia y oliendo a porquería. ¿Sabes por qué? Porque es limosnero en una esquina muy transitada del centro de la ciudad. Se pone algo en un ojo para parecer tuerto y tuerce las piernas, y le va bastante bien, a juzgar por .los trajes y corbatas que usa (sin  contar con  que, el terminar el trabajo del día, se echa una loción bastante buena).

A los ninis los llevó porque quería ampliar el negocio, y había que enseñarles el oficio. A todos les dio telitas para los ojos, tatuajes falsos, cicatrices para pegar en los sitios más inverosímiles,  heridas supurantes o sangrantes, al gusto del consumidor, pelucas con el pelo enredado y chorreando grasa… En fin, uno hasta se puso una especie de pierna falsa, y decía a los transeúntes que esa pierna le impedía caminar porque se tropezaba con las otras, y estaba totalmente incapacitado. No sabes el éxito que tuvo. Una de las chavas se puso en el vientre un con cojín, y parecía embarazada de 18 meses; ella lo explicaba diciendo que un embarazo se había sumado al otro, y que era muy peligrosa su situación, al grado que ninguna instalación de Salud quería atenderla por temor a matar a alguno de los ocho bebés que llevaba, porque venían todos enredados. Los distribuyó en las esquinas cercanas, de manera de vigilarlos bien, no fueran a escaparse con el producto del día. Les daba un  porcentaje de lo recolectado; y luego a casita, a brindar por el éxito del día siguiente.

Cuando uno de los ninis se cansó, les dijo que estaba viendo la manera de dar factura a los que los ayudaran, factura que podía ser deducible de impuestos como “Actos de Beneficencia y Humanidad”. Les juró y perjuró que su contador ya estaba trabajando en ello, y que pronto tendría una resolución. Así, los transeúntes se animarían a darles más limosna porque, cuanto más dieran, menos impuestos pagarían. Y ellos serían incorporados a la economía formal, y tendrían derecho a Seguro Social y demás prestaciones de cualquier trabajador. Eso renovó el entusiasmo de los ninis, pero por poco tiempo; al final, todos dijeron que era mucho trabajo, y que preferían seguir cobrando lo que el gobierno les da porque sí, porque son unos pobrecitos que no saben hacer nada, y eso no es culpa de ellos, sino de la sociedad que así los formó. ¿Y crees que todos se regresaron a la azotea, a estarse tirados al sol o piropeando a las chavas de las otras vecindades (porque en la nuestra ya nadie los quiere)? En fin, que perdieron  una oportunidad de oro para dedicarse a algo productivo.

El doctor (se le sigue llamando así, a pesar de todo) sigue viviendo aquí, y todos los días sale con su pequeño maletín; pero ahora busca gente en otras vecindades (con muy poco éxito, por cierto; y es que la gente es cada día más floja). A ver hasta cuando aguanta.

Te quiere,

Cocatú

Comentarios


object(WP_Query)#18056 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(59024) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "17-07-2022" ["before"]=> string(10) "14-08-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(59024) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "17-07-2022" ["before"]=> string(10) "14-08-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18053 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18020 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18018 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "17-07-2022" ["before"]=> string(10) "14-08-2022" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(503) " SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2022-07-17 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2022-08-14 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (59024) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2 " ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18133 (24) { ["ID"]=> int(81680) ["post_author"]=> string(3) "132" ["post_date"]=> string(19) "2022-08-02 10:08:01" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-08-02 15:08:01" ["post_content"]=> string(10720) "¿Por qué pensamos y creemos que nuestra conducta y nuestro comportamiento son usualmente correctos? ¿Por qué actuamos en concordancia con nuestros pensamientos y nuestras creencias? ¿Qué pasa en nuestra cabeza que justifica nuestro proceder y habitualmente lo considera justo? Digamos que lo correcto es pensar y creer que las personas deben ser libres, por ejemplo, para decidir sobre su cuerpo. Pongamos el caso de una mujer que decide interrumpir su embarazo o vestir de tal o cual manera… y digamos que un hombre decide drogarse. Podemos o no estar de acuerdo con las decisiones de ambos, pero comprendemos que es una elección respetable porque creemos que es un derecho humano, inherente al hombre: responde al libre desarrollo de su personalidad. En otras palabras, la libertad es innata a la persona. La libertad es, en el mundo occidental -al que pertenece México-, el principio cardinal de la conducta humana. De esta creencia, sagrada para los occidentales, deriva el papel preponderante que concedemos al individuo. El individuo, libre y soberano de su cuerpo y actos, es lo que deviene en individualismo. El yo por delante, siempre primero. El hombre se hace a sí mismo. El individuo lo es todo. Nada debe a nadie. La comunidad, el lugar donde vive y convive con otros, es un accesorio. Por ello sus obligaciones para con los demás es cercana a cero, pese a que la crianza sería imposible sin su entorno social. Esta creencia fundacional del mundo europeo y de sus colonias, es el motor del capitalismo. Este sistema económico hace de la mercancía y de la ganancia el reino habitado por los terrícolas -y su leitmotiv-, quizá con particularidades relevantes en algunos países, en especial los de Asia. Esta forma de entender y pensar nuestro mundo permite asignar los atributos de las personas a sus actividades. Si soy libre, la empresa que he forjado lo es igualmente. Si una persona carga el peso de emprender un negocio se habla de iniciativa individual, aunque se trate de una labor colectiva. Aquí estamos ante el origen de la libre empresa y la libertad del capital. Adjudicamos a los objetos las cualidades y los valores distintivos del hombre, que emanan de las creencias del relato mítico sobre el origen del mundo que tenemos los occidentales. Se otorga a las cosas de los hombres, así sean sus obras, la prioridad máxima. Curiosamente este antropocentrismo invierte las jerarquías. Cuando se trata de la libertad de la empresa o del capital, tales valores, atribuidos a la esencia humana, pesan más que la libertad personal. Me parece que a dicho fenómeno Karl Marx llamó el “fetichismo de la mercancía”, es decir, que un producto humano asume sus cualidades. Ahora bien, ¿de dónde vienen las creencias? Su origen lo encontramos en el relato mítico (cosmovisión), aquel que concebimos para entender y dar sentido a nuestro mundo y nuestra vida. El hombre requiere de certezas y tener el control de su entorno social. Estamos ante el motor primigenio: el instinto de supervivencia. He aquí el papel crucial de las creencias. De ellas, que son una concepción global del origen y sentido del mundo, también se desprende la conducta personal. Actuamos de tal o cual manera porque estamos convencidos de que es moralmente correcto. Es la función de las creencias. Ellas permiten la convivencia pacífica y la colaboración. A partir de ese tronco común de creencias y valores (imaginemos una pecera) cada individuo (digamos el pez) crea sus propias ideas que en general coinciden con las de otros. Las asumimos como propias porque nos ayudan a comprendernos y a entender el mundo. Las creencias nos crean: somos nuestras creencias. Las creencias, de acuerdo con los neurocientíficos, son los pilares de nuestro reino neuronal. Nuestras hormonas y neuronas (y sus sinapsis), fruto de la genética individual, al interactuar con el medio ambiente (la experiencia personal), los valores y creencias (la cultura) forjan el carácter de cada quien. Ese intrincado proceso de causas y efectos constituye el mundo neuronal particular de cada uno, que en buena medida determina nuestra forma de actuar, de desenvolvernos en sociedad. Tenemos entonces lo siguiente: la cosmogonía que es el relato mítico de los orígenes del hombre y base de las religiones, es la que establece las creencias y los valores de una comunidad. Tales creencias y valores fundan las culturas. Digamos que este fenómeno semeja a una pecera, lugar donde vive el pez. Creencias y valores son la pecera; los hombres son los peces. Si salen de la pecera es su muerte social, que los antiguos llamaron ostracismo. Los hombres reaccionan a su mundo cultural (integrado por creencias y valores que dan origen a la moral o costumbres, normas, leyes e instituciones), a la genética y a su experiencia personal que define su entramado neuronal: su carácter. La cultura es el conjunto de creencias y valores que cultivan las sociedades mediante relatos de héroes y villanos; el establecimiento de premios a lo que concebimos bueno y permitido, y castigos a lo que consideramos malo y prohibido. En ese proceso son cruciales la experiencia o escuela de la vida, así como la educación cívica que recibimos. A ello cabe sumar el medio ambiente (geografía), los alimentos que consumimos y las vivencias personales. En términos neurocientíficos a la influencia cultural y medioambiental se le conoce como epigenética, cuyo papel consiste en activar o desactivar parte de los genes de cada persona que determinan su conducta y reacciones ante el mundo circundante. A ello llamamos carácter. La cultura se mete en nuestra piel. Conforma la lente por la que vemos y experimentamos la vida. Esa lente es la moral, las creencias conductuales con las cuales interpretamos e interactuamos en el mundo. Así, por ejemplo, en ciertas tribus de la amazonia es normal y moral el desnudo, en Occidente, no. Retomo la idea del individuo como paradigma de Occidente para explicar las conexiones entre cultura (sistema de creencias y valores) y medio ambiente (condiciones físicas y geográficas). A los niños de esta parte del mundo se les inculca la cultura del individualismo, que data de unos 2,500 años. Algunos historiadores identifican la cuna de esta creencia en el individuo autosuficiente, que se hace a sí mismo, en la antigua Grecia, cuya geografía es rocosa y montañosa, donde su orografía obstaculiza la comunicación entre personas y pueblos. Tal característica complicó la colaboración y la realización de importantes iniciativas colectivas. La mitología griega da cuenta del protagonismo de los personajes míticos, los dioses autosuficientes y dotados de poderes para hacer su mundo a su imagen y semejanza. En esas tierras hostiles la capacidad del individuo para sobrevivir fue el ideal cultural. Y los romanos, al conquistar a los griegos, adoptaron dicho paradigma. Siglos después el cristianismo, que adoptó a los pensadores griegos como fuente de inspiración, en particular a Platón y Aristóteles, enriquece la creencia en el individuo todopoderoso. En el siglo IV de nuestra era se verificó una intensa y fructífera polémica entre dos teólogos, Agustín de Hipona (San Agustín) y Pelagio, un monje ascético de origen británico. El quid de su discusión fue el “pecado original”, tema que deriva en si el hombre es malo por naturaleza o puede elegir entre el bien y el mal. Agustín sostuvo en sus tratados que el hombre sólo obtenía la gracia por concesión divina, es decir, nada podría salvarlo y llevarle al cielo, excepto la voluntad de Dios. Pelagio, en cambio, sostenía lo contrario: que está en manos del hombre cambiar y redimirse de sus pecados. Es decir, la salvación está al alcance de su voluntad: es responsabilidad de cada persona. A esa conclusión llega a partir de las escrituras que señalan que Dios creó al hombre a su imagen (Génesis 1:27). Luego, el hombre igual que su dios, es capaz de elegir. Pelagio argumenta contra el determinismo de Agustín: “No podemos hacer ni el bien ni el mal sin el ejercicio de nuestra voluntad, y siempre tenemos la libertad de hacer uno de los dos” (A Demetria, 8.I). Un ser totalmente determinado por su naturaleza no puede ser objeto de juicio moral [es decir, si el hombre está determinado por el pecado original no puede actuar de otra manera y, por lo tanto, no es responsable de sus actos, como es el caso de cualquier criatura irracional]. La dignidad del hombre procede de su capacidad de elegir, y precisamente por esta facultad de deliberación se diferencia de los animales”. El pilar de este edificio conceptual es lo que establece el libro del Eclesiastés en la Biblia, que dice: Dios “creó al hombre y lo dejó librado a su propio albedrío”. Por tanto, la principal virtud humana no es la sumisión ni la humildad sino su capacidad para tomar el destino en sus manos, su autonomía. La creencia en el libre albedrío forja al hombre occidental. Es la base de una cultura enriquecida durante siglos. Una experiencia diferente y, en consecuencia, unas ideas y creencias igualmente distintas, forjaron a la milenaria cultura china. También la geografía determinó las vivencias y carácter de sus pobladores. A diferencia de Grecia, las grandes llanuras de China favorecieron la colaboración de grandes grupos sociales. El trabajo conjunto determinó la supervivencia en esta parte del mundo. Luego, el papel del individuo se subordinó a la comunidad. Confucio, en Analectas describe al hombre superior como el que no se vanagloria de sí y elige ocultar sus virtudes, cultiva la armonía y el equilibrio. Quienes han estudiado la literatura de los países de Asia dan cuenta de que las narraciones no ponían el acento en el individuo, sino en los colectivos. Hasta recientemente, alrededor de hace dos mil años empezaron a escribirse autobiografías, pero aun así el sujeto no es centro del relato, según Qi Wang en The Autobiographical Self in Time and Culture. Creencias y valores distintos pueden auspiciar choques culturales." ["post_title"]=> string(42) "Cómo las creencias determinan la conducta" ["post_excerpt"]=> string(42) "Para Patricio, en su décimo aniversario " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(41) "como-las-creencias-determinan-la-conducta" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-08-02 10:08:01" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-08-02 15:08:01" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=81680" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17948 (24) { ["ID"]=> int(81319) ["post_author"]=> string(2) "10" ["post_date"]=> string(19) "2022-07-22 13:31:53" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-07-22 18:31:53" ["post_content"]=> string(8905) "A continuación se presenta la entrevista que Claudia Blix sostuvo con Adrián Zurita, uno de los guionistas de la película mexicana más exitosa en los últimos años: Nosotros los nobles (2013), por la que recibió una nominación al Ariel. En esta ocasión, Zurita habla de su trabajo cinematográfico más reciente: Un retrato de familia.  CB: Tú qué redactaste el guion de la película “Nosotros los nobles” ¿Pensaste que tendría tanto éxito? AZ: No, sucedió un fenómeno muy extraño. Para mí en parte era una burla de ese sector de la sociedad mamón y prepotente, pero resultó que a estas personas les cayeron muy bien los personajes. Se sentían muy identificados con este tipo de personas pero para bien, como que lo tomaron como una identidad. Decían “Somos arrogantes, soberbios y mamones”, esto lo tomaron como algo bueno, y sí tuvo mucho éxito la cinta por muchas cosas. CB: ¿Por qué el título de tu nueva película “Un retrato de familia”? AZ: El personaje principal, Mariano Avendaño, que hace Humberto Zurita, lo único que parece tener de su familia es un retrato de familia y ya. La voz de la experiencia, que es Hugo Stiglitz, que es como su mentor, le dice por su experiencia que es conveniente que pase más tiempo con su familia, se lo transmite porque lo quiere como un hijo, y Humberto decide darle una oportunidad a lo que le están diciendo y se da cuenta de que realmente no está al tanto de lo que pasa en su familia. No es que haya perdido a la familia, pero no es esa familia de capas profundas, donde realmente la conoce. CB: Me da la impresión de que muchas de las anécdotas y temas de la película tú las has vivido. AZ: Cuando tú eres autor desde la obra literaria que es el guion, eres productor y director, tu ADN está embarrado en todos lados. También he sacado anécdotas de amigos y conocidos Filosóficamente cuando tú a algo le dices sí, le estás diciendo a muchas otras cosas que no. En estos dos años de confinamiento perdimos experiencias colectivas como, por ejemplo, ir al cine, tú puedes ver esta película en tu celular, pero no es lo mismo, en el cine estás siendo parte de qué te están contando una historia a todos juntos, y las reacciones grupales son contagiosas. Por eso los cantantes tienen tanto éxito en los conciertos, porque se crea un momento de felicidad colectiva que es único, no lo vas a sentir en un celular o en un video. El cine es la caja negra que te pone toda tu atención en la película que estás viendo por tantas horas y todos tus sentidos están ahí, y depende de los cineastas si esas dos horas te van a servir para salirte de la realidad, como la canción de Mecano sobre el cine, enamorarte de la chica que sale en la película, sentir el miedo, etc. Creo que ayer en la presentación logramos esto, yo salí muy satisfecho porque la gente me contaba de todo. Hace unos meses, invité a Miguel Bosé a que viera la película. Salió muy conmovido, le gustó muchísimo, y conectó con las relaciones profundas, la familia que se acepta sin cuestionar. CB: En tus dos películas se le da mucha importancia al rol del padre. Eso no pasa mucho en México a lo que se refiere en la convivencia con los hijos y la educación. AZ: Sí, y también lo que yo quería contar en esta historia era esta parte del que paga manda que está mal, pero así es, desgraciadamente el hombre sigue ganando más que la mujer, y también esta parte de que en cierto estatus social es muy difícil que la mujer trabaje, ellas no son pilares de la manutención del hogar, es una injusticia porque es una trampa, el proveedor es el personaje de Humberto Zurita, pero eso no es suficiente, un proveedor no construye un hogar. Yo no quería una película de dolor, yo quería una película de esperanza, una historia que te comunicara que se pueden arreglar las cosas mientras estés vivo. CB: A mí lo que me gustó mucho es que no es una película tonta romántica como hacen muchas en México, pero tampoco es la película de desesperación y tristeza profunda, un drama completo. AZ: Sí, e hice algo que también hice en “Nosotros los nobles”: no hay groserías, no es que sea mojigato, habrá películas que lo requieran, pero esta no. Esto lo agradece mucho la gente. En la vida real ya hay mucha agresión, si dos coches chocan se vuelve muy violenta la situación, por ejemplo, no hay tolerancia, esta es una película amorosa, divertida. Al fin de cuentas esta película es entretenimiento, pasar un buen rato, que no sea una película con dolor, aparte le pusimos secretos, por ejemplo tener a Miguel Ríos cantando y con Sergio Vallín, el guitarrista de Maná y grabaron especialmente las dos versiones de la canción de “Santa Lucía” para la película. CB: Humberto Zurita nos deleita en un personaje completamente diferente a lo que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos que sale en estas series violentas de narcos. AZ: Estás hablando de uno de los pilares actorales mexicanos: teatro, cine, televisión, productor, actor, un tipazo. Fíjate que él nunca había hecho un papel de un padre tan humano y tan vulnerable en lo más íntimo. Le encantó el guion, le representaba algo nuevo que nunca había hecho. Me dijo “yo vengo de ser una mala persona por varias temporadas, un majadero, un patán; este papel es de un hombre que es bueno en lo que hace, pero muy humano en su casa, sensible y al darse cuenta de las situaciones no reacciona impulsivamente, se frustra pero no ofende”. Al ser humano le cuesta mucho trabajo pedir perdón, aceptar que está equivocado, y si se puede tener una oportunidad y que mientras haya voluntad y cariño ahí están abiertas las puertas de la reconciliación familiar. CB: Y otro actor genial, ¿cómo se te ocurrió decirle a Hugo Stiglitz? AZ: Es parte del casting. Lo hicimos con Alejandro Reza, que es excelente en el casting, cuando estás haciendo el ensamble es muy complicado, no nada más es que estén guapos, en el caso de Hugo es la experiencia, es la edad de los 82 años, y es un tipo que te da ganas de ser como él, un ser triunfador que te dicen las cosas claras, que se viste bien, que es un líder. Sobre Mar Saura, que hace de la esposa del personaje de Humberto Zurita, pensamos en que tendría que ser una mujer muy especial para que su esposo luchara por reconquistarla; otra cosa que es muy importante es que se cuida, que es guapa. CB: ¿Por qué recomendarías a la gente que vea esta película? AZ: Primero que nada, les diría que le dieran una oportunidad al cine mexicano, porque se están haciendo cosas muy buenas. Todos los detalles están cuidados. Aquí trabajan personas que estuvieron nominados al Oscar, Fernando Cámara nominado al Oscar, y Jaime Bakshit y Michelle Couttolenc que ganaron el Oscar a mejor sonido. Darle una oportunidad a esta película al vestuario, la cinematografía, un gran sonido, es una película que tiene mucha luz y muchos mensajes, tiene muchas capas. Si no te pega por este lado te va a pegar por el otro, y lo más importante de todo es que vas a salir muy contento de la sala, te vas a llevar algo bueno. Si la ves con tu familia seguro vas encontrar un diálogo pendiente por ahí. Tenemos una distribuidora sensacional de la película que está haciendo un trabajo estupendo, estamos en 750 salas a nivel nacional hoy. Tenemos una muy bonita película para poder competir con cualquiera, se construyó un soundtrack especial para la película. Les recomiendo que la vean. " ["post_title"]=> string(29) "ENTREVISTA CON ADRIÁN ZURITA" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(28) "entrevista-con-adrian-zurita" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-07-26 10:04:46" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-07-26 15:04:46" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=81319" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18133 (24) { ["ID"]=> int(81680) ["post_author"]=> string(3) "132" ["post_date"]=> string(19) "2022-08-02 10:08:01" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-08-02 15:08:01" ["post_content"]=> string(10720) "¿Por qué pensamos y creemos que nuestra conducta y nuestro comportamiento son usualmente correctos? ¿Por qué actuamos en concordancia con nuestros pensamientos y nuestras creencias? ¿Qué pasa en nuestra cabeza que justifica nuestro proceder y habitualmente lo considera justo? Digamos que lo correcto es pensar y creer que las personas deben ser libres, por ejemplo, para decidir sobre su cuerpo. Pongamos el caso de una mujer que decide interrumpir su embarazo o vestir de tal o cual manera… y digamos que un hombre decide drogarse. Podemos o no estar de acuerdo con las decisiones de ambos, pero comprendemos que es una elección respetable porque creemos que es un derecho humano, inherente al hombre: responde al libre desarrollo de su personalidad. En otras palabras, la libertad es innata a la persona. La libertad es, en el mundo occidental -al que pertenece México-, el principio cardinal de la conducta humana. De esta creencia, sagrada para los occidentales, deriva el papel preponderante que concedemos al individuo. El individuo, libre y soberano de su cuerpo y actos, es lo que deviene en individualismo. El yo por delante, siempre primero. El hombre se hace a sí mismo. El individuo lo es todo. Nada debe a nadie. La comunidad, el lugar donde vive y convive con otros, es un accesorio. Por ello sus obligaciones para con los demás es cercana a cero, pese a que la crianza sería imposible sin su entorno social. Esta creencia fundacional del mundo europeo y de sus colonias, es el motor del capitalismo. Este sistema económico hace de la mercancía y de la ganancia el reino habitado por los terrícolas -y su leitmotiv-, quizá con particularidades relevantes en algunos países, en especial los de Asia. Esta forma de entender y pensar nuestro mundo permite asignar los atributos de las personas a sus actividades. Si soy libre, la empresa que he forjado lo es igualmente. Si una persona carga el peso de emprender un negocio se habla de iniciativa individual, aunque se trate de una labor colectiva. Aquí estamos ante el origen de la libre empresa y la libertad del capital. Adjudicamos a los objetos las cualidades y los valores distintivos del hombre, que emanan de las creencias del relato mítico sobre el origen del mundo que tenemos los occidentales. Se otorga a las cosas de los hombres, así sean sus obras, la prioridad máxima. Curiosamente este antropocentrismo invierte las jerarquías. Cuando se trata de la libertad de la empresa o del capital, tales valores, atribuidos a la esencia humana, pesan más que la libertad personal. Me parece que a dicho fenómeno Karl Marx llamó el “fetichismo de la mercancía”, es decir, que un producto humano asume sus cualidades. Ahora bien, ¿de dónde vienen las creencias? Su origen lo encontramos en el relato mítico (cosmovisión), aquel que concebimos para entender y dar sentido a nuestro mundo y nuestra vida. El hombre requiere de certezas y tener el control de su entorno social. Estamos ante el motor primigenio: el instinto de supervivencia. He aquí el papel crucial de las creencias. De ellas, que son una concepción global del origen y sentido del mundo, también se desprende la conducta personal. Actuamos de tal o cual manera porque estamos convencidos de que es moralmente correcto. Es la función de las creencias. Ellas permiten la convivencia pacífica y la colaboración. A partir de ese tronco común de creencias y valores (imaginemos una pecera) cada individuo (digamos el pez) crea sus propias ideas que en general coinciden con las de otros. Las asumimos como propias porque nos ayudan a comprendernos y a entender el mundo. Las creencias nos crean: somos nuestras creencias. Las creencias, de acuerdo con los neurocientíficos, son los pilares de nuestro reino neuronal. Nuestras hormonas y neuronas (y sus sinapsis), fruto de la genética individual, al interactuar con el medio ambiente (la experiencia personal), los valores y creencias (la cultura) forjan el carácter de cada quien. Ese intrincado proceso de causas y efectos constituye el mundo neuronal particular de cada uno, que en buena medida determina nuestra forma de actuar, de desenvolvernos en sociedad. Tenemos entonces lo siguiente: la cosmogonía que es el relato mítico de los orígenes del hombre y base de las religiones, es la que establece las creencias y los valores de una comunidad. Tales creencias y valores fundan las culturas. Digamos que este fenómeno semeja a una pecera, lugar donde vive el pez. Creencias y valores son la pecera; los hombres son los peces. Si salen de la pecera es su muerte social, que los antiguos llamaron ostracismo. Los hombres reaccionan a su mundo cultural (integrado por creencias y valores que dan origen a la moral o costumbres, normas, leyes e instituciones), a la genética y a su experiencia personal que define su entramado neuronal: su carácter. La cultura es el conjunto de creencias y valores que cultivan las sociedades mediante relatos de héroes y villanos; el establecimiento de premios a lo que concebimos bueno y permitido, y castigos a lo que consideramos malo y prohibido. En ese proceso son cruciales la experiencia o escuela de la vida, así como la educación cívica que recibimos. A ello cabe sumar el medio ambiente (geografía), los alimentos que consumimos y las vivencias personales. En términos neurocientíficos a la influencia cultural y medioambiental se le conoce como epigenética, cuyo papel consiste en activar o desactivar parte de los genes de cada persona que determinan su conducta y reacciones ante el mundo circundante. A ello llamamos carácter. La cultura se mete en nuestra piel. Conforma la lente por la que vemos y experimentamos la vida. Esa lente es la moral, las creencias conductuales con las cuales interpretamos e interactuamos en el mundo. Así, por ejemplo, en ciertas tribus de la amazonia es normal y moral el desnudo, en Occidente, no. Retomo la idea del individuo como paradigma de Occidente para explicar las conexiones entre cultura (sistema de creencias y valores) y medio ambiente (condiciones físicas y geográficas). A los niños de esta parte del mundo se les inculca la cultura del individualismo, que data de unos 2,500 años. Algunos historiadores identifican la cuna de esta creencia en el individuo autosuficiente, que se hace a sí mismo, en la antigua Grecia, cuya geografía es rocosa y montañosa, donde su orografía obstaculiza la comunicación entre personas y pueblos. Tal característica complicó la colaboración y la realización de importantes iniciativas colectivas. La mitología griega da cuenta del protagonismo de los personajes míticos, los dioses autosuficientes y dotados de poderes para hacer su mundo a su imagen y semejanza. En esas tierras hostiles la capacidad del individuo para sobrevivir fue el ideal cultural. Y los romanos, al conquistar a los griegos, adoptaron dicho paradigma. Siglos después el cristianismo, que adoptó a los pensadores griegos como fuente de inspiración, en particular a Platón y Aristóteles, enriquece la creencia en el individuo todopoderoso. En el siglo IV de nuestra era se verificó una intensa y fructífera polémica entre dos teólogos, Agustín de Hipona (San Agustín) y Pelagio, un monje ascético de origen británico. El quid de su discusión fue el “pecado original”, tema que deriva en si el hombre es malo por naturaleza o puede elegir entre el bien y el mal. Agustín sostuvo en sus tratados que el hombre sólo obtenía la gracia por concesión divina, es decir, nada podría salvarlo y llevarle al cielo, excepto la voluntad de Dios. Pelagio, en cambio, sostenía lo contrario: que está en manos del hombre cambiar y redimirse de sus pecados. Es decir, la salvación está al alcance de su voluntad: es responsabilidad de cada persona. A esa conclusión llega a partir de las escrituras que señalan que Dios creó al hombre a su imagen (Génesis 1:27). Luego, el hombre igual que su dios, es capaz de elegir. Pelagio argumenta contra el determinismo de Agustín: “No podemos hacer ni el bien ni el mal sin el ejercicio de nuestra voluntad, y siempre tenemos la libertad de hacer uno de los dos” (A Demetria, 8.I). Un ser totalmente determinado por su naturaleza no puede ser objeto de juicio moral [es decir, si el hombre está determinado por el pecado original no puede actuar de otra manera y, por lo tanto, no es responsable de sus actos, como es el caso de cualquier criatura irracional]. La dignidad del hombre procede de su capacidad de elegir, y precisamente por esta facultad de deliberación se diferencia de los animales”. El pilar de este edificio conceptual es lo que establece el libro del Eclesiastés en la Biblia, que dice: Dios “creó al hombre y lo dejó librado a su propio albedrío”. Por tanto, la principal virtud humana no es la sumisión ni la humildad sino su capacidad para tomar el destino en sus manos, su autonomía. La creencia en el libre albedrío forja al hombre occidental. Es la base de una cultura enriquecida durante siglos. Una experiencia diferente y, en consecuencia, unas ideas y creencias igualmente distintas, forjaron a la milenaria cultura china. También la geografía determinó las vivencias y carácter de sus pobladores. A diferencia de Grecia, las grandes llanuras de China favorecieron la colaboración de grandes grupos sociales. El trabajo conjunto determinó la supervivencia en esta parte del mundo. Luego, el papel del individuo se subordinó a la comunidad. Confucio, en Analectas describe al hombre superior como el que no se vanagloria de sí y elige ocultar sus virtudes, cultiva la armonía y el equilibrio. Quienes han estudiado la literatura de los países de Asia dan cuenta de que las narraciones no ponían el acento en el individuo, sino en los colectivos. Hasta recientemente, alrededor de hace dos mil años empezaron a escribirse autobiografías, pero aun así el sujeto no es centro del relato, según Qi Wang en The Autobiographical Self in Time and Culture. Creencias y valores distintos pueden auspiciar choques culturales." ["post_title"]=> string(42) "Cómo las creencias determinan la conducta" ["post_excerpt"]=> string(42) "Para Patricio, en su décimo aniversario " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(41) "como-las-creencias-determinan-la-conducta" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-08-02 10:08:01" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-08-02 15:08:01" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=81680" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(16) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "d1adfe7efe9ebf279045890e73045e44" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Cómo las creencias determinan la conducta

Para Patricio, en su décimo aniversario

agosto 2, 2022
ENTREVISTA CON ADRIÁN ZURITA

ENTREVISTA CON ADRIÁN ZURITA

A continuación se presenta la entrevista que Claudia Blix sostuvo con Adrián Zurita, uno de los guionistas de la película mexicana más...

julio 22, 2022




Más de categoría

La Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, AC presenta su Revista ROEL

La Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística AC presentó su edición institucional de la Revista ROEL Conmemorativa con...

agosto 12, 2022
Es un buen tiempo para ser fanático de la saga The Last of Us, una de las propiedades intelectuales más importantes de Sony. En menos de un mes, The Last of US: Part I, un «remake» para PS5 del título que vio la luz en PS3 en el ya lejano 2013, llegará a las tiendas físicas y digitales. ¡Y vaya relajo que se armó dentro de la comunidad por este hecho! Sin embargo, la discusión acerca de si esta nueva versión está justificada (y que salga a precio completo similar a juegos nuevos, es decir, cerca de 70 USD) es tema para otro día. Además, pronto se estrenará una adaptación televisiva de la mano de HBO. Así que, a colación de esto, me gustaría hablar acerca del título desarrollado por Naughty Dog, el cual se ha convertido en una vaca sagrada del gaming en los últimos años. Advertencia: este juego no me gusta mucho. Al menos, no tanto como a la mayoría de los jugadores. Procedo a explicar mis razones. Si he de trazar un paralelo con otra forma de entretenimiento, para mí la devoción que genera The Last of Us me parece tan incomprensible como la que generó el álbum OK Computer de Radiohead a finales del siglo pasado. Es decir, ambas son obras de enorme calidad, con momentos de puro gozo. Sin embargo, si uno ve el panorama de sus respectivos campos, hay obras que resultan tanto o más valiosas y que rara vez reciben el mismo reconocimiento. ¿OK Computer en verdad es el mejor álbum de la misma década de Massive Attack, Aimee Mann, Morphine, Ween, Nirvana y Björk? De la misma forma, ¿The Last of Us es en verdad el mejor videojuego en la misma generación en la que gozamos la trilogía de Bioshock (1,2 e Infinite), Mass Effect, Grand Theft Auto (IV y V), Portal y Metal Gear Solid 4? Así que veamos cada uno de los apartados de The Last of Us. Trama: Un mundo después de la pandemia Comencemos por hablar un poco acerca de la historia, la cual es, para muchos, uno de los atractivos principales del título. La trama nos sitúa en un mundo azotado por un hongo llamado Cordyceps, el cual convierte a los humanos en seres violentos conocidos como los “Infectados” (very creative indeed!). La población está aislada en zonas de cuarentena debido a esto. Joel (el protagonista y a quien controlamos durante el juego) es un contrabandista, quien recibe el encargo de llevar a Ellie, una joven que aparentemente es inmune al hongo, hasta un asentamiento de un grupo rebelde conocido como “Las Luciérnagas”. Hasta ahí nos quedamos con la historia, para no entrar en los famosísimos spoilers para quienes aún no lo hayan jugado y tengan intenciones de hacerlo. Sin embargo, para mí, la historia del videojuego es uno de sus puntos más débiles: pretty standard stuff para un videojuego. Zombies, un entorno postapocalíptico y armas a montones. ¿Acaso no es básicamente la misma premisa que la saga Resident Evil? ¡Oh, perdonen! The Last of Us pretende contar una historia seria, carente, al parecer, de los elementos Over the Top de la saga insignia de Capcom. Esto es otro elemento que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo: la seriedad de la narración que a veces ronda con lo pretencioso. En varios momentos, parece que Naughty Dog nos quiere convencer de que esto no es solamente un juego. “¡Vean! estamos contando una historia harto seria! Sí, hay zombies, pero estamos siendo serios, ¡de veras!”. Calma, Neil Druckmann (el director del juego), ya entendimos. En el aspecto positivo, debo reconocer que la dinámica entre Joel y Ellie (casi como de padre e hija) resulta muy natural y humana, y entiendo que muchos jugadores empaticen con ambos. De hecho, si bien la historia no es nada novedosa, la dirección y el guion brindan algunos momentos enternecedores e intensos. Aspecto técnico: la joya de la corona de PS3 El aspecto técnico de The Last of Us es una de sus mayores ventajas y, siendo uno de los títulos importantes de la generación de PS3, su desarrollo contó con un equipo que ya conocía bien cómo crear videojuegos para la consola de Sony. Las vistas de este Estados Unidos devastado son en verdad gloriosas, con escenarios amplios, definidos y coloridos. La dirección de arte en verdad te hace sentir dentro de este mundo derruido que Naughty Dog creó. La variedad de escenarios no falta: viajaremos por edificios, bosques, alcantarillas y más. El modelado de los personajes también es excelente, con movimientos y expresiones faciales muy naturales. Las escenas también están muy bien dirigidas, lo cual no debería ser sorpresa viniendo de la misma desarrolladora de la serie Uncharted. El aspecto técnico es impecable y derrocha calidad por todos lados. Por ello, aunque el título fue remasterizado para PS4 un año después, el original sigue siendo uno de los que mejor se ven en PS3. Jugabilidad: third person shooter con tintes de horror Ya que dejamos los halagos atrás, entremos en el aspecto de jugabilidad. A ver, creo que una buena definición podría ser: Shooter en tercera persona + ligeros toques de sigilo al estilo de Metal Gear Solid / Assasin’s Creed + leves toques de terror. El control es fluido (aunque algunos jugadores lo encuentran un tanto torpe, para mí está bien) y el modo de juego tiene la variedad justa para no caer en la monotonía, pero no hay algo que The Last of Us haga que no se haya visto en varios títulos más y, en ocasiones, de mejor forma. El avance es lineal, lo cual no es una desventaja en sí misma. Tal vez lo más atractivo sea el aspecto táctico del juego. En ciertas situaciones, debes elegir la forma en la que enfrentarás a los enemigos con los que te encuentras. Aunque, en la mayoría de los casos, el ataque frontal con armas de fuego asegura la muerte de Joel. Las secciones en las que debes ser sigiloso para evitar una muerte instantánea ante cierto tipo de enemigos resultan emocionantes, eso sí. En fin, que el aspecto jugable de The Last of Us, mientras que no es malo o aburrido, tampoco es tremendamente espectacular o innovador y sólo es una excusa para avanzar la historia. Conclusión Para mí, al menos en mi humilde opinión, para que un videojuego entre a ese panteón sagrado de los mejores de todos los tiempos, debe ser uno que empuje al medio un paso más allá, ya sea en aspectos técnicos, narrativos o de innovación. Todos aquellos que jugamos The Legend of Zelda: Ocarina of Time en su época, allá por 1998, tenemos al título de Nintendo en tan alta estima por eso mismo: fue uno de los primeros títulos que aprovechó la tecnología de ese momento (el N64) y, de un solo golpe, mostró el potencial de las aventuras de acción en 3D. En verdad, TLoZ:OoT fue un título cutting edge en su época. Por otro lado, The Last of Us parece más, en el mejor de los casos, la culminación de los videojuegos de disparos en tercera persona con toques cinemáticos. Esta visión la puedo entender, aunque no compartir: como dije, la historia y sus personajes no me parecen nada especiales, además de que hay pocas innovaciones en el aspecto jugable. Lo mejor que puedo decir es que es en verdad un prodigio técnico, que aprovechó al máximo la potencia del PS3. Sin embargo, este resultado es de esperarse al ser uno de los títulos lanzados en el ocaso de la consola. Para mí, a The Last of Us le falta ese algo, esa chispa que me haga ponerlo al mismo nivel de otras obras del videojuego. Fuera de su historia, que resonó con muchas personas, no veo que esta obra de Naughty Dog haya hecho algo que no se haya visto antes.

The Last of Us, ¿la obra maestra de Naughty Dog?

Es un buen tiempo para ser fanático de la saga The Last of Us, una de las propiedades intelectuales...

agosto 12, 2022
Último tango en París

50 años de “Último tango en París”

“Último tango en París”: Director y guionista: Bernardo Bertolucci; Actores: Maria Schneider, Marlon Brando; País: Italia-Francia; Año: 1972; Duración:...

agosto 11, 2022
Inicio de clases en la UNAM

Inicio de clases en la UNAM

Esta semana dio inicio el ciclo escolar 2022-2023 en diversas universidades, entre la que se encuentra nuestra Máxima Casa...

agosto 10, 2022