CARTAS A TORA 203

Querida Tora: Fíjate que ya volvió el chavo del 7. Bueno, siempre ha vivido aquí; pero estaba muy ocupado con su trabajo en la Delegación, y luego en no sé qué otro lugar. Le pagaban bien y...

20 de noviembre, 2020

Querida Tora:

Fíjate que ya volvió el chavo del 7. Bueno, siempre ha vivido aquí; pero estaba muy ocupado con su trabajo en la Delegación, y luego en no sé qué otro lugar. Le pagaban bien y tenía muchas secretarias “para todo” (sí sabes a lo que me refiero). Pero hubo un severo recorte de personal debido a la austeridad y tuvo que ser despedido. Y como le dio mucho coraje, vino decidido a hacerle la guerra al portero.

Empezó por recorrer la vecindad, señalando los problemas que encontraba. Y los vecinos, que ya saben cómo es, lo acompañaron para “divertirse un ratito”. Pero no se divirtieron nada; por el contrario, se asustaron con todo lo que el chavo les indicaba: el agujero en el patio, los lavaderos destruidos, las escaleras en mal estado, la falta de limpieza, los cuartos de azotea convertidos en nidos de ninis, el alto costo del mantenimiento, y todo lo que te imagines.

Los guaruras corrieron a llevarle el chisme al portero, el cual enseguida comprendió lo que el del 7 quería hacer, y se dispuso a contratacar. Pero no en forma directa, porque “no se iba a rebajar a eso”, dijo, sino que se propuso crear algo que tuviera ocupados a los vecinos. Y se fue a ver a la Flor para “inspirarse”.

Volvió hasta el día siguiente, muy contento, y citó a todos a una junta “urgentísima”. Todos acudieron, intrigados. Y les dijo que era un asunto de humanidad, de amor al prójimo, de que lo que hagas hoy por los demás lo harán los demás por ti mañana, que debían ser generosos, y muchas lindezas por el estilo. Acabó por aclarar que un ser humano necesitaba su ayuda; y que ese ser humano era la Flor (y su prima); que esa mujer necesitaba una operación y que en el hospital le pedían una donación de sangre; y que si no la llevaba, no la operarían nunca, lo que le causaría una muerte “espantosa e irremediable”; y que si no la conseguía, que se la robara a alguien. Así de grave era la cosa. Y terminó diciéndoles que cuando se fueran a dormir se acostaran con la conciencia a su lado, para platicar con ella y tomar la decisión correcta.

Pero antes de acostarse, los vecinos empezaron a discutir entre ellos. Unos, diciendo que había que ayudar a la pobre mujer; otros, afirmando que la Flor no les importaba nada (y la prima, menos), y que no tenían por qué darle su sangre. Aquí, quien influyó definitivamente fue la Mocha, que les habló de la caridad y el deber de todos con los que sufren; y se convirtió, involuntariamente, en cómplice del portero. Pero ella lo hizo con la mejor intención, sin sospechar que todo era un enjuague del portero. Total, que el día siguiente fue una comisión a decir a éste que sí, que todos iban a colaborar.




Inmediatamente se puso la enfermera a extraer la sangre, que vertía religiosamente en un frasco alcoholero, a la vista de todos. Cada quien donaba lo que quería, pero no más de cinco centímetros cúbicos “para no perjudicar la salud de los vecinos”, decía ella por instrucciones del portero. Pero a cada rato se le acababa el alcohol o tenía que ir a comprar algodón, lo que atrasaba constantemente la donación. Y cuando llegó el del 37, que es tan bronco, en cuanto vio la aguja se desmayó, y hubo que darle primeros y hasta segundos auxilios. El caso es que tardaron más de tres semanas en atenderlos a todos. Y mientras, en la cola ante la enfermería y en los corrillos de los pasillos no se hablaba de otra cosa. Además, el portero instituyó dos turnos, a las once y a las seis de la tarde, para dar informes del estado de la enferma. Y allí estaban todas las viejas, preguntando detalles de la operación y del tratamiento y hasta cooperando para mandarle flores. Con todo lo cual, el chavo del 7 pasó a segundo lugar y nadie le hacía caso.

Así, se olvidaron  de los problemas de la vecindad y de las reclamaciones que iban a hacer. Y cuando acabó la recolección de sangre, el portero les echó un discurso que arrancó las lágrimas a más de dos.

Finalmente, el portero anunció que la Flor ya había recobrado la salud. En la vecindad se oyó un “¡Viva!” estruendoso; todos y cada uno se sintieron los salvadores de la Flor, y se fueron dormir muy satisfechos (ya sin la conciencia). ¿Pero qué crees? El día siguiente, en el King’s anunciaron “Tacos of delicious moronga with green salsa” como plato especial. ¿Te imaginas lo que pensé? Pero fui a investigar, y vi cuando un proveedor les entregaba la moronga ya preparada. ¿Qué hicieron con la sangre? La tiraron por el caño, porque no servía para nada una sangre almacenada en un frasco alcoholero mal lavado.

Vamos a ver si el chavo del 7 se conforma con  la derrota, porque estoy seguro de que se dio cuenta de que todo había sido una maniobra distractora. Ya te contaré lo que pase.

Te quiere,

Cocatú

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