Una buena forma de convocar a otros para llevar a cabo determinada tarea es comentando acerca de la propia experiencia al emprenderla. Tal es el caso que hoy pretendo llevar a cabo. De mi reciente visita a la FIL Guadalajara traje algunos títulos; del resto que deseo leer solamente tomé nota para pedirlos en línea. Las aerolíneas no perdonan el exceso de equipaje.
Uno de los títulos que llevaba ganas de adquirir se intitula: Anónimo Hernández. Su autor es Mauricio Bares, escritor, cronista, editor y traductor, fundador de la Editorial Nitro/Press. De tiempo atrás el autor venía presentando de manera fugaz a este personaje que ahora, en su novela de largo aliento, se apropia de las páginas del libro, para llevarnos a través de una trama tan divertida como profunda. Una historia que llama a la reflexión acerca de los cánones sociales de nuestros tiempos.
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El universo propio del relato tiene su lógica interna que se cumple en forma plena. El escritor nos va llevando de la mano del personaje Anónimo Hernández a vivir situaciones que, desde la visión del propio autor, se enfocan a partir de una perspectiva distinta pero muy congruente con la realidad trazada para el protagonista principal, un pequeño genio que no logra adaptarse al mundo exterior. Conforme avanza en su propio descubrimiento personal, entiende que ya ni siquiera el hogar paterno constituye un nicho a donde resguardarse de las amenazas del exterior. Aun así, pese a las desventajas de su peculiar anatomía, Anónimo consigue imponer su voluntad de diversas maneras. Esto es, que los demás lo señalen por sus diferencias respecto al resto de la humanidad, no limita su desarrollo personal.
Así de simple, así de sencillo, como un cuento infantil que nos divierte y nos mantiene con el libro entre las manos olvidando el paso de las horas, es como la lectura se convierte en ese ejercicio mental y emocional capaz de llevarnos a la reflexión personal, a fijar nuestra postura frente a las distintas formas de ser y de actuar que detectamos en derredor nuestro. Un libro como este es un divertimento que nos permite aprender cosas distintas a las propias mediante la imaginación.
Qué maravilloso es asomarse por un rato a la casa de los vecinos, en la que viven catorce niñas y un niño, en compañía de sus papás, durmiendo todos en una sola habitación y manteniendo el “statu quo” de cualquier otra familia, pero sin la ayuda de aparatos eléctricos como lavadora o licuadora. Hallo de lo más metafórica esta figura, que da cuenta de cómo el ser humano aprende a adaptarse a las demandas sociales del entorno de la mejor manera, sin quejumbre alguna.
El buen escritor es un artesano de la palabra, que sabe ir formando una estructura tridimensional que el lector puede visitar y hasta habitar. El trabajo sintáctico, el ensayo y error para expresar los conceptos de la mejor manera, es imperceptible. Lo único que se nota es una historia que fluye, que atrapa y que contagia. Como dijera Miguel Ángel Buonarroti al terminar su magnífico “David”, cuando le cuestionaron cómo eligió la pieza de mármol para crearlo. Él se concretó a decir que el David ya estaba ahí, en la pieza, que él solamente se limitó a quitar con el cincel lo que sobraba.
Nuestro país tiene un índice muy bajo de lectura per cápita. Aparte de lo poco que se lee, se encuentra el analfabetismo funcional, esto es, aun cuando podamos leer palabras y oraciones, no se ha desarrollado la lectura de comprensión. Si no soy capaz de expresar con palabras distintas lo que acabo de leer, entonces no lo he comprendido. El mensaje que el autor pretende transmitir al lector no está llegando. Solamente cuando el concepto que leí es procesado por mi mente, puede ser aplicado. No me refiero solamente a contenidos técnicos. Regresando a Anónimo Hernández, los múltiples mensajes subliminales que su autor nos presenta no podrán, ni disfrutarse ni asimilarse por el lector, sino hasta que él consiga comprender lo que hay en la trama, sus atmósferas y sus diversos personajes.
Leer por placer: Agregar a los elementos que proveen disfrute el de la palabra escrita en sus diversas modalidades. Acercarnos a aquello que nos llama la atención, para leer con gusto, y como dijera Borges en alguna de sus últimas entrevistas, si el libro no te atrapa, simplemente déjalo de lado.
Anónimo Hernández, la más reciente novela de Mauricio Bares: Una excelente recomendación para lectores dispuestos a entrar a un universo ficcional distinto, con su propia lógica interna, del cual se sale al final con una grata experiencia y una nueva manera de ver la vida.
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