Alfonso Reyes y Carlos Fuentes, encuentro y desencuentro en La Región más transparente

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2 de febrero, 2021

Hoy me rindo. Estoy cansado de seguirle el paso a la pandemia, a tanto cuento y tanto invento, a las noticias que me ponen los pelos de punta. Y con el permiso y la invitación al respetable, con toda sinceridad, le pido que nos bajemos del tren de la locura para serenarnos y platicar sobre un tema ameno, interesante, uno de los momentos más curiosos de la historia de nuestras letras. 

En la entrada de su diario correspondiente al domingo 17 de febrero de 1957, Alfonso Reyes apunta:

Muy molesto con las raras notitas de Fedro Guillén, hasta hoy tan mi amigo, en El Nacional, suplemento. Viene a verme Juan Rejano, a petición mía y aunque ya no dirige el suplemento, me ofrece charlar discreta y amistosamente con Guillén para averiguar qué le pasa, y me trae su poemita “La respuesta” en memoria de Antonio Machado, y una novelita de su esposa Luisa Carnés, Juan Caballero.

Fedro Guillén se refiere al epígrafe de Reyes exponiendo cierto velado debate sobre su autoría. Es notorio que a don Alfonso, como en la mayor parte de sus reacciones frente a las críticas de esa naturaleza, le duele la incomprensión de sus letras y aspira a una lectura más simple, límpida y sincera de su obra:

Fedro Guillén escribió lo siguiente: “En nota anterior hablábamos de la frase Viajero, has llegado a la región más transparente del aire, que en parte, utilizará Carlos Fuentes para su próxima novela. Al afirmar que dicha frase no pertenece a Alfonso Reyes, como se cree, bueno sería añadir que tampoco el maestro mexicano se la ha atribuido. (Por cierto, con el gusto de siempre recibimos una felicitación de año de don Alfonso Reyes con unos hermosos latines de Cicerón)” (Fedro Guillén, La cultura en México, suplemento semanario de El Nacional, 2ª época, núm. 516. 17 de febrero de 1957).

Una de las peculiaridades de don Alfonso en relación con el conjunto de su obra es su cuidado constante; no solo como creador y como coadyuvante en su edición, sino también a su lectura, crítica, difusión y trascendencia. Por la mañana Reyes ha leído el artículo de Guillén, ese mismo día ha llamado a Rejano y para el anochecer ha dado cuenta de los hechos. Es posible que si se hubiera tratado de otro texto, don Alfonso habría sido más indulgente o incluso menos atingente, pero como individuo, a lo largo de toda su vida, dará muestras de su especial afecto por Visión de Anáhuac.




Después de todo, tanto la frase como el texto remiten a don Alfonso a un tiempo y a un lugar mucho mejor. En 1911, Reyes publicó “El paisaje en la poesía mexicana del siglo XIX”, en aquel ensayo, el entonces joven Alfonso se refirió por primera vez al epígrafe y a su relación con Humboldt:

Ya el barón de Humboldt –el grande viajero que ha sancionado con su nombre el orgullo de la Nueva España, hombre clásico y universal como los que criaba el Renacimiento y que conservó, hasta en su siglo, la antigua manera de aprender la sabiduría viajando y de escribir tan solo sobre recuerdos y meditaciones de la propia vida– señalaba, en su Ensayo político, la grande reverberación de los rayos solares producida por nuestra enorme masa de cordilleras y la alta planicie que es, en extensión y en altura, la mayor del mundo:

Así nosotros, como los griegos que tan estimosamente elogiaban, por inscripciones grabadas a las puertas de sus ciudades, las bondades de la tierra y su clima, y a éste le llamaban “el predilecto de los dioses”, pudiéramos, sin hipérbole, escribir a la entrada de nuestra alta llanura central: – Caminante: has llegado a la región más propicia para vagar libre del espíritu. Caminante: has llegado a la región más transparente del aire.

Cuatro años después, en Madrid, Reyes recupera la frase, la purifica y la dota de sencilla elegancia, como recuperando para sí un mundo, un espacio y un tiempo dorados antes de que la vorágine del destino y de la historia lo lanzaran más allá del océano y de su privilegiado entorno familiar. De muchas formas Visión de Anáhuac abría las puertas del recuerdo y del bienestar a Reyes, marcaba su equilibrio y lo retornaba a cierta edad de la inocencia en que todo estaba aún por escribir.

Si bien es cierto que Visión… no es el primer libro de Reyes, también lo es que sí se trata de la primera de sus obras maestras. De la importancia y trascendencia de libro no puede dudarse, como tampoco puede omitirse la singular relación entre el famoso epígrafe reyesiano y la novela de Carlos Fuentes La región más transparente que constituye el mayor homenaje a Reyes y a su texto, pero también la voz disonante y el mayor distractor para su fama.

Fedro Guillén había anunciado la novela de Carlos Fuentes, pues ésta había aparecido de modo fragmentario, en cuentos y adelantos en la Revista de Literatura mexicana, entre los años de 1955 y 1956, publicación entonces dirigida por Emmanuel Carballo y el propio Fuentes. Desde luego, no es casualidad entonces que ambos coincidieran en la entrega a su amigo y maestro un ejemplar de La Región más transparente. Reyes recoge ese momento en la anotación de su diario correspondiente al 29 de marzo de 1958:

Reunión matinal en casa de Cuadernos americanos… a las 5 pm, estoy esperando a Carballo con su primer boceto de entrevista. Llegó con el fotógrafo Salazar. Algo hicimos: poco, porque me desazonó la perra Lady que rasguño con un colmillo a la pobre Laurita de Carballo. Nada serio. Carlitos Fuentes me trae su libro La región más transparente.

Como revelaron en su momento Javier Garciadiego en Alfonso Reyes y Carlos Fuentes, una amistad literaria y Emmanuel Carballo en Protagonistas de la literatura mexicana, la publicación de la novela significó una desavenencia literaria, estética, que no personal ni emocional entre Reyes y Fuentes:

Sin embargo, el propio Carlos Fuentes develó el misterio al confesar haber recibido una carta “fulminante” de Reyes en la que le decía que La región más transparente le había parecido “una porquería”, de una “vulgaridad espantosa”, en síntesis “un insulto a la literatura”.

En el desafortunado evento se cumple cierto patrón en cuanto a la reacción de Reyes respecto de la crítica. Conforme a su costumbre, don Alfonso no zanja las dificultades de manera pública sino, preferentemente, en el ámbito más estrictamente privado; reacciona solo cuando está en presencia de lo que puede considerar un malentendido respecto de su obra o cuando siente que el ataque es personal mucho más allá de lo estrictamente literario. Por último, sus respuestas son casi siempre desahogos emocionales y son más fuertes cuando ocurren en torno a ciertas obras respecto de las cuales experimenta un particular afecto. En el caso de Carlos Fuentes se agudizan dos aspectos peculiares. Por un lado, el libro del que se basa el famoso epígrafe, pues Reyes sabe que para el joven escritor esa novela representa un certificado de madurez y le cuesta mucho trabajo que su frase icónica diera nombre a una novela que no puede ser más distante de sus propia idea de la literatura. Por el otro lado, el tratarse de Carlos Fuentes a quien quiere entrañablemente y a quien une una amistad y una devoción que bien podemos llamar transgeneracional, pues ha iniciado con el padre de Fuentes y que abre sus brazos afectuosos desde la infancia de Carlos.

Garciadiego ofrece otra cauda de razones:

El desencuentro puede ser resumido en pocos renglones: sucedió que algunos periodistas y críticos intentaron enfrentarlos, afirmando que Fuentes desafiaba a Reyes al titular su novela con una famosa frase de éste, a lo que Fuentes respondió que don Alfonso hablaba de un México pasado y que él daba “el contraste con el México de sus días”. La respuesta satisfizo a Reyes, quien se había referido al paisaje físico del Valle de México que encontraron los conquistadores españoles, mientras que la novela de Fuentes se refería “al ambiente humano del México contemporáneo”. Sin embargo, ciertamente lamentó haberle permitido “bautizarla con mis palabras”, pues – señaló – no faltarán los lectores críticos y “malévolos” que supongan que el joven escritor había intentado “lanzarme un sarcasmo”. Don Alfonso, reflejando su muy diferente concepción de la literatura, le dijo: “yo hubiera preferido que no empañaras mi frase, aplicándola a un asunto tan turbio”. Tal parece que la solicitud para titular su libro fue verbal y que Fuentes no quiso hacer del reclamo personal una controversia pública.

Para la fecha de publicación de la novela de Fuentes, Reyes estaba perfectamente consciente de que su amada región más transparente había quedado reducida a esporádicas resurrecciones unas cuantas veces al año; incluso, para 1940, aunque publicada en “Ancorajes” en 1948, Reyes había escrito La Palinodia del Polvo, especie de actualización dolorosa de su propio mito fundacional:

¿Es esta la región más transparente del aire? ¿Qué habéis hecho, entonces, de mi alto valle metafísico? ¿Por qué ser empaña, por qué se amarillece? Corren sobre él como fuegos fatuos los remolinos de tierra. Caen sobre él los mantos de sepia que roban profundidad al paisaje y precipitan en un solo plano espectral lejanías y cercanías, dando a sus rasgos y colores la irrealidad de una calcomanía grotesca, de una estampa vieja artificial, de una hoja prematuramente marchita.

Desde la Visión… Reyes sabe que ese mundo ideal que ha dibujado está condenado a desaparecer; que debe mantenerse en la guarda y fidelidad de la memoria literaria porque, desde el primer momento de la aparición humana en el Valle, se inició su largo proceso de destrucción con el pretexto de la obra civilizatoria; ya en 1915 decía Reyes: “cuando los creadores del desierto acaban su obra irrumpe el espanto social”.

Con una especie de mirada profética, don Alfonso sabe que la desecación de los lagos no puede sino redundar en la destrucción de ese ámbito privilegiado para la reflexión y el ensueño; casi  es tanto como decir que el México de don Alfonso joven –entendido como solar paterno, como hogar prístino– debía desaparecer en la medida que el propio autor y sus amigos fueran mudando sus conciencias, sus circunstancias y sus tiempos. De ningún modo Reyes se aferra a su pasado, ni al México que abandonó y que sabe no volverá:

Abarca la desecación del valle desde el año de 1449 hasta el año de 1900. Tres razas han trabajado en ella, y casi tres civilizaciones – que poco hay en común entre el organismo virreinal y la prodigiosa ficción policial que nos dio treinta años de paz augusta.

De Nezahualcóyotl al segundo Luis de Velasco, y de éste a Porfirio Díaz, parece correr la consigna de secar la tierra. Nuestro siglo nos encontró todavía echando la última palada y abriendo la última zanja.

Podríamos decir que, como continuación de este párrafo, Reyes escribirá en la Palinodia un ciclo de construcción – destrucción cuyo corolario ya parece en ese último texto y que don Alfonso no pudo ver, el terremoto de 1985, relacionado en su magnitud con la propia desecación de los lagos:

¡Oh desecadores de lagos, taladores de bosques! ¡Cercenadores de pulmones, rompedores de espejos mágicos! Y cuando las montañas de andesita se vengan abajo, en el derrumbe paulatino del circo que nos guarece y ampara, veréis cómo, sorbido en el negro embudo giratorio, tromba de basura, nuestro valle mismo desaparece.

Así, para afrontar el mañana, la soledad y la distancia, acuñó su propio talismán y lo formó de los temas que iría desarrollando a lo largo de toda su obra. Diseñó para sí un código cifrado de afectos que anclaban en el único lugar seguro, el entorno físico, pues la experiencia, no pocas veces amarga, le había enseñado lo frágil y vano que es poner en manos de hombre la esperanza del retorno y más aún si esos hombres tienen como oficio la política.

A final de cuentas, en ese ciclo mítico y literario de creación –destrucción del Valle del Anáhuac y su retrato en lengua española–  aparecen dos capítulos separados por más de cuatro décadas: Visión de Anáhuac y La región más transparente; también aparecen dos protagonistas separados por una generación: Alfonso Reyes y Carlos Fuentes.

@cesarbc70

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pero era el tercer mes en el antiguo calendario romano, donde enero y febrero estaban al final del año. Puede derivar de la diosa romana Maia, también conocida como Bona Dea, cuyo festival los romanos celebraban este mes que llamaban Maius. También podría provenir de la ninfa Maya, hija de Atlas y Pleione y madre de Hermes. ​ Una tercera opción de su origen podría ser del término Maius Juppiter, una reducción de maximus, el más grande. Hemos de tener en cuenta que, en la simbología antigua de los números, los impares representaban género masculino (1º y 3º mes/marzo-Marte, mayo-Júpiter), y los pares son femenino (2º y 4º mes/abril-Naturaleza, junio-Juno). Por tanto, puede concluirse que mayo deviene de Maius Júpiter.  En la antigua Grecia su equivalente es el mes de Targelión. Quintilis fue originalmente el nombre del quinto mes (que después fue cambiado de lugar para ocupar el séptimo) en el calendario romano, estaba ubicado después de junio y antes de sextilis. Ahora bien, de acuerdo con una tradición, la piedra de mayo es la esmeralda, y su flor el lirio. Al mes de mayo se le sigue considerando como el más hermoso del año y, por algo el Día de las madres, aparte de México, se festeja el día 10 en Belice, Catar, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Guatemala, India, Malasia, Omán, Pakistán y Singapur; por tal motivo le enviamos nuestra felicitación a todas las madrecitas mexicanas, y también por qué no a las de los anteriores países. Desgraciadamente, también hay que lamentar el fallecimiento de un grupo de madres de familia en el reciente drama del tren metropolitano; que Dios las tenga en su gloria y resignación a sus familiares. “En México la iniciativa fue del periodista (de Excélsior) Rafael Alducín,  quien hizo una invitación para seleccionar un día para celebrar a la madre, resultando como fecha elegida el diez de mayo que, desde 1922, conmemora a las progenitoras del país”.  Algunos famosos se han expresado sobre mayo y la estación primaveral de la siguiente manera: Tan lleno de espíritu como el mes de mayo, y tan hermoso como el sol en pleno verano. William Shakespeare Pensé que la primavera debía durar para siempre, ya que yo era joven y amada, y era mayo. Vera Brittain Mayo, más que cualquier otro mes del año, nos quiere hacer sentir vivos. Fennel Hudson La estación favorita del mundo es la primavera. Todas las cosas parecen posibles en mayo. Edwin Way Teale Viene la hermosa primavera y cuando la naturaleza reanuda su belleza, el alma humana también puede revivir. Harriet Ann Jacobs En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante y detrás de cada noche viene una aurora sonriente. Khalil Gibran Si no tuviéramos invierno, la primavera no nos resultaría tan hermosa. Anne Bradstreet La primavera es cuando la vida está en todo. Christina Rossetti El invierno está en mi cabeza pero la eterna primavera está en mi corazón. Víctor Hugo ¿Pueden las palabras describir la fragancia del mismo aliento de la primavera? Neltje Blanchan   Y por supuesto, no podíamos dejar de lado el sentir de nuestro poeta nayarita en su poema “EN PAZ”, donde en una de sus estrofas exclama: “Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!”   Finalmente, en el siguiente enlace podemos escuchar una bella canción mexicana de Manuel M. Ponce que alaba a la primavera: https://www.youtube.com/watch?v=CvOKuhgaO1Q&ab_channel=BuyuchekVEVO     NOTAS: https://es.wikipedia.org/wiki/Mayo   https://www.diariofemenino.com/psicologia/frases-y-reflexiones/39-frases-de-mayo-con-imagenes-citas-y-refranes-del-mes-de-las-flores/#header0  https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/868729.1922-se-celebra-el-primer-dia-de-las-madres-en-mexico.html    " ["post_title"]=> string(14) "El mes de Maia" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(14) "el-mes-de-maia" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-10 12:20:06" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-10 17:20:06" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65156" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18087 (24) { ["ID"]=> int(64769) ["post_author"]=> string(2) "32" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-30 12:37:46" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-30 17:37:46" ["post_content"]=> string(20343) "Al estar sentado frente a las dos cajas que guardaban tantos misterios, sin saber qué álbum revisar o cuál de los diarios leer primero, me sentía como un escritor perdido frente a una página en blanco sin tener idea de cómo comenzar una narración. Ya no se trataba de titubeos ni de temores, se trataba de haberme dado cuenta de que era yo un invitado privilegiado. Sentía la responsabilidad de ser respetuoso, delicado, no invasivo. Estaba consciente de que entre esas páginas no solamente estaban las crónicas y las imágenes de muchas vidas,  sino las vidas mismas suspendidas  en instantes que permanecían exactamente en el momento en el que fueron descritas, o en el que las imágenes fueron captadas; imágenes que por siempre, al ser redescubiertas, mirarían a su vez a quien las viera. Los diarios resguardan la más profunda intimidad de quienes los escriben; al abrir sus páginas presenciamos la desnudez de almas que de otro modo tal vez no conoceríamos. Por eso en ese momento sentía la necesidad de conducirme con extraordinario cuidado, con delicadeza, lo más lentamente posible. Ahora que iba yo a adentrarme en los diarios y los álbumes que no había visto antes, me sentía como un niño que celebra el ritual inocente de desenvolver con asombro un regalo de Navidad. Por fin había yo aceptado que el sendero recorrido hasta este punto, no era nada más el que cruzaba el jardín entre las palmeras de Los Olvidos, sino un camino mucho más largo, emprendido mucho tiempo atrás, cuando en mi infancia aquella casa a la orilla del acantilado despertaba algo más que mi curiosidad. Me había costado trabajo reconocer que las muchas señales de las que los diarios y los álbumes eran la muestra más significativa, eran señales dejadas para mí. Ahora que  estaba yo a punto de adentrarme verdaderamente en el contenido de aquellos diarios y de los álbumes, quería hacerlo de manera que ella supiera cuánto significaba para mí; quería que supiera que yo valoraba esta oportunidad con verdadera devoción. Quería hacer todo esto como Doña Rosita me había aconsejado: sin prisa, con delicadeza, poco a poco. Poco a poco como,  el Zorro al Principito en el cuento de Saint-Exupéry, cuando le dijo que para ser amigos, primero tendría que domesticarlo. El Principito le preguntó al Zorro qué era domesticar, y el zorro le respondió que domesticar era crear vínculos; primero deberían irse acercando despacio y verse por el rabillo del ojo; así, hasta haberse domesticado y  ser únicos en el mundo el uno para el otro. No estaba yo ahí para leer revistas impersonales como las que hay en las salas de espera de dentistas o estéticas, estaba ante un tesoro íntimo y vivo que me rebelaría secretos indispensables para poder reencontrarnos finalmente. Se me había permitido explorar este tesoro para guiarme hasta un momento y un sitio al lado de la joven con quien estaba vinculado desde muchísimo tiempo atrás, mucho antes que sus palabras surgieran ante mis ojos; mucho antes que yo llegara hasta la puerta de Los Olvidos pidiendo entrar. En los álbumes que tenía frente a mí, habría  imágenes como las que habitaban los álbumes de mi infancia y mi adolescencia; recuerdos que al ser vistos, cada vez brotaban y resurgían así fuera por un instante. Los diarios que aún no había revisado y estaba a punto de ver,  insinuaban desde sus cubiertas,  una magia impregnada  con el aroma del perfume que todavía flotaba en el ambiente del mirador, yendo y viniendo entre sus ventanas llevado y traído por la brisa. Estaba yo a punto de presenciar el acontecer de las vidas transcurridas por los muchos rincones de Los Olvidos, donde todavía se escuchaban canciones que se confundían con la voz de la brisa; donde yo mismo había sido testigo de la fiesta que un día se desvaneció ante mis ojos; donde en una noche de fiesta, me había robado las  sonrisas de Matilda y en los tiempos más recientes, mirándome en sus ojos, había estado a punto de tomar sus manos. Saqué  los  álbumes de la caja. Eran tres del  mismo tamaño y similar volumen, y un  cuarto un poco más pequeño, además de la carpeta de presión que contenía las hojas sueltas y sobres junto a cartas desplegadas a su lado. Tomé el primero al azar,  y me dispuse a hojearlo. La primera página no tenía fotografías. La segunda  estaba cubierta por una hoja suelta de papel  muy fino y casi transparente parecido al que se conoce como albanene, no era totalmente transparente ni era brilloso como el celofán, sino opaco como un cristal esmerilado, además de ser diferente al tacto. Parecía más bien como un lienzo protector de la primera fotografía. Lo removí  para poder ver la imagen  que resguardaba. Era la fotografía de Emmanuell Claymon y Jeri H. Claymon, el día de su boda. Bajo la imagen se podía leer: Día de nuestra boda, Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción, San Francisco, California,   31 de marzo de 1923. (Our wedding day at Saint Mary’s Immaculate Conception Cathedral, San Francisco, California, 31st March, 1923). Junto al texto al pie de la fotografia, había una referencia con el número uno romano, y un numero uno arábigo  referidos al  “libro de notas”; no comprendí de  inmediato, pero luego recordé la carpeta que contenía paginas sueltas sujetas a presión. Dejé por un momento el álbum y tomé la carpeta de presión para darle un vistazo. Las hojas no estaban en orden porque al no estar sujetas como los albums,  me di cuenta que a través del tiempo, habrían sido vistas y luego devueltas pero sin su orden original.  Sin embargo,  confirmé que todos  los textos se referían al número romano (correspondiente al álbum)  y el número arábigo  de  la fotografia que se tratara. Los tres álbumes tenían marcado un número romano en la esquina superior izquierda de la primera página que no tenía retratos; esto me sirvió para confirmar lo que había pensado. El álbum  más pequeño  tenía todas sus hojas ocupadas a partir de la primera, pero no le puse atención, porque quería comenzar por los tres albums que coincidían en tamaño y en orden de colocación de las imágenes. De inmediato comprendí que la carpeta era un diario de especial valor, porque los álbumes no se limitaban a pequeños textos al pie de los retratos,  sino que había descripciones más extensas que no habrían cabido junto a los retratos, además de que las hojas de los álbumes eran negras como se acostumbraba en esa época, en tanto las hojas de la carpeta eran blancas de papel para escribir, y algunas de papel para correo aéreo del  mismo color, pero más pequeñas y más delgadas. Todas las fotografías estaban sujetas con pequeños esquineros adhesivos en sus cuatro ángulos, a excepción de algunas ovaladas y otras redondas, que habían sido fijadas con algún pegamento. Haber entendido razonablemente el orden entre los álbumes y la carpeta, me serviría para saber buscar en el desorden de las hojas sin que fuera tan difícil como aquéllo de la aguja en un pajar. Por ahora quería yo encontrar el texto que correspondía a la boda de los Claymon que tendría que estar marcado I-1. Comencé a revisar la carpeta cuyo contenido hacía referencia (al menos en parte) a las fotografías  de los tres álbumes. Al ir recorriendo las hojas, pude darme cuenta que en algunos sobres, había guardadas flores como las que yo mismo había ido dejando entre las páginas de libros que había leído y eran mis favoritos; verdaderos amigos a los que podía yo acudir para releer fragmentos y citas que acostumbraba subrayar. En todos los sobres sujetos en esa carpeta,  había flores o pétalos sueltos acompañados de fotografías que alguien había decidido guardar ahí y no junto a las otras en los  álbumes. Algunas fotografías tenían dedicatorias al reverso. Después de haber recorrido la carpeta sin fijarme demasiado, decidí buscar alguna referencia al I-1 de la boda de los papás  de Matilda. No me resultó tan fácil, pero por fin encontré una carta dirigida por Emmanuell Claymon a su todavía novia Jeri H. O’Shea.     *.1        jueves 29 de marzo de 1923 Adorada hadita irlandesa, ¿Por qué será que los segundos transcurren terriblemente lentos cuando esperamos algo que hemos anhelado muchísimo? Este sábado al mediodía, por fin te veré en la iglesia pero no como todos los domingos, sino para entregarme a ti. Necesito que me digas si comprendes que estoy total y absolutamente enamorado de ti. La primera vez que te vi en casa de Shirley O’Neal, la bahía de San Francisco parecía el reflejo de tus ojos. Cuando me sonreíste, tuve la impresión de que te había dado gusto mi llegada aunque no nos conocíamos. Seguramente no te pasó desapercibido el efecto que tuviste sobre mí. Ahora, menos de un año después, estamos a punto de unirnos delante de Dios para formar una familia. ¡No lo  puedo creer! ¿Qué hice para merecer esta bendición? Cuando crucé el Atlántico para trabajar en las minas de Hidalgo, en México no podía imaginar que mi verdadero tesoro lo encontraría mucho más al norte a las orillas de otro océano tan lejos de las islas vecinas en las que nacimos tú y yo. Tú eres el hada de los bosques irlandeses, interminablemente verdes; yo nací cerquísima de ti, en las islas brumosas; y ahora estoy contando segundo a segundo esperando que sea sábado para verte llegar hasta mí y seguir juntos un mismo camino. Cuando recién te conocí, te confieso que sentía miedo, porque no quería perderte. ¿Cómo puedo transmitirte la inmensa alegría que traes a mi vida? Agradezco y admiro tu valentía por estar dispuesta a ir conmigo a México tan lejos de tus papás y tus hermanas. Por ahora, viajar a México significa recorridos agotadores en tren, o con suerte, conseguir algunos vuelos en aviones el servicio postal de Estados Unidos. Sé que Pan American muy pronto iniciará servicio comercial de pasajeros a México y eso permitirá que veas a tu familia con mucho más frecuencia. Esperando  que sea el gran día, siento la ilusión de las vísperas de Navidad al lado de la chimenea encendida en casa de mis padres en Inglaterra. ¡Quiero que ya sea sábado! ¿Dios mío, por qué no es sábado todavía? Totalmente tuyo E Volví la vista a la fotografía en la que aparecían dos jóvenes enamorados  sujetándose  de las manos. Ella vestía un hermoso y muy sencillo vestido de novia, considerando la moda de los años 20; destacaba su esbeltez; el cuello era redondo y su único adorno era una medalla de plata en la que se alcanzaba a distinguir la imagen de la Virgen Maria. Llevaba muy poco maquillaje; sus ojos limpios y claros, miraban hacia el frente, en tanto él, la miraba a ella.  Tras ellos se apreciaba la bahía de San Francisco y el Golden Gate inconfundible. Acababa yo de leer la declaración de amor de ese joven por su esposa; mientras sus palabras de amor pasaban frente a mis ojos, podía yo escucharlos a ambos pronunciando sus votos con los que iniciaron un camino común que los había llevado del Atlántico al Pacífico, pasando por las agrestes tierras de Hidalgo y Zacatecas,  hasta ser descubiertos por alguien como yo, después de muchísimo tiempo. Era inevitable que más adelante entre las páginas de ese álbum, encontrara yo más retratos de esta pareja de enamorados, como la que ya había yo visto bajo una cubierta de cristal en el hotel Victoria de Taxco, en la que aparecían acompañados por Matilda, su única hija. Muy probablemente en las siguientes páginas, podría ver algunas escenas de la celebración en la Catedral de La Inmaculada Concepción, y de la fiesta con la que de seguro celebraron su boda. De momento no quise seguir adelante; preferí disfrutar la alegría que había compartido Emmanuell Clayton al dejar en su breve relato, el testimonio de su felicidad y de su devoción por una joven que decidió acompañarlo a donde tuviera que ir él. Recordé de pronto una referencia sobre Acapulco que leí en la Enciclopedia de Espasa Calpe,  en casa de mi abuelo Pepe, que palabras más, palabras menos, decía así: Acapulco. “Poblado de pescadores ubicado sobre la costa mexicana del Pacífico; poblado por once mil almas; durante siglos fue el principal punto de comercio entre Asia y España  cuando llegaba a su terminal portuaria el Galeón de Manila también conocido como  la Nao de China.” Miré de nuevo a los esposos Claymon, sabiendo que no mucho tiempo después, conocerían Acapulco y quedarían cautivados por ese maravilloso sitio, sin saber que alguna vez construirían ahí una casa sobre los acantilados, en cuyo mirador, un joven ladrón de sonrisas los vería juntos el día de su boda, compartiendo su emoción exactamente como si hubiera asistido con ellos en esa ocasión. Ese retrato no era un vestigio desgastado de un amor extinguido; era un testimonio vigente a partir del cual, muchos caminos se habían cruzado; muchos tiempos se habían superpuesto; igual que el aroma del perfume que todavía flotaba en el ambiente de ese mirador, yendo y viniendo entre sus ventanas, llevado y traído por la brisa, pareciendo seguir la larga cauda de un cometa que nos transportaba a través del infinito inmune a las barreras del tiempo. Sonreí al anticipar que en las siguientes páginas, asistiría yo a la celebración de ese amor que persistía inagotable, porque el amor es nuestra esencia eterna. Los dos jóvenes de la imagen, sonreían inocultablemente felices; sonreían compartiendo esa felicidad con quien quiera que los mirase; sonreían luminosos y resplandecientes en un estallido con todos los colores del mar, libres de los tonos blanco y negro de aquel retrato nupcial. Volví a colocar el lienzo de papel sobre la fotografía y cerré el álbum, poniéndolo de regreso en su sitio. Luego me dirigí al mirador; al abrir la ventana corrediza, de inmediato sentí la brisa con olor a mar; la escollera, como siempre,  celebraba con bailes la visita de pelícanos, garzas y gaviotas; escuchando las olas en los acantilados, imaginé a Matilda estando ahí, sin poder evitar que se me escapara una sonrisa… _______________________ *1 Thursday, March 29, 1923 My beloved Irish fairy, Why is it that the seconds pass so terribly slowly when we wait for something we have longed for so much? This Saturday at noon, I will finally see you in church but not like every Sunday, but to give myself to you. I need to know if you understand how totally and absolutely I am in love with you. The first time I saw you at Shirley O'Neal's house, the deep blue of the bay sparkled in your eyes.  When you smiled at me, I had the impression that you were happy to see me as if you were expecting me. You must have realized how you made me feel right from the start. Now, less than a year later, we are about to get married with God’s blessings.  I can hardly believe it. What did I do to deserve this blessing? When  I braved crossing the Atlantic on my quest for riches in the British silver mines I couldn’t have imagined  I would soon find the treasure so many adventurers never find; the love of a woman like you. There is a touch of irony when I think how close to each other we were born only to meet so many years hence, thousands of miles away from our homes. You are a fairy of the endlessly green Irish forests; whereas I am an adventurer whose quest has been so immensely surpassed by the miracle of having found you. And now here I am, counting each second, one after the other, waiting for Saturday to arrive. I admire your courage for having accepted to come along with me to Mexico so far away from your family. For now, traveling to Mexico means grueling train rides or perhaps a flight on board a U.S. Postal Service aeroplane.  I know Pan American will soon begin a commercial passenger service from San Francisco to Mexico City that will bring you closer to your parents and your sisters. I feel the excitement and awe of a little child on Christmas Eve waiting by the fireplace to open the presents. I want it to be Saturday now! My God, why isn't it Saturday yet? Totally yours E." 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Puede derivar de la diosa romana Maia, también conocida como Bona Dea, cuyo festival los romanos celebraban este mes que llamaban Maius. También podría provenir de la ninfa Maya, hija de Atlas y Pleione y madre de Hermes. ​ Una tercera opción de su origen podría ser del término Maius Juppiter, una reducción de maximus, el más grande. Hemos de tener en cuenta que, en la simbología antigua de los números, los impares representaban género masculino (1º y 3º mes/marzo-Marte, mayo-Júpiter), y los pares son femenino (2º y 4º mes/abril-Naturaleza, junio-Juno). Por tanto, puede concluirse que mayo deviene de Maius Júpiter.  En la antigua Grecia su equivalente es el mes de Targelión. Quintilis fue originalmente el nombre del quinto mes (que después fue cambiado de lugar para ocupar el séptimo) en el calendario romano, estaba ubicado después de junio y antes de sextilis. Ahora bien, de acuerdo con una tradición, la piedra de mayo es la esmeralda, y su flor el lirio. Al mes de mayo se le sigue considerando como el más hermoso del año y, por algo el Día de las madres, aparte de México, se festeja el día 10 en Belice, Catar, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Guatemala, India, Malasia, Omán, Pakistán y Singapur; por tal motivo le enviamos nuestra felicitación a todas las madrecitas mexicanas, y también por qué no a las de los anteriores países. Desgraciadamente, también hay que lamentar el fallecimiento de un grupo de madres de familia en el reciente drama del tren metropolitano; que Dios las tenga en su gloria y resignación a sus familiares. “En México la iniciativa fue del periodista (de Excélsior) Rafael Alducín,  quien hizo una invitación para seleccionar un día para celebrar a la madre, resultando como fecha elegida el diez de mayo que, desde 1922, conmemora a las progenitoras del país”.  Algunos famosos se han expresado sobre mayo y la estación primaveral de la siguiente manera: Tan lleno de espíritu como el mes de mayo, y tan hermoso como el sol en pleno verano. William Shakespeare Pensé que la primavera debía durar para siempre, ya que yo era joven y amada, y era mayo. Vera Brittain Mayo, más que cualquier otro mes del año, nos quiere hacer sentir vivos. Fennel Hudson La estación favorita del mundo es la primavera. Todas las cosas parecen posibles en mayo. Edwin Way Teale Viene la hermosa primavera y cuando la naturaleza reanuda su belleza, el alma humana también puede revivir. Harriet Ann Jacobs En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante y detrás de cada noche viene una aurora sonriente. Khalil Gibran Si no tuviéramos invierno, la primavera no nos resultaría tan hermosa. Anne Bradstreet La primavera es cuando la vida está en todo. Christina Rossetti El invierno está en mi cabeza pero la eterna primavera está en mi corazón. Víctor Hugo ¿Pueden las palabras describir la fragancia del mismo aliento de la primavera? Neltje Blanchan   Y por supuesto, no podíamos dejar de lado el sentir de nuestro poeta nayarita en su poema “EN PAZ”, donde en una de sus estrofas exclama: “Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!”   Finalmente, en el siguiente enlace podemos escuchar una bella canción mexicana de Manuel M. 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