Las pequeñas cosas: poesía

“Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!”.  – Gustavo Adolfo Bécquer, poeta español (1836-1870). “El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro”.  – Goethe, poeta y dramaturgo alemán (1749 – 1832). Hace...

22 de marzo, 2021

“Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!”.

 – Gustavo Adolfo Bécquer, poeta español (1836-1870).

“El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro”. 

– Goethe, poeta y dramaturgo alemán (1749 – 1832).

Hace un año solíamos leer por todas partes la triste lamentación al sentir que nos arrebataban la primavera con el confinamiento al que fuimos obligados por el brote pandémico, pero este año, parece como si el equinoccio nos anunciara una pizca de esperanza de que estamos al final y no al inicio de una angustiante época en nuestras vidas. Ayer 21 de marzo, celebramos el inicio de la estación primaveral y a la par, el día mundial de la poesía que según la UNESCO “conmemora una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz.” Así que viene bien revisar un poco al respecto.

El término poesía proviene del griego poiesis (creación) compuesta por el verbo poiein (hacer o crear) y se asocia con una raíz indoeuropea *k~ei- (hacer, construir). Platón utilizó el término inspiración para referirse a la fuente de creación del poeta como si se tratara de un don gratuito recibido. Aristóteles consideraba a la poiesis como una de las tres categorías en que dividía las actividades humanas (teoría y praxis eran las otras dos). Así que puede decirse que todo lo que la humanidad es capaz de pensar, sentir o imaginar es poesía.




En literatura, el fondo de toda obra corresponde al pensamiento y la forma es el medio de transmitirlo; en la poesía, las formas pueden apegarse a la rima y métrica como el caso del soneto o bien, sin rima ni medida, en estrofas o no, y por ello, es susceptible de escapar a toda regla. El poeta francés Arthur Rimbaud la definió como una manera especial de conocimiento, una especial visión de lo desconocido, de lo inaudito, de lo inefable.

En el México prehispánico se encuentran también reconocidos poetas y poetisas que poco conocemos. Miguel León Portilla escribe: “¿Quiénes fueron, cómo se llamaron, en qué forma vivieron los principales poetas, sabios y artistas del México antiguo? ¿… habrá que limitarse a decir que, a excepción del celebérrimo Nezahualcóyotl y de otros pocos poetas, la mayor parte de los textos deben atribuirse a antiguas escuelas de sacerdotes y sabios, responsables anónimos de esas creaciones?” (Trece poetas del mundo azteca, Universidad Nacional Autónoma de México, Serie de Cultura Náhuatl, 1984). De Macuilxochitzin, oriunda de México-Tenochtitlan, nacida hacia 1435, hija octava del celebérrimo consejero de los reyes aztecas, Tlacaélel y de la que nació el príncipe Cuauhtlapaltzin, comparto el siguiente fragmento de su Canto:

Elevo mis cantos,

Yo, Macuilxóchitl,

Con ellos alegro al Dador de la vida,

¡comience la danza!

El matlatzinca

Es tu merecimiento de gentes, señor Itzcóatl:

¡Axayacatzin, tú conquistaste

La ciudad de Tlacotépec!

Allá fueron a hacer giros tus flores,

Tus mariposas.

Con esto has causado alegría.

El matlatzinca

Está en Toluca, en Tlacotépec.

El náhuatl es el idioma de los mexicas (y otras culturas prehispánicas) del México antiguo que significa “lengua suave o dulce”. A ello obedece la belleza al escucharlo hablar, es de cierto modo parte de nuestra raíz como mexicanos y por ello es importante conocer de su existencia en especial, en conmemoración de la poesía.

En los primeros años de educación escolar, los niños tienen acceso a una serie de textos literarios, la poesía entre ellos, como una estrategia de aprendizaje que permite asimilar conceptos y desarrollar la capacidad expresiva de los niños; sin embargo, los años siguientes son desérticos para el campo poético y absurdamente se crece pensando que la poesía es aburrida, difícil de “digerir” o demasiado “cursi, romántica”. 

Crecemos ajenos a la labor poética tanto en lectura como en escritura y recuerdo que, en mis años preparatorianos, gracias a la excelente maestra de literatura hispanoamericana que tuve, amé la poesía. Fue entonces cuando pensé que la poesía debe ser materia obligada en todos los grados, debe estar presente en la publicidad, en los diarios, en las redes sociales, en los muros de las casas y en todas partes porque sí, la poesía es como la primavera: todo florece con ella y es capaz de despertar una sensibilidad particular hacia todo lo que nos rodea, nos permite conectar con la emoción y expresarla al mismo tiempo, nos devuelve el sentido humano que olvidamos en la celeridad de nuestro diario acontecer, nos regresa a la calma y la contemplación, nos inunda con una atmósfera de paz.

Mi padre solía jugar con las palabras. Para memorizarlas siempre las relacionaba entre sí y creo que adopté esa manía porque me gustan las coincidencias entre ellas, por ejemplo, palabras que empiezan con “p”: poesía, poema, promesa, Prometeo, parque, pelota, palabra, paleta, princesa, pulsación, palmera, playa y todas me llevan a pensar en positivo porque es en #laspequeñascosas que se haya la posibilidad de florecer cada día, especialmente en primavera.

Comentarios
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Don Marcelino tomó su jarrito con las dos manos, y apuró dos sorbos dejando ver que lo disfrutaba mucho; tanto como yo, que también lo estaba tomando despacio para que durara lo más posible. - Le voy a hacer una confidencia, joven Pecos, mi mujer y yo hablábamos de la forma que fuimos encontrando tantas cosas en lugares que habíamos limpiado a conciencia y que estaban totalmente vacíos. Nos preguntábamos cómo podían llegar esas cosas a habitaciones o áreas cerradas con llave. Nosotros teníamos curiosidad de saber qué podía estar escrito en las cartas, las tarjetas postales y los diarios, y sabíamos que necesariamente habría ahí  buena parte de la historia de la casa y de sus dueños.  La vida se queda suspendida en los retratos y también en las cosas que uno escribe, en los objetos personales, en los sitios donde se ha vivido y más, si se ha vivido intensamente. Nunca había yo oído a Don Marcelino hablar de esa forma; siempre había yo pensado (y con razón) que era un hombre sensible e inteligente; alguien a quien no se le escapaban los detalles. Escuchándolo hablar así, disfrutaba doblemente; su conversación y el café de olla que era un perfecto acompañamiento. - Sé que le he dicho que la casa tiene vida, pero vida  impregnada de  nostalgia; el verla tan hermosa pero casi totalmente vacía, descuidada y sin sus dueños hace que uno imagine sus  mejores tiempos y lamente que hayan pasado de esta forma. Una vez más, siento que muchas respuestas deben estar en esas dos cajas de cartón y tal vez en otros rincones de la casa, como su baldosa, ya ve usted. Si usted se sentía atraído por Los Olvidos estando muy lejos y a pesar del tiempo transcurrido terminó llegando hasta la puerta pidiendo entrar, imagínese nosotros que viviendo aquí, percibimos la fuerza de la casa hasta imaginarla en sus tiempos de esplendor. Cuando usted vino la primera vez, mi mujer me preguntó quién era. Aun cuando nadie antes que usted había venido aquí a pedir que los dejáramos pasar para conocer la casa, siempre tuvimos la idea de que alguien llegaría alguna vez como usted llegó. La vez que yendo por el jardín encontró usted marcada la fecha de su nacimiento en una de las baldosas del caminito,  le dije a mi mujer y su comentario me sorprendió sinceramente. - ¡Ah caray!, ¿pues qué le  comentó? - Se va usted a sorprender. - ¿Qué le dijo su señora? - Mi señora me dijo: ¿te acuerdas que te lo  dije? Al decirme ésto, Don Marcelino me sonrió con afecto y picardía. Saboreaba mi reacción y su café de olla. - ¿Eso le dijo nada más? - Eso dijo para comenzar. Luego dijo que siempre había tenido curiosidad por la fecha grabada en aquella baldosa, y también me dijo que para ella, todo lo que fue guardando cuidadosamente en las dos cajas, tendría que ver con esa inscripción, y por eso cuando usted llegó pidiendo permiso para entrar, a ella lejos de sorprenderla, le pareció algo que tenía que pasar. Yo no sé quién haya grabado esa fecha ahí, pero sí puedo decirle esto: La respuesta a todas estas dudas, tiene que estar en esas cajas; todo lo que está escrito en esos diarios y en las cartas, no era para nosotros. Algunas veces llegamos a comentar que alguien tendría que leer todo eso; no podíamos imaginar que todos esos mensajes se perdieran como hojarasca al viento, o terminaran en la basura sin que las leyera quien tenía que leerlos. Joven Pecos, usted no vino aquí por curiosidad; creo que usted no sabía a qué había venido,  pero  sí  sabía que tenía que venir; ahora puede  usted  descubrir por qué.  ¿Puedo hacerle una pregunta, joven? - Claro que sí, Don Marcelino. - ¿Qué fue lo que vio en el  jardín aquella vez que llegué retrasado  y lo encontré en el corredor allá arriba? - Mientras lo esperaba en el corredor, estaba recargado en la barandilla mirando hacia el palmar sin poner especial atención en nada. De pronto escuché un sonido como de pasos sobre las hojas secas que había en el jardín, y vi a una joven caminando por el palmar, llevaba un vestido blanco y el cabello largo, un poco más  abajo  de los hombros. En ese momento llegó usted llamándome, ¡y lo echó todo a perder! Don Marcelino no esperaba que le dijera yo eso, y puso cara de sorpresa, sin saber cómo reaccionar. - ¡Es broma, Don Marcelino! Lo que pasa es que al mirar nuevamente hacia el jardín, la joven ya no estaba, y yo quería haber visto su cara; sus ojos. Pero entonces usted me dijo que no había nadie más que usted y su familia y que me había yo imaginado a la  chica. - No, joven, es cierto que le dije que estábamos mi familia y yo y que no había invitados, pero no le dije que se la había usted imaginado. Se nos había pasado el tiempo muy rápido, y Don Marcelino amablemente me dijo que tenía que hacer algunas cosas. - ¿Va a ir al mirador a seguir revisando las cosas? - Sí, Don Marcelino, ¿y sabe qué?  Si no le importa, por ahora no me quisiera llevar las cajas; preferiría seguir leyendo los diarios y ver las fotos aquí mismo; creo que es lo mejor, aunque no sé  decirle por qué. - No hay problema, joven Pecos, ya le dije que usted puede venir todas las veces que quiera... - Gracias, Don Marcelino, entonces nos vemos al ratito, y gracias por el café.  - Ándele joven, yo aquí voy a andar si se le ofrece algo. 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Don Marcelino tomó su jarrito con las dos manos, y apuró dos sorbos dejando ver que lo disfrutaba mucho; tanto como yo, que también lo estaba tomando despacio para que durara lo más posible. - Le voy a hacer una confidencia, joven Pecos, mi mujer y yo hablábamos de la forma que fuimos encontrando tantas cosas en lugares que habíamos limpiado a conciencia y que estaban totalmente vacíos. Nos preguntábamos cómo podían llegar esas cosas a habitaciones o áreas cerradas con llave. Nosotros teníamos curiosidad de saber qué podía estar escrito en las cartas, las tarjetas postales y los diarios, y sabíamos que necesariamente habría ahí  buena parte de la historia de la casa y de sus dueños.  La vida se queda suspendida en los retratos y también en las cosas que uno escribe, en los objetos personales, en los sitios donde se ha vivido y más, si se ha vivido intensamente. 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Cuando usted vino la primera vez, mi mujer me preguntó quién era. Aun cuando nadie antes que usted había venido aquí a pedir que los dejáramos pasar para conocer la casa, siempre tuvimos la idea de que alguien llegaría alguna vez como usted llegó. La vez que yendo por el jardín encontró usted marcada la fecha de su nacimiento en una de las baldosas del caminito,  le dije a mi mujer y su comentario me sorprendió sinceramente. - ¡Ah caray!, ¿pues qué le  comentó? - Se va usted a sorprender. - ¿Qué le dijo su señora? - Mi señora me dijo: ¿te acuerdas que te lo  dije? Al decirme ésto, Don Marcelino me sonrió con afecto y picardía. Saboreaba mi reacción y su café de olla. - ¿Eso le dijo nada más? - Eso dijo para comenzar. Luego dijo que siempre había tenido curiosidad por la fecha grabada en aquella baldosa, y también me dijo que para ella, todo lo que fue guardando cuidadosamente en las dos cajas, tendría que ver con esa inscripción, y por eso cuando usted llegó pidiendo permiso para entrar, a ella lejos de sorprenderla, le pareció algo que tenía que pasar. Yo no sé quién haya grabado esa fecha ahí, pero sí puedo decirle esto: La respuesta a todas estas dudas, tiene que estar en esas cajas; todo lo que está escrito en esos diarios y en las cartas, no era para nosotros. Algunas veces llegamos a comentar que alguien tendría que leer todo eso; no podíamos imaginar que todos esos mensajes se perdieran como hojarasca al viento, o terminaran en la basura sin que las leyera quien tenía que leerlos. Joven Pecos, usted no vino aquí por curiosidad; creo que usted no sabía a qué había venido,  pero  sí  sabía que tenía que venir; ahora puede  usted  descubrir por qué.  ¿Puedo hacerle una pregunta, joven? - Claro que sí, Don Marcelino. - ¿Qué fue lo que vio en el  jardín aquella vez que llegué retrasado  y lo encontré en el corredor allá arriba? - Mientras lo esperaba en el corredor, estaba recargado en la barandilla mirando hacia el palmar sin poner especial atención en nada. De pronto escuché un sonido como de pasos sobre las hojas secas que había en el jardín, y vi a una joven caminando por el palmar, llevaba un vestido blanco y el cabello largo, un poco más  abajo  de los hombros. En ese momento llegó usted llamándome, ¡y lo echó todo a perder! Don Marcelino no esperaba que le dijera yo eso, y puso cara de sorpresa, sin saber cómo reaccionar. - ¡Es broma, Don Marcelino! Lo que pasa es que al mirar nuevamente hacia el jardín, la joven ya no estaba, y yo quería haber visto su cara; sus ojos. Pero entonces usted me dijo que no había nadie más que usted y su familia y que me había yo imaginado a la  chica. - No, joven, es cierto que le dije que estábamos mi familia y yo y que no había invitados, pero no le dije que se la había usted imaginado. Se nos había pasado el tiempo muy rápido, y Don Marcelino amablemente me dijo que tenía que hacer algunas cosas. - ¿Va a ir al mirador a seguir revisando las cosas? - Sí, Don Marcelino, ¿y sabe qué?  Si no le importa, por ahora no me quisiera llevar las cajas; preferiría seguir leyendo los diarios y ver las fotos aquí mismo; creo que es lo mejor, aunque no sé  decirle por qué. - No hay problema, joven Pecos, ya le dije que usted puede venir todas las veces que quiera... - Gracias, Don Marcelino, entonces nos vemos al ratito, y gracias por el café.  - Ándele joven, yo aquí voy a andar si se le ofrece algo. En camino al mirador me detuve en el corredor para ver el palmar, el cerro de la Pinzona se veía claramente; lo fui recorriendo con la vista hasta que pude localizar la casa Ralph; al verla desde aquí, imaginé si ella alguna vez se habría detenido en este mismo punto mirando hacia allá; qué habría estado pensando; qué habría estado sintiendo…" ["post_title"]=> string(22) "Los Olvidos - Parte 30" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "los-olvidos-parte-30" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-21 09:09:44" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-21 14:09:44" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64305" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(16) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "9146ec3a7375fe5b0038c24d7435ab7c" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
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