Vivir de expectativas

Dentro de la filosofía budista y el Mindfulness, el poder aceptar la vida y las cosas como se nos presentan y no de la forma como nos gustaría, es fundamental para no caer en falsas expectativas.

15 de agosto, 2022 Vivir de expectativas

Durante nuestro día a día vivimos corriendo, haciendo mil cosas diferentes, queriendo ganarle la corrida al reloj, siempre con prisa. Y nuestra mente no es diferente, nuestros pensamientos vienen y van de un lugar a otro, estos con la capacidad de ir del pasado al futuro en un abrir y cerrar de ojos. Cuando menos nos damos cuenta nuestra mente está totalmente descontrolada, pasamos de la realidad a la irrealidad o de repente está llena de expectativas o como se dice muchas veces: soñamos despiertos.

No quiere decir que soñar con algo, o que tengamos un objetivo y que hagamos todo lo posible por alcanzarlo sea malo, al contrario, si no tuviéramos objetivos, nuestra vida no tendría ningún sentido.

El problema es cuando vivimos fuera de la realidad, cuando nuestros pensamientos nos controlan y tenemos pensamientos recurrentes u obsesivos “pensamientos rumiativos” en determinado aspecto; cuando somos secuestrados por nuestros pensamientos y emociones.

Cuando nuestra mente está totalmente descontrolada y damos rienda suelta a nuestros pensamientos e imaginación, es justo ahí que podemos perdernos entre la realidad y la fantasía, empezamos a crear historias en nuestra cabeza que única y exclusivamente existen en nuestra mente y nada más. Es cuando empezamos a vivir de expectativas de cualquier tipo: amorosas, profesionales o personales.

“Los seres humanos tenemos la capacidad de planear o imaginar en nuestra mente y después responder como si fueran estímulos reales. La imaginación no es neutral desde un punto de vista fisiológico: las fantasías pueden activar los sistemas fisiológicos y producir respuestas.

Los recuerdos emocionales y condicionamientos nos empujan a reaccionar rápidamente ante ciertas cosas, de forma que antes de ser conscientes de la situación que se presenta, el cuerpo reacciona y las emociones nos invaden, apoderándose de nuestros pensamientos y comportamientos, pudiéndose expresar en conductas reactivas”.

Nuestros fantasmas empiezan a salir y a llevarnos por rumbos nada agradables: empezamos a crear historia en nuestra cabeza, que después de tanto imaginarlas, las vemos y sentimos como reales:

  • Una persona que teme que lo despidan de su trabajo porque piensa que no le cae bien a su jefe, sin ningún fundamento.
  • Una mujer/un hombre que muere de celos por su pareja y se imagina que lo está traicionando con su amigo porque se vieron de una manera diferente.
  • La obsesión de alcanzar algún objetivo y solo se vive para eso sin importar nada más.
  • – Etc…

Lo peor es que todo esto solo existe en nuestra mente y muchas veces si existe un tercero dentro de nuestras fantasías, ni siquiera está enterado, ni se imagina que él o ella sea la causa de nuestro sufrimiento o de nuestras expectativas.

“Podemos aprender a estar atentos a las emociones y pensamientos en cuanto surgen, y a descubrir sus vínculos con nuestros recuerdos y condicionamientos emocionales. Dándonos cuenta y observando lo que ocurre en nuestro interior, evitamos ser capturados por ello. Al ser conscientes de cómo somos secuestrados por las preocupaciones internas, podemos calmar y reducir los bucles que retroalimentan la supuesta amenaza y la mantienen, que es la repetición de pensamientos reiterados a los que llamamos “pensamiento rumiativo”. Así podemos elegir otro tipo de respuestas: se trata de entrenar la mente de manera que nos permita afrontar, convivir y fluir con las realidades de la vida, sean las que sean”.

Dentro de la filosofía budista y el Mindfulness, el poder aceptar la vida y las cosas como se nos presentan y no de la forma como nos gustaría, es fundamental para no crear falsas expectativas en nuestras vidas. La meditación es una herramienta muy poderosa para entrenar nuestra mente y poder tener una verdadera paz mental.

Referencias:

Material del curso Mindfulness Transpersonal, Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, Madrid, España, 2018.

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George Sand (1804 – 1876).  Al parecer, todo encuentra respuesta en la mitología y en las civilizaciones griegas y romanas; las estaciones del año no son una excepción y ya que estamos en la antesala del equinoccio de otoño, les diré que Vertumno (de origen etrusco) es una divinidad romana que personifica la noción del cambio (sí, ese del que tantos huyen por miedo o por inadaptación), de la mutación de la naturaleza entre una estación y otra.  Durante el otoño, los árboles se desprenden de sus verdes follajes convertidos en amarillentas hojas que van cayendo poco a poco, las temperaturas empiezan a descender y el cambio está presente para ir creando el espacio para la pausa obligada que llega con el invierno. El otoño es el inicio de un ciclo que culmina con el verano y a nivel personal, nos acerca al recuento de los daños de lo que ha sido nuestro año, de lo que resta por hacer y de lo que anhelamos para el próximo (aunque este tiempo pandémico nos ha dejado casi sin esperanzas).  Otoño es también, el tiempo de las cosechas, por lo que se le relaciona con una fuerte conexión espiritual y simbólica para las personas pues la naturaleza nos enseña: a soltar para dar lugar a lo nuevo y aprender a cerrar ciclos, nos prepara para la llegada del frío invierno, nos permite agradecer lo que tenemos producto de nuestro esfuerzo y disfrutar cada día de todo cuanto nos rodea. Así que el otoño es una gran lección de vida si se le quiere ver así y si nos permitimos hacer una pausa y darle un sentido metafórico y simbólico a un momento que llama a la introspección y al balance pero además, nos muestra que el cambio es la única constante de la vida, nos enfrenta a ello y nos demuestra que toda época tiene su propósito como parte del gran ciclo de la vida. Vivaldi compuso Las cuatro estaciones es su obra más conocida e inusual para la época, publicó los conciertos con unos poemas de acompañamiento. Para el otoño escribió:  “Allegro Celebra el rústico, con bailes y cantos La feliz vendimia y el alegre placer Y del licor de Baco encendidos tantos, Acaban con sueño su gozo. Adagio molto Hace cada uno saltos y bailes y cantos El aire que templado da placer, Y la estación que invita a tantos De un dulcísimo sueño al bello gozo. Allegro Cazador que al alba sale a la caza con cuernos, escopetas y jaurías salen fuera Huye la fiera, y la rastrean; Ya sorprendida, y agotada por el gran ruido de escopetas y perros, herida amenaza, Lánguida, con huir, pero abrumada muere”. La música, es el mejor medio para conectar con nosotros mismos y es un lenguaje universal en tanto que nos mueve a la acción, nos emociona, nos exalta y nos transporta a un mejor estado de ánimo. El otoño y la música son la mejor manera de detenerse a disfrutar de #laspequeñascosas de la vida, esas que cada día son menos y que es más difícil encontrar en el andar diario porque esta vida tiene más velocidad y menos calidad cada vez, pero aquí nos tocó vivir. A manera de colofón: confieso que detesto los simulacros por su relación directa con el recuerdo de la pésima experiencia del sismo del 85 y del 2017, año en que fui colapsada por el mayor sismo emocional en la historia de mi vida  pero además, esa imitación de un suceso real que sirve como medida de prevención me parece por demás absurda para una ciudad en la que el tránsito impide la agilidad del traslado de ambulancias o equipos de protección civil, una ciudad que no respeta las medidas de prevención con banquetas reducidas por el comercio ambulante, una ciudad que ya no descansa y en la que no queda tiempo para prevenir antes que lamentar. Año tras año se realiza el simulacro nacional más como un mero trámite que como un verdadero acto de contrición que nos motive a reforzar medidas de seguridad, a equipar y capacitar a empresas, instituciones, negocios y ciudadanos para una mejor respuesta ante la contingencia real. 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