QUISE SER MAESTRO Y FUI ALUMNO

Una breve reflexión de vida sobre lo que significa ser padre y amar.

16 de noviembre, 2021

 Pienso muchas veces que no te he expresado el gran amor que te tengo. Los pequeños detalles los dejo pasar sin pensar que éstos  son los más importantes en la manifestación del amor. 

 Olvido decirte te amo y lo mucho que mueves mi mundo desde que llegaste. Siempre estás en mi mente. Mis pensamientos no se mueven sin que tú estés presente, aunque sé que a veces necesitas que exprese lo importante que eres para mí con ese brazo que no te he dado, el beso que ha faltado para saber que cuentas conmigo.

Así es. Tal vez no te he tratado como debería y deba darle más importancia a los pequeños detalles. Pero quiero que sepas que, desde que te tomé en mis brazos por primera vez y sentí tu pequeño cuerpo llorando por primera vez al ver la luz de la vida, mi sentir hacia el mundo dio un gran giro en ese momento. Todo tenía sentido al ver el fruto del amor, el milagro de la creación. Mis ojos no pudieron contener las lágrimas de la emoción y ese sentimiento de amor que sale del pecho sin poder frenarlo te cargaba con emoción, pero con mucha ternura para no estrujarte demasiado.y

He visto tu primer día de escuela, no puedo olvidar lo mucho que te gustó. Yo, emocionado como niño con juguete nuevo, corría a la salida a verte y escuchar tus anécdotas.

 ¿Sabes? Te quiero decir que estos años he aprendido mucho de ti; me has enseñado a conseguir el pan de cada día, a superarme como persona para darte un buen ejemplo a seguir, a tener el más grande compromiso de ser cada instante un mejor padre, esposo y también a ser un buen hijo y entender a mis propios padres. Me he olvidado de las cosas superfluas para enfocarme en las que engrandecen al ser humano. Me has enseñado a luchar por darte un apellido limpio y un buen ejemplo para que no te avergüences de mí porque sé que eso te dará seguridad en tu desarrollo.

 Cuando me ves en compañía de la soledad y el silencio es porque estoy pensando en ti, en lo que ha sido es y serás, también en lo que fui y ahora soy. Reflexiono en lo que necesito enseñarte para que avances  por tu propio camino y sepas abrir brecha donde no existe… Pero  al final, el alumno soy yo. Soy el que va aprendiendo sobre la marcha a disfrutar lo que deja huella, el aprender a amar sin fronteras ni condición. 

 Cuánto me has enseñado de la vida, hija mía. Doy gracias por tenerte y por darme la oportunidad de ser tu padre. Y me alegra de tener tiempo para darnos ese abrazo y ese beso que nos negamos y escuchar esas palabras de amor que nos llenan el alma; seguimos juntos para disfrutar del tiempo que está por delante.

También me has enseñado que nunca es tarde para amar mientras tengamos vida. Sé que tus errores son los míos, pues eres una página en blanco y yo escribo sobre ella. Ahora trataré de escribir el mejor de los poemas y la mejor historia de aventura que nadie jamás haya vivido, llena de emociones, alegrías, enojos… Así llegaremos hasta el  final.

 

 “ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”

 

  

 

Comentarios
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Si en plena pandemia experimentamos la ruptura de una relación amorosa, el panorama se torna más que desolador. Pero tranquilo, nada es tan terrible y siempre se puede salir del bache. La frase “todo depende del cristal con se mire”, es cierta. No digo que alejarnos de alguien a quien amamos no sea duro, todo lo contrario, el corazón se estruja, sentimos que nuestro mundo se derrumba y creemos ciegamente que jamás volveremos a experimentar felicidad. Pero esto también es una falacia. Otra vez, todo depende de cómo afrontemos la situación. Lo que experimentamos con cierta persona es sólo una experiencia más. Adivinar lo que hay en la cabeza del otro o juzgar sus acciones sólo nos conducirá a sentirnos como objetos que pueden ser desechados en cualquier momento. ¿Qué habré hecho mal?, ¿habrá encontrado a alguien mejor que yo?, ¿será que debo modificar mi conducta? Todas son preguntas que en algún momento de la vida nos hemos hecho, por lo menos una vez. Entre más pensamos en ello más nos enredamos y nos sentimos culpables. Pero no, no lo somos, tampoco la otra persona. Es más sano pensar que la manera de actuar de la otra persona tiene que ver sólo con esa persona, con sus creencias y todo lo que ha aprendido y absorbido a lo largo de su vida. Pensar de esta manera nos ayudará a sentir que somos nosotros quienes controlamos la situación y no al revés, también nos llevará a tener claridad mental. Independientemente de lo sucedido somos seres humanos valiosos y ese valor proviene de nuestro interior y no de la aceptación o aprobación de los demás. Por más dolorosa que sea esta experiencia podemos verlo como una oportunidad para trabajar en lo que nos hace falta mejorar, y no como algo que nos daña o nos etiqueta ([email protected], [email protected], solterona, [email protected], [email protected], etc.). 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No es posible dar a otros lo que no nos auto-brindamos. Como dice Tomás Navarro en su libro Kintsukuroi, el arte de curar heridas emocionales, “nunca renunciemos a vivir, el dolor, por muy profundo que sea siempre es temporal, y siempre, después de la más oscuras de las noches, siempre sale el sol”. El autor también plantea que nunca regalemos nuestra vida, sólo hay que compartirla. Nuestra vida y nuestro corazón son nuestros. Desde luego que podemos compartir lo que hay en ese órgano que late fuerte, pero también debemos asegurarnos de que siempre permanezca con nosotros pues sólo nosotros sabemos cómo cuidarlo y lo que necesita. Como dice la psiquiatra española Marián Rojas Estapé, la felicidad no tiene que ver con lo que nos sucede sino con la manera en la que lo interpretamos. Recordemos que la vida es cambio y si queremos ser felices tenemos que aceptar esta idea e incorporarla de la mejor manera a nuestra vida.  Receta para brindar alivio Lo primero es identificar cosas y situaciones que nos generen bienestar. Hay que anotarlo en papelitos y guárdalos en una cajita. Cada vez que sintamos que el corazón se nos estruja saquemos un papelito y hagamos lo que dice, desde beber algo calientito, leer un libro, andar en bicicleta o comer nuestro postre favorito hasta practicar la escritura terapéutica, dibujar, tocar un instrumento, etc. A cada quien le hace feliz y le motiva algo.  Una recomendación que hago es no beber alcohol mientras pienses que estás triste, la idea de tener una botella de tequila mientras escuchamos canciones de José José o José Alfredo Jiménez es buena para el guión de alguna novela o película, pero jamás para sentirnos bien y recomponernos.    No corras, enfréntalo. No se trata de rechazar lo que sentimos, al contrario. 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