¡Que paren el mundo!… 

Los “químicos de la felicidad” y cómo nos ayudan en el confinamiento No cabe duda de que cuanto más avanza el tiempo de confinamiento, más fuerte se ha vuelto el deseo de niños, jóvenes y adultos de...

25 de septiembre, 2020

Los “químicos de la felicidad” y cómo nos ayudan en el confinamiento

No cabe duda de que cuanto más avanza el tiempo de confinamiento, más fuerte se ha vuelto el deseo de niños, jóvenes y adultos de abrir puertas y ventanas y gritar a todo pulmón la frase que el siempre sapiente Quino inmortalizó en la voz de Mafalda alguna vez y que hoy nos queda “como anillo al dedo”: 

“¡¡¡Paren el mundo que me quiero bajar!!!”.

Y esto no es de extrañar porque invariablemente pasamos de la negación a la ira, de la depresión a la resignación, de la frustración a la aceptación; combinación fatal si se adereza con matices de burnout sin remedio, euforia pasajera y lágrimas inesperadas, adornada, para rematar con los irrefrenables pensamientos que aparecen de pronto y nos llevan a debatirnos entre el “Yo sí me estoy cuidando”, el “Ya hay que vernos, ¿no?” y el “Yo creo que ya lo tuve”…

Serenidad para aceptar, valor para cambiar, sabiduría para diferenciar

En medio de esta maraña de sentimientos, emociones e ideas, pero sobre todo, de inevitables realidades, lo cierto es que ninguno de nosotros tenemos el poder de erradicar la enfermedad, de suspender el confinamiento o de hacer que nuestros trabajos, la educación de nuestros hijos o la cotidianeidad a la que estábamos acostumbrados regresen a la “normalidad” que alguna vez tuvieron. De más está decir que tampoco podemos parar el mundo para bajarnos…




Por fortuna, lo que sí podemos controlar es la actitud con la que nos enfrentamos a esto o lo bien informados que estemos para tomar medidas y las estrategias que apliquemos en beneficio de nuestra salud de una manera integral. 

¿Mente sana en cuerpo sano? Los neurotransmisores y su papel protagónico en tiempos de pandemia

Nunca como hoy, encontrar un equilibrio entre la salud física y la salud mental había sido tan importante. Más que eso, en estos momentos es trascendental.

De acuerdo con la neurociencia, las emociones (reguladas por los neurotransmisores que produce el cerebro) están directamente relacionadas con nuestros pensamientos, esto quiere decir que si generamos pensamientos positivos nuestro cuerpo generará mayor cantidad de neurotransmisores positivos (dopamina, serotonina, oxitocina, endorfinas, etc.), los cuales incidirán directamente en nuestros centros de placer. De igual forma, al tener pensamientos o ideas negativas, dichos neurotransmisores disminuirán y se producirán otros relacionados con la ansiedad, el miedo, la depresión, el cansancio, etc. De ahí los cambios de humor inesperados, los altibajos entre la angustia y la esperanza o los ires y venires entre la apatía y los estados maniacos que de pronto se han apoderado de nosotros.

La buena noticia es entonces que si “todo es cuestión de química cerebral”, aunque no tengamos el poder de controlar muchas cosas, sí estamos en posición de modificar la manera en la que se comporta nuestro cuerpo y por tanto, nuestras emociones.

La “fórmula de la felicidad”: Estrategias para generar más neurotransmisores positivos

Lo primero que hay que tener en cuenta es que todo cambio requiere de decisión, voluntad, perseverancia y disciplina, por lo que un factor clave será repetir las siguientes estrategias tanto como podamos y convertirlas en hábitos para lograr el éxito:

“QUÍMICOS DE LA FELICIDAD”
PARA GENERAR: ESTRATEGIAS
DOPAMINA
  • Establecer y cumplir objetivos
  • Comer bien
  • Realizar actividades de autocuidado
  • Dormir lo suficiente
  • Hacer ejercicio
  • Celebrar nuestros logros y los de los demás
OXITOCINA
  • Jugar con una mascota
  • Abrazar a otros
  • Jugar con niños pequeños
  • Tomar la mano de alguien
  • Generar pensamientos y palabras positivas
  • Realizar actos de generosidad
SEROTONINA
  • Meditar
  • Correr
  • Tomar el sol
  • Disfrutar de la naturaleza
  • Nadar
  • Agradecer
  • Evocar buenos recuerdos
ENDORFINAS
  • Reír
  • Bailar
  • Cantar
  • Practicar nuestros hobbies favoritos
  • Comer chocolate amargo
  • Usar aceites esenciales
  • Ver o leer cosas graciosas
  • Hacer ejercicio

Convertir la felicidad en nuestra “nueva normalidad”

Un niño feliz es un niño que aprende y un adulto feliz es un adulto productivo.

Poner en práctica estas estrategias nos ayudará a generar neurotransmisores que se traduzcan en emociones positivas, activando nuestra química cerebral, poniendo en funcionamiento la de todo el cuerpo y creando una especie de “red de conciencia celular” que nos permita fortalecernos a todos los niveles.

Quizá nos falte un largo trecho por recorrer para poder decir que superamos esta crisis, pero lejos de sentarnos a esperar a que termine, nuestra obligación es actuar para que cada instante valga la pena, para que cada día sea el más importante y para que la felicidad no se encuentre al final del camino, sino que sea parte del camino y nos lleve a salir de esto más sanos, más fuertes y más preparados para ayudar a quienes aún no se hayan dado cuenta de que la vida se trata de ser felices hoy.

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