¿Qué es vivir en Atención Plena?

Sobre el Mindfulness hay muchos mitos. Muy pocos saben cómo alcanzarlo y ponerlo en práctica. Maribel Rodríguez Pacheco, especialista en Mindfulness, aclara en qué consiste.  

23 de mayo, 2022

Actualmente hablar de Mindfulness (Atención Plena) o de meditación está muy de moda o por lo menos es lo que veo por todas partes, en las redes sociales, revistas, blogs, programas de televisión y en muchos otros lugares; cualquiera se siente especialista en el tema o meditador dando algunos “consejos” o publicando algunas lives sobre el tema.

El Mindfulness no es una mera teoría, una práctica o una meditación, es una forma de vida, un compromiso, un desafío al intentar vivir en Atención Plena en todo momento, en cada actividad cotidiana, en cada uno de nuestros pensamientos, emociones y sensaciones. Todo esto sin juicios, aceptando las cosas como son y no como nos gustaría que fueran. Y esto no quiere decir que sea conformismo, sino que aprendamos a aceptar tanto las cosas buenas o malas que se nos presentan en el transcurso de nuestras vidas, ya que muchas veces no podemos cambiarlas, solo nos resta ver su mejor cara y aprender que toda fase buena o mala, así como empieza, termina… Todo es impermanente. Aquí entra una parte importante dentro de la filosofía budista que dice: “El sufrimiento existe. El apego aumenta el sufrimiento. El desapego cesa el sufrimiento”. 

¿Qué es vivir en Atención Plena?

Es Vivir en el aquí y ahora sin vivir enganchados por aquel pasado que nos persigue ya sea por la añoranza de aquellos bellos momentos o por el sufrimiento de aquellas malas experiencias; es también el aprender a no aferrarnos a nuestro futuro, que es incierto y que no existe en este momento, por el cual la mayoría de las veces dedicamos todo nuestro esfuerzo para alcanzarlo… y nos olvidamos de vivir nuestro presente, el aquí y ahora. Me gusta mucho la frase de mi maestro de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal: “De repente nos damos cuenta que la vida pasó por nosotros y no nosotros por la vida”.

¿Es fácil vivir en Atención Plena?

Intentar vivir en Atención Plena es dificilísimo, pues estamos tan acostumbrados a vivir con tantos automatismos, literalmente vivimos con el “piloto automático”, la mayor parte de las cosas que hacemos las hacemos de una forma inconsciente, sin pensar, como cuando hacemos todas nuestras actividades cotidianas: bañarnos, cepillarnos los dientes, manejar hasta nuestro trabajo o a cualquier lugar, comer, nuestras actividades laborales cuando ya las dominamos, etc.  La propuesta aquí es aprender a tener una “mente de principiante”, aprender a hacer todo como si fuera la primera vez en nuestra vida.

El Mindfulness es un entrenamiento de la mente, es una práctica diaria y en todo momento, en cada actividad cotidiana, por eso es tan difícil vivir en Atención Plena, pues no estamos acostumbrados a entrenar nuestra mente. Hacemos todo rápidamente pues siempre estamos con prisa, intentando ganarle al reloj unas horas para poder ocuparnos en más cosas o cumplir con nuestros objetivos de ese día.

Vamos perdiendo el encanto por los detalles, las cosas más sencillas, los olores, los sabores, los árboles que nos rodean, las flores, el mar, el agua, que solo al abrir la llave la tenemos en nuestras casas.

Vamos perdiendo el encanto de la vida y todo aquello que nos proporciona. Estamos acostumbrados a vivir de esta manera, viviendo del pasado y angustiados por el futuro, olvidándonos de nuestro presente que es todo lo que tenemos.

Te invito a que seamos más conscientes de todo lo que hacemos, a parar para pensar y responder y no solo a reaccionar. Te invito a que veamos la vida desde otra perspectiva.

La siguiente es una práctica muy simple que te ayudará en tu día a día cuando te sientas sofocado por alguna emoción o muy estresado.

La práctica del STOP:

Se trata de decirte interiormente ¡STOP! y llevar a cabo lo que la palabra indica:

S = Stop, me detengo… (En inglés stop)

T = Tomo aire, respiro… (Take a breath)

O = Observo… cuerpo, pensamientos, emociones… 

P = Prosigo con lo que estaba, continúo desde la consciencia (Proceed)

Escuela Española de Desarrollo Transpersonal

 

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extrema ansiedad por “no perderse de nada de lo que sucede en las redes sociales”. Además de constituir un grave riesgo psicológico, se ha convertido también en un fenómeno social que altera el ritmo “sano” de la vida de adultos jóvenes (generalmente, entre los 25 y los 45), pero principalmente de los adolescentes, quienes se encuentran aún en la búsqueda y construcción de una identidad propia. Las causas Desde que las redes sociales forman parte de nuestras vidas, diversas actitudes, comportamientos, hábitos, conductas y, lo más importante, aspectos esenciales de nuestra salud psicológica, se han visto influenciados, modificados y, en el peor de los casos, afectados por la interacción, demanda y reconocimiento que supone el mero hecho de ser parte de ellas. 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  • Baja autoestima, altos niveles de insatisfacción social, inseguridad personal, habilidades comunicativas poco desarrolladas (todo esto aun cuando parezca contradictorio, dada la falsa autoimagen “atractiva e ideal” presentada en las redes). 
  • Gran ansiedad de estar al tanto, en todo momento, de qué hacen los contactos a los que se sigue y quienes lo siguen, ver qué hacen, que dicen, a dónde han ido y comprobar si han dejado likes o mensajes (aún en los casos en que dichas acciones ni siquiera demandan una respuesta).
  • Angustia extrema por responder de inmediato, por la creencia de que, de no hacerlo, se perderá cosas importantes y quedará fuera de la conversación.
  • Incapacidad de apagar o dejar lejos el teléfono móvil (esto último reconocido también, oficialmente, como otro trastorno psicológico denominado nomofobia).
  • Presencia de otros síndromes, como el de la alerta o llamada fantasma, que consiste en percibir sonidos ilusorios, que se cree salen del móvil, como la notificación sonora de un mensajes o likes, combinado después con la desilusión de descubrir que no hay nada nuevo en el teléfono.
  • Más allá del deseo natural de “pertenecer”, verdadero pánico de ser excluido socialmente.
  • Inversión excesiva del tiempo que se pasa en las redes sociales.
  • Necesidad constante de mostrar lo que hace o piensa (a dónde va, qué come, qué ropa usa, qué le sucedió, etc.).
  • Comportamientos y actitudes compulsivas, obsesivas e incontrolables para evitar, a toda costa, estar offline.
  • Aceptación de todas las solicitudes de amistad recibidas, así como para todas las fiestas y eventos, por temor a perderse de algo o sentirse excluido.
  • Pérdida de la capacidad de “vivir el momento” porque todo el tiempo “deben” tomar fotografías o grabar videos para poder compartir sus “experiencias” de manera inmediata.
  • Malhumor, enojo, irritabilidad y aislamiento como consecuencia de los reclamos o reproches de familia o amigos (mejor me encierro para poder seguir conectado y no perderme de nada). En los entornos laborales esto puede llevar, incluso, a la pérdida del empleo.
  • Desarrollo de distorsiones cognitivas que provocan la pérdida del sentido de realidad, deteriorando la visión crítica de lo que es realmente ficción o un hecho relativo en un contexto mucho más amplio, desconocido, que el que aparece en la pantalla.
  • Sensación (o certeza) de que todos los demás son más atractivos, tienen vidas más interesantes o felices que la propia.
  • Pérdida o alteración de los ciclos de sueño y horarios de alimentación, para poder permanecer online.
  • Desarrollo de ideas erróneas en cuanto a la formación de vínculos y el apego  (se cree que se tienen vínculos más íntimos con los contactos o “amigos virtuales” de lo que realmente son).
  • En los casos más graves: ansiedad incontrolable, depresión profunda, estrés (con manifestaciones físicas y psicológicas) aislamiento (físico) total, violencia física, verbal y psicológica, e ideas o consumación de un suicidio.
Las soluciones Aunque, como todo lo referente a la mente humana, cada caso tendrá sus particularidades propias, algunas de las estrategias que podemos utilizar para apoyar a nuestros hijos son:
  • Ayudarlos a darse cuenta de que lo presentado en las redes es sólo una interpretación (e inclusive, una distorsión) de la realidad, a partir de las propias experiencias que ellos publican (comparando su realidad con lo que postean, por ejemplo).
  • Involucrarlos, tanto como sea posible, en actividades que les ayuden a vivir en el aquí y el ahora (paseos, juegos o actividades varias en familia, leer, ver películas, pasear a las mascotas, etc.).
  • Mostrarles la importancia de dar prioridad a las personas.
  • Reducir, gradualmente, la utilización de smartphones, tablets, computadoras o cualquier otro dispositivo con internet.
  • Plantear metas que deban cumplir a corto plazo y con fechas límite: proyectos personales, tareas de casa, metas familiares comunes, etc.
  • Establecer horarios u ocasiones familiares “sin internet o dispositivos” (que deben aplicarse a todos los integrantes de la familia).
  • Enseñarles, con límites amorosos y razonables, a tolerar la frustración.
  • Mostrar el valor de tomar decisiones y asumir consecuencias.
  • De ser necesario, buscar ayuda de profesionales en el campo.
“Ni tanto que queme al santo…” No se trata de satanizar a las redes, ni mucho menos a la tecnología, sino de enseñar a nuestros hijos, tan tempranamente como podamos que todos los excesos acarrean consecuencias negativas, que estas herramientas deben estar a su servicio y no al revés y, lo más importante que la clave del bienestar es encontrar un equilibrio adecuado entre todos los aspectos que integran la vida de un ser humano. Por ello, y como en muchos otros temas que nos preocupan como padres y docentes, la clave se encuentra en brindar a los niños una educación de calidad, que, al tiempo que se preocupe por desarrollar la inteligencia, brinde una verdadera formación socioemocional que les permita autoconocerse, autorregularse y sentirse seguros de su identidad, sus talentos y sus capacidades. 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Hay días en que no ocurre nada o que simplemente la creatividad está de vacaciones. Uno de esos días ocurrieron esta semana porque soy una simple mortal a quien se le descompone el refrigerador, la regadera del baño y el boiler como cualquier ciudadana que habita en un condominio exclase mediero con más tintas de convertirse en sucursal de barrio bajo que de prosperar y regresar a sus buenos tiempos. Ocurre también que vivimos tiempos violentos y de incertidumbre en medio de una pandemia que no cesa y que cada día trae nuevos retos y variantes y estadísticas y datos como en una espiral sin fin, mientras que los ciudadanos nos debatimos entre conseguir el sustento diario, seguir adelante y cuidar de la salud; todo, en una sola exhibición (como dicen los contadores) y sin garantía de nada, porque lo único seguro es que los precios van a la alza mientras nuestros bolsillos se vacían velozmente y de una forma que nunca antes me tocó vivir.  Dicen los que saben que vienen tiempos más catastróficos económicamente hablando. Como no soy experta, no me toca juzgar si es verdad o falso, pero lo que veo, escucho, percibo y vivo cada día es que el ambiente está enrarecido, los maleantes se pasean a la luz del día, los delitos se cometen públicamente, los políticos hacen show cada día en las cámaras de diputados y senadores (por cierto, hoy en día ser político está entre las profesiones con mala reputación, pero esa es otra historia), las grandes empresas siguen ofreciendo productos innecesarios a los consumidores, las escuelas siguen trabajando en formato híbrido al igual que algunas empresas, los burócratas lo son cada vez más y en resumen. Me parece que no necesitamos igualarnos a Venezuela, Chile o Cuba porque ya vivimos en la decadencia social y personal entre personas cada vez más enojadas, frustradas o ambiciosas peleando por el poder y/o el dinero porque tenemos la falsa idea de que es la máxima aspiración del ser humano. Si lo anterior no fuera cierto, este espacio no existiría como una propuesta para expresarse, reflexionar, opinar e invitar a crearse un criterio propio, labor fundamental para crear conciencia entre la población, porque la vida es más que nacer, crecer, reproducirse y morir; eso lo realizan las plantas de forma magistral y el reino animal. Es nuestro deber hacer algo más con el respiro que damos al nacer. Me persigue la idea de que la vida es un ratito y se debe disfrutar al máximo aun frente a la crisis y el desaliento porque hemos visto partir seres queridos a lo largo de dos años, personas extraordinarias que han perecido en la lucha contra el mortal virus que nos aqueja. La vida es un ratito y estamos perdiendo la oportunidad de generar un barbecho (sistema de cultivo que consiste en dejar de sembrar la tierra periódicamente para que se regenere) en nuestras vidas. Descansar, regenerarse del impacto de una cruel y despiadada pandemia que no da tregua pero que nos ha golpeado de múltiples de formas, dañando no solo nuestra salud física sino también la salud mental y estamos cansados, hartos, hastiados, frustrados y sin esperanzas, porque no hay para dónde moverse y si el movimiento no es posible hay que buscar otras formas de movimiento como la flexibilidad del pensamiento para encontrar #laspequeñascosas que le dan sentido y sustento a la vida más allá de la fertilidad que todo terreno debe tener. Las pausas son necesarias en tanto nos ayudan a reconstruirlo todo de forma interna y externa.  A manera de colofón. Hemos corrido creyendo que podíamos retomar nuestras vidas, lo cierto es que nada es igual y que vale la pena replantearse los pasos a seguir en medio de una guerra que no es sólo bélica sino mental y de actitud porque vivimos peleados con un montón de cosas que vienen del exterior y que no podemos controlar. La pandemia es una amenaza, conviene buscar nuestras fortalezas y oportunidades para seguir adelante, siempre adelante o, como escribió Albert Camus: “En lo profundo del invierno finalmente aprendí que dentro de mí había un verano invencible”. Aprovechemos el verano que estamos viviendo.  " ["post_title"]=> string(30) "Las pequeñas cosas | Barbecho" ["post_excerpt"]=> string(118) "Me persigue la idea de que la vida es un ratito y se debe disfrutar al máximo aun frente a la crisis y el desaliento." 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“Ni tanto que queme al santo…” No se trata de satanizar a las redes, ni mucho menos a la tecnología, sino de enseñar a nuestros hijos, tan tempranamente como podamos que todos los excesos acarrean consecuencias negativas, que estas herramientas deben estar a su servicio y no al revés y, lo más importante que la clave del bienestar es encontrar un equilibrio adecuado entre todos los aspectos que integran la vida de un ser humano. Por ello, y como en muchos otros temas que nos preocupan como padres y docentes, la clave se encuentra en brindar a los niños una educación de calidad, que, al tiempo que se preocupe por desarrollar la inteligencia, brinde una verdadera formación socioemocional que les permita autoconocerse, autorregularse y sentirse seguros de su identidad, sus talentos y sus capacidades. Visita nuestra página y descubre por qué el Modelo Mazenod, al integrar en equilibrio todos los aspectos académicos, tecnológicos y humanos que demanda el mundo del siglo XXI, ¡es la mejor opción educativa para tu familia!" ["post_title"]=> string(57) "Sindrome de FOMO: ¿está afectando la vida de mis hijos?" ["post_excerpt"]=> string(136) "Alejandra Ruiz Sánchez explica los riesgos de las redes sociales y los trastornos que pueden ocasionarnos cuando no se modera su uso. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(52) "sindrome-de-fomo-esta-afectando-la-vida-de-mis-hijos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-06-27 09:18:56" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-06-27 14:18:56" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=80272" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(12) ["max_num_pages"]=> float(6) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "6aeb08770b74b1ae865afa4601dafb8f" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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