¿Cuál es tu color favorito? ¿Qué comida prefieres comer? ¿Quién es tu mejor amiga o amigo? ¿Qué te gusta jugar? ¿Cuál es tu actividad favorita?
Preguntas básicas y esenciales que nos permiten hablar de nosotros mismos con los demás, que nos identifican, aunque a lo largo de nuestra vida vayan cambiando. Preguntas que las infancias no tienen tan claras porque viven bajo la influencia de las redes sociales en un contexto en el que la inteligencia artificial se ha convertido en la niñera oficial, algo así como la “Robotina” del personaje de Ricky Ricón pero menos doméstica y más virtual y enajenante.
El día del niño es especial para mí no solo por mi condición de madre, sino porque es la fecha que enmarca mi aniversario como colaboradora de este espacio (11 años desde entonces) y porque año con año, se vuelve más urgente crear políticas públicas que favorezcan a las infancias, no con actividades “lúdicas”, no con conciertos gratis, no con uniformes gratuitos, no con incentivos económicos sino con acciones que les permitan acceder a las artes, las ciencias y el deporte para ir construyendo un pensamiento crítico e independiente y además, potencializar los talentos naturales con los que todos nacemos y que perdemos entre hamburguesas, pizzas, refrescos y dulces porque la mercadotecnia hace lo suyo y encuentra en el sector infantil una ganancia de pescadores para todo tipo de “chunches” que los papás compran ya no como regalo sino por culpa, aunque esa, es otra historia.
Esta semana celebramos el Día de las Infancias (en términos de equidad de género) y la deuda con ellas es abismal todavía, porque sin votos, no hay interés gubernamental genuino que alcance para beneficiarlos de verdad.
Abrazar, besar, cantar, jugar, sonreír, alimentar, acompañar, escuchar, mirar, tocar y conectar deberían ser los obsequios de cada día para niñas y niños no sólo en México, sino en todo el mundo; sin embargo, todavía crecen en medio de guerra, violencia, desigualdad, pobreza y analfabetismo, señal de que algo estamos haciendo muy mal como sociedad y a nadie, parece importarle.
¡Nos leemos a la próxima!
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