Las pequeñas cosas: maternitas

“La maternidad ha cambiado, como la vida misma de las mujeres que arribamos a la contemporaneidad.”  – Ileana Medina / Periodista cubana (1973) Soy hija de madre soltera, el sándwich entre dos varones (aunque en realidad siempre...

10 de mayo, 2021

“La maternidad ha cambiado, como la vida misma de las mujeres que arribamos a la contemporaneidad.” 

– Ileana Medina / Periodista cubana (1973)

Soy hija de madre soltera, el sándwich entre dos varones (aunque en realidad siempre digo que soy el jamón porque es la parte sustancial del emparedado) y si mi padre no hubiera… quizá mi madre habría… entonces yo sería… pero honestamente no me inquieta los “hubieras” porque son meras suposiciones y me gusta la vida que tengo y la que tuve en la infancia.  Aunque he visitado cantidad de veces el diván del psicoanálisis, no sufro depresión ni tengo pensamientos autodestructivos, sino que tengo corazón de pollo y todavía sigo aprendiendo entre el mar de emociones que a menudo se convierten en tsunami, pero que una vez pasada la tormenta llega la calma y todo vuelve al orden acostumbrado.

Soy madre de tiempo completo de un niño de casi siete años: el jefe más demandante que he tenido en mi vida, sin derecho a vacaciones ni pausas por fin de semana o días festivos y estuve a su entera disposición durante los nueve meses del embarazo porque el proceso fue de alto riesgo y fue necesario guardar reposo, dejar la vida laboral y construir una nueva vida en todos los sentidos, lo cual no fue fácil.

La maternidad tiene múltiples aristas, no se limita al modelo de los personajes que representó en su época Marga López (actriz nacionalizada mexicana, 1924 – 1950) pero tampoco se acota al estereotipo que Martha Debayle convirtió en marca, porque la maternidad es un proceso natural de la vida y como tal, no tiene fórmulas ni atajos, no tiene nada que ver con el glamour y no llega con fecha de caducidad.

La reflexión en torno a la maternidad es reciente a nivel mundial y en México, estamos en pañales. Mi principal pensamiento cuando me supe embarazada se enfocaba justo en tratar de entender cómo ejercer la maternidad en tiempos de inmediatez. Recuerdo que veía otras mujeres embarazadas ir y venir con total naturalidad, como si el embarazo fuera similar a tener un resfriado o jaqueca y el entorno era aún más confuso porque en los pocos recorridos que hice tanto a pie como en transporte público a nadie parecía importarle una mujer embarazada como yo, así que el tema rondaba por mi cabeza mientras que afuera, el mundo albergaba una mujer más en proceso de gestación de una nueva vida.

Y ocurrió que me volqué en los libros, en Internet y no exagero al decir que ocho años después sigo aprendiendo y recibiendo material nuevo: las madres en España manifestándose por el pronto regreso a clases en plena pandemia y sin los protocolos necesarios; las madres usando el hashtag #SialaLactancia después de que en el Museo Soumaya le pidieran abandonar el recinto a una madre mientras amamantaba; las madres escribiendo sobre su experiencia durante la pandemia y el enorme reto de combinar el trabajo con la escuela de los hijos, la atención del hogar, entre otras tareas; las madres pidiendo mayor tiempo para las licencias por maternidad; las ministras que se presentan con sus bebés en brazos y todas tienen un común denominador: defienden a sus crías y su derecho a la maternidad, el respeto a su espacio y a hacer tribu (como lo llaman ahora).

El término maternidad (del latín maternitas = estado, condición, calidad o cualidad de madre) no existió en la Europa Occidental hasta el siglo IX, pero se aplicaba únicamente como sinónimo de tierra nativa y no fue sino hasta la Edad Media que se empezó a definir la maternidad tal y como la entendemos actualmente (De la historia de la maternidad, Cira Crespo). 

Este breve espacio y la mercadotecnia que pone reflectores si y solo si en las efemérides señaladas por el calendario no son suficientes para desmenuzar un tema tan complejo como lo es la maternidad, en 2005 publiqué el libro autobiográfico Yo, Mamá (Ed. Acribus) cuyo objetivo fue invitar a la reflexión y dar una nueva mirada en una era inundada de convencionalismos y estereotipos en tanto raíces de nuestra sociedad. Porque es en el rol materno donde se siembran las semillas de #laspequeñascosas de la vida, esas que no ocupan las columnas de ocho en los diarios ni son tendencia en redes sociales, pero que sustentan la existencia misma, igual que las hormonas que se alteran antes, durante y después del proceso de gestación. La maternidad no es miel sobre hojuelas, el sufrimiento materno es latente en muchos ámbitos, las voces de millones de madres han sido ignoradas o calladas, el derecho a la libre maternidad no es moda ni opcional, las madres que trabajan son tanto o más comprometidas que los hombres. Y sí, madre solo hay una (aunque yo tengo dos). Seguiré escribiendo sobre maternidad hasta que ser madre, emprendedora, mujer y empoderada sea una experiencia de vida integral y no sinónimo de renuncia a la realización personal, porque las mamás movemos al mundo y además, tenemos radar.

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  • Baja autoestima, altos niveles de insatisfacción social, inseguridad personal, habilidades comunicativas poco desarrolladas (todo esto aun cuando parezca contradictorio, dada la falsa autoimagen “atractiva e ideal” presentada en las redes). 
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  • Angustia extrema por responder de inmediato, por la creencia de que, de no hacerlo, se perderá cosas importantes y quedará fuera de la conversación.
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  • Más allá del deseo natural de “pertenecer”, verdadero pánico de ser excluido socialmente.
  • Inversión excesiva del tiempo que se pasa en las redes sociales.
  • Necesidad constante de mostrar lo que hace o piensa (a dónde va, qué come, qué ropa usa, qué le sucedió, etc.).
  • Comportamientos y actitudes compulsivas, obsesivas e incontrolables para evitar, a toda costa, estar offline.
  • Aceptación de todas las solicitudes de amistad recibidas, así como para todas las fiestas y eventos, por temor a perderse de algo o sentirse excluido.
  • Pérdida de la capacidad de “vivir el momento” porque todo el tiempo “deben” tomar fotografías o grabar videos para poder compartir sus “experiencias” de manera inmediata.
  • Malhumor, enojo, irritabilidad y aislamiento como consecuencia de los reclamos o reproches de familia o amigos (mejor me encierro para poder seguir conectado y no perderme de nada). En los entornos laborales esto puede llevar, incluso, a la pérdida del empleo.
  • Desarrollo de distorsiones cognitivas que provocan la pérdida del sentido de realidad, deteriorando la visión crítica de lo que es realmente ficción o un hecho relativo en un contexto mucho más amplio, desconocido, que el que aparece en la pantalla.
  • Sensación (o certeza) de que todos los demás son más atractivos, tienen vidas más interesantes o felices que la propia.
  • Pérdida o alteración de los ciclos de sueño y horarios de alimentación, para poder permanecer online.
  • Desarrollo de ideas erróneas en cuanto a la formación de vínculos y el apego  (se cree que se tienen vínculos más íntimos con los contactos o “amigos virtuales” de lo que realmente son).
  • En los casos más graves: ansiedad incontrolable, depresión profunda, estrés (con manifestaciones físicas y psicológicas) aislamiento (físico) total, violencia física, verbal y psicológica, e ideas o consumación de un suicidio.
Las soluciones Aunque, como todo lo referente a la mente humana, cada caso tendrá sus particularidades propias, algunas de las estrategias que podemos utilizar para apoyar a nuestros hijos son:
  • Ayudarlos a darse cuenta de que lo presentado en las redes es sólo una interpretación (e inclusive, una distorsión) de la realidad, a partir de las propias experiencias que ellos publican (comparando su realidad con lo que postean, por ejemplo).
  • Involucrarlos, tanto como sea posible, en actividades que les ayuden a vivir en el aquí y el ahora (paseos, juegos o actividades varias en familia, leer, ver películas, pasear a las mascotas, etc.).
  • Mostrarles la importancia de dar prioridad a las personas.
  • Reducir, gradualmente, la utilización de smartphones, tablets, computadoras o cualquier otro dispositivo con internet.
  • Plantear metas que deban cumplir a corto plazo y con fechas límite: proyectos personales, tareas de casa, metas familiares comunes, etc.
  • Establecer horarios u ocasiones familiares “sin internet o dispositivos” (que deben aplicarse a todos los integrantes de la familia).
  • Enseñarles, con límites amorosos y razonables, a tolerar la frustración.
  • Mostrar el valor de tomar decisiones y asumir consecuencias.
  • De ser necesario, buscar ayuda de profesionales en el campo.
“Ni tanto que queme al santo…” No se trata de satanizar a las redes, ni mucho menos a la tecnología, sino de enseñar a nuestros hijos, tan tempranamente como podamos que todos los excesos acarrean consecuencias negativas, que estas herramientas deben estar a su servicio y no al revés y, lo más importante que la clave del bienestar es encontrar un equilibrio adecuado entre todos los aspectos que integran la vida de un ser humano. Por ello, y como en muchos otros temas que nos preocupan como padres y docentes, la clave se encuentra en brindar a los niños una educación de calidad, que, al tiempo que se preocupe por desarrollar la inteligencia, brinde una verdadera formación socioemocional que les permita autoconocerse, autorregularse y sentirse seguros de su identidad, sus talentos y sus capacidades. 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Actualmente las investigaciones científicas han mostrado que el estrés ha afectado a gran parte de la población mundial, incluyendo niños, adolescentes y adultos de todos los estratos sociales y económicos. La OMS estima que el estrés afecta casi al 90% de la población mundial. Un alto porcentaje de trabajadores padece algún tipo de estrés laboral. El ritmo frenético en el que vivimos, trabajando, haciendo mil cosas a la vez para “aprovechar” el día al máximo sin derecho a pausas o un tiempo libre porque sentimos que al hacerlo estamos perdiendo tiempo, pues tiempo es dinero, y no recordamos que el tiempo es lo más valioso que tenemos y que se nos escapa de las manos en un abrir y cerrar de ojos. Esta forma de vida nos ha llevado a descuidar nuestro cuerpo, salud, familia, amigos, diversión y muchas otras cosas y en compensación son frecuentes los dolores de cabeza, musculares, de espalda, exceso de peso, insomnio, diabetes, problemas cardiacos y un sinfín de otros problemas. Al final ¿qué es el estrés? “En realidad el estrés es una reacción innata del organismo cuando tiene que hacer frente a una situación que pone en jaque el equilibrio entre la demanda percibida y los recursos disponibles”. Es un constructo psicológico que significa cansancio físico y mental, el cual produce una reacción en el organismo, funciona como un mecanismo de defensa y responde ante la situación amenazante. ¿Sabías que existe Estrés Positivo y Estrés Negativo?  Estrés Positivo El eustrés, también conocido como “estrés positivo”, es el que provoca que mantengamos nuestra mente abierta y activa. Está relacionado con la tensión interior necesaria para conseguir objetivos, para permanecer activos y creativos, para cambiar. Estrés Negativo El distrés o estrés negativo, cuando se vuelve crónico, se genera un desequilibrio y malestar a nivel físico, mental y emocional, con altísimos costes para el bienestar general y la calidad de vida de la persona, que llega a afectar a su rendimiento y sus relaciones. Hay 3 fases que desencadenan la respuesta del estrés: Fase de alarma- Ante la percepción de un peligro potencial se produce una reacción de alarma durante la cual el cuerpo responde incluso sin que seamos conscientes de ello. Fase de resistencia o adaptación- En ella el organismo intenta superar, adaptarse o afrontar lo que percibe como una amenaza. Fase de agotamiento- Ocurre cuando la agresión se repite con frecuencia o es de larga duración, y cuando los recursos de la persona para conseguir un nivel de adaptación no son suficientes. ¿Cómo librarnos del estrés? La práctica de Mindfulness (Atención Plena en el momento presente) nos ayuda a reconocer los agentes estresantes reales, y una vez sabiendo cuáles son, podemos entrenarnos para poder responder conscientemente en vez de reaccionar en forma automática:
  • De esta forma podremos detectar los signos de tensión de nuestro cuerpo antes de conocer la razón o el origen de ellos. 
  • Al practicar el Mindfulness sentimos que vivimos más plenamente, apreciamos el momento presente y facilitamos la aparición de estados de ánimo positivos incompatibles con el estrés.
  • Entrenarnos en la respiración consciente puede llegar a ser una de las destrezas más importantes para mantener la salud y aprender a reducir el estrés en cualquier circunstancia
Consejos Mindfulness contra el estrés:
  • No saltes automáticamente de la cama apenas suene el despertador. Tómate unos minutos para hacer un breve chequeo consciente de tu cuerpo.
  • Advierte mientras te bañas o arreglas si tu mente está pensando, organizando o preparándose para el día que le aguarda. Si es así tráela de nuevo al momento presente.
  • Camina de forma pausada cuando salgas. Conecta con tu cuerpo, advierte la presencia de cualquier tensión y trata de relajarla.
  • Descubre el valor de la pausa en tus actividades diarias y laborales. Haz una sola cosa a la vez, para poder estar presente realmente en ella.
  • No te apresures por llegar a casa cuanto antes. No te dejes engañar por la sensación de que disfrutarás cuando llegues: ahora es el momento de disfrutar. Solo existe “ahora”.
  • Antes de irte a la cama, revisa cómo está tu cuerpo fijándote en las tensiones que adviertas.
Nada de esto es una fórmula milagrosa, el Mindfulness es un entrenamiento constante de la mente, y como todo, requiere práctica constante, dedicación y tiempo para poder ver los resultados y aprender a vivir plenamente en el aquí y ahora; soltando el pasado, aceptando el presente como es, sin juicios y acogiendo nuestro futuro de acuerdo con lo que cosechamos hoy. ¡Te invito a practicarlo para librarte del estrés! Referencias: Material del curso Mindfulness Transpersonal, Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, Madrid, España, 2018." ["post_title"]=> string(30) "¿Cómo librarnos del estrés?" ["post_excerpt"]=> string(164) "El ritmo vertiginoso de la vida diaria propicia que el estrés nos afecte de manera crónica. Por ello tenemos que aprender a controlar nuestro nivel de estrés. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(25) "como-librarnos-del-estres" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-06-20 09:30:52" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-06-20 14:30:52" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=80032" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17965 (24) { ["ID"]=> int(80272) ["post_author"]=> string(2) "81" ["post_date"]=> string(19) "2022-06-27 09:18:56" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-06-27 14:18:56" ["post_content"]=> string(11528) "Por sus siglas en inglés (Fear Of Missing Out), el hoy tan famoso Síndrome de FOMO, consistente en una extrema ansiedad por “no perderse de nada de lo que sucede en las redes sociales”. Además de constituir un grave riesgo psicológico, se ha convertido también en un fenómeno social que altera el ritmo “sano” de la vida de adultos jóvenes (generalmente, entre los 25 y los 45), pero principalmente de los adolescentes, quienes se encuentran aún en la búsqueda y construcción de una identidad propia. Las causas Desde que las redes sociales forman parte de nuestras vidas, diversas actitudes, comportamientos, hábitos, conductas y, lo más importante, aspectos esenciales de nuestra salud psicológica, se han visto influenciados, modificados y, en el peor de los casos, afectados por la interacción, demanda y reconocimiento que supone el mero hecho de ser parte de ellas. Es aquí donde el “Miedo a perderse de algo” toma un rol protagónico para el bienestar psicológico de nuestros adolescentes y jóvenes, ya que quienes padecen FOMO viven eternamente pendientes de sus dispositivos y temen, con gran ansiedad, perderse de cualquier comentario, like, post, video, live, trending topic, o similar en Instagram Facebook, TikTok, Whatsapp, Snapchat, Twitter o cualquier otra red social de la que formen parte. De esta forma, ese mundo cibernético al que accedimos, inicialmente con la intención de hacer amigos, divertirnos, informarnos, comunicarnos, estar al día o trabajar, va convirtiéndose en una “pequeña prisión infernal” que, de acuerdo con los especialistas, puede llevarnos a desarrollar diversos trastornos psicológicos y/o mentales.  En el caso de los adolescentes y según un estudio realizado por la agencia de publicidad multinacional JWT, aproximadamente el 40% de los encuestados reportó experimentar intranquilidad, angustia, miedo o ansiedad, con frecuencia o de vez en cuando; cifra que los expertos pronostican irá en aumento si no se toman cartas en el asunto. Los síntomas Además de la imperiosa necesidad de estar conectados permanentemente a los dispositivos electrónicos (incluso en comidas, trabajo o escuela, al manejar, en el baño o al “dormir”) y contar con internet activo, quien padece de FOMO manifiesta, entre otros síntomas:
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Las soluciones Aunque, como todo lo referente a la mente humana, cada caso tendrá sus particularidades propias, algunas de las estrategias que podemos utilizar para apoyar a nuestros hijos son:
  • Ayudarlos a darse cuenta de que lo presentado en las redes es sólo una interpretación (e inclusive, una distorsión) de la realidad, a partir de las propias experiencias que ellos publican (comparando su realidad con lo que postean, por ejemplo).
  • Involucrarlos, tanto como sea posible, en actividades que les ayuden a vivir en el aquí y el ahora (paseos, juegos o actividades varias en familia, leer, ver películas, pasear a las mascotas, etc.).
  • Mostrarles la importancia de dar prioridad a las personas.
  • Reducir, gradualmente, la utilización de smartphones, tablets, computadoras o cualquier otro dispositivo con internet.
  • Plantear metas que deban cumplir a corto plazo y con fechas límite: proyectos personales, tareas de casa, metas familiares comunes, etc.
  • Establecer horarios u ocasiones familiares “sin internet o dispositivos” (que deben aplicarse a todos los integrantes de la familia).
  • Enseñarles, con límites amorosos y razonables, a tolerar la frustración.
  • Mostrar el valor de tomar decisiones y asumir consecuencias.
  • De ser necesario, buscar ayuda de profesionales en el campo.
“Ni tanto que queme al santo…” No se trata de satanizar a las redes, ni mucho menos a la tecnología, sino de enseñar a nuestros hijos, tan tempranamente como podamos que todos los excesos acarrean consecuencias negativas, que estas herramientas deben estar a su servicio y no al revés y, lo más importante que la clave del bienestar es encontrar un equilibrio adecuado entre todos los aspectos que integran la vida de un ser humano. Por ello, y como en muchos otros temas que nos preocupan como padres y docentes, la clave se encuentra en brindar a los niños una educación de calidad, que, al tiempo que se preocupe por desarrollar la inteligencia, brinde una verdadera formación socioemocional que les permita autoconocerse, autorregularse y sentirse seguros de su identidad, sus talentos y sus capacidades. Visita nuestra página y descubre por qué el Modelo Mazenod, al integrar en equilibrio todos los aspectos académicos, tecnológicos y humanos que demanda el mundo del siglo XXI, ¡es la mejor opción educativa para tu familia!" ["post_title"]=> string(57) "Sindrome de FOMO: ¿está afectando la vida de mis hijos?" ["post_excerpt"]=> string(136) "Alejandra Ruiz Sánchez explica los riesgos de las redes sociales y los trastornos que pueden ocasionarnos cuando no se modera su uso. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(52) "sindrome-de-fomo-esta-afectando-la-vida-de-mis-hijos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-06-27 09:18:56" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-06-27 14:18:56" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=80272" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(14) ["max_num_pages"]=> float(7) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "d63ad73e88ccd9685ede29ede6b893a7" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Sindrome de FOMO: ¿está afectando la vida de mis hijos?

Alejandra Ruiz Sánchez explica los riesgos de las redes sociales y los trastornos que pueden ocasionarnos cuando no se modera su uso.

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