AMLO y la suerte del campeón

«La suerte de la fea, la bonita la desea.» Proverbio popular

8 de junio, 2018

«La suerte de la fea, la bonita la desea.» Proverbio popular

Para ganar un Mundial de Futbol no basta ser el mejor. Como dice la canción, se necesita «un poquito de gracia y otra cosita». Los expertos en deportes lo llaman «la suerte del campeón». En efecto, hay que llegar muy mentalizado a la competencia, hacer las cosas lo mejor posible, coger racha y, en el momento final, asestar el golpe maestro que liquide al rival. Puede que en un partido el equipo contrario haya reventado tres veces los postes de nuestra portería, pero si no entra la pelota, no hay gol. Campeón sin suerte no es campeón.

Voy a comentar, a manera de ejemplo, cuatro defectos que los tres principales contendientes tienen, para que vea usted cómo dichos defectos sólo afectan a Ricardo Anaya y a José Antonio Meade; lejos de dañar a AMLO, lo catapultan al estrellato, y por eso pienso que AMLO tiene en este momento la suerte del campeón. Todo le está saliendo bien.

Primer ejemplo: personajes que tienen alguna cuenta pendiente con la justicia. Los hay en todos los partidos. Es verdad que debe prevalecer la presunción de inocencia, y que mientras no exista una sentencia condenatoria que constituya cosa juzgada, en estricto sentido no podríamos decir que alguien es culpable de algún delito. Vaya, ni siquiera un Javier Duarte, que ya es decir mucho. Morena incluye en su lista de candidatos plurinominales a Napoleón Gómez Urrutia, acusado de desviar más de 50 millones de dólares del Sindicato Minero; y a Nestora Salgado, acusada ni más ni menos que del delito de secuestro. Es verdad que no hay sentencia definitiva en ninguno de los dos casos, así que, técnicamente, los dos son, al día de hoy, inocentes. ¿Cuántos puntos ha perdido Morena por estas postulaciones? Ninguno. Al contrario: casi todas las encuestas señalan que desde que se dieron a conocer oficialmente las candidaturas de estos personajes, AMLO ha ganado puntos y cada vez se despega más de sus adversarios. ¿Cómo es esto posible? Es la suerte del campeón. En cambio, el mismo Anaya ha sido acusado de lavado de dinero, y con la misma lógica habría que presumir su inocencia en tanto no exista una sentencia condenatoria –ni siquiera hay un proceso: no hay nada–. No obstante, para los simpatizantes de Morena y del PRI, Anaya es culpable. López Obrador le asestó un golpe, si no maestro, sí memorable –en cuanto que será una de las anécdotas que más se recordarán de esta campaña– en el segundo debate cuando, al acercársele Anaya dijo que iba a cuidar su cartera. Ahora sabemos que la PGR actuó facciosamente, lo cual es muy grave, sin tener pruebas ni un caso sólido contra Anaya: todo fue un montaje para sacarlo de la competencia. ¿Qué sucedió? Que el golpe ha sido muy efectivo, tanto que Anaya, al día de hoy, no ha podido cerrar la brecha que lo separa de AMLO. Del PRI ni hablemos: Meade se ha indignado tanto con el asunto de Nestora y ha centrado el discurso de su campaña diciendo que en su gobierno los criminales irán a la cárcel, no al Congreso, pero los senadores del PRI bloquearon la iniciativa aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados para quitar el fuero a todos los funcionarios, incluido el presidente. Así que si Napoleón Gómez Urrutia y Nestora Salgado van a tener fuero, eso es gracias al PRI. Y por si todo esto fuera poco, el PRI tiene en su lista de plurinominales a Rubén Moreira. El hecho de tener entre sus candidatos plurinominales a personajes como René Juárez, Carlos Aceves, Osorio Chong, Eruviel Ávila, etcétera –que no es que sean criminales, pero la gente no los ve con buenos ojos–, quita más puntos al PRI que los puntos que pudiera haber perdido Morena por postular a Napoleón y a Nestora. Al contrario: la coalición Juntos haremos Historia ha ganado puntos.

Segundo ejemplo: propuestas populistas. Una de las principales críticas a López Obrador es que va a regalar dinero. Sus adversarios una y otra vez han dicho que sus propuestas asistencialistas, populistas, son inviables y van a quebrar al país, en concreto la beca-dádiva-pensión-estímulo-soborno, como le quiera usted llamar, que daría mensualmente a unos tres millones de jóvenes. Lejos de que estas críticas le quiten puntos, lo tienen en un indiscutible primer lugar. Ahora bien, en un intento que empieza a parecer desesperado, sus adversarios también han planteado regalar dinero. Meade ha propuesto que en cuanto llegue al gobierno duplicará la pensión de los adultos mayores y Anaya ofrece bajar el precio de la gasolina y garantizar una renta básica universal. O sea, Anaya y Mead también proponen regalar dinero. A fin de cuentas, todos ofrecen lo mismo, todos sacan a relucir propuestas populistas, sólo que a AMLO sí le funciona y a los demás no.

Tercer ejemplo: hay políticos de todas las corrientes y partidos en cualquiera de las tres coaliciones. A AMLO y a Morena se les reprocha la actitud de aceptar a cualquiera en sus filas. Casi todos los morenistas o son expriístas, expanistas o experredistas. Meade y Anaya han intentado asestar a AMLO un golpe por esta causa, pero la verdad es que Morena sigue creciendo en intención de votos. En el fondo todos los partidos adolecen de lo mismo. Para empezar, la coalición Por México al Frente está integrada por el PAN (derecha), lo que queda del PRD (izquierda), que es muy poco, y Movimiento Ciudadano (izquierda), cuyo fundador, Dante Delgado, fue priísta y gobernador siendo priísta. Hay varios personajes encumbrados del PAN que antes eran militantes del PRI: Miguel Ángel Yunes, Carlos Joaquín, Moreno Valle, etcétera. Hay priístas en todos lados, ya no digamos los de Morena: Bartlett, Monreal, Esteban Moctezuma y el mismísimo AMLO. Pero algo pasa, a ojos de millones que aman a AMLO, que llegando a Morena cualquiera, por malo que haya sido, se redime. AMLO es como el Cordero de Dios: quita los pecados del mundo.

Cuarto ejemplo: los partidos políticos y el sistema mexicano de partidos, está en el descrédito y sumido en una crisis. La gente ya no cree en los partidos. Desde que inició la alternancia en 2000, las expectativas de los mexicanos han sido defraudadas. La democracia falló, los partidos fallaron. El mismo Anaya lo ha dicho: cuando el PAN llegó al poder, si priizó, es decir, adoptó los defectos y malas prácticas del sistema, y lejos de ser un detonador del cambio, el PAN llegó a una zona de confort. Por eso la gente que simpatiza con AMLO no ve mucha diferencia entre el PRI y el PAN. Y he aquí de nuevo la suerte del campeón: lo que es un defecto en todos los demás, en Morena aparece como una virtud. Morena también es un partido; un partido que nació de la escisión del PRD, y éste a su vez nació de la escisión del PRI. El origen priísta de Morena es manifiesto. Sin embargo, AMLO ha sido lo suficientemente hábil para deslindarse del PRI, de los partidos y del sistema. Ha hecho que la gente perciba a Morena no tanto como un partido, sino como un movimiento. Un movimiento es algo mucho más grande que un partido. Sus seguidores lo creen a pie juntillas. Esta ha sido una estrategia maestra de AMLO: el Movimiento de Regeneración Nacional; no un partido político, sino algo mucho más importante y trascendente; no un partido político como los demás, sino un movimiento nacional que acabará y erradicará el actual sistema de opresión y de explotación, un movimiento que acabará con la corrupción y la violencia en que nos tienen sumidos los partidos tradicionales. Cuando se compara a AMLO con Trump no es tanto por la estridencia, sino por el hecho de que ambos personajes tuvieron la claridad y la inteligencia para deslindarse del sistema de partidos. Por eso AMLO aparece casi como un mesías ante los ojos de sus seguidores; y sus seguidores, que se sienten y se asumen como parte del movimiento, están dispuestos a defenderlo a capa y espada. Y claro que Morena es un partido; tan partido como el PAN, el PRD o el PRI, y por tanto, parte del sistema corrupto. Hay corruptos en todos los partidos, sin embargo cuando llegan a Morena alcanzan redención, porque el movimiento los limpia y los hace buenos. El mérito de AMLO es que él es el primero en ser austero, todo lo contrario a las excentricidades de un Peña Nieto o los lujos que es capaz de brindarse Ricardo Anaya. Pero también Meade es austero; ah, pero es del PRI y no vale. La austeridad sólo le funciona a AMLO.

Podría seguir con muchos ejemplos más de cómo una actitud o postura que es asumida por todos los candidatos, fortalece a AMLO y debilita a los demás; de cómo un defecto común no afecta a Morena pero causa estragos en los demás. Y la cereza del pastel es el asunto del Estadio Azteca. No cabe duda que AMLO es el político más hábil de los últimos treinta años, y para millones de mexicanos también el más carismático. Fíjese usted que el Gobierno de la CDMX le negó el Zócalo para el cierre de su campaña, aduciendo el “Zocafut” –hágame usted favor– y pensando que con eso le causaría un gran revés. Pero, ¡pummm! AMLO reviró con un golpe maestro: el cierre de su campaña será en el Estadio Azteca. Sí, escuchó usted bien: el Estadio Azteca, cuyo propietario es Televisa. Los del Gobierno de la CDMX se han de estar sintiendo mal ahora mismo: en el Zócalo caben unas 50 mil personas; en el Estadio Azteca, más de 100 mil; y no sólo será un cierre normal de campaña, sino todo un festival cultural, una gran fiesta de la victoria y de la democracia, como dicen los organizadores. Ya ni el Papa. La cobertura mediática a gran escala está garantizada. ¿Qué van a hacer los otros candidatos para sus cierres? Hagan lo que hagan, ya les comieron el mandado.

Hay que reconocerlo: aunque no compartamos las ideas de AMLO, no podemos negar que ahora todo le está saliendo bien. Como en el futbol, existe eso que se llama la suerte del campeón.

A menos que algo totalmente fuera de lo común suceda, es altamente probable que AMLO gane la elección. El devenir de nuestra nación es tan irónico que, hoy por hoy, votar por el PRI equivale a votar por López Obrador –por aquello del voto útil, quiero decir–. Ojalá se tratara de un Mundial de Futbol y todo fuera como eso, pero no: estamos decidiendo el futuro de nuestro país y, debo decirlo, a mi entender el cuerpo de propuestas de AMLO, lejos de convertir a México en una potencia, pueden dañarlo muy severamente. Tal vez estoy equivocado y las políticas que promueve resultan ser un éxito (ojalá); pero no veo cómo la receta del populismo pueda generar progreso y bienestar en nuestro país.

Todo indica que AMLO podría ganar el 1 de julio, pero siempre hay que tener en mente que a veces del plato a la boca se cae la sopa.

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