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Algunas recomendaciones literarias

¿Qué leer? ¿A quién leer? ¿Qué leer? ¿A quién leer? Son las típicas preguntas que nos hacemos cuando queremos comenzar el periplo fantástico de la literatura. Está comenzando diciembre y se aproximan las compras navideñas, pero en...

3 de diciembre, 2015
libros

¿Qué leer? ¿A quién leer?

¿Qué leer? ¿A quién leer? Son las típicas preguntas que nos hacemos cuando queremos comenzar el periplo fantástico de la literatura.

Está comenzando diciembre y se aproximan las compras navideñas, pero en éstas, pocas veces nos acordamos de que existe ese objeto llamado libro.

Lo primero que nos viene a la mente a la hora de gastar nuestro dinero en estas fechas, es algún producto tecnológico, y está bien, pero entretanto, como no queriendo, podemos colar un libro a nuestra bolsa de compras.

Regularmente se hacen listas de los mejores libros al final del año, las recomendaciones, me parece, llegan tarde, ya cuando la decadencia y la realidad vuelven a hacerse presentes: cuando el gasto ha sido excesivo y no queda espacio para un libro.

Se puede pensar que un libro es lo menos importante, algo totalmente prescindible; sin embargo, el libro no es solo una conversación, sino una manera de interpretar el mundo; nos da una nueva perspectiva de nuestra realidad.




Estos son algunos libros que leí este año y que me parecen relevantes, porque muestran un tanto el sentir de los autores con relación a esta época volátil y obtusa en la que vivimos.

Con estos libros los autores causan una rebelión interior en el lector, lo hace replantearse el mundo a partir de temas como la muerte, el amor, la distancia; los desencantos, la felicidad, el hombre mismo y su relación con las cosas; es decir, son fuertes sacudidas al pensamiento. Invitan a pensar.

Náusea y alergia de Lobsang Castañeda, un autor mexicano joven (es un misterio el límite de la categoría joven en literatura, por lo demás) es un ejemplo de esto, porque con su obra quiere liberarse de la cotidianeidad, como él propio autor lo afirma en las primeras páginas del libro, y con ello, a los lectores.

En su libro habita la muerte, el cadáver, el desecho, aquello que ya no sirve, lo que se hace a un lado, pero ¿por qué? ¿Por qué desechamos hasta a los vivos?

Leer es escuchar otras voces como la de Guillermo Fadanelli en Plegarias de un inquilino donde le planta cara al lector y le dice sin miramientos: “Qué es la salud sino un silencio de la enfermedad, un dormir del mal que tarde o temprano despierta para comenzar a roer nuestros huesos”.

En Los procesos Erik Alonso, el autor de dicha obra, quiere construir un “gesto” una pieza arquitectónica que nos signifique algo, donde habiten dudas, preguntas y cuestionamientos que los trata de resolver con un “tal vez” que se hace ligero.

Su obra se va escribiendo en “las ciudades [que] se van convirtiendo en muros que dan hacía otros muros”. Y consigue citas que se relacionan con nuestro ahora, como esta frase de la poeta argentina Alejandra Pizarnik que escribió en sus diarios de juventud: “Me dicen tienes el futuro por delante, pero yo miro y no veo nada”. ¿Cuántos queremos ver el futuro y no vemos nada?

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco es un libro que recopila el diario de los últimos meses de vida de Charles Bukowski, donde se muestra al escritor con setenta y un años de edad, ya viviendo la vida que se le negó durante cincuenta años: casa con piscina, auto, esposa; reconocimiento, etcétera.

En éste el autor reflexiona desde la experiencia de sus años, plasma su forma de ver el mundo, la poca importancia que le daba a todos, ese ¿para qué hacer alguna cosa?, mostrado en la siguiente cita: “No sé lo que le pasará a otra gente, pero yo, cuando me agacho para ponerme los zapatos por la mañana, pienso: ‘Ah, Dios mío, ¿y ahora qué?’”.

Libros para discutirlos, para removernos interiormente, para replantearnos las cosas, para descubrir puntos de vista encontrados. Obras que consiguen hacernos pensar.

Eso logran los grandes autores. A éstos les gusta remover al lector, incomodarlo, sacarlo de su rutina y de su confort, hacerlo participe con las sentencias que dejan escritas, como Max Rojas en Cuerpos: “La santidad promueve lo corrupto”.

Leerlos para caer y salir renovados, con nuevos bríos, con una agudeza que ahora se revela en todo su esplendor.

Libros que ejercen la crítica, aquella que fortalece aun doliendo.

Comentarios
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El sistema de internamiento puso a convivir a pacientes mentales con delincuentes no psiquiátricos y personas en situación de calle, entre ellos muchos niños pequeños abandonados.  Lo heterogéneo de la población en dicho centro psiquiátrico, aunado a la sobrepoblación de sus instalaciones y la escasez de víveres, devino en caos. La exclusión social es el concepto detrás de estos sistemas, que inician con los leprosarios referidos en la Biblia, según señala de manera acertada Lola Ancira.  Es una forma de no tener próximos a los contaminados, tanto por razón de imagen urbana, como por liberación de culpas ciudadanas.  Pasa el tiempo y avanzan las concepciones que se desarrollan con el fin de evitar que la sociedad “sana” se tope con estos personajes.  Acotación mía: La verdad es que todos los humanos poseemos, en alguna proporción, elementos de locura y suciedad mental.  El sistema social se empeña en que lo olvidemos. 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