Umberto Eco

La muerte de Umberto Eco, la semana pasada, ha dado mucho de que hablar en distintos medios que reconocen a cabalidad la valía de este...

27 de febrero, 2016

La muerte de Umberto Eco, la semana pasada, ha dado mucho de que hablar en distintos medios que reconocen a cabalidad la valía de este extraordinario, filósofo, escritor y semiólogo italiano, pilar fundamental de la academia en las disciplinas vinculadas con los sistemas de signos.

Muy a pesar de que uno de sus textos es esencial para quienes estudian comunicación y filosofía, su lamentable deceso pasó inadvertido para muchas universidades.

A Eco, el público más amplio lo conoce por la película El nombre de la Rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986), basada en su novela homónima, que generó también el videojuego La abadía del crimen. Además de la obra ya citada, escribió otras seis novelas: El péndulo de Foucault, La isla del día de antes, Baudolino, La misteriosa llama de la Reina Loana, El cementerio de Praga y Número cero. Aunque en prácticamente todas sus novelas está implícita la influencia de su disciplina como teórico, en tres, a mi juicio esa presencia es más clara: El nombre de la rosa, que tiene elementos de thriller y novela histórica y en donde uno de los elementos esenciales del relato es la segunda parte de la Poética de Aristóteles y en donde se expresan conceptos sobre la humildad clerical y la risa como un aspecto negativo del hombre.

Otra es La misteriosa llama de la Reina Loana, en donde la pérdida de la memoria se vincula a los medios de comunicación y productos de la cultura popular como el cómic, como anclaje de la formación de la edad temprana y la personalidad del personaje en particular, pero de la condición humana en general.

Número cero, cuya trama, un tanto paródica, gira en torno al periodismo y un hipotético y siempre en proyecto Domani, un diario que se estima utilizar para chantajear a personajes encumbrados o de la política. Es una obra en la que utiliza algunos de los conceptos sobre la objetividad pretendida del periodismo, la ética y el profesionalismo de esta actividad informativa, conceptos que ya habían sido publicados, en forma de libro, en Cinco escritos morales (Lumen, 1997).

Como incontrolable defensor de las ideas y el pensamiento, mostró sus reservas a proyectos como la Wikipedia, lo mismo que a las redes sociales. Sobre estas última llegó a decir que dichos recursos tecnológicos generaron una invasión de imbéciles, al tiempo que permitieron hablar a multitudes de idiotas.




Aún con la defensa a ultranza de la libertad de expresión, podemos considerar que en este último asunto hay algo de razón.

Comentarios

La muerte de Umberto Eco, la semana pasada, ha dado mucho de que hablar en distintos medios que reconocen a cabalidad la...

enero 1, 1970

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