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Verdad y cosmovisión

Considerar los hechos objetivos y confrontar las opiniones informadas de nuestros pares resulta medular para construir verdades legítimas y duraderas.

25 de noviembre, 2022

La verdad es producto de largos procesos históricos que han creado estructuras de comprensión compartidas que condicionan nuestro modo de entender la existencia y nuestra interacción con el mundo. 

Este entretejido de relatos guardan coherencia y relación entre sí y buscan explicar de la manera más universal posible el funcionamiento del universo. Estos metarrelatos los conocemos como cosmovisiones o paradigmas. 

La película de 2001, Una mente de brillante, dirigida por Ron Howard, está basada en la historia verídica de John Forbes Nash, un sobresaliente matemático que obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1994, pero que padecía esquizofrenia paranoide lo que, con el paso del tiempo, fue deteriorando su condición física y mental, así como sus relaciones familiares, de pareja y de amistad. El personaje interpretado por Russell Crowe padece potentes alucinaciones y delirios que lo hacen tomar como verdadero lo que no lo es y llevar a cabo toda clase de actos y decisiones carentes de cualquier congruencia con su posición y realidad evidente. Años después, tras múltiples problemas en todos los ámbitos de su vida, consigue poco a poco discriminar las alucinaciones de lo objetivamente existente y aprende también a ignorarlas. Sólo así es capaz reintegrarse parcialmente al mundo y a la vida en sociedad. 

Si bien las experiencias esquizoides de Nash eran reales, en tanto que efectivamente le ocurrían, lejos de reflejar la Realidad –con mayúscula, esa combinación de realidad objetiva y subjetiva–, denotaban un funcionamiento deficiente de su cognición y subjetividad. Debido a la patología, su manera de percibir el mundo era errónea por más que las alucinaciones fueran experimentadas de verdad, y este hecho contaminaba su interpretación dando lugar a un relato existencial que discrepaba de lo que en efecto constituía el mundo concreto. Lo que consigue Nash en la cinta no es poca cosa: reconoce que lo que él percibe como verdadero no necesariamente lo es y desarrolla un disposición inquebrantable a desafiar lo que le dicen sus sentidos buscando en el consenso con los demás una confirmación que le permita discriminar entre lo que efectivamente ocurre contra lo que no. ¿Te atreverías a desafiar aquello que acríticamente consideras verdad confrontando y consensuando la verdad propia con la del otro en aras de construir un mejor mundo compartido?

Refutando la famosa máxima de Nietzsche de que “no hay hechos, sólo interpretaciones” podemos decir que si bien la interpretación es central en nuestra forma de vincularnos con el mundo, debido a infinidad de sesgos y limitaciones, no siempre interpretamos correctamente. Por eso, considerar los hechos objetivos y confrontar las opiniones informadas de nuestros pares resulta medular para construir verdades legítimas y duraderas. Este sería el primer paso, tanto para consolidar la salud mental individual como para disolver las guerras culturales que hoy tienen al mundo enfrascado en un diálogo de sordos que no parece tener solución. 

Ya dijimos que, a diferencia de la Realidad, que “es lo que es”, la verdad es producto de la construcción humana. Pero el hecho de que se trate de un montaje humano no significa que su elaboración se lleve a cabo de forma arbitraria. Lo que consideramos verdad es producto no sólo de nuestras convicciones decantadas de la experiencia y el aprendizaje individual, sino que forma parte también de largos procesos históricos que han creado estructuras de comprensión compartidas que condicionan nuestro modo de entender y experimentar la existencia y nuestra interacción con el mundo y los demás. Estas estructuras están articuladas a partir de un entretejido de relatos que guardan cierta coherencia y relación entre sí y que buscan explicar de la manera más amplia, universal, duradera y precisa el posible el funcionamiento del universo que nos rodea. 

Estos metarrelatos los conocemos también como cosmovisiones o paradigmas y han emergido a lo largo de la historia humana reflejando distintas maneras de entender la existencia. Quienes hemos crecido en alguna variante de civilización humana estamos profundamente condicionados por alguno de ellos o por una combinación de varios. 

El nacimiento de un nuevo paradigma ¿significa que las verdades anteriores fuesen falsas o quedarán abolidas a partir de que el nuevo relato se vuelve hegemónico? Desde luego que no. Si bien la cosmovisión naciente sustituye a la anterior en cuanto que se convierte, primero en la vanguardia y posteriormente en comprensión hegemónica, los paradigmas previos no sólo no desaparecen sino que se reconfiguran tomando elementos de las comprensiones emergentes y reescribiendo sus relatos en aras de continuar encajando en la configuración del mundo, pero sin perder sus núcleos estructurales que las dotan de sentido. 

En la actualidad existen varios paradigmas, que si bien han dejado de ser hegemónicos, cohabitan en una creciente tensión que es justamente lo que produce las guerras culturales que hoy vemos en todos los ámbitos de lo humano y en todas las latitudes geográficas. 

En las próximas entregas haremos una breve exploración de los más influyentes que confluyen en nuestro tiempo, analizando en qué sustentan el núcleo de sus verdades. 

 

Web: www.juancarlosaldir.com

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Juan Carlos Aldir
Juan Carlos Aldir Licenciado en Filosofía y maestro en Filosofía y crítica de la cultura por la Universidad Intercontinental. Cursó un posgrado en Psicología, en la Escuela de Psicología Transpersonal Integral y el diplomado en Creación Literaria que imparte la Escuela de Escritores de México, SOGEM. Desde muy joven ha participado en diversos talleres literarios y colaborado en diversas publicaciones. En el año 2013 apareció su primera novela, Asesino de muertos, bajo el sello Punto de Lectura. En 2019 Editorial Planeta publicó su segunda novela: Donde empieza la noche. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir
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