Vacunarte contra el Covid en CdMx: ¿buena o mala experiencia?

El día jueves 18 de febrero logré que mi madre fuera vacunada en una escuela pública de la alcaldía Magdalena Contreras. Somos residentes ahí. Quisiera compartir mi experiencia. Quiero hacerlo desde una posición no emocional. Esto es...

19 de febrero, 2021

El día jueves 18 de febrero logré que mi madre fuera vacunada en una escuela pública de la alcaldía Magdalena Contreras. Somos residentes ahí. Quisiera compartir mi experiencia.

Quiero hacerlo desde una posición no emocional. Esto es importante, porque si uno pregunta a quienes no soportan a la 4T, podría uno quedarse con la impresión de que la organización para aplicar esta vacuna es un laboratorio para imponer el comunismo en todo el país, ya en unos cuantos meses. Esta clase de hipérbole no solo no funciona, sino que hace ver muy limitado de juicio a quienes la sostienen. Pero el otro extremo es igual de tonto: quienes aplauden todo de la 4T ven en esta organización para vacunar un modelo impecable que debería ser imitado por finlandeses, noruegos y neozelandeses. Y la verdad es que esta clase de juicios también hacen ver muy mal a los fans del presidente.

Digamos que la autoridad de nuestra Ciudad está haciendo un esfuerzo grande, con todas las limitaciones que se tienen, para brindar, en una primera etapa, esta vacuna a los adultos mayores de 60 años. Este ahínco deja ver que hay muchas áreas que deben mejorar (llamémoslas “áreas de oportunidad”), y muestra que si las autoridades quieren ser exitosas para vacunar a millones de mexicanos, tendrán que afinar mucho. Aplaudirles irreflexivamente, considerando la vanidad natural de todos los humanos, podría hacer caer en un espejismo a las autoridades. Siempre he pensado que los entusiastas de este gobierno deberían ser los primeros en exigir y en ejercer la crítica inteligente, pues de lo contrario incurrirían en los vicios de los anteriores regímenes, cuyos simpatizantes no se cansaron de aplaudir acciones estúpidas y contraproducentes.

Tengo la impresión de que la Ciudad de México se ha ido desmarcando de López Gatell desde hace algunos meses. Claudia Sheinbaum lo criticó con justa acritud por haberse ido de vacaciones a la playa en un momento tan grave. Y si bien la obtención de la vacuna es tarea del gobierno federal, la aplicación en la Ciudad está confiada a las autoridades locales. Esta semana inició la vacunación masiva en tres alcaldías y los números oficiales señalan que del lunes 15 al jueves 18 de febrero se aplicaron poco más de 80 mil primeras dosis –el viernes 19 ya no se aplicaron–. Se eligieron tres alcaldías periféricas, las menos pobladas y con amplias zonas rurales, para realizar este primer ensayo. Y está bien que así haya sido. Los problemas que las tres alcaldías más pobladas (Iztapalapa, GAM y Álvaro Obregón) representan, sin duda son mucho mayores.

Si 80 mil vacunas semanales se aplicaran en promedio en la CDMX, se necesitarían poco más de dos años para cubrir a toda su población. Pero si 80 mil vacunas semanales fuera el promedio nacional, se requerirían poco más de 24 años para vacunar a 100 millones de mexicanos de los 126 que somos. Como punto de partida, este primer ejercicio no está mal, pero la autoridad debe mejorar mucho para brindar protección a la población y no celebrar como gran logro la aplicación e 80 mil vacunas en tres alcaldías: tan fue un gran logro para ellos que se dieron el lujo de suspender la aplicación el viernes 19 de febrero (seguramente no tendrían más dosis). Así, quien crea que el gobierno de México es mucho más efectivo y eficaz para luchar contra la pandemia y aplicar las vacunas que cualquier otro gobierno en el mundo, permítame decirle que está soñando. Y a quien todo critica destructivamente y afirma que se trata de una racionalización y un maltrato premeditado contra la población para implantar el comunismo, yo le diría que está teniendo un mal sueño y que debería bajarle tres rayitas a su pesimismo.

El día jueves 18, a las 11:30am, llegué a la escuela pública “Héroes de Padierna”, ubicada en el número 18 de la avenida Contreras, barrio de San Jerónimo, alcaldía Magdalena Contreras. Estacioné mi automóvil y observé frente al zaguán del plantel hileras de sillas ocupadas por adultos mayores esperando turno para ser vacunados. Caminé hacia allá y pedí orientación a uno de los jóvenes que atendían y organizaban. Me dijo que tenía que formarme, que siguiera caminando y que más personal me asistiría calle arriba.




Caminé una cuadra completa. En la esquina de Oaxaca y Fortín el personal de la CDMX me indicó que la fila seguía por Fortín, calle abajo. Hacia allá me dirigí y en la esquina de Fortín y Tamaulipas había más personal que me indicó que la fila continuaba por Tamaulipas; estaba yo rodeando la manzana. Por fin llegué al final de la fila, casi en la esquina de Tamaulipas y Veracruz. Estamos hablando que de cuatro calles que rodean una manzana, la fila ocupaba tres lados. Yo me esperaba una fila aún más larga.

El personal era numeroso y muy amable, a pesar de que había gente con mala disposición que se quejaba de todo. Debo decir que algunos adultos mayores llegaron en lujosas camionetas pero desistían al ver lo largo de la fila. Supongo que para ellos formarse habría sido humillante. Hubiese sido tanto como “mezclarse con el pueblo” o “darse un baño de pueblo”, y, pues, ¡cómo! No me imagino haciendo fila a Salinas de Gortari, a Manuel Bartlett, a Olga Sánchez Cordero, a Vicente Fox, a Ricardo Salinas Pliego o a Germán Larrea.

Algunas personas ordenaron a sus choferes y gente a su servicio que se formaran y aguantaran el sol, y que cuando ya faltara muy poco para entrar les avisaran. Por supuesto que también había familiares de adultos mayores haciendo fila para evitar que sus ancianos se insolaran y se pasaran varias horas de pie, como fue mi caso con mi madre, y claro, muchos adultos mayores se formaron ellos mismos y aguantaron vara. Pero, modestia aparte, a diferencia de muchas personas –personas que considero pretenciosas y clasistas–, yo sí me asumo con orgullo como pueblo y me siento pueblo. Nunca hablo del pueblo en tercera persona, como si no fuera yo parte de él. Nuestros ancianos y sus familias, yo incluido, fuimos a formarnos en estas tres alcaldías (Contreras, Cuajimalpa, Milpa Alta), aguantamos el frío intenso de la temprana mañana (el día anterior intenté, sin éxito, conseguir ficha temprano en otra escuela pública), y el sol ardiente de medio día, y al menos 80 mil de nosotros, hasta la tarde del jueves 18, logramos que nuestras madres, padres y abuelos, nuestros adultos mayores, recibieran la primera dosis de la vacuna AstraZeneca.

La fila avanzó y nos informaron que sólo había 250 fichas más. Afortunadamente yo estaba en el lugar 176, así que la obtuve. Seguimos avanzando hasta la zona frente a la escuela. La calle había sido cerrada desde muy temprano por la policía y se habilitaron decenas de sillas, con distancia de metro y medio entre ellas, para que las personas con ficha esperaran antes de pasar al interior de la escuela. El personal ofrecía gratuitamente a los ancianos agua embotellada y barras de amaranto (alegrías), no sólo en este punto, sino desde el principio de la fila, y la gente las recibía con beneplácito. Hasta a mí me tocó mi barra y mi agua. Frente a la escuela se ubica un centro de salud de la alcaldía y había personal listo para atender insolados y desmayados, y había baños limpios y frescos. Nada de lujos, eso sí, pero con una dignidad que me hizo sentir reconfortado y orgulloso de mi alcaldía. Con todas las carencias y falta de presupuesto, las decenas de jóvenes de chalecos verdes hacían su mejor esfuerzo y ponían su mejor cara para que todo fluyera lo mejor posible. Eso se agradece, aunque se pague con nuestros impuestos.

Ya cuando llegué a la sección de las sillas, antesala de la vacuna, entonces sí llamé a mi madre. Llegó, y a los pocos minutos vocearon su turno: 494. Eran las 13:40 aproximadamente, y yo llevaba bajo el sol un poco más de dos horas. El plantel escolar estaba resguardado por policía capitalina y por dos efectivos del ejército, todos muy amables y serviciales. Mi madre entró y yo con ella. No pude avanzar al trayecto final en el cual toman a la gente datos y luego les aplican la vacuna. Esperé afuera. Pero mi madre me refiere que dio sus datos sin contratiempos, que no le tomaron fotos ni a ella ni a sus documentos y que el personal fue muy cordial (y eso que ella no siente ninguna simpatía en absoluto por la 4T). De ningún modo percibió que la estuvieran afiliando a Morena ni que con la información que daba se estuviera fraguando un gran fraude electoral.

Claro que se deben tomar los datos de las personas a vacunar. Se necesita un registro lo más preciso posible para saber qué personas reciben la primera dosis de qué vacuna (AstraZeneca, Pfeizer, Sputnik V, y las que vienen) con miras a la aplicación de la segunda, si es el caso. En breve con estos datos el gobierno de la Ciudad podrá emitir constancias de vacunación que nos serán muy útiles cuando viajemos. Sólo así se puede tener un control efectivo. Hay gente que critica que se tomen datos, pero eso es un gran sinsentido. ¿Cómo no va a registrar la autoridad a los vacunados de la forma más certera, fidedigna e indubitable? Y para eso se necesita credencial de elector, o pasaporte (fue el caso de mi madre). ¿Qué esperaban? ¿Que sólo con la credencial del Club de Industriales, del Club de Golf Chapultepec o de Socio Águila los iban a vacunar?

Una vez que mi madre recibió la vacuna, fue puesta en observación durante 25 minutos. En ese lapso, dos médicos dieron una plática e importantes indicaciones al grupo de personas que junto con mi madre acababan de ser vacunadas: que a pesar de haber recibido la dosis debían observar distancia social, usar cubrebocas y cumplir medidas de higiene. Finalmente mi madre salió sobre las 2:30 pm. Esta aventura me tomó poco más de tres horas, desde que yo llegué, hasta que mi madre salió vacunada.

El gobierno de la Ciudad está haciendo un gran esfuerzo y está capacitando a su personal para actuar humanamente y tratar con dignidad y respeto a todas las personas. Al menos es esa la experiencia que yo puedo compartir. ¿Tienen que mejorar mucho? Sí, muchísimo, y ser más eficaces. Más de tres horas para una vacuna y un ritmo de vacunación de 80 mil dosis semanales no serán suficientes para superar esta horrible crisis. Negar la vacuna a extranjeros residentes –como fue el caso de la madre de un ex-alumno mío, en Cuajimalpa– también es absurdo, a menos que se crea que a ellos no les da Covid, y que si les da no lo contagian. Negar la vacuna a extranjeros es tan poco inteligente como inmovilizar un auto con la araña, no a ras de banqueta, sino en el arroyo vehicular, causando más tráfico que el que se pretende evitar.

Sí, hay mucho que mejorar. No me voy a sumar, por dignidad, al ingenuo entusiasmo de quienes aplauden todo de la 4T; pero tampoco, también por dignidad, voy a asumir una actitud lapidaria, como la de quienes maldicen todo lo que hace la 4T. Esto no es un asunto político, sino de salud, y se solucionará no con discursos vanos de izquierdas y derechas, sino con logística inteligente. Falta mucho. Es una labor titánica. Yo soy optimista y creo que las cosas fluirán mejor cada vez, por lo menos en nuestra ciudad, porque aquí quien lleva las riendas en este asunto es Claudia Sheinbaum y no Gatell.

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