Un SOS por la Tierra

El consenso es a nivel mundial, como el tamaño del problema: el medio ambiente del planeta tierra ha entrado en una fase crítica. Reducir su deterioro es el principal desafío de la humanidad en las próximas décadas,...

24 de septiembre, 2020

El consenso es a nivel mundial, como el tamaño del problema: el medio ambiente del planeta tierra ha entrado en una fase crítica. Reducir su deterioro es el principal desafío de la humanidad en las próximas décadas, algo que se antoja sumamente complejo, pero no imposible.

De este problema se ha venido hablando mucho en las últimas décadas, pero ahora es el propio Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien hace la advertencia del serio problema que se avecina por los niveles de daño a la ecología del planeta.

En el marco de la apertura del inicio de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, Guterres ha identificado el tema del cuidado del medio ambiente como uno de los grandes desafíos de las naciones. Los otros dos son la paridad de género y la reducción de las desigualdades que prevalecen en muchas poblaciones del mundo.

La crueldad de los datos

Solo hay que hacer un repaso de lo que ha ocurrido en las últimas décadas para entender que toda la población del planeta tierra  tiene una deuda con su propio hábitat, al cual debemos cuidar porque literalmente nos lo estamos acabando.

Por ejemplo, de 1950 a 2018, la población urbana mundial pasó de 751 millones a 4 mil 200 millones de personas.




Los ecosistemas más perjudicados han sido los bosques. Más de una tercera parte han desaparecido, sustituidos por asentamientos humanos, pastos para ganado y cultivos de granos y cereales.

Desde 1990 a la fecha, se han perdido 129 millones de hectáreas, una superficie similar a la de Sudáfrica. La organización Global Forest Watch calcula que en 2017 cada minuto se perdieron bosques tropicales equivalentes a 40 canchas de fútbol. 

La propia ONU estima que entre 2014 y 2018 desaparecieron, cada año, unos 26 millones de hectáreas de árboles, tres veces la superficie de Reino Unido, pero según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, la deforestación produce al año unos 5 mil 200 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono.

En California, ahora azotada por incendios forestales, entre 2012 y 2016 murieron 130 millones de árboles después de años de sequías y de la plaga de escarabajos que proliferan cada vez más en la zona.

Hoy la ciencia tiene perfectamente documentada la relación entre nuevas enfermedades y el daño ecológico, ya que muchos agentes contaminantes han proliferado, mutado o trasladado de una región a otra, con efectos devastadores.  

Las enfermedades infecciosas como el ébola y el SIDA tuvieron como antecedente una devastación del ecosistema, según datos de Ecohealth International, una asociación internacional de Ecología y Salud.

El Covid-19 no es la excepción y este virus tiene un origen zoonótico, es decir, una enfermedad que puede transmitirse entre animales y seres humanos. Las enfermedades zoonóticas pueden ser provocadas por virus, bacterias, parásitos y hongos.

Según científicos, entre el 60 y el 75 por ciento de las enfermedades infecciosas, como el ébola, el Sida, el zika y ahora el coronavirus, tienen un origen zoonótico.

La tala inmoderada y los incendios forestales en vastas zonas del mundo han hecho que diversas especies desaparezcan, se adapten o cambien de hábitat.

La deforestación y el crecimiento urbano han provocado migración de especies con virus potencialmente peligrosos.

La lucha contra el tiempo

Sin duda alguna, existe una  acelerada pérdida de la biodiversidad, y el cambio climático está dejando secuelas irreversibles e irreparables en especies de la Amazonia, por citar un caso.

La deforestación, los incendios y el calor podrían convertir sus bosques en una sabana en unos 30 años, en el peor de los escenarios.

Los bosques de la Amazonia dejaron de ser una fuente de oxígeno para ser emisores netos de gases de carbono. Hoy son tierra de motosierras, máquinas de cosecha y aviones fumigadores.

El problema es que el dinero mueve la tala ilegal, corrompe a autoridades, policías y jueces. Según el Banco Mundial, el 80% de la madera exportada por Perú –sobre todo cedro y caoba– es talada ilegalmente.

Llegó la hora de la tierra. La pandemia de coronavirus es un nuevo aviso de lo vulnerable  del medio ambiente del planeta, provocado en gran medida, por la mano del hombre. 

El eje de las políticas públicas de fondo, las que determinarán el presente y el futuro de las personas, debe estar en la limpieza de la atmósfera, la recuperación de grandes pulmones verdes como la amazonia, la limpieza de los mares y ríos, pero sobre todo de la generación de una consciencia colectiva de que nos estamos acabando el planeta tierra y eso no puede seguir así.

De ese tamaño es el desafío que todos tenemos frente a nosotros. 

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