Un acierto dar banderazo de salida a la carrera sucesoria al 2024

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4 de agosto, 2021 carrera sucesoria al 2024

   El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha anticipado, como casi nadie lo hubiese pensado, en dar el banderazo de arranque al proceso presidencial 2024 apenas en el verano de este 2021, antes incluso de llegar a la mitad de su gobierno. Esto es un acierto a todas luces, así haya quien no atine a darle lectura.  Los aspirantes o incluso “suspirantes” a suceder a Andrés Manuel, junto con sus aliados y camarillas políticas, tienen la oportunidad de ir demostrando de una buena vez sus lealtades;  pero además se puede evidenciar la fragilidad o de plano falsedad y de mero oportunismo vulgar de sus intenciones políticas, el tamaño y la realidad de sus motivaciones dentro del servicio público, los alcances de sus intereses en cuanto a su ética a la hora de competir, exhibiendo, de plano, a los que carezcan de principios y/o escrúpulos.

     Y en efecto ya vemos abierto nerviosismo en cuanto menos, tres actores de primer nivel, también su   camaleonismo, alguno incluso fuera de toda realidad, declarando que va a estar en la boleta electoral presidencial sí o sí en 2024. Otro de ellos ya experimentó filtraciones a la prensa por parte de algún miembro poco leal de su equipo cercano, al ventilar una comida con la motivación expresa al 2024, o quizás fue premeditado, por el mismo Canciller, un riesgo calculado; no lo sabemos. Pero al dar comienzo a esa carrera, no pocas veces despiadada, y al ampliar su baraja sucesoria al tiempo también de limitarla, tan solo con simples y hasta veladas, pero poderosísimas menciones de nombres o apellidos en sus conferencias de prensa, aventaja a unos, mete a otros, y de plano descarta a uno que otro, que quizás se sentía más que adentro.

    El presidencialismo mexicano, principal característica de nuestro sistema político, podrá ir cambiando, pero lo hace más en sus formas que en su verdadero fondo. La tradición pesa porque es cultural. Para cambios más hondos se necesitan muchos años, tal vez décadas. Pero si se adivina un cambio en esta ocasión, al abrir la competencia, que de todas maneras se daba ya, pero con formas más sutiles y hasta hipócritas, o sea, con acciones que van, desde golpes en buena lid, pero también hasta los muy bajos y todo con ‘patadas por debajo de la mesa’. Se quiera o no, ahora es mucho más público, como el movimiento de Sheinbaum de llevar a Martí Batres a su secretaría de gobierno; la ya mencionada reunión de Ebrard y su posterior fijación de postura; y los evidentes extravíos de Monreal. También el silencio fino y prudente del Doctor Juan Ramón de la Fuente, quien se sabe fuera de todo escándalo como el del Metro de CDMX, y a quien el presidente nunca ha dejado fuera de los primeros lugares de su lista, así sea para confundir y/o despistar a los demás, cuando menos de momento. Al ser ya público dicho proceso, cruel y encarnizado siempre, pero ya ahora llevado mucho más que en el anterior régimen de partido de Estado por cauces institucionales. En la decisión del ungido como sucesor, pesará mucho más la opinión ciudadana. El Pueblo será testigo de las habilidades, torpezas, lealtades y deslealtades y también capacidades y miserias de los contendientes, pesando esta vez y más que nunca, su opinión.

      En la decisión final, por las características de fortaleza popular del presidente en funciones, tal parece que tiene la fuerza de fungir, como dijo José López Portillo, ya como ex presidente en sus memorias “el fiel de la balanza”, porque instrumentos para frenar, acelerar e incluso eliminar a algún contendientes a la candidatura por MORENA al 2024 le sobran. Es más, tan solo mediante la Unidad de Inteligencia Financiera le bastaría para tales fines. Es decir, el presidente López Obrador le empieza a quitar la tutela presidencial al electorado, dándole mucho más autonomía y peso en la decisión definitiva, donde por cierto, el factor que más va a pesar, por sobre todos los demás, es la cuestión de quién es el personaje indicado para continuar con el ya iniciado proyecto de Nación de la llamada cuarta transformación. El sucesor tendrá que garantizar que dicho proceso histórico se cristalice y no quede en un eslogan o logo sexenal, como la grosera águila mocha del foxismo, sino que realmente quede en los libros de Historia consignado cómo eso: una transformación de fondo, que le devuelva la brújula a la Nación mexicana, rescatando al Estado de la decadencia, y devolviéndole sus alcances que le dan su razón de ser.

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Podría terminar esta anécdota en una nota negativa, comparando a México con una selva o con el viejo oeste, pero sería falso: sé que personas como “Alejandra” son la excepción y no la regla. Pero eso sí, esta historia contiene una moraleja que vale la pena mencionar: no seamos como “Alejandra”. Si en algo amamos a nuestro país, seamos honestos, justos, íntegros y coherentes. Luego no nos sorprendamos si tenemos gobernantes tan corrompidos como un archivo de música descargado ilegalmente. Porque, para parafrasear una canción de The Beatles (ustedes, admiradores del cuarteto, seguramente saben cuál canción es), “al final, la corrupción que recibes es igual a la corrupción que das”. " ["post_title"]=> string(66) "Somos la corrupción (o una triste crónica de la vida oficinista)" ["post_excerpt"]=> string(113) "¿Alguna vez se ha preguntado cuál es la razón de que cada vez tengamos gobiernos más corruptos y cínicos? 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No estoy considerando los carriles laterales, ni las muy amplias aceras, ni las todavía más amplias glorietas, que son varias, empezando por la del Ángel, la Palma, el monumento a Cuauhtémoc y la otrora glorieta de Colón, a pesar de que todos estos espacios estuvieron también muy concurridos. Estoy considerando lo mínimo indispensable: 1.8 kilómetros de longitud por 20 metros de ancho. Si usted multiplica 1800 metros lineales por 20 metros de ancho, obtiene 36 000 metros cuadrados. Insisto, sin considerar carriles laterales ni aceras, que también estuvieron repletas. Una manifestación muy nutrida puede llegar a tener 6 o 7 personas por metro cuadrado. Vamos a considerar como hipótesis que la marcha del domingo no fue la más nutrida del mundo, así que calculemos a la baja y pensemos en 3 personas por metro cuadrado (muchos están haciendo el cálculo con 4.5, 6 y hasta más personas, pero hagámoslo con números a la baja, porque intento saber el mínimo de personas que pudieron haber participado). Multipliquemos, pues, 3 personas por metro cuadrado por 36 000 metros cuadrados. El número que obtenemos es 108,000. Ese sería, a mi juicio, el mínimo de personas que asistió el domingo 13 a la marcha, y de ninguna manera los 12 000 que dice el gobierno de la Ciudad a través de Martí Batres. Pero yo creo que fueron más, y le voy a explicar por qué.  La gente se reunió desde la Diana Cazadora, e incluso un poco más al oeste, casi desde la famosa suavicrema, que es el monumento a la corrupción durante el sexenio de Calderón. Me refiero a la Estela de Luz. Pero consideremos a la baja y contemos desde la Diana Cazadora. De ese punto al Monumento a la Revolución hay 2300 metros utilizando la ruta más corta, que es a través de Reforma y la calle de Ignacio Ramírez. Multiplíquelos por los 20 metros de ancho de los carriles centrales y se obtienen 46 000 metros cuadrados. Considere 3 personas por metro cuadrado y el resultado es al menos 138 000 asistentes. Así que el mínimo posible que asistió el domingo 13 a la marcha en favor del INE no fueron los 12 000 que dice el régimen oficial a través de Martí Batres, sino por lo menos 138 000 personas. Sin embargo el trayecto entre la Diana y el Monumento estuvo fluyendo por más de dos horas, así que por lo menos se llenó dos veces. Eso nos da 276 000 personas. El gobierno de la CDMX, a través de Marti Batres, miente abiertamente, y ellos lo saben porque son expertos en hacer marchas. Tampoco creo que hayan sido los casi 700 000 que dicen los organizadores, pero por lo menos hubo ahí entre 200 mil y 300 mil personas. 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Por levantar su voz contra un trato injusto (o “ser un quejoso” en el argot “empresarial”), “Camila” fue señalada y ridiculizada, lo cual derivó en que ya no hace su trabajo con la misma calidad ni entusiasmo, pero, lo peor de todo, es que ahora lo hace con miedo de decir cualquier cosa por miedo a represalias. 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Podría terminar esta anécdota en una nota negativa, comparando a México con una selva o con el viejo oeste, pero sería falso: sé que personas como “Alejandra” son la excepción y no la regla. Pero eso sí, esta historia contiene una moraleja que vale la pena mencionar: no seamos como “Alejandra”. Si en algo amamos a nuestro país, seamos honestos, justos, íntegros y coherentes. Luego no nos sorprendamos si tenemos gobernantes tan corrompidos como un archivo de música descargado ilegalmente. Porque, para parafrasear una canción de The Beatles (ustedes, admiradores del cuarteto, seguramente saben cuál canción es), “al final, la corrupción que recibes es igual a la corrupción que das”. " ["post_title"]=> string(66) "Somos la corrupción (o una triste crónica de la vida oficinista)" ["post_excerpt"]=> string(113) "¿Alguna vez se ha preguntado cuál es la razón de que cada vez tengamos gobiernos más corruptos y cínicos? 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Somos la corrupción (o una triste crónica de la vida oficinista)

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¿Alguna vez se ha preguntado cuál es la razón de que cada vez tengamos gobiernos más corruptos y cínicos?

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