Sin duda, el liderazgo “rápido y furioso” del Presidente Trump resulta polémico, por decir lo menos, levanta ámpula, a menudo preocupa por impulsivo, imprudente, agresivo. Con la Unión Europea la tensión crece por el caso de Groenlandia, amenazas con aranceles, menos apoyo a la OTAN y su posición en la guerra en Ucrania; internamente, las operaciones del Sevicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) resultan erráticas, desproporcionadas y violatorias de derechos humanos, mientras la aplicación de aranceles en numerosos productos de importación preocupa por sus efectos inflacionarios y desarticulación de las cadenas de suministro.
Entre la ciudadanía estadounidense esto se refleja en una pérdida de aprobación de su gobierno, que ronda entre el 35 y el 42%, mientras la desaprobación supera el 50%, con impacto en la propensión de votos para las elecciones de este año con los demócratas superando a los republicanos por casi 10 puntos. No obstante, para el caso del impacto de las acciones del gobierno estadounidense en América Latina, debemos hacer consideraciones que apuntan hacia un efecto positivo para la región.
Veamos.
Por un lado, aunque resultó muy desagradable, desatinado e injusto que tras la captura de Nicolás Maudro, Donald Trump haya descalificado a María Corina Machado y a Edmundo González para participar –por lo pronto– en el gobierno de Venezuela, se debe valorar muy positivamente que el Presidente Trump, junto con Marco Rubio, hayan recibido a María Corina tan cordialmente en la Casa Blanca. Que la reunión haya durado alrededor de 2 horas resulta muy significativo, además que ésta se realizó en un ambiente particularmente abierto y cordial, aunque discreto y estrictamente privado. Ese tiempo no se lo dan a cualquiera. Y que además Trump le haya dado su número telefónico personal “para mantenerse en comunicación directa”, son indicadores para mí muy claros de que la lidereza de la resistencia venezolana no quedará al margen del proceso y que, de hecho, sí está jugando un rol clave en la difícil transición en marcha.
Considerar que al gobierno estadounidense no le interesa si hay o no democracia en Venezuela me parece equívoco. Más bien, al contrario, considero que lograr la restauración del orden democrático en ese país tan relevante en Latinoamérica tiene una relevancia estratégica para el fortalecimiento del liderazgo de EEUU en la región.
Se debe atender con seriedad la declaración del Secretario de Estado, Marco Rubio, respecto a que se trata de un proyecto en tres etapas: La primera de estabilización para evitar el caos institucional; la segunda de reordenación económica (quitándole al régimen el control del petróleo y el manejo del dinero), para finalmente desembocar en la transición política. Evidentemente, muy importante es el tiempo que dure cada fase, porque si el periodo para la transición es muy largo, se perderá la oportunidad del momento y la dictadura maquillada de Delcy Rodríguez podrá asentarse en el poder y seguiría la tragedia para el pueblo venezolano y su impacto regional negativo. Por ello, son también muy significativas las declaraciones de María Corina Machado en conferencia de prensa después de su reunión en la Casa Blanca sobre la irreversibilidad del cambio de régimen y la necesidad de acelerar el proceso tanto como sea posible considerando la complejidad de la situación y el peso de los factores reales de poder que prevalecen entre las brasas del chavismo. Es fundamental que la transición no degenere en un caos, que sería terrible para la población, como ha ocurrido en Siria, en Libia o en Iraq. En eso coincide Machado con Trump y Rubio.
El hecho de que María Corina le reglara su medalla del Nobel de la Paz a Trump es una genialidad estratégica. Además de que la muestra como una mujer de muy elevada estatura política y moral, este regalo tan significativo, más allá del agradecimiento por la captura del dictador, conlleva otro mensaje más importante: ¡Gánatela! ¡Merécetela! Porque si la captura de Nicolás Maduro culminara con el mantenimiento de otra dictadura, ahora validada y sostenida por Washington a cargo de los hermanos Rodríguez, sería una mezquindad y un grave descrédito para el gobierno de Trump y sus afanes de fortalecer su liderazgo político hemisférico. Terminaría por darle la razón a sus muchos malquerientes. Y tanto Trump como Rubio deben entiender esto muy bien. Vamos a ver si el Presidente Trump está a la altura del reconocimiento adelantado que le otorgó la lidereza venezolana y si prefieren pasar a la historia como libertadores o como colonialistas, sabiendo además que una u otra decisión tendría efectos considerables en las próximas elecciones norteamericanas, donde la mayoría de la población ve positivamente la caída del dictador pero rechaza una permanencia larga de EEUU en Venezuela y apoya claramente una transición democrática en el país caribeño.
Por otro lado, no es cosa menor el rechazo a los regímenes socialistas no sólo del Presidente y el Secretario de Estado norteamericanos sino del movimiento MAGA en general. Las declaraciones de Trump, Rubio y varios congresistas republicanos contra los regímenes comunistas, sobre todo en la región, son clarísimas y contundentes. Por ello, se anticipa que veremos pronto caer también a la dictadura cubana y eso sería algo muy digno de aplauso para la administración Trump. Por lo pronto, el Presidente ya puso un ultimátum a la dictadura de Díaz Canell, ya le cerró el abasto de petróleo de Venezuela y presiona fuertemente a México para que también suspenda su ayuda petrolera a la dictadura cubana. La tiranía cubana caerá pronto y eso le daría un gran impulso electoral a los republicanos en las próximas elecciones. Si el gobierno de Donald Trump logrará extirpar el cáncer del marxismo bolchevique de América Latina, le haría mucho bien a la región.
Estamos viviendo tiempos muy interesantes, que requerirán perspectiva histórica para valorarlos debidamente. Me parece que el grueso de la comentocracia no está valorando de manera adecuada lo que está ocurriendo en América Latina y juzgan al presidente Trump como si se tratara de un nuevo Adolfo Hitler. Evidentemente hay cosas que preocupan respecto al liderazgo “rápido y furioso” del Presidente Trump, pero si logra acabar con las tiranías de Venezuela y Cuba, liberando a esos pueblos y favoreciendo una transición hacia regímenes más abiertos y economías más prósperas, Trump se merecerá un lugar muy positivo en la historia de esos pueblos y probablemente de la región en general. Ya veremos.
X: @AdrianRdeCh
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