El segundo mandato de Donald Trump ha sido tan impredecible que, apenas detuvieron a Nicolás Maduro, fue Groenlandia la que quedó en el centro de la conversación geopolítica. La isla concentra una serie de recursos y factores estratégicos que la hacen muy relevante, sobre todo para Estados Unidos.
Su posición en el mapa, ligada al deshielo, abrirá rutas que conecten el norte de América con Europa de manera directa y, en general, acelerará el transporte de productos, así como expandir la capacidad distributiva del comercio marítimo. Pero son sus tierras raras las que llaman la atención para las industrias del futuro.
El Servicio Nacional de Geología de Dinamarca y Groenlandia estima que el total de recursos naturales de la isla llega a 36,1 millones de toneladas. También se calcula que solo 1,5 millones de esas toneladas son económicamente viables de obtener.
Para dar un marco de comparación, en términos de recursos adquiribles por viabilidad económica, Brasil cuenta con 21 millones de toneladas y China con 44 millones. En Washington parecen reconocer que necesitan de estas tierras raras para no quedarse atrás en una carrera en la que China domina cerca del 90 % del mercado.
¿A qué industrias benefician los recursos de Groenlandia? Primero, a la industria energética y tecnológica: motores de coches eléctricos, aviones de combate, drones e incluso imanes de alta potencia. La isla cuenta con el 0,75 % de todo el grafito del planeta, un recurso útil para baterías y la industria nuclear. También posee hidrocarburos que equivalen a 28,430 millones de barriles de petróleo y, mientras el deshielo continúe, la región concentra una alta cantidad de agua dulce.
Los recursos no son lo único importante. Es cierto que representan ventajas en el comercio y en la capacidad industrial de la potencia o los inversionistas que logren poner sus manos sobre Groenlandia. Para Donald Trump, también se trata de hacer frente al miedo de quedar detrás de China y Rusia; así, es sencillo entender la magnitud de su ubicación geográfica.
Si Estados Unidos lograra anexar Groenlandia, tendría una posición clave para la llamada “cúpula dorada”, lo que permitiría detectar amenazas de seguridad regional provenientes de ambos hemisferios. Desde Alaska habría salidas hacia Rusia y China; desde Groenlandia, hacia Europa y Medio Oriente. Para los soviéticos, esto significaría estar con un zapato en medio de Europa y Estados Unidos. La potencia asiática, por su parte, podría verlo como una oportunidad para consolidar la “Ruta de la Seda Polar”, un comercio marítimo que conecte Asia con Europa de manera directa. Así, se convertiría en un “Estado Ártico”, obteniendo presencia militar y estratégica en el otro hemisferio. Para las tres potencias, los principales objetivos son la seguridad estratégica y el dominio regional, y todas comparten el interés por los recursos naturales y las rutas de comercio marítimo.
El problema inmediato, además de que la tierra pertenece a la gente de Groenlandia y al Reino de Dinamarca, es la falta de infraestructura: carreteras, medios de movilidad y capacidad de producción para explotar estos recursos. Además, su costo sería brutalmente alto. Por ello, solo 1,5 de los 36,1 millones de toneladas son viables económicamente.
Hoy por hoy, y para no entrar en pánico, solo existen declaraciones y amenazas de intervención militar desde la Casa Blanca. Ante ello, el Reino de Dinamarca, junto con Alemania, Francia, Suecia, Finlandia, Noruega, Países Bajos y Reino Unido han enviado refuerzos militares en caso de que Trump intente un ataque. Todo esto se está haciendo sin llamar a la OTAN. De hacerlo, se activaría el artículo 5, que establece que un “ataque a un Estado miembro es un ataque a todos”. De ocurrir esto, podría romperse ser el fin del Tratado Transatlántico y se generaría una crisis de inestabilidad y seguridad regional en Europa. Así como el inicio de un nuevo orden mundial, posiblemente tripolar, con dominio de China, Rusia y Estados Unidos.
Otro análisis es que si Estados Unidos se quedara con Groenlandia, y se rompiera la relación diplomática de la OTAN, Rusia podría aprovechar el momento para acercarse más a Europa. Se debe tomar en cuenta que ni China, ni Rusia habían amenazado con buscar intervenir en la isla. Entonces, ¿son los delirios expansionistas de Trump? ¿O realmente hay un problema de seguridad regional que atender?
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