Súbitamente

Así, de la nada se está muriendo la gente. Las partidas repentinas están aturdiendo el tejido social de las comunidades, dejando a la gente con preguntas sin respuestas. Los deudos, aturdidos por la falta súbita de pariente...

8 de diciembre, 2020

Así, de la nada se está muriendo la gente. Las partidas repentinas están aturdiendo el tejido social de las comunidades, dejando a la gente con preguntas sin respuestas. Los deudos, aturdidos por la falta súbita de pariente no insisten en investigar lo que verdaderamente causó la muerte de la persona, sino que se quedan sufriendo con la versión que les dio el médico que los atendió. Pero ¿por qué se murió si ayer estaba bien? ¿Cómo se fue a morir si estaba joven? ¡Ayer lo vimos y hoy no puedo creer que se haya muerto! Esas y otras expresiones tienen eco en las redes sociales que como verdadero “reguero de pólvora” esparcen las tristes noticias alarmantes de la partida de este mundo de tal o cual persona.

Así le sucedió el día de ayer a mi compañero periodista Omar Escamilla López, el cual, a sus 42 años partió inexplicablemente. De carácter alegre, todo un “ladies’ man”, platicador y buen narrador de anécdotas que al final estallaban en risas del grupo que estaba con él, no acostumbraba a estar solo, como muchos lobos esteparios del periodismo andamos, sino que siempre se le veía rodeado de amigos que escogía por temporadas. Buen periodista, que incursionó en todas las ramas del periodismo siempre con eficacia y protagonismo.

¿De qué falleció Omar? ¡Si estaba lleno de vida! Estas y muchas preguntas poblaron de expresiones los espacios de comentarios en Facebook, donde de repente se dio la sensación de comunidad entre todos lo que se condolían de la muerte de Omar. Daba la expresión de mucha cercanía los comentarios y en ese momento comprendí a lo que verdaderamente nos está llevando la pandemia: a vivir virtualmente desde nuestros ordenadores.

El fallecimiento de Omar Escamilla abre un sinfín de pensamientos, dimes y diretes porque para muchos es una muerte súbita, no es una muerte de una persona que duró mucho tiempo enfermo y que tuviera muchas posibilidades de morir, sino que fue de repente. Desgraciadamente, nunca sabremos de qué falleció, porque no hay pruebas suficientes para explicarnos el porqué, aunque nos podemos referir al contexto que vivimos de pandemia del COVID-19 en la actualidad. Solo Dios dictará el destino de cada uno de nosotros. Nunca pensé que escribiría sobre mi colega periodista Omar Escamilla que siempre se mostró lleno de vida, sin ningún achaque.

El Covid-19 es una enfermedad que ataca el corazón, donde muchos asintomáticos han muerto por infartos debido a arritmias o trombosis inexplicables (https://www.cmmedia.es/noticias/castilla-la-mancha/muerte-subita-por-coronavirus-una-posible-teoria-de-tomas-segura-hospital-de-albacete/) (https://www.niusdiario.es/ciencia-y-tecnologia/ciencia/muerte-subita-covid-coronavirus-ataca-celulas-corazon-matar-minutos_18_3037920087.html). Así de funesto es el COVID-19, y muchos cardiólogos no se explican por qué les crece el corazón a sus pacientes. Lo que limita a los doctores a generalizar sobre las causas del inexplicable mal funcionamiento cardiaco, aduciendo la culpabilidad a los estilos de vida de cada una de las personas sin aplicar las pruebas de COVID-19 correspondientes.

El COVID-19 está poniendo “tiempos de fuga” (como lo escribió bien un Facebuquero Tapachulteco) por lo que vivimos tiempos de muerte y de cambios drásticos en nuestro estilo de vida, donde los que no lo ven y no buscan adecuarse a los cambios, son los que terminarán afectando a la gran mayoría que se cuida.




Hoy se cumplen 12 años que falleció mi papá Manuel Ruiz Moreno y tres días que falleció mi Tío Humberto Ruiz Moreno y ayer murió Omar. Así están falleciendo por todos lados amistades, tíos, tías, hermanos, hermanas, hijos e hijas. La muerte está de cacería y está cumpliendo su cometido de darnos una verdadera tribulación. Llegando el día de hoy a más de 110 mil muertos por COVID-19 más los miles de muertes súbitas e inexplicables que existen alrededor del mundo, sumadas a las muertes adelantadas de personas que vivían sufriendo enfermedades crónicas.

¡Descansen en Paz todos ellos!…

 

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