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Skinny is the outfit

Nosotras, nuestros cuerpos y nuestras vidas no tienen por qué pagar exigencias que nunca fueron nuestras.

11 de agosto, 2026 Clinical health scale with a long measurement beam, sliding weight, and Healthometer branding in a clinic setting.

La siguiente columna, quiero aclarar, la escribo desde una profunda fragilidad personal. Escribir sobre la inseguridad del propio cuerpo es algo que, como a la mayoría de las mujeres, me confronta y expone. Como millones de mujeres, tengo una historia de pelea contra mi cuerpo, de vivirme insegura e inadecuada, he sido parte también de este discurso que me ha lastimado ejerciendo en contra de otras mujeres. Tal vez por desconocimiento, tal vez por venganza he contribuido a este ejercicio y a esta forma de vida de juicios y descalificaciones por algo tan inocuo como existir lejos de la perfección hegemónica que yo misma sé, es inalcanzable.

No es justificación, ni siquiera defensa, la conciencia es algo que se nos está revelando al mismo tiempo a muchas mujeres, víctimas y inconscientes victimarias en un discurso patriarcal en el que se nos dijo que el cuerpo que tenemos, por alguna o mil razones necesita ser corregido y de ser posible reducido a su mínima expresión. Se nos enseñó antes que a querernos y agradecer el tener un cuerpo para habitar y poder hacer con nuestras vidas todo lo que nosotras mismas decidamos, que este cuerpo representaba un problema y que era incorrecto, que había que adelgazar lo mas posible, moldearlo pero no demasiado para no incomodar, blanquearlo, disimularlo, forzarlo aun en contra de la naturaleza, mantenerlo en un peso ideal (¿Ideal para quién?).

incluso en los embarazos e inmediatamente después del parto y que esta es una guerra sin fin contra nosotras mismas porque en cuanto los años pasen hay que hacer lo que sea, para que esta no se note, operaciones, medicamentos brutalmente agresivos, inyecciones, todo lo que sea necesario con tal de combatir lo único real que tenemos la naturalidad.

Desde que nacemos y cada día de nuestras vidas es el mismo mensaje, tan repetido desde fuera, desde los demás que acaba siendo el nuestro propio ¡No estás bien como estás!

Los hombres vigilan, califican y controlan nuestros cuerpos obligándonos a vivir en una carrera sin fin contra nosotras mismas.

Y obviamente los creadores del problema son los que tienen la solución para nosotras, los hombres machos y las mujeres que tontamente hemos caído en el engaño y hemos sido sus aliadas. Gimnasios, medicinas, clínicas para bajar de peso y rejuvenecimiento; tratamientos sin importar lo costosos, invasivos o riesgosos que puedan llegar a ser. No hay negocio más lucrativo que “la belleza”. Nuestra inseguridad ha sido un modelo de negocio millonario y no lo sabíamos. Las mismas madres lo hacemos con nuestras hijas, igual que nuestras madres lo hicieron con nosotras.

Compramos esa verdad: hay que gustarle a los hombres, antes que a ti misma y al precio que sea, aun en detrimento de tu salud y tu bienestar emocional. Y creo que esto va mucho más allá, que tiene un trasfondo mucho más profundo y triste y es reconocer que a esta sociedad machista y patriarcal no le conviene tener mujeres que se amen a sí mismas, que dejen en segundo plano el interés por la apariencia, mujeres que antes que ser bellas y populares prefieran estudiar y desarrollarse en sus áreas de interés. Tal vez por eso se satanizó tanto el personaje de la “niña nerd” o el de la “Tía Solterona” o “la Machorra”, porque esta sociedad nos quiere sumisas, inseguras, angustiadas por pertenecer y ocupadas en conseguirlo, débiles, agotadas, hambrientas, conflictuadas, tristes, invisibles, porque esa es la mejor forma de ser controladas y dominadas, de no representar un riesgo.

Es muy fácil cuando te alejas un poquito del contexto poder observar con claridad y entender por qué cuando las mujeres empiezan a levantar la voz y a cuestionar se les contraataca con nuevas narrativas, vienen tendencias como “Las Tradwifes”” que promueven una vida de sumisión en la que encargarse del hogar es la única opción y a cambio el hombre se hará cargo de nuestra manutención y de proporcionarnos seguridad (de otros hombres obviamente) y todas las comodidades, nada más tramposo y ventajoso que eso. La moda que impone otra vez cuerpos super delgados, el convencimiento de que las lesbianas o los hombres trans son mujeres que no han tenido suerte en el amor, la amenaza religiosa contra las mujeres que pretenden decidir sobre sus cuerpos, todos métodos mentirosos para mantener el control y, ¿por qué no?, de paso conseguir la sumisión que les haga recordar a todos quién es el fuerte, quién manda y quién es el que otorga protección a cambio de obediencia.

Ya es hora de devolver esas exigencias al lugar de donde vinieron. Nosotras, nuestros cuerpos y nuestras vidas no tienen por qué pagar exigencias que nunca fueron nuestras.

Jamás defendería los comentarios que ciertas diputadas pseudo influencers hicieron sobre los hombres mayores diciendo que huelen a baúl y otras cosas, está mal y es ofensivo desde el punto que se vea, pero, ya saben ahora lo que hemos sentido las mujeres toda la vida por cómo se expresan de nosotras, de nuestros cuerpos, de nuestros olores y de nuestra edad.

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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