Si la vida te da muros, escribe sobre ellos

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9 de marzo, 2021

Así que ya chole el tema, que otra vez ya vienen las de morado a pegarle un susto a los tranquilos transeúntes y a los pacíficos burócratas. Pues no, ellas no son las mujeres de morado, ellas son los fantasmas de las asesinadas, son el grito de hartazgo –ellas si ya están hartas y ellas sí pueden decir que ya chole– y  no vienen a aterrorizar a nadie. Que van a romper y quemar, también las han roto y quemado a ellas. A lo que vienen es a sacudir nuestras conciencias, a abrirnos los ojos, a liberarse porque ya no queda de otra. Ya sé que son muchos los que ya han hablado, que las palabras danzan descontroladas e insomnes entre la razón, la cordura, la insensatez y el terror; pero ¿qué se le va a hacer?, si lo que hace falta es hablar mucho, decirlo todo: lo que duele y lo que incomoda, lo que estorba y lo que suena mal. Hay que decirlo todo porque una conferencia de prensa que termina en una porra no es informativa, es un acto político (y eso no está mal del todo, nomás que llamemos a las cosas por su nombre para que luego no haya sorpresas).

Cuentan que las campanas de la Catedral de Puebla fueron izadas por los ángeles y que amanecieron en su lugar; dicen que cuando despertó el dinosaurio seguía ahí, pero lo cierto es que cuando despertamos en la Ciudad de los Palacios, región más transparente del aire, el muro se había convertido en lienzo y el símbolo que echaba sal sobre la herida –y que con razón o sin ella, provoca desencuentro y confrontación– se  había convertido en un gigantesco cuadro en el que constan los nombres de las mujeres asesinadas, víctimas de feminicidios, las olvidadas, las empujadas al infierno del sufrimiento por la omisión, el olvido y la indiferencia. En todos los años que llevo viviendo en la Ciudad de México nunca había visto algo parecido. Pareciera que el destino se empeña en que hasta los más veteranos habitantes del Valle de México presenciemos lo inédito. No sé si se pueda llamar miedo o prudencia extrema, de lo que estoy seguro es que se llama símbolo y representa un espacio de distancia entre el poder y el dolor de las mujeres; no sé si se le pueda llamar violencia o desesperación, pero estoy convencido que se llama símbolo y representa el poder de la sociedad y de las mujeres que no se van a cansar de denunciar porque el hartazgo ha vencido el límite del miedo y del terror. 

Seamos inteligentes, cuando alguien ha cruzado la frontera del terror ya nada puede detenerlo, y a las mujeres de este país las hemos empujado a regiones terribles donde lo único que queda es la ferocidad de la justicia. Escucho que las llaman violentas, feminazis, agresoras, que se contradicen pidiendo paz con violencia, todo eso dicho con una soltura que aterra y lo que veo con menor frecuencia es cordura y sentido común. Me parece que los hombres vamos mal encaminados si pensamos que las mujeres que protestan y se defienden son el enemigo. El enemigo es nuestra cultura patriarcal que nos privilegia para ejercer violencias cotidianas, desde las más leves hasta las más horrendas. El enemigo es la impunidad, el silencio y la corrupción. El enemigo no es una mujer que protesta rompiendo todos los estereotipos de lo que consideramos “respetable”, “adecuado” o “femenino”, el enemigo es la intolerancia y el atavismo que nos impide ver el terror y la indignación que no alcanzamos a comprender porque somos hombres y no lo hemos padecido por siglos.

Hay cosas que bien haríamos teniendo claro; no hay “feminazis” y las mujeres no son el enemigo, ni el agresor, menos las feministas con toda la generosa amplitud de ese término revolucionario. Son ellas quienes protagonizan este dolor y esta batalla, no nosotros; no quieren acabar con la otra mitad de la especie humana, quieren que no las acosemos, que no las asesinemos, que no las golpeemos y que no les hagamos sentir los privilegios que hemos heredado culturalmente y, perdón, nuestros argumentos sensibleros sobre lo delicadas que las mujeres se han vuelto en este tema no son más que la triste reminiscencia de la época en la que los hombres blancos, heterosexuales, sin discapacidad y cristianos, podíamos burlarnos impunemente de cualquiera que fuera diferente y es que esos tiempos han pasado, se acabaron y hay que entenderlo. El límite de las libertades lo impone la ley y no lo que consideramos simpático, adecuado o políticamente correcto. A fin de cuentas, hay dolores y penas que no se pueden transmitir, hay vergüenzas que no se pueden comunicar, esas son las que más duelen y las que más hacen sufrir, porque suelen ser mudas y solo les puede dar voz quien las sufre.

Durante este largo año de la distancia social, del aislamiento, de los recortes presupuestales a diestra y siniestra manera, las víctimas que han llevado la peor parte son las mujeres. No hay que ser muy listo para verlo. Ellas fueron las primeras en perder sus empleos; ellas son quienes se han perjudicado más por el cierre de las escuelas porque siguen siendo las cuidadoras de los niños que tienen que quedarse en casa y eso hace que sean las últimas en retomar sus actividades; es a ellas a quienes se les han caído los ingresos de peor manera y son quienes van cargando con la peor parte de la violencia porque han sido tomadas como pararrayos en los hogares donde el hacinamiento, la depauperación y la frustración ha incrementado la agresividad y la violencia intrafamiliar; a las desaparecidas ya no las busca nadie si no son sus parientes porque las comisiones de búsqueda carecen de recursos; y a pesar de todo se les responde con muros y bonitas palabras, cuando lo que quieren es encontrar cadáveres de mujeres torturadas y secuestradas, cadáveres, personas muertas y ocultadas; cuando lo que quieren no son nombres sino personas sujetas a procesos en los que se haga justicia, pero se prefiere poner una valla para que no maltraten el pedestal de un monumento donde ni siquiera hay una estatua.

Lo justo sería que estas vallas donde constan los nombres de las víctimas se conserven y que las pongamos a lo largo de un lugar donde se queden de manera permanente como un memorial a las que no se fueron, sino que se las llevaron, a quienes siguen clamando justicia y cuyas voces no se van a apagar ni ahora ni nunca. Tenemos que enfrentar la vergüenza de que ellas serán nuestras madres de la Plaza de Mayo, que son símbolo universal y que estarán ahí por siempre como un reclamo para nuestra conciencia.




Ningún monumento, por histórico, simbólico o hermoso que sea, vale la vida de un ser humano, pero eso ya lo sabemos. Lo que parecemos olvidar es que sin ellas no hay sociedad o proyecto posible, que con miedo y violencia no hay transformación ni futuro, que el tiempo de las mujeres es el tiempo de la nueva sociedad que todos estamos pidiendo.

@cesarbc70

 

Comentarios
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El universo humano es cada vez más complejo y cambiante, lo que lo hace progresivamente impredecible. Día con día crecen exponencialmente el número de variables potenciales y también la imposibilidad de controlarlas. Por ello el líder necesita aprender a gestionarse en la incertidumbre, otra de las caras ineludibles de la auténtica “nueva normalidad”.  En los últimos artículos hemos especulado acerca de qué características debe tener un líder para encarar los retos a los que nos somete el siglo XXI. 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Conforme el escenario humano se amplía y se complejiza, crecen exponencialmente el número de variables posibles, pero también, ante la emergencia de nuevas tecnologías, de transformaciones sociales, éticas y culturales, crecen también las posibilidades potenciales de cada una. Pensemos en tres jóvenes de veinte años, nacidos en París, Londres, Nueva York o la Ciudad de México. Los tres habitan un entorno urbano y gozan de las posibilidades para cursar la educación estándar de su tiempo. Ahora imaginemos que uno nació en 1800, otro en 1900 y el tercero en el año 2000. Los tres son humanos biológicamente idénticos, nacieron en el mismo planeta y en la misma ciudad; sin embargo, los tres habitan mundos objetivamente distintos en todos los ámbitos lo que conlleva experiencias existenciales radicalmente distintas.  Mientras el chico nacido en 1800 tiene prácticamente definido el entorno donde habrá de desarrollarse: conoce con enorme certeza sus posibles actividades profesionales que está habilitado por sus capacidades, orígenes familiares y circunstancias específicas, tiene muy claro cómo y dónde relacionarse con sus pares, tiene tatuado en el ADN social cómo, cuándo y dónde buscar a la pareja con que deberá fundar una familia, etcétera. Resumiendo, el chico nacido en 1800, con todo y sus escasos veinte años, puede determinar con una certeza muy alta cómo se desarrollará el resto de su vida.  En el caso del chico nacido en 1900, aun cuando el escenario es relativamente semejante al anterior, desciende significativamente el nivel de certidumbre. La posibilidad de viajar en automóvil en vez de carreta de caballos, de que la luz eléctrica le transforme la vida, de encontrar nuevas profesiones, de alterar, así fuera ligeramente, el modelo familiar en uso haría que sus posibilidades potenciales fuesen más amplias y diversas que las de su predecesor de 1800. Se trata de posibilidades objetivamente nuevas que unas décadas atrás simplemente no existían. El mundo de 1900 era mucho más dinámico y complejo que un siglo atrás.  Ahora veamos el escenario de futuro para un chico de veinte años, nacido en el año 2000 en una gran ciudad de occidente. El incremento de variables en todos los ámbitos de su existencia es delirante. Mientras su predecesor de 1800 apenas tenía un puñado de opciones y el de 1900 quizá 10 o 15 posibles carreras universitarias para escoger, el chico del año 2000 tiene decenas, quizá centenas si sumamos especialidades y variantes específicas en cada caso. El chico nacido en el año 2000 puede, desde Ciudad de México, trabajar en cualquier parte del mundo. Qué decir de la tecnología. El mundo del año 2020 es objetivamente más complejo, más diverso, más cambiante, con un sin número de variables que emergen y desaparecen a cada momento y con infinitas posibilidades de combinación entre ellas. Y este campo inmenso de posibilidades, potencialidades y riqueza sin límites se experimenta como un mundo concreto, donde cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Campos profesionales emergen mientras otros desaparecen de un día a otro. Mientras que el chico nacido en el año 2000 no tendría idea de en qué consiste la labor de un ascensorista, de una secretaria mecanógrafa, de un fogonero de ferrocarril o de un operador telegráfico, no habría manera de que éste les explicara a sus pares del pasado lo que hace un influencer, un desarrollador de software, un coach de vida, un community mannager, un ingeniero en nanotecnología o un analista de internet.  También en el campo de la ética y de las costumbres las cosas son muy distintas para los tres. Mientras que en los primero dos casos existían sólo dos géneros posibles y una sola combinación aceptable, para el último existe una gama inmensa de posibilidades. Mientras para los primeros dos chicos los roles sociales y de pareja estaban plenamente establecidos, para el nacido en el año 2000 requieren una construcción personal y dinámica. Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con la evolución humana: cada vez hay más variables económicas, sociales, culturales, políticas, tecnológicas, etc., en interacción permanente y, por lo tanto, resulta cada vez más difícil pronosticar con precisión hacia dónde nos dirigimos. Desde luego que esta dinámica, absolutamente real y objetiva, si produce algo, es incertidumbre, siempre escoltada por sus compañeras inseparables: angustia y ansiedad.  Es con esto con lo que hay que lidiar tanto en lo individual como en lo colectivo y asumir la incertidumbre como una compañera cotidiana es una de las tareas más difíciles y a la vez indispensables para ejercer el liderazgos en el siglo XXI. 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Revisar, rectificar y corregir su estrategia es urgente, pues a muchos especialistas no les gusta el panorama. Solo el alza constante de los precios en los supermercados no es una buena señal, pero al parecer él tiene otros datos. Dice que encontró muchos problemas, derivados del conservadurismo que, según él, quienes se han beneficiado de ello se niegan a soltar sus privilegios adquiridos en tantos años del régimen neoliberal. ¡Eso no es cierto!  En mi opinión, es evidente fracaso de su convocatoria, pues lo único que ha hecho es dividir a los mexicanos. Se le olvidó al viejo zorro el principio elemental de la política: hacer política. ¿No se dará cuenta de que amplios segmentos de la población están inconformessobre todo entre los más informados y que, sin duda, son los que generan riqueza de este país? Y no me refiero a las grandes empresas. ¿Quién le informa? 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Lo que se acaba (se acabó hace tiempo y no terminamos de aceptar su fallecimiento) es el mundo de las certezas, el de los seres invulnerables y el de la autosuficiencia. Entramos en un espacio desconocido, común y frágil, es decir un mundo que tiene que ser pensado sistémicamente y con una mayor aceptación de nuestra ignorancia irreductible2 …”. El universo humano, más allá del mero crecimiento demográfico de la población, es cada vez más complejo, cada vez más dinámico, más inestable y más cambiante, pero sobre todo, cada vez más impredecible. Esta tendencia se ha sostenido constante a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI no ha hecho otra cosa que acentuarse y acelerarse. La propia pandemia, con sus cambios y mutaciones, se ha ceñido a las características de los tiempos. Por ello no hay motivo para suponer que esta propensión a un devenir impredecible no continuará en el futuro. No se trata de un autoengaño sin fundamento. Conforme el escenario humano se amplía y se complejiza, crecen exponencialmente el número de variables posibles, pero también, ante la emergencia de nuevas tecnologías, de transformaciones sociales, éticas y culturales, crecen también las posibilidades potenciales de cada una. Pensemos en tres jóvenes de veinte años, nacidos en París, Londres, Nueva York o la Ciudad de México. Los tres habitan un entorno urbano y gozan de las posibilidades para cursar la educación estándar de su tiempo. Ahora imaginemos que uno nació en 1800, otro en 1900 y el tercero en el año 2000. Los tres son humanos biológicamente idénticos, nacieron en el mismo planeta y en la misma ciudad; sin embargo, los tres habitan mundos objetivamente distintos en todos los ámbitos lo que conlleva experiencias existenciales radicalmente distintas.  Mientras el chico nacido en 1800 tiene prácticamente definido el entorno donde habrá de desarrollarse: conoce con enorme certeza sus posibles actividades profesionales que está habilitado por sus capacidades, orígenes familiares y circunstancias específicas, tiene muy claro cómo y dónde relacionarse con sus pares, tiene tatuado en el ADN social cómo, cuándo y dónde buscar a la pareja con que deberá fundar una familia, etcétera. Resumiendo, el chico nacido en 1800, con todo y sus escasos veinte años, puede determinar con una certeza muy alta cómo se desarrollará el resto de su vida.  En el caso del chico nacido en 1900, aun cuando el escenario es relativamente semejante al anterior, desciende significativamente el nivel de certidumbre. La posibilidad de viajar en automóvil en vez de carreta de caballos, de que la luz eléctrica le transforme la vida, de encontrar nuevas profesiones, de alterar, así fuera ligeramente, el modelo familiar en uso haría que sus posibilidades potenciales fuesen más amplias y diversas que las de su predecesor de 1800. Se trata de posibilidades objetivamente nuevas que unas décadas atrás simplemente no existían. El mundo de 1900 era mucho más dinámico y complejo que un siglo atrás.  Ahora veamos el escenario de futuro para un chico de veinte años, nacido en el año 2000 en una gran ciudad de occidente. El incremento de variables en todos los ámbitos de su existencia es delirante. Mientras su predecesor de 1800 apenas tenía un puñado de opciones y el de 1900 quizá 10 o 15 posibles carreras universitarias para escoger, el chico del año 2000 tiene decenas, quizá centenas si sumamos especialidades y variantes específicas en cada caso. El chico nacido en el año 2000 puede, desde Ciudad de México, trabajar en cualquier parte del mundo. Qué decir de la tecnología. El mundo del año 2020 es objetivamente más complejo, más diverso, más cambiante, con un sin número de variables que emergen y desaparecen a cada momento y con infinitas posibilidades de combinación entre ellas. Y este campo inmenso de posibilidades, potencialidades y riqueza sin límites se experimenta como un mundo concreto, donde cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Campos profesionales emergen mientras otros desaparecen de un día a otro. Mientras que el chico nacido en el año 2000 no tendría idea de en qué consiste la labor de un ascensorista, de una secretaria mecanógrafa, de un fogonero de ferrocarril o de un operador telegráfico, no habría manera de que éste les explicara a sus pares del pasado lo que hace un influencer, un desarrollador de software, un coach de vida, un community mannager, un ingeniero en nanotecnología o un analista de internet.  También en el campo de la ética y de las costumbres las cosas son muy distintas para los tres. Mientras que en los primero dos casos existían sólo dos géneros posibles y una sola combinación aceptable, para el último existe una gama inmensa de posibilidades. Mientras para los primeros dos chicos los roles sociales y de pareja estaban plenamente establecidos, para el nacido en el año 2000 requieren una construcción personal y dinámica. Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con la evolución humana: cada vez hay más variables económicas, sociales, culturales, políticas, tecnológicas, etc., en interacción permanente y, por lo tanto, resulta cada vez más difícil pronosticar con precisión hacia dónde nos dirigimos. Desde luego que esta dinámica, absolutamente real y objetiva, si produce algo, es incertidumbre, siempre escoltada por sus compañeras inseparables: angustia y ansiedad.  Es con esto con lo que hay que lidiar tanto en lo individual como en lo colectivo y asumir la incertidumbre como una compañera cotidiana es una de las tareas más difíciles y a la vez indispensables para ejercer el liderazgos en el siglo XXI. Es, entonces, la incertidumbre otra de las caras ineludibles de la auténtica <nueva normalidad>.    En la siguiente entrega abordaremos las últimas de las propiedades indispensables para los liderazgos que aspiren a gestionar con éxito la esperada Era Post-Covid: consciencia de Ejemplaridad.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo “el”, no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Innerarity, Daniel, Pandemocracia. Una filosofía de la crisis del coronavirus, Primera Edición, España, Galaxia Gutemberg, 2020, P. 42" ["post_title"]=> string(43) "Era Covid: Liderazgo⁠  e Incertidumbre " ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(44) "era-covid-liderazgo%e2%81%a0-e-incertidumbre" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-09 15:35:57" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-09 20:35:57" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=63578" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(43) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "f3b71eb5760d0df1ddb9c4f3d1c28c08" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Era Covid: Liderazgo⁠  e Incertidumbre 

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