Safaris de la miseria

Los cubanos piden ayuda humanitaria verdadera, que ayude a sacarlos de la precariedad, pero no los hemos atendido.

24 de marzo, 2026 Cuba ya vive, se puede afirmar categóricamente, un PERDIDO ESPECIAL 2.0 luego de pasar por el original, acaecido luego del periodo entre 1989 y 1991, que supuso la caída definitiva del bloque comunista, liderado por la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS).

Las condiciones precarias en que ha vivido la isla de Cuba en los últimos 67 años hoy cobran particular notoriedad. Ello se convierte en tema de debates políticos, de publicaciones que desmenuzan finamente la problemática socioeconómica y cultural de sus habitantes, cuya gran mayoría nació dentro de la dictadura iniciada en 1959 por Fidel Castro y perpetuada por sus correligionarios. Los pobladores se han acostumbrado a vivir de la manera en que lo hacen, como un modo de sobrevivencia en un país donde proclamar la palabra “libertad” llega a constituir una sentencia de muerte.

El gobierno de Claudia Sheinbaum, al igual que el de su predecesor López Obrador han apoyado a la dictadura cubana. Los envíos, inicialmente de petróleo y en la actualidad de alimentos y medicinas son constantes. Los bienes llegan a la isla donde se comercializan y generan divisas que, lejos de beneficiar en forma directa a la población, pasan a lubricar los engranajes de la maquinaria gubernamental, y así perpetuar el estado de cosas.

El fin de semana que acaba de concluir se anunció la llegada a Cuba de cincuenta líderes de la izquierda de diversos países, según se dijo, para apoyo hacia la población necesitada, en una operación denominada “Nuestra América”, cuya página publicó con anticipación la convocatoria. Lo que ha trascendido a través de redes sociales habla de un convoy que incluyó alojamiento en hoteles cinco estrellas, alimentación de primera y un concierto con el grupo irlandés “Kneecap”. Todo lo anterior, de alta demanda energética, llevó a un colapso a lo largo y ancho de la Habana, que incluso generó la muerte de pacientes que en esa fecha se hallaban conectados a sistemas de soporte vital. Igualmente vienen circulando videos de dichos líderes a bordo de simpáticos camioncitos recorriendo la Habana para tomar y tomarse fotografías, y así concluir que, después de todo, el problema de Cuba no es tan grave como los cubanos lo expresan.

Nuestra sociedad sufre una franca pérdida de valores humanos. Lo que tradicionalmente se daba en casa ahora parece haberse esfumado, para generar una serie de cánones culturales laxos y acomodaticios, enfocados fundamentalmente a cubrir las apariencias. Lo importante es cómo se ve, no lo que tenga en el fondo. Utilizamos la palabra de igual manera, para expresar la realidad revestida de suficientes velos como para disfrazar su crudeza y volverla otra cosa. Una situación más en nuestro país, que no deja de sorprenderme, es que los medios de difusión eviten la utilización de términos que tengan que ver con significados tales como el final de la vida, la comisión de diversos crímenes de alto impacto o el uso de sustancias adictivas, como si de ese modo se modificara el impacto mortífero del crimen organizado. Igual, se protege la identidad de criminales, aun confesos, para no hacer apología del delito. Como si manejarnos mediante apariencias fuera a modificar el problema de raíz

Lo que me pareció aún más humillante respecto a Cuba, es lo que los críticos han denominado “Safaris de la miseria”. En esos camiones flamantes los turistas “humanitarios”, entre ellos muchos creadores de contenido, recorrieron diversos puntos de la isla para registrar las condiciones en que viven sus habitantes. Hicieron alto en algunos puntos, y en uno de ellos animaron a menores cubanos a bailar y los premiaron con una golosina. Terrible decirlo, pero me recordó tantas escenas de circos, laboratorios y espectáculos callejeros, donde se insta a animales de diversas especies a llevar a cabo algunas gracias, a cambio de una pequeña recompensa.

Diversos creadores de contenido se han expresado a través de videos cortos en redes sociales, incluso con riesgo de su vida, como es el caso de Yoani Sánchez: Expresan abiertamente que las condiciones que atraviesa Cuba en estos momentos no son producto del bloqueo comercial de los Estados Unidos de Norteamérica, sino el resultado del régimen dictatorial que ha limitado su libertad. Incluso, revisando material, me encontré un par de videos donde los propios cubanos piden ayuda a Donald Trump para salir de las condiciones precarias en que viven.

Dentro de este convoy de izquierda, personajes como el español Pablo Iglesias no desaprovecharon la ocasión de grabar material para su marca, y Hasan Dogan Piker, comentarista turco-norteamericano no perdió la oportunidad de aumentar el número de seguidores.

Revisando todo lo que salió a la luz tras de este fin de semana tan contrastante, nos topamos con que una palabra que no se manejó fue la de “compasión”, que es lo que los hermanos cubanos en realidad necesitan de nosotros. ¡Queda expuesto con total contundencia el modo como hemos perdido el rumbo de la nave!

María del Carmen Maqueo Garza

Opinión

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Los cubanos piden ayuda humanitaria verdadera, que ayude a sacarlos de la precariedad, pero no los hemos atendido.

Las condiciones precarias en que ha vivido la isla de Cuba en los últimos 67 años hoy cobran particular notoriedad. Ello se convierte en tema de debates políticos, de publicaciones que desmenuzan finamente la problemática socioeconómica y cultural de sus habitantes, cuya gran mayoría nació dentro de la dictadura iniciada en 1959 por Fidel Castro y perpetuada por sus correligionarios. Los pobladores se han acostumbrado a vivir de la manera en que lo hacen, como un modo de sobrevivencia en un país donde proclamar la palabra “libertad” llega a constituir una sentencia de muerte.

El gobierno de Claudia Sheinbaum, al igual que el de su predecesor López Obrador han apoyado a la dictadura cubana. Los envíos, inicialmente de petróleo y en la actualidad de alimentos y medicinas son constantes. Los bienes llegan a la isla donde se comercializan y generan divisas que, lejos de beneficiar en forma directa a la población, pasan a lubricar los engranajes de la maquinaria gubernamental, y así perpetuar el estado de cosas.

El fin de semana que acaba de concluir se anunció la llegada a Cuba de cincuenta líderes de la izquierda de diversos países, según se dijo, para apoyo hacia la población necesitada, en una operación denominada “Nuestra América”, cuya página publicó con anticipación la convocatoria. Lo que ha trascendido a través de redes sociales habla de un convoy que incluyó alojamiento en hoteles cinco estrellas, alimentación de primera y un concierto con el grupo irlandés “Kneecap”. Todo lo anterior, de alta demanda energética, llevó a un colapso a lo largo y ancho de la Habana, que incluso generó la muerte de pacientes que en esa fecha se hallaban conectados a sistemas de soporte vital. Igualmente vienen circulando videos de dichos líderes a bordo de simpáticos camioncitos recorriendo la Habana para tomar y tomarse fotografías, y así concluir que, después de todo, el problema de Cuba no es tan grave como los cubanos lo expresan.

Nuestra sociedad sufre una franca pérdida de valores humanos. Lo que tradicionalmente se daba en casa ahora parece haberse esfumado, para generar una serie de cánones culturales laxos y acomodaticios, enfocados fundamentalmente a cubrir las apariencias. Lo importante es cómo se ve, no lo que tenga en el fondo. Utilizamos la palabra de igual manera, para expresar la realidad revestida de suficientes velos como para disfrazar su crudeza y volverla otra cosa. Una situación más en nuestro país, que no deja de sorprenderme, es que los medios de difusión eviten la utilización de términos que tengan que ver con significados tales como el final de la vida, la comisión de diversos crímenes de alto impacto o el uso de sustancias adictivas, como si de ese modo se modificara el impacto mortífero del crimen organizado. Igual, se protege la identidad de criminales, aun confesos, para no hacer apología del delito. Como si manejarnos mediante apariencias fuera a modificar el problema de raíz

Lo que me pareció aún más humillante respecto a Cuba, es lo que los críticos han denominado “Safaris de la miseria”. En esos camiones flamantes los turistas “humanitarios”, entre ellos muchos creadores de contenido, recorrieron diversos puntos de la isla para registrar las condiciones en que viven sus habitantes. Hicieron alto en algunos puntos, y en uno de ellos animaron a menores cubanos a bailar y los premiaron con una golosina. Terrible decirlo, pero me recordó tantas escenas de circos, laboratorios y espectáculos callejeros, donde se insta a animales de diversas especies a llevar a cabo algunas gracias, a cambio de una pequeña recompensa.

Diversos creadores de contenido se han expresado a través de videos cortos en redes sociales, incluso con riesgo de su vida, como es el caso de Yoani Sánchez: Expresan abiertamente que las condiciones que atraviesa Cuba en estos momentos no son producto del bloqueo comercial de los Estados Unidos de Norteamérica, sino el resultado del régimen dictatorial que ha limitado su libertad. Incluso, revisando material, me encontré un par de videos donde los propios cubanos piden ayuda a Donald Trump para salir de las condiciones precarias en que viven.

Dentro de este convoy de izquierda, personajes como el español Pablo Iglesias no desaprovecharon la ocasión de grabar material para su marca, y Hasan Dogan Piker, comentarista turco-norteamericano no perdió la oportunidad de aumentar el número de seguidores.

Revisando todo lo que salió a la luz tras de este fin de semana tan contrastante, nos topamos con que una palabra que no se manejó fue la de “compasión”, que es lo que los hermanos cubanos en realidad necesitan de nosotros. ¡Queda expuesto con total contundencia el modo como hemos perdido el rumbo de la nave!

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Maria del Carmen Maqueo Garza
Coahuilense, pediatra retirada, apasionada de la palabra escrita. Colabora en diversas publicaciones periódicas digitales e impresas. Autora de varios libros. Bloguera. Incansable aprendiz de la vida.
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