Revocación de mandato

En este texto, el autor nos sitúa en una escena imaginaria donde el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se entera del Memorándum emitido por el gobierno de Joe Biden. En éste, Biden fija su postura respecto a...

7 de junio, 2021

En este texto, el autor nos sitúa en una escena imaginaria donde el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se entera del Memorándum emitido por el gobierno de Joe Biden. En éste, Biden fija su postura respecto a la lucha contra la corrupción como un Interés fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos. Dicha postura contraviene los intereses de gobiernos autoritarios como el de Venezuela (nota del editor). 

La tropical tranquilidad del Palacio Nacional  Bolivariano de Miraflores, modesta residencia de la primera pareja combatiente de la República bolivariana de Venezuela,  se vio interrumpida por el súbito ingreso de la  ministra del poder popular para las relaciones exteriores, Delcy Rodriguez Gómez.

  • Perdonen ustedes mi inesperada visita, pero traigo la nota difundida ayer  por el imperio injerencista e intervencionista de los yanquis.
  • ¿De qué se trata, bolivariana compañera ministra del poder popular para las relaciones exteriores? –preguntó Nicolás Maduro.
  • Se trata de que el anciano Biden ha difundido un memorándum, que se atreve a llamar “Política de Estado”, en el que promete seguir financiando, patrocinando y apoyando a los  opositores y enemigos de nuestro movimiento de regeneración bolivariana.
  • ¡A ver, a ver!

El bolivariano presidente del poder popular bolivariano palideció de pronto.

Su esposa y primera combatienta bolivariana (1), Cilia Flores, miró con gesto preocupado cómo subían y bajaban los espesos bigotes de su bolivariano esposo.

  • Léelo en voz alta, Nicolás, no me dejes ardiendo de curiosidad –suplicó Cilia.
  • Primero me muero que dejarte ardiendo, ¡válgame  la cumbia! ¡Es cierto!, el viejito Biden proclamó que va a seguir financiando con millonadas de dólares a los golpistas que se oponen a nuestro movimiento de regeneración bolivariana. ¡Tal y como lo oyes, Cilia!, se había tardado ¡este concha su madre! Con el pretexto de combatir la corrupción,  la impunidad y el nepotismo, va a seguir financiando a Juan X. Guaidó  y sus venezolanos unidos contra la corrupción y la impunidad…

Las abundantes y bien nutridas mejillas del bolivariano presidente del poder popular venezolano, se agitaban temblorosas como gelatinas haciendo resaltar su tupido bigote negro…

  • ¡Hay que hablar inmediatamente con Vladimir!

Un ayudante bolivariano del ex estado mayor presidencial de Venezuela, salió a toda prisa para llamar a Vladimir.




Mientras se debatían agitados por  la indignación y la zozobra, hizo su entrada al modesto comedor bolivariano del Palacio Nacional de Miraflores, el general  Vladimir Padrino López, que presentaba signos inconfundibles de recién haberse despertado.

  • ¿Qué hace usted aquí compañero ministro del poder popular para la defensa de la república popular bolivariana?
  • Su bolivariana excelencia, acudo al llamado de usted como comandante supremo de las fuerzas armadas bolivarianas, de los almirantes del mar océano y custodios de puertos, aeropuertos trenes y aduanas  bolivarianas. Me dijeron que urgía presentarme ante usted.
  • ¡No lo puedo creer! –tronó el cachetón y bien nutrido presidente bolivariano –. No pedí que lo llamaran a usted, General Padrino; me refería a Vladimir ¡pero a Vladimir Putin!
  • ¡Qué bueno que justo al sur del imperio, se yergue el coloso tabasqueño  que no le teme a los enfrentamientos con la Casa Blanca!
  • No puede venir a meterse a Venezuela, porque primero tendría que pasar por encima de esa reencarnación de Benito Juárez que impulsa la cuarta transformación y se da tiempo todavía para desafiar a los gringos.
  • Pero ahora el viejito Biden sacó las uñas a pesar de todo, ¿y qué será lo que sigue?
  • Sigue que Kamala Harris se va a encontrar con el presidente  mejor calificado  de todo el mundo, y la va a poner en su lugar el martes próximo.
  • López Obrador es la reencarnación de Benito Juárez, sólo así se explica que viva en el mismo palacio que el Benemérito de las Américas. ¡Y usted, excelentísimo presidente Maduro, es la reencarnación del gran libertador Simón Bolívar!
  • AMLO va a poner en su  lugar a los gringos, Vladimir; ya lo verá usted.

Mientras el General Padrino López y Maduro intercambiaban elogios y opiniones, la primera combatienta y esposa del bolivariano presidente le preguntó: 

  • ¿Qué piensas hacer para prevenir el injerencismo yanqui, Nicolás?
  • Voy a pedirle a Vladimir Putin que nos mande misiles hipersónicos para pertrecharnos contra un intento al estilo de Bahía de Cochinos.
  • Ay, Nicolás, me está dando un poquitico de miedo; no vaya a ser la de malas que el bueno y sabio  pueblo bolivariano se cambie de bando y nos revoquen el bolivariano mandato como a Juan charrasqueado, ¡que no tuvo tiempo ni de montar en su caballo! Hace pocos días  estuve viendo en la televisión cómo tumbaron los ingratos  rumanos  a tu tocayo Niccolae y a su esposa  Elena Ceaușescu en la mera navidad de 1989; a la hora que los fueron a sacar del Palacio Presidencial donde vivían modestamente, tenían cara de incredulidad, como si pensaran que algo así no podía pasarles a ellos nunca.
  • No de angusties, Cilia, a nosotros también nos cuida el pueblo bueno y sabio; ejecuciones como la de Niccolae y Elena Ceaușescu nunca podrían pasarnos a nosotros.
  • Pues por si las dudas, mejor sí llama a Vladimir…
  • Mientras me enlazan con el Kremlin, General Padrino, ¿apetece unos tamalitos de chipilín? Llegaron fresquecitos de México anoche en el vuelo nocturno de Cubana de Aviación. 

Ante la invitación presidencial, el ministro del poder popular para la defensa de la patria bolivariana, se sentó a la mesa y permaneció en silencio mientras tomaba un sorbo de café en espera de su tamalito.

…000…

 

La primera combatienta. Cilia Flores de Maduro, rechazó el odioso nombramiento de “primera dama” y optó por el de primera combatienta bolivariana. 

Ilustración histórica: La fotografía que engalana este artículo, muestra el momento en que tuvo lugar la revocación de mandato  al líder rumano Niccolae y a su esposa  Elena Ceaușescu como parte de las celebraciones de  la navidad de 1989.

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Cuando hablo de clase media no me refiero a quienes se enriquecen con el dinero público obtenido fraudulentamente a partir de contratos con el Estado, no hablo de criminales ni del fuero común ni de cuello blanco, no hablo de los grandes evasores, sino, al contrario, de clientes cautivos del fisco que, aun a regañadientes al no ver de forma tangible lo erogado, pagan sus impuestos con puntualidad.   Esta misma clase media, hoy injusta y peyorativamente tachada de fifí, hace tres años, harta de las mentiras y promesas huecas, de los dimes y diretes entre los partidos de siempre, de la corrupción cínica con que se han gestionado las arcas públicas durante décadas, de las mentiras sistemáticas, de la inseguridad creciente, de forma entusiasta dio su aval a una esperanza de transformación.  Sin embargo hoy, frente a trato frío e indolente del gobierno de turno, vuelve a sentirse traicionada: insolidariamente dejada a su suerte durante una pandemia que la devastó; asustada ante decisiones inexplicables, como la cancelación injustificada de un aeropuerto en plena construcción; el regreso inaudito a energías sucias, infraestructuras sin futuro, suspensión de inversiones privadas –tanto en producción de energía como industrial–; desconcertada ante consultas populares sin justificación, leyes sin apego constitucional; impactada ante el abandono de la educación y una vaga promesa de que a pesar de todo, las cosas irán bien, sin que quede claro cómo habrá de suceder eso.  Mientras las auténticas élites económicas tienen la posibilidad permanente de, en el momento en que lo decidan, tomar sus pertenencias, familia, perros y personal a su sevicio y marcharse a vivir a Miami, las clases medias progresistas y productivas de este país deben permanecer aquí, donde, para bien o para mal, está ligado su futuro y el de los suyos. Aquí tienen su vida, sus raíces, su trabajo, sus proyectos personales, sus empresas, las escuelas de sus hijos y por eso, aun sin ser, como consecuencia de un prejuicio gubernamental, parte de ese supuesto “pueblo” estereotipado y clientelar, tienen derecho a ser escuchados y tomados en cuenta con seriedad.  No conozco ejemplos en el mundo ni en la historia donde se haya alcanzado la prosperidad y se haya abatido la pobreza y la injusticia demoliendo en el proceso a las clases medias o siquiera teniéndolas en contra.     Y no se trata solo de los resultados electorales de la Ciudad de México, de por sí reveladores al tratarse de la ciudad más progresista del país y cuyo gobierno está aceptablemente bien calificado, y donde el derrumbe del partido oficial fue significativo, sino que más bien es posible observar una tendencia en la misma dirección de varios centros urbanos importantes –Puebla, Mérida o las zonas conurbadas del Estado de México, Guadalajara o Monterrey–.  Si el partido gobernante quiere cerrar los ojos y culpar del revés local a la campaña sucia, que sin duda hubo, allá ellos. Eso será un insulto más a estas clases medias, a las que, vistas así, ya no solo se les descalifica como fifís sin serlo, sino que además se les considera tontas y fácilmente manipulables.    Ojalá gobierno y oposición comprendan que tan solo con la fuerza del Estado y de las élites económicas y políticas no es suficiente. Que para crear auténtico dinamismo y un crecimiento horizontal, con una mejor distribución de la riqueza y el progreso, se necesita de una clase media pujante, dinámica y comprometida con el desarrollo nacional.  Tanto para la coalición gobernante como para la opositora el mandato del electorado abre una enorme ventana de oportunidad: para unos de reencauzar la dirección, y para los otros de terminar de resucitar, de cara al proceso de sucesión de 2024. Veremos quién entiende primero y mejor el mensaje y consigue capitalizarlo… por el bien de todos.  

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Este grupo social, medular para el triunfo del movimiento naciente, ha sido, en primera instancia, ignorado y, en segunda instancia, atacado por sus posiciones críticas.    La segunda categoría está compuesta por una clase media no politizada. Incluye a todos aquellos que, si bien han tenido la fortuna de gozar de ciertas oportunidades, han sido educados en una cultura de trabajo, mérito y superación. Se trata de esa ciudadanía silenciosa que con enormes esfuerzos pagan colegiaturas en escuelas privadas, que tienen coche o que lo ven como una meta alcanzable, que habitan a una vivienda digna, ya sea en propiedad o alquilada; aquellos que tienen un trabajo estable en niveles medios dentro de una empresa sólida o quienes se desarrollan por su cuenta tras haber montado su propia empresa pequeña o mediana –que quizá han consolidado a través de varias generaciones–, aquellos que venden bienes raíces, seguros, autos; aquellos que administran una peluquería, una tienda de ropa, un restaurante, un jardín de niños o una refaccionaria; aquellos que prestan servicios de contaduría, consultas médicas privadas, o hacen cálculos estructurales para un despacho de arquitectos; aquellos que para su futuro apenas cuentan con sus potenciales ahorros personales; aquellos que no tienen tiempo ni ganas de sumergirse en ideologías ni de un color ni del otro y que solo quieren vivir en paz. Cuando hablo de clase media no me refiero a quienes se enriquecen con el dinero público obtenido fraudulentamente a partir de contratos con el Estado, no hablo de criminales ni del fuero común ni de cuello blanco, no hablo de los grandes evasores, sino, al contrario, de clientes cautivos del fisco que, aun a regañadientes al no ver de forma tangible lo erogado, pagan sus impuestos con puntualidad.   Esta misma clase media, hoy injusta y peyorativamente tachada de fifí, hace tres años, harta de las mentiras y promesas huecas, de los dimes y diretes entre los partidos de siempre, de la corrupción cínica con que se han gestionado las arcas públicas durante décadas, de las mentiras sistemáticas, de la inseguridad creciente, de forma entusiasta dio su aval a una esperanza de transformación.  Sin embargo hoy, frente a trato frío e indolente del gobierno de turno, vuelve a sentirse traicionada: insolidariamente dejada a su suerte durante una pandemia que la devastó; asustada ante decisiones inexplicables, como la cancelación injustificada de un aeropuerto en plena construcción; el regreso inaudito a energías sucias, infraestructuras sin futuro, suspensión de inversiones privadas –tanto en producción de energía como industrial–; desconcertada ante consultas populares sin justificación, leyes sin apego constitucional; impactada ante el abandono de la educación y una vaga promesa de que a pesar de todo, las cosas irán bien, sin que quede claro cómo habrá de suceder eso.  Mientras las auténticas élites económicas tienen la posibilidad permanente de, en el momento en que lo decidan, tomar sus pertenencias, familia, perros y personal a su sevicio y marcharse a vivir a Miami, las clases medias progresistas y productivas de este país deben permanecer aquí, donde, para bien o para mal, está ligado su futuro y el de los suyos. Aquí tienen su vida, sus raíces, su trabajo, sus proyectos personales, sus empresas, las escuelas de sus hijos y por eso, aun sin ser, como consecuencia de un prejuicio gubernamental, parte de ese supuesto “pueblo” estereotipado y clientelar, tienen derecho a ser escuchados y tomados en cuenta con seriedad.  No conozco ejemplos en el mundo ni en la historia donde se haya alcanzado la prosperidad y se haya abatido la pobreza y la injusticia demoliendo en el proceso a las clases medias o siquiera teniéndolas en contra.     Y no se trata solo de los resultados electorales de la Ciudad de México, de por sí reveladores al tratarse de la ciudad más progresista del país y cuyo gobierno está aceptablemente bien calificado, y donde el derrumbe del partido oficial fue significativo, sino que más bien es posible observar una tendencia en la misma dirección de varios centros urbanos importantes –Puebla, Mérida o las zonas conurbadas del Estado de México, Guadalajara o Monterrey–.  Si el partido gobernante quiere cerrar los ojos y culpar del revés local a la campaña sucia, que sin duda hubo, allá ellos. Eso será un insulto más a estas clases medias, a las que, vistas así, ya no solo se les descalifica como fifís sin serlo, sino que además se les considera tontas y fácilmente manipulables.    Ojalá gobierno y oposición comprendan que tan solo con la fuerza del Estado y de las élites económicas y políticas no es suficiente. Que para crear auténtico dinamismo y un crecimiento horizontal, con una mejor distribución de la riqueza y el progreso, se necesita de una clase media pujante, dinámica y comprometida con el desarrollo nacional.  Tanto para la coalición gobernante como para la opositora el mandato del electorado abre una enorme ventana de oportunidad: para unos de reencauzar la dirección, y para los otros de terminar de resucitar, de cara al proceso de sucesión de 2024. Veremos quién entiende primero y mejor el mensaje y consigue capitalizarlo… por el bien de todos.  

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Desencanto democrático / Juan Carlos Aldir

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