En torno a la captura de Nicolás Maduro a cargo de un grupo de élite de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cabe hacer una serie de reflexiones, que ahora comparto:
1. El régimen bolivariano de Hugo Chávez y Nicolás Maduro encarna tanto la realidad como las posibilidades del marxismo-leninismo latinoamericano tal como demuestran los casos de Cuba, Chile (con Salvador Allende) y Nicaragua: Se trata, en todos los casos, de tiranías monstruosas con una altísima capacidad destructiva, que dejan a la población -y al país- en ruinas económicas, morales y políticas. Cualquier intento por sacar del poder y erradicar a esos regímenes nefastos debe ser bienvenido y aplaudido por todos aquellos ciudadanos que valoren auténticamente la libertad, la democracia y el progreso.
2. En primera instancia, la intervención de las fuerzas armadas de EEUU para capturar a Maduro y decapitar su tiranía debe ser entendida y valorada positivamente como un esfuerzo que apunta a la liberación del pueblo venezolano para hacer posible la restauración del estado de derecho, de la recuperación de su sistema económico, del orden democrático y como un primer paso en favor del retorno a su patria de millones personas que se vieron en la necesidad de abandonarla (por hambre, por persecución política o buscando mejores condiciones de vida en otra parte). Esto es así aún si queda bajo la influencia de la hegemonía norteamericana en su proceso de reconstrucción.
3. Condenar a priori la intervención extranjera como un atentado contra la soberanía de Venezuela es una ingenuidad dogmática y un error grave en la valoración de la situación que vive una población bajo una tiranía despótica y así de destructiva. El pueblo venezolano había hecho lo más posible para sacudirse a ese régimen organizándose políticamente, manifestándose en las calles y participando en elecciones, con un altísimo costo de represión. Se debe comprender que únicamente con recursos internos es imposible vencer a una dictadura que controla la totalidad de los espacios de poder del estado: las fuerzas armadas, el sistema judicial, los medios de información y el sistema de distribución de bienes económicos. Sin la intervención de un poder exterior es imposible la liberación de una población así sometida, como fue el caso de los países de Europa bajo el yugo nazi hace 85 años.
4. Desde luego tampoco es sensato pensar en Donald Trump como un libertador humanitario que no abriga más que interés por el bien de los venezolanos. Como abiertamente lo ha declarado, a Trump le interesa fortalecer la hegemonía estadounidense, sobre todo regionalmente. De ahí su recuperación de la Doctrina Monroe como uno de los ejes de su política exterior. Esto implica, entre otras cosas, depurar a Latinoamérica de regímenes de izquierda radical, seguidores del proyecto del Foro de Sao Paulo; asegurar el control del petróleo venezolano en especial para que no abastezca a sus enemigos globales y combatir el tráfico de drogas hacia EEUU. Como también lo ha afirmado Marco Rubio, no se trata de “ir por el petróleo de Venezuela” sino de fortalecer su posición geopolítica en el continente.
5. Por supuesto que deseable sería que algo similar ocurriera para derrocar a las dictaduras de Cuba y Nicaragua, cuya población celebraría su liberación tanto como hoy celebran la mayoría de los venezolanos. Sin embargo, la realización de este escenario podría redefinir el juego geopolítico en el mundo y abrir la puerta a una dinámica de invasiones de corte neo-imperialista que no sería nada deseable. Esto es lo peligroso de la acción de las fuerzas armadas estadounidenses en Venezuela.
6. En cualquier caso, la mejor estrategia que podría seguir el gobierno de Trump para fortalecer su influencia en la región es actuar como un agente facilitador para el establecimiento de regímenes democráticos, garantes del estado de derecho y de la promoción del crecimiento económico. Si equivocadamente intentara establecer un gobierno títere en Venezuela, como ocurrió con aquellas “repúblicas bananeras” centroamericanas hace un siglo, estaría dando argumentos a los ideólogos y políticos de izquierda fortaleciendo la lucha contra el imperialismo yankee y eso es precisamente lo que no quieren.
7. No obstante, la participación del gobierno norteamericano en el complicado proceso de transición que viene para Venezuela es clave. Si ya fueron los actores principales en la decapitación del régimen, no sería prudente que volvieran a dejar solas a las fuerzas democráticas venezolanas para la reconstrucción del país. Esto porque la mafia bolivariana sigue teniendo el control del ejército, la economía y el entramado institucional de Venezuela. Todavía hay mucho trabajo que hacer y se requerirá mucha presión desde afuera antes del establecimiento de un nuevo régimen democrático. Considerar la declaración del Presidente Trump respecto a que EEUU “se hará cargo de Venezuela [durante el proceso]” como una declaración imperialista es, por lo menos, precipitado y supone no entender lo que está en juego para la ciudadanía venezolana que quiere recuperar su país, pero el gobierno norteamericano tendrá que ser muy cuidadoso durante su participación en la reconstrucción de Venezuela.
8. Por último, tiene razón la política española Cayetana Álvarez de Toledo cuando declara su incomprensión de que todavía haya en el mundo personas que se declaran partidarias de regímenes comunistas, que han sido más destructivos y criminales que la tiranía nacional-socialista de Adolf Hitler y señala que deberían quedar proscritos los movimientos o partidos comunistas tal y como ocurre con movimientos, partidos, símbolos o ideas próximos al partido Nazi en casi todos los países de Europa y de otros continentes (en Israel o Brasil). Ésta es, de hecho, la gran paradoja de un orden liberal democrático: no se puede tolerar la existencia de un grupo político cuyo propósito se la destrucción de los principios liberales democráticos. Un régimen que cancela libertades no admite otra solución más que la de la fuerza para restaurar las libertades perdidas.
Para cerrar, nuevamente: ¡Aguas! Porque en México, Morena cuenta entre sus cuadros dirigentes a muchos personajes que abrazan con gran fervor las ideas radicales del Foro de Sao Paulo y tienen como referentes políticos y morales a la Revolución Cubana, a Salvador Allende y al movimiento bolivariano de Venezuela. Y la destrucción institucional y democrática de México no solo está en marcha sino que avanza rápidamente. Por eso no sorprenden en absoluto las reacciones del morenismo ante la captura de Maduro.
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