No es noticia que en México las mujeres ganamos un salario considerablemente menor al de nuestros colegas varones por realizar el mismo trabajo, incluso con los mismos horarios y demandas laborales; sin embargo la brecha salarial entre mujeres y hombres era en 2020 antes del inicio de la pandemia de un 18.8%, una de las más amplias entre los países miembros de la OCDE, que va muy por encima del promedio que es del 13%.
De acuerdo con el estudio Discriminación estructural y desigualdad social realizado en conjunto por SEGOB, CONAPRED Y LA CEPAL, la diferencia salarial en México persiste en posiciones ocupacionales y escolaridades similares, los hombres reciben en promedio un ingreso laboral por hora 34% mayor al de las mujeres.
Esto se agravó exponencialmente con la pandemia de COVID -19 al ser en su mayoría las madres de familia quienes tuvieron que hacerse cargo del cuidado de los hijos en casa y de estar al pendiente de las clases virtuales y demás actividades a puerta cerrada que el confinamiento provocó, fueron las madres las responsables de preparar los alimentos para toda la familia, responder por las tareas de la casa y sobre todo de vigilar a los hijos en la nueva modalidad de clases en línea, además de que en la mayoría de las ocasiones tener que improvisar algún tipo de negocio informal familiar que generará ingresos para apoyar la economía; estos trabajos que ocuparon un esfuerzo extra no contaron con prestaciones ni remuneración de ningún tipo.
El problema es grave y no solo ocurre en México y los países de América Latina, por ejemplo ONU MUJERES identificó que en Estados Unidos, las mujeres afroamericanas ganan solo 62 centavos, las mujeres indígenas 57 centavos y las latinas 54 centavos por cada dólar que ganan los hombres blancos.
Para comprender el porqué de la brecha, la presidenta de Inmujeres Nadine Gasmab Zylberman menciona algunas de las principales causas:
1.- La discriminación en el lugar de trabajo
2.- La diferencia en los sectores en los que históricamente se han desempeñado los hombres
3.- La escasa participación de las mujeres en puestos de liderazgo y alta dirección
4.- La falta de políticas de conciliación en la vida personal y profesional.
Para igualar el salario de los hombres las mujeres necesitaríamos ganar un tercio más del salario asignado por el mismo puesto, sin embargo esto no sucede, muchas sin las iniciativas y reclamos de la sociedad por lograr una equidad justa en el campo laboral pero el problema se remonta a problemas de inicio como la deserción escolar en las niñas, el ausentismo laboral por causa de la Maternidad muchas veces en muy temprana edad y la parcial o total falta de apoyo por parte de parejas y familias en las labores del hogar y el cuidado de los hijos.
Es responsabilidad de las instituciones públicas y privadas y de toda la sociedad trabajar en pro de que el desempeño laboral de las mujeres sea reconocido, dignificado y remunerado de forma justa, la búsqueda de soluciones viables y sobre todo efectivas más allá de solo señalar el problema y no tomar cartas en el asunto.
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