El pasado 14 de mayo, China y Estados Unidos sostuvieron una reunión presencial: la primera en 10 años. Resalta sobre todo que la intención de ambos fue de absoluta cooperación. Una cooperación tensa, con puntos frágiles. Pero un reconocimiento de la necesidad de ambas superpotencias por cooperar, antes de destruirse mutuamente. De eso trata la “Trampa de Tucídides”, que el presidente chino le citó a Donald Trump durante la reunión.
Ambos estuvieron de acuerdo en la necesidad de mantener abierto el estrecho de Ormuz. También la potencia asiática, comprará 20 aviones Boeing de Estados Unidos. Hablaron de Taiwán, en ese punto cae la tensión principal. Ping dejó en claro que si tratan de interferir, la cooperación mutua podría ser precisamente lo contrario.
Hace 10 años recibieron a Obama de manera vaga y desinteresada. A Trump lo recibieron a la altura de su ego con 300 estudiantes uniformados, banderines de China y Estados Unidos. Justo enfrente de las escaleras de descenso del avión, se colocó una carpeta roja. Las primeras imágenes sorprendieron porque parecía que los recibieron con respeto, cordialidad, pero sobre todo con gusto.
Desde un punto de vista estratégico y diplomático, se notaron dos cosas. La recepción agrandó a sus visitantes, les mostraron el nivel de gestión organizacional, disciplina y honradez que una nación tan estricta como China puede llegar a tener. Eso no fue una demostración de cordialidad, sino una muestra de diferencias éticas. Frente a un Trump que al recibir rivales que percibe como débiles. Se burla de ellos. Y cuando el rival es fuerte. Se achica y acopla.
Xi Jin Ping demostró la fuerza cultural de su país. Fue Soft Power y cordialidad. Al presidente de Estados Unidos le gusta mucho cuando su ego es acariciado y la llegada en avión fue una caricia muy grande para su ego.
Lo segundo fue la visita al jardín imperial chino, Zhongnanhai. En el aniversario 250 de los Estados Unidos de América, visitaron un jardín con árboles de 300 y 400 años de edad. Por ahí han pisado dinastías e imperios, desde antes que el propio Estados Unidos existiera. China no presumió grandes rascacielos, ni grandeza tecnológica.
Mostró identidad permanencia histórica y raíces (literalmente) que son símbolo de antigüedad y orgullo a su propia tierra:
Xi Jin Ping- “Déjame decirte, todos los árboles de este lado tienen más de 200 a 300 años.”
(Señalando hacia otros árboles)
“Allá, hay algunos de más de 400 años.”
No pude evitar recordar la escena de Succession donde los Roy visitan a los Pierce. Dos poderes negociando con valores opuestos: los Roy, oligarquía hostil, indiferente a la cultura y la ética; los Pierce, intelectuales que salen a ver las estrellas y exigen ciertos estándares de identidad antes de cerrar cualquier trato.
Si trasladamos la metáfora: Estados Unidos serían los Roy y China los Pierce. Dos imperios desmedidos. Pero donde el componente cultural e histórico aún pesa en la negociación.
Durante la cumbre, Elon Musk fue captado tomando fotos admirado por la arquitectura china. Mientras tanto, Fox News medio afín a Trump y los intereses MAGA, fue multado por el gobierno chino al hacer reportajes callejeros sobre el sistema de vigilancia con cámaras en espacios públicos. Las medidas de vigilancia de la potencia asiática son cuestionables, pero es hipócrita ignorar que en Occidente también somos víctimas de la vigilancia digital.
Un intento de desprestigio mediático, durante una reunión que busca cordialidad entre dos fuerzas en tensión y competencia. No es periodismo, es guerra mediática. En ciencias de la comunicación, esto se llama “teoría del encuadre”. Consiste en mostrarle al público un solo ángulo de la realidad, ocultando el resto, para manipular la percepción sobre el adversario.
Por último, Xi Jin Ping le citó a Trump la trampa de Tucídides. Esta descubrió que cuando dos superpotencias, una en ascenso (China) y la otra en descenso (Estados Unidos) existen al mismo tiempo, en la misma época. En 12 de 16 casos analizados, acaban en guerras brutales, que salpican a agentes externos. No sorprendería a nadie, si el presidente Trump no entendió ese mensaje. Pero al menos en su gabinete hay políticos con más nivel educativo.
China demostró permanencia, identidad y diplomacia. La Casa blanca, viene de meses con una imagen manchada, por la guerra, por el caso Epstein y por su estrecha relación con Israel. Mostraron lo que saben hacer: marketing, relaciones públicas y un instinto natural por poner primero los intereses económicos y segundo los culturales.
Más allá de lo negociado, y un intento honesto de ambas partes por llegar a una relación bilateral y funcional, supongo que el mensaje que China quiso dejar a la superpotencia de Occidente fue el de “nosotros somos parte del libro de la historia, ustedes son solo uno de muchos capítulos.”
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