Primeros antecedentes de la democracia ateniense

La aparición de la polis griega, con su incipiente modelo democrático, no es la excepción. Esta organización social y política es producto y consecuencia de lo que sucedió incluso milenios antes. Pensar en democracia remite a un...

7 de junio, 2024

La aparición de la polis griega, con su incipiente modelo democrático, no es la excepción. Esta organización social y política es producto y consecuencia de lo que sucedió incluso milenios antes.

Pensar en democracia remite a un domingo de verano, una larga fila bajo el rayo tiránico del sol, una pequeña caseta improvisada y una serie de papeletas sobre las que debemos poner una cruz sobre aquellas opciones que nos parezcan menos malas.     

       Sin duda esto es una parte, pero la democracia es mucho más. El hecho de que hoy (aparentemente) la tengamos no implica que siempre estuvo ahí, y mucho menos que lo estará por siempre y bajo cualquier escenario. De hecho, comparativamente con la historia de la humanidad, ha existido en un lapso muy corto y muy reciente de tiempo, y si hablamos de México, pues mucho menos.

     Atendiendo al diccionario, democracia es “el gobierno del pueblo”. Esta frase, que si bien no deja de ser un lugar común, es muy significativa, puesto que habla de una forma de gobierno donde el gobernado participa de algún modo en las decisiones que terminarán por afectarlo.

     Este sistema de gobierno se utilizó por primera vez en la Grecia antigua, pero se reinventa –o debería reinventarse– cada día, cada votación, con mejoras, cambios y adecuaciones con la idea de que cada vez represente mejor a cada sociedad en particular.

       Los cambios en la mentalidad del ser humano no se dan ni de manera automática ni de un día para otro. El devenir histórico no se transforma a partir de una epifanía. Los cambios, incluso los que parecen más revolucionarios y violentos, son productos de una serie encadenada de hechos y circunstancias que van calando en la conciencia de los individuos y que posteriormente los llevan a actuar en consecuencia.

     La aparición de la polis griega, con su incipiente modelo democrático, no es la excepción. Esta organización social y política es producto y consecuencia de lo que sucedió incluso milenios antes.

     Haciendo un repaso, desde luego de manera simplificada, podríamos comenzar por situarnos en las primeras comunidades humanas. Estas pequeñas tribus nómadas vivían de la caza y la recolección y se movían de una región a otra, escapando de los avatares del clima y la falta de alimento.

     El descubrimiento de la agricultura supone uno de los pasos más importantes para el posterior desarrollo de la civilización. Supuso el establecimiento definitivo de las tribus y la especialización de las técnicas de cultivo, la artesanía, el comercio, el pastoreo, en fin, todas aquellas actividades que dan forma a las comunidades humanas. Este tipo de agrupación se caracterizaba por la propiedad comunal y su tipo de convivencia social y política suele llamársele “comunismo primitivo”.

     Estas tribus, como es de suponerse, buscaron territorios fértiles para instalarse. Generalmente a orillas o en las deltas de algún río caudaloso, como por ejemplo el Nilo, el Tigris o el Eufrates y, tras secar los pantanos con diques y terraplenes, se instalaron de manera permanente.

     Contrariamente a lo que sucede en la actualidad, donde el conocimiento previo, la existencia de técnicas especializadas, el flujo impresionante de la información y otros factores adicionales, provocan que los cambios se sucedan de manera vertiginosa, en las épocas remotas los procesos históricos eran mucho más lentos y paulatinos. Lo que hoy toma una década, entonces podía tomar milenios. Para  ejemplificar esto podemos tomar como referencia el siglo XX. Si comparamos el mundo de 1900 con el de 1999 encontraremos muchas diferencias, particularmente en el área técnica y tecnológica. (los aviones, los avances médicos, la luz eléctrica, el cine, los viajes al espacio y un larguísimo etcétera). Posiblemente lo curioso de estos cambios es que modifican el entorno, hacen la vida más fácil, cambian la forma de ver el mundo, crean, incluso, nuevos problemas (contaminación, anorexia, sobrepoblación, explosiones radioactivas, y otro larguísimo etcétera), sin embargo no transforman la esencia del ser humano.

       Con todo y los infinitos cambios en la mayoría de las áreas y a pesar de cada día tener más conocimiento sobre su propio pasado y sobre el mundo que lo rodea,  el individuo intrínsecamente es el mismo, responde a los mismos estímulos, lo mueven las mismas pasiones y vive y muere por las mismas causas. El punto es, que la densidad de cambios sucedidos en sólo cien años sería equivalente, quizá, a dos milenios durante otra etapa de la historia.

     Conforme el potencial agrícola creció, se integraban al grupo nuevas tribus. Unas llegaban de paso y se quedaban y otras ya establecidas en lugares cercanos, pero menos fértiles, se unían en busca de mayor prosperidad. Paulatinamente las comunidades crecieron, pero desde sus inicios tendieron a mantener un control central sobre las grandes extensiones cultivables. A estas alturas del proceso de convivencia comunitaria, la dirección de la población se regía generalmente por un jefe principal, asistido por los jefes de los distintos clanes que formaban la aldea y por un consejo de ancianos.

     Como puede percibirse, la organización social comenzó a transformarse, volviéndose más compleja. Esto implicó una planeación más formal y por consiguiente una división de trabajo más estricta. En principio esta división fue muy simple: por un lado estaban quienes realizaban el trabajo manual y por otro el organizativo. Las primeras etapas de esta división acarrearon a las regiones un gran desarrollo económico, cultural y tecnológico. Las aldeas se transformaron poco a poco en pequeños centros urbanos que llegaban a concentrar cierta riqueza, que a su vez incentivó la evolución de los intereses personales, modificando de tajo la dinámica social de las comunidades.

       En la siguiente entrega veremos cómo tuvo lugar el tránsito de lo que se conoce como “comunismo primitivo” a los grandes Imperios de la antigüedad.

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