Nuevo Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 SEP: lo que sabemos, lo que podemos hacer y lo que debemos esperar…

Nuestro trabajo hoy, como colegios y familias, debe enfocarse en tomar lo mejor que los planes oficiales puedan ofrecer, aplicarlo y enriquecerlo.

16 de junio, 2022

A raíz del anuncio realizado por la Secretaría de Educación Pública en cuanto a ciertas reformas estructurales en el marco curricular del Modelo Educativo Mexicano (como la “transformación” de los grados escolares que conocemos actualmente por Fases de aprendizaje divididas en campos formativos), las reacciones, las preocupaciones y las incontables preguntas no se han hecho esperar dentro de nuestras comunidades escolares.

Lo cierto es que, antes de dar una opinión en contra o favor, es preciso tener en cuenta algunos aspectos fundamentales: por un lado, todos sabemos que todo cambio es bueno y, en este sentido, la educación es un proceso vivo que debe transformarse y evolucionar con el mundo; por el otro, necesitamos conocer, estudiar y analizar a fondo la propuesta desde el punto de vista pedagógico, formativo, social e incluso (aunque no parezca importante) administrativo.

Por lo pronto, es importante hacer una breve revisión de los datos más importantes que conocemos hasta hoy al respecto de esta reforma educativa y de las acciones que podemos ir tomando en consecuencia.

Lo que sí sabemos

El Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la SEP plantea un nuevo modelo educativo dividido en 6 fases de aprendizaje y 4 campos formativos, que deberá implementarse en los niveles de educación básica de todo el país. 

El objetivo de las autoridades educativas es “dedicar mayor tiempo a procesos cognitivos y sociales y culturales que las y los estudiantes requieren para el desarrollo óptimo de sus capacidades”, así como “lograr que nuestras niñas, niños y adolescentes desarrollen autonomía y pensamiento crítico, pero a la vez un mayor apego e interés por su familia y por las personas con quienes conviven y comparten su vida”.

Según el plan presentado, las primeras dos fases de aprendizaje no contarán con asignaturas, mientras que en las cuatro fases restantes (primaria y secundaria) las asignaturas se dividirán en cuatro campos formativos:

  • Lenguajes.
  • Saberes y pensamiento científico.
  • Ética, naturaleza y sociedad.
  • Temas de lo humano y lo comunitario.

Las fases de aprendizaje quedarían estructuradas de esta forma: 

  • Fase 1. Educación inicial. Con el objetivo de “potencializar el desarrollo integral de las niñas y los niños de cero a tres años de edad, en un ambiente rico en experiencias afectivas, educativas y sociales, y el acompañamiento de las familias en el sostén de las crianzas”.
  • Fase 2. Educación preescolar. Enfocada a alumnos y alumnas de tres a seis años de edad, priorizando el desarrollo de los lenguajes verbales, no verbales, gráficos y artísticos al considerarse como elementos fundamentales para que niñas y los niños se comuniquen, convivan e interactúen entre sí.
  • Fase 3. Primero y segundo de Primaria. Para alumnos de seis a nueve años de edad y con el objetivo de “favorecer en las y los estudiantes el uso gradual y continuo de múltiples lenguajes, como los de las artes, las lenguas maternas y las segundas lenguas, para comunicarse, interpretar, representar y difundir manifestaciones culturales y artísticas”.
  • Fase 4. Tercero y cuarto de Primaria. Para estudiantes de nueve a once años de edad y dividido en cuatro categorías: lenguajes, saberes y pensamiento científico, de lo humanitario y lo comunitario y ética, naturaleza y sociedad.
  • Fase 5. Quinto y sexto de Primaria. Se considera prioritario el conocimiento y el aprecio de la diversidad lingüística y cultural de México, “fundamentado en las lenguas y los saberes de los pueblos indígenas, es un propósito esencial de la educación básica”.
  • Fase 6. Primero, segundo y tercero de secundaria. “El campo considera la enseñanza del inglés como lengua extranjera, con la idea de generar un intercambio intercultural, en el que el inglés sea visto como una posibilidad expresiva adicional que permite que las niñas y niños desarrollen su comprensión y uso de la lengua”.

En cuanto a las estrategias de evaluación, la Secretaría señala que “estas deben ser claras y flexibles, por lo que es importante que se identifique qué, cómo, para qué y cuándo se va a evaluar, así como a las y los sujetos involucrados (docentes, estudiantes, grupos y escuela en general), estableciendo criterios claros y graduales que permitan dar acompañamiento activo a las niñas, niños y adolescentes durante los procesos de enseñanza y aprendizaje, otorgándoles un sentimiento de control sobre su aprendizaje”.

Por ello, las pautas para las evaluaciones serán:

  • Documentar en la medida de lo posible lo que hacen las niñas, niños y adolescentes durante los procesos formativos; las tareas, exposiciones o un examen como única evidencia de su aprendizaje “es insuficiente”.
  • Identificar de manera específica las áreas de oportunidad de las y los estudiantes en relación con su aprendizaje.
  • Dar retroalimentación continua, siempre utilizando un lenguaje descriptivo y generando la posibilidad de que realicen ajustes y regulaciones a sí mismos.

El nuevo Marco considera a los maestros como factores clave para la nueva propuesta curricular ya que “en los últimos tiempos hemos comprobado cómo las y los docentes se convirtieron en auténticos líderes comunitarios”.

Las familias también tendrán un lugar preponderante en este cambio porque “la educación que estamos proponiendo no está constreñida al aula, sino que va más allá: compete a la casa, a la plaza, al mercado, al parque, al espacio público y comunitario, desde la interculturalidad y la igualdad de género”.

Al parecer el plan iniciará en 2022-2023, con programas piloto en 1ero y 2do de Primaria y 1ero de Secundaria y quedaría completamente implementado en 2024.

Lo que podemos hacer

La SEP ha demostrado (especialmente en la últimas décadas) que cuenta con programas muy completos y bien elaborados que no nada más se enfocan en el desarrollo de las competencias esenciales, promueven el trabajo colaborativo y vinculan los contenidos, sino que además se preocupan por el fortalecimiento de las distintas áreas que conforman al ser humano (incluyendo materias como Vida Saludable, Igualdad de Género e Interculturalidad Crítica).

Por ello, como hemos logrado hacerlo hasta ahora y mientras los nuevos programas no sean implementados oficialmente, debemos continuar trabajando en:

  • Fortalecer la parte emocional y las habilidades sociales de los alumnos.
  • Recuperar, desarrollar y/o reforzar los procesos cognitivos, habilidades y competencias que les correspondan de acuerdo con su etapa de desarrollo.
  • Subsanar el rezago académico, haciendo especial énfasis en las poblaciones y comunidades más afectadas.
  • Re-conectar a los alumnos con los hábitos que les dan estructura y estabilidad (cuadernos, lectura, modales, tolerancia, disciplina, etc.).
  • Promover la sana competencia, el trabajo en equipo y demás valores que se adquieren por medio del deporte.
  • Utilizar la enseñanza de las artes como un pretexto para motivar la expresión de sentimientos e ideas, así como para permitir el desarrollo de la imaginación y la creatividad.
  • Realizar un trabajo diario enfocado a la comprensión lectora y el seguimiento de instrucciones.

Lo que debemos esperar

Aunque a la fecha ya se han dado a conocer los planes de estudio completos y algunos otros datos relevantes sobre el nuevo programa, aún nos queda esperar que ciertos aspectos sean clarificados por las autoridades o bien, asilados por las instituciones educativas y el personal docente, entre ellos:

  • Conocer a profundidad el programa completo, los objetivos generales y específicos que pretende lograr y el marco teórico en el que se fundamenta.
  • Esperar las disposiciones oficiales acerca de la capacitación a maestros, la inversión en materiales de apoyo y la implementación general del programa a nivel nacional (piloto y completo). 
  • Definir los tiempos esperados para lograr una migración total del Modelo Educativo.
  • Conocer con claridad las herramientas de evaluación que deberán utilizarse para acreditar los conocimientos adquiridos, las progresiones de aprendizaje, los grados escolares o las fases de aprendizaje.
  • Establecer la forma en la que se analizarán los resultados de este Nuevo Marco a corto, mediano y largo plazo.

¿Una verdadera “transformación” de la educación mexicana?

En conclusión, poco podemos decir, por el momento, sobre una propuesta de la que conocemos tan poco, que aún nos presenta varias interrogantes y con la que habremos de trabajar por un largo tiempo para poder afirmar o negar su efectividad; sin embargo, nuestro trabajo hoy, como colegios y familias, debe enfocarse en tomar lo mejor de lo que los planes oficiales puedan ofrecer y aplicarlo y enriquecerlo buscando siempre más: teniendo siempre en cuenta la filosofía y valores de cada institución, aprovechando los avances científicos y tecnológicos globales con los que contamos hoy y, dejando claro, en todo momento, que el objetivo primordial de nuestra misión es esforzarnos por formar seres humanos con una identidad clara y bien definida, que desarrollen a plenitud su inteligencia y que, ante todo, se reconozcan como personas íntegras: que aman y protegen a los demás, que saben darse a otros, que cuidan y respetan a su planeta, y que utilizan el conocimiento y la tecnología para crear soluciones y resolver los problemas del mundo real y global en el que viven.

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construcción deliberada que implica costos elevados, pero satisfacciones profundas una vez que se consigue. La palabra clave es “equilibrio”: sin reprimir la reacción y el instinto, utilizamos la fuerza interior para privilegiar conductas y convicciones que nos proyecten con plenitud.  A partir de lo dicho en las semanas anteriores, se puede concluir que la autenticidad es, por un lado una construcción y por el otro una amalgama de convicciones y conductas en transformación permanente que siempre se mueve y evoluciona en relación con los demás.  Es aquí donde la reflexión acerca de que si la autenticidad, entendida como dejar fluir libremente los impulsos y deseos que emerjan en cada momento, sin ponerles un filtro y sin reprimir nuestra naturaleza genuina, podría conciliarse con la intención consciente y deliberada de mostrar la mejor versión de nosotros mismos.  Es muy probable que la autenticidad se consolide como un paso posterior, o cuando menos complementario, a la construcción del yo, pues concreta, ya no solo la eterna pregunta de “quién soy”, sino ayuda a encontrar maneras concretas de manifestar esa identidad profunda de una manera que potencie nuestra influencia constructiva en el mundo y en nuestros vínculos con los demás, pero de una forma con la que nos sintamos identificados y satisfechos.  La supuesta gran batalla entre “ser natural” o producto de un proceso racional de autoconstrucción carece de sentido, porque si estás leyendo esto, no vives “por tu cuenta”, no habitas un universo independiente del resto de los seres humanos y llegado a esta comprensión conviene preguntarse seriamente ¿hasta qué punto es razonable defender nuestros impulsos naturales más salvajes, cuando estos, por más que en efecto nos pertenezcan, provocan que nuestras relaciones y vínculos se deterioren o incluso se rompan? ¿Quiénes somos sin los demás? ¿Quiénes somos fuera del mundo gregario? Incluso nuestra individualidad solo tiene sentido en relación a los otros.  Por otro lado, está la renuncia a mostrarnos tal como somos, esa especie de hipocresía de diseño, casi nunca tiene que ver con el impulso de proteger a quienes nos rodean de nuestra naturaleza indomable. De hecho suele ocurrir todo lo contrario: la principal razón por la que solemos renunciar a la autenticidad se asienta en el miedo a ser rechazados, a ser excluídos, a no pertenecer, al terror de no ser apropiados, de no cumplir con los estándares que nos marca el grupo social como “correctos” y necesarios. Y ese pánico al repudio, a la exclusión nos convence de que la convivencia armónica exige anteponer las expectativas ajenas a las nuestras y complacer a los demás a cualquier precio. La autenticidad va justamente en sentido contrario: no se trata de ningún modo de renunciar a nuestra naturaleza más profunda tan solo por pertenecer, sino de encontrar un equilibrio entre nuestra manifestación genuina en todos los ámbitos y la integración de ése que deseamos ser –y la manera en que nos gustaría mostrarlo– en cada uno de los distintos grupos y contextos de los que formamos parte.  Es probable que hayamos nacido en entornos a los que no deseamos pertenecer, que formemos parte de grupos cuyas costumbres, normas éticas y morales, así como sus conductas nos alejen de quien nos gustaría ser y a los que debamos renunciar, con los costos que esto implica. Es posible que en ese proceso de autoinvención debamos pagar el precio del rechazo y el aislamiento temporal en tanto nuestra manera auténtica de estar en el mundo y en un entorno social propicio para su expresión plena sintonicen por fin.   “Ser auténtico es la más difícil de las poses”, es una frase atribuida a Óscar Wilde. No estoy seguro si realmente lo dijo él o no, pero, quitando el tono de paradoja y sarcasmo, en esencia estoy de acuerdo con esta idea.  La autenticidad no es una facultad dada desde el nacimiento, algo que haya que mostrar o que podamos resistirnos a hacerlo, sino que emerge como consecuencia de nuestro paso por el mundo, pues para manifestarnos en él es indispensable asumir una serie de conductas, posturas y actitudes que proyecten, o bien lo que de verdad pensamos y sentimos, o lo que suponemos que el entorno espera de nostros. Cuando ambos polos coinciden la autenticidad es relativamente fácil de alcanzar pues solo implicará asumir un matiz dentro de la misma gama de colores, pero cuando ambos ámbitos difieren en lo profundo, nos hallamos en una disyuntiva donde las alternativas se excluyen: complazco a los demás comportándome como se espera que lo haga o manifiesto mis impulsos, convicciones y pensamientos sin importar las consecuencias. Cualquiera de las dos posturas que se asuma conlleva consecuencias interiores y exteriores y costos por pagar.  La autenticidad implica una potente tensión entre nuestros impulsos, que nos predisponen a actuar de una cierta manera pre-aprendida, más enfocados en la supervivencia y la autoprotección, y nuestra intención consciente de mostrar la mejor versión de nosotros mismos, que estaría más enfocada en el desarrollo, en la exploración de nuestro potencial, un nuestra evolución y, en última instancia, en las acciones y cambios que debemos llevar a cabo para convertirnos en quien queremos ser. Ser auténtico implica no tener miedo de manifestar una individualidad que nos contraste de los otros, compuesta en parte por una vertiente irreflexiva, más cerca de los impulsos animales e instintivos y por otro lado la individualidad consciente, aquella que muestra los aspectos personales que deseamos resaltar de nosotros mismos. Estas variables podrían resumirse en una combinación deliberada y en equilibrio entre los impulsos de supervivencia y autoafirmación contra las construcciones racionales enfocadas al desarrollo, el crecimiento y la realización. Y la palabra clave parece ser “equilibrio”, pues se trata de, sin reprimir de manera enfermiza la reacción y el instinto, utilizar la fuerza interior para privilegiar las conductas y convicciones que construyan de mejor manera la concepción de identidad que deseamos proyectar.  Todos poseemos ciertas características de temperamento y carácter que interpretamos como innatas, pero, sean estas las que sean, nadie nace construido sino que se requiere de un proceso de autogestión que nos constituya como personas coherentes y formadas –que no concluidas–. Algunas de estas características las consideramos virtudes y otras defectos. Sin embargo, esta división no siempre resulta tan clara y fácil de discernir. Lo que en una circunstancia específica podría calificarse como defecto, en otra se convierte en virtud. Por eso, mucho más importante que la facultad o característica en sí, dependerá de cómo la gestionemos para que dé, o no, un resultado satisfactorio. Pensemos en alguien que nace con las condiciones perfectas para ser campeón mundial de los 100 metros planos. Nada de esto ocurrirá por las meras características físicas, sino que a ellas habrá de sumarse inevitablemente la intención, el propósito, el entrenamiento apropiado, la alimentación, integrarse a los circuitos oficiales de competencia y un sin número de acciones más para que esa condiciones “naturales” se conviertan en una manera auténtica de estar en el mundo. Pero también está el lado opuesto: aquellos que utilizan sus condiciones excepcionales contra sus propios deseos. En su autobiografía, Open, el ex-tenista André Agassi asegura odiar el tenis y reconoce que si fue número uno del mundo, ganando sesenta títulos profesionales, incluidos ocho de Gran Slam, se debió a que –renunciando a sus deseos auténticos– dio gusto a su padre: “No empecé en el tenis por elección, yo lo odiaba con toda mi alma y lo odié la mayor parte de mi carrera”*.  Sean las que sean nuestras tendencias naturales asociadas con la forma de reaccionar ante un estímulo u otro, ninguna de ellas es buena o mala en sí mismas, sino que se trata de la forma en que aprendamos a modular la intensidad y juzgar con inteligencia cada caso para llevar a cabo las acciones concretas que las situaciones específicas piden, sin que esta gestión deliberada rompa en lo absoluto la autenticidad.  En todo caso, para alcanzar la verdadera autenticidad, es indispensable hacernos conscientes de qué elementos de nuestro temperamento y carácter nos sirven para acercarnos a convertirnos en quien queremos ser y cuáles nos alejan. Para ello conviene mantener una permanente actitud de autoconocimiento para modificar y moldear lo que en cada etapa de vida sirve o perjudica para manifestar esa autenticidad ligada con la creatividad, el crecimiento, la libertad y renunciar a las reacciones que nos aíslan, nos bloquean y nos impiden desarrollarnos. Perfeccionar nuestra habilidad de autogestión se convierte en la diferencia entre percibir la autenticidad como una condena o como un camino de liberación y crecimiento.  Otro aspecto fundamental de la verdadera autenticidad consiste en diferenciarla de la actitud defensiva de la reactividad. 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EXPLOTANDO EL NACIONALISMO Acorde a su perversidad, oportunismo y manejo de incautos, López en este conflicto recurre al falso nacionalismo para las futuras disputas internacionales respecto al T-MEC, Para dar respuesta a las posibles sanciones económicas,  AMLO usó la canción de Chico Che “uy qué miedo”, dándole un manejo político, obviamente a su favor. Asimismo, es notorio el manejo de un patriotismo barato que maneja. Busca así envolver y convencer a cuanto incauto se deje, o bien, reciba la dádiva que entrega a través de sus programas electorales, que él llama sociales, y por ello le aplaudan.  López está aprovechando esto que sucede, para intentar hacer crecer ese sentimiento del nacionalismo, manejando el odio hacia los Estados Unidos. Ese anti yanquismo hacia los que considera son los malos de la película, ya que afirma que, en este conflicto, él no ha incumplido con el T-MEC, sino que lo único que hace es defender la soberanía de México. Pero sin tomar en cuenta o hacerse como el Tío Lolo, que los términos del Tratado se hicieron en plena vigencia de la soberanía. Y no es un Tratado Neoliberal, porque es un tratado que López firmó, es decir, estuvo de acuerdo en todo lo que ese Tratado incluye.  Razón por la cual, el cumplimiento de los términos no tiene vulneración alguna para la soberanía nacional, esa que dice él que está defendiendo. Y si así fuere, los culpables son los funcionarios mexicanos que lo negociaron y firmaron, siendo el mismo López cómplice de ese supuesto ataque a la soberanía, que, de ser así, sus funcionarios negociadores o no se dieron cuenta o sus interlocutores no les supieron explicar, o ellos, entender. La realidad es que hay un Tratado firmado y las controversias se presentarán. Ante lo cual López envuelto en su perversidad, anuncia que el 15 de septiembre en pleno Zócalo tendrá un evento para defender nuestra soberanía. Lo cual no es sino mostrar más bien un Ultra Nacionalismo.  Lo que López sigue mostrando y demostrando es una necedad en materia energética que ha llevado a tener este desencuentro con Estados Unidos y Canadá, sus socios en este tratado. Si López fuese institucional, lo resolvería con un procedimiento técnico-legal, pero por esa terquedad que muestra, todo indica que no será así. Por otra parte, está desconociendo una obligación que firmaron en ese Tratado. Solamente falta que ahora diga “No me salgan con que firme”.  Todo esto en un ambiente netamente político que, por los tiempos que se llevará, darles solución a estas discrepancias llegará a los tiempos electorales en el Estado de México y Coahuila, e inclusive la elección presidencial del 2024, lo cual López manejará a su favor al de los candidatos de Morena, con eso de defender la soberanía.  A lo anterior hay que sumarla irresponsabilidad de convocar a su “pueblo sabio” a un acto en el Zócalo el 15 de septiembre para tratar este tema, en lugar de solucionarlo por la vías técnico-legales e institucionales, y en su perversidad que lo caracteriza, lo usará en una narrativa para victimizarse, envolviéndose en un discurso con el tema central de la soberanía nacionalista, patriotista, a la vez que está conduciendo al país a un camino de choque contra EEUU y Canadá, que sin duda alguna, nos costará muchísimo dinero. Por lo que se ha comentado, podría ser de alrededor de los 30 mil millones de dólares, Este desencuentro  tercamente mal llevado, lo cual de llegarse a este fin, quienes lo acabarán pagando serán las siguientes generaciones de mexicanos. Grave situación que lleva a darles un consejo a López y sus negociadores que tuvieron a cargo el T-MEC, “HAY QUE LEER ANTES DE FIRMAR”. Porque, insisto, en este tema, López y su camarilla, no pueden culpar a nadie de las anteriores administraciones como ha venido haciéndolo, dado que este Tratado se firmó en esta administración, la de la 4-T. Asimismo, con alargar que pasará hasta el 15 de septiembre que convoca a ir al Zócalo, lo que sucede es que está mandando señales a EEUU Canadá, de endurecimiento hacía una salida negociada. Porque lo sensato y lógico, sería que revisaran el Tratado y de darse el caso, aceptar que hay cosas que pueden ajustarse y modificarse. Pero si antes al contrario, López llama a un evento en el Zócalo argumenta que es un tema de “soberanía nacional”, eso nos llevará a una confrontación con los socios del Tratado, quienes obviamente, no van a cambiar su posición solamente porque López dice defender la soberanía, ya que se han llevado a cabo reuniones previas con el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, sin resultados favorables.  López sigue mostrando un alto grado de intransigencia, y ya marcó la línea del nacionalismo, de la defensa de la soberanía, sin centrarse que la realidad es que se trata de revisar lo que se firmó. Importante es recordar lo que en el mismo Zócalo en una ocasión gritó “¡Al diablo con sus instituciones!”, lo cual ya como presidente, lo está cumpliendo. Así lo ha hecho al no respetar a instituciones del país, a las que no les hace caso, las menosprecia e inclusive amenaza y busca desaparecerlas, como el INE, el Tribunal Electoral, entre otros.  TRAIDORES A LA PATRIA Ya como colofón, López vuelve a calificar como traidores a la patria a quienes los acusa de defender a las empresas que al no respetar lo que se firmó en el Tratado, salen afectadas. Cuando de lo que se trata es de la defensa de la legalidad, y que esa defensa de la legalidad también tiene inmersos intereses de México. Ya que se puede estar de acuerdo o no con la política propuesta por López, pero debe respetarse lo firmado, porque el costo no será solamente el pago económico de las sanciones, sino la pérdida de credibilidad de un gobierno que no respeta lo que firmó, llevará a que las inversiones extranjeras y nacionales no quieran ya invertir en México.  Así la cruda realidad que está provocando la terquedad de López y su engaño de defensa de la soberanía, explotando el nacionalismo, y con su evento del 15 de septiembre próximo en el Zócalo, demuestra ser patriotero. Solamente esperamos que en esa defensa de la soberanía y de ser un gran patriota, no vaya a envolverse en la bandera nacional sintiéndose niño héroe." 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La palabra clave es “equilibrio”: sin reprimir la reacción y el instinto, utilizamos la fuerza interior para privilegiar conductas y convicciones que nos proyecten con plenitud.  A partir de lo dicho en las semanas anteriores, se puede concluir que la autenticidad es, por un lado una construcción y por el otro una amalgama de convicciones y conductas en transformación permanente que siempre se mueve y evoluciona en relación con los demás.  Es aquí donde la reflexión acerca de que si la autenticidad, entendida como dejar fluir libremente los impulsos y deseos que emerjan en cada momento, sin ponerles un filtro y sin reprimir nuestra naturaleza genuina, podría conciliarse con la intención consciente y deliberada de mostrar la mejor versión de nosotros mismos.  Es muy probable que la autenticidad se consolide como un paso posterior, o cuando menos complementario, a la construcción del yo, pues concreta, ya no solo la eterna pregunta de “quién soy”, sino ayuda a encontrar maneras concretas de manifestar esa identidad profunda de una manera que potencie nuestra influencia constructiva en el mundo y en nuestros vínculos con los demás, pero de una forma con la que nos sintamos identificados y satisfechos.  La supuesta gran batalla entre “ser natural” o producto de un proceso racional de autoconstrucción carece de sentido, porque si estás leyendo esto, no vives “por tu cuenta”, no habitas un universo independiente del resto de los seres humanos y llegado a esta comprensión conviene preguntarse seriamente ¿hasta qué punto es razonable defender nuestros impulsos naturales más salvajes, cuando estos, por más que en efecto nos pertenezcan, provocan que nuestras relaciones y vínculos se deterioren o incluso se rompan? ¿Quiénes somos sin los demás? ¿Quiénes somos fuera del mundo gregario? Incluso nuestra individualidad solo tiene sentido en relación a los otros.  Por otro lado, está la renuncia a mostrarnos tal como somos, esa especie de hipocresía de diseño, casi nunca tiene que ver con el impulso de proteger a quienes nos rodean de nuestra naturaleza indomable. De hecho suele ocurrir todo lo contrario: la principal razón por la que solemos renunciar a la autenticidad se asienta en el miedo a ser rechazados, a ser excluídos, a no pertenecer, al terror de no ser apropiados, de no cumplir con los estándares que nos marca el grupo social como “correctos” y necesarios. Y ese pánico al repudio, a la exclusión nos convence de que la convivencia armónica exige anteponer las expectativas ajenas a las nuestras y complacer a los demás a cualquier precio. La autenticidad va justamente en sentido contrario: no se trata de ningún modo de renunciar a nuestra naturaleza más profunda tan solo por pertenecer, sino de encontrar un equilibrio entre nuestra manifestación genuina en todos los ámbitos y la integración de ése que deseamos ser –y la manera en que nos gustaría mostrarlo– en cada uno de los distintos grupos y contextos de los que formamos parte.  Es probable que hayamos nacido en entornos a los que no deseamos pertenecer, que formemos parte de grupos cuyas costumbres, normas éticas y morales, así como sus conductas nos alejen de quien nos gustaría ser y a los que debamos renunciar, con los costos que esto implica. Es posible que en ese proceso de autoinvención debamos pagar el precio del rechazo y el aislamiento temporal en tanto nuestra manera auténtica de estar en el mundo y en un entorno social propicio para su expresión plena sintonicen por fin.   “Ser auténtico es la más difícil de las poses”, es una frase atribuida a Óscar Wilde. No estoy seguro si realmente lo dijo él o no, pero, quitando el tono de paradoja y sarcasmo, en esencia estoy de acuerdo con esta idea.  La autenticidad no es una facultad dada desde el nacimiento, algo que haya que mostrar o que podamos resistirnos a hacerlo, sino que emerge como consecuencia de nuestro paso por el mundo, pues para manifestarnos en él es indispensable asumir una serie de conductas, posturas y actitudes que proyecten, o bien lo que de verdad pensamos y sentimos, o lo que suponemos que el entorno espera de nostros. Cuando ambos polos coinciden la autenticidad es relativamente fácil de alcanzar pues solo implicará asumir un matiz dentro de la misma gama de colores, pero cuando ambos ámbitos difieren en lo profundo, nos hallamos en una disyuntiva donde las alternativas se excluyen: complazco a los demás comportándome como se espera que lo haga o manifiesto mis impulsos, convicciones y pensamientos sin importar las consecuencias. Cualquiera de las dos posturas que se asuma conlleva consecuencias interiores y exteriores y costos por pagar.  La autenticidad implica una potente tensión entre nuestros impulsos, que nos predisponen a actuar de una cierta manera pre-aprendida, más enfocados en la supervivencia y la autoprotección, y nuestra intención consciente de mostrar la mejor versión de nosotros mismos, que estaría más enfocada en el desarrollo, en la exploración de nuestro potencial, un nuestra evolución y, en última instancia, en las acciones y cambios que debemos llevar a cabo para convertirnos en quien queremos ser. Ser auténtico implica no tener miedo de manifestar una individualidad que nos contraste de los otros, compuesta en parte por una vertiente irreflexiva, más cerca de los impulsos animales e instintivos y por otro lado la individualidad consciente, aquella que muestra los aspectos personales que deseamos resaltar de nosotros mismos. Estas variables podrían resumirse en una combinación deliberada y en equilibrio entre los impulsos de supervivencia y autoafirmación contra las construcciones racionales enfocadas al desarrollo, el crecimiento y la realización. Y la palabra clave parece ser “equilibrio”, pues se trata de, sin reprimir de manera enfermiza la reacción y el instinto, utilizar la fuerza interior para privilegiar las conductas y convicciones que construyan de mejor manera la concepción de identidad que deseamos proyectar.  Todos poseemos ciertas características de temperamento y carácter que interpretamos como innatas, pero, sean estas las que sean, nadie nace construido sino que se requiere de un proceso de autogestión que nos constituya como personas coherentes y formadas –que no concluidas–. Algunas de estas características las consideramos virtudes y otras defectos. Sin embargo, esta división no siempre resulta tan clara y fácil de discernir. Lo que en una circunstancia específica podría calificarse como defecto, en otra se convierte en virtud. Por eso, mucho más importante que la facultad o característica en sí, dependerá de cómo la gestionemos para que dé, o no, un resultado satisfactorio. Pensemos en alguien que nace con las condiciones perfectas para ser campeón mundial de los 100 metros planos. Nada de esto ocurrirá por las meras características físicas, sino que a ellas habrá de sumarse inevitablemente la intención, el propósito, el entrenamiento apropiado, la alimentación, integrarse a los circuitos oficiales de competencia y un sin número de acciones más para que esa condiciones “naturales” se conviertan en una manera auténtica de estar en el mundo. Pero también está el lado opuesto: aquellos que utilizan sus condiciones excepcionales contra sus propios deseos. En su autobiografía, Open, el ex-tenista André Agassi asegura odiar el tenis y reconoce que si fue número uno del mundo, ganando sesenta títulos profesionales, incluidos ocho de Gran Slam, se debió a que –renunciando a sus deseos auténticos– dio gusto a su padre: “No empecé en el tenis por elección, yo lo odiaba con toda mi alma y lo odié la mayor parte de mi carrera”*.  Sean las que sean nuestras tendencias naturales asociadas con la forma de reaccionar ante un estímulo u otro, ninguna de ellas es buena o mala en sí mismas, sino que se trata de la forma en que aprendamos a modular la intensidad y juzgar con inteligencia cada caso para llevar a cabo las acciones concretas que las situaciones específicas piden, sin que esta gestión deliberada rompa en lo absoluto la autenticidad.  En todo caso, para alcanzar la verdadera autenticidad, es indispensable hacernos conscientes de qué elementos de nuestro temperamento y carácter nos sirven para acercarnos a convertirnos en quien queremos ser y cuáles nos alejan. Para ello conviene mantener una permanente actitud de autoconocimiento para modificar y moldear lo que en cada etapa de vida sirve o perjudica para manifestar esa autenticidad ligada con la creatividad, el crecimiento, la libertad y renunciar a las reacciones que nos aíslan, nos bloquean y nos impiden desarrollarnos. Perfeccionar nuestra habilidad de autogestión se convierte en la diferencia entre percibir la autenticidad como una condena o como un camino de liberación y crecimiento.  Otro aspecto fundamental de la verdadera autenticidad consiste en diferenciarla de la actitud defensiva de la reactividad. A diferencia de ésta, que solemos usarla como escudo para protegernos del otro o de las situaciones incómodas en las que no tenemos control, la autenticidad verdadera nos pone en contacto con una muy humana condición de vulnerabilidad, que nada tiene que ver con ser débiles, sino con lo opuesto: la capacidad de asumir nuestras limitaciones con apertura y presencia, sin evadirlas, sin avergonzarnos de ellas, sin minimizarlas resaltando las ajenas.  La vulnerabilidad se relaciona con mostrarse como se es, en oposición a una postura defensiva, normalmente producida por el miedo –al fracaso, al ridículo, al rechazo, etc.– que nos coloca tras una coraza que lejos de protegernos, nos aísla de la experiencia misma de estar vivos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir *As.com, Ignacio Albarrán, ¿Qué fue de Andre Agassi, la leyenda que odiaba el tenis?, Actualizada: 3 de septiembre de 2020 Consulta: 17 mayo de 2022 https://as.com/tenis/2020/09/03/mas_tenis/1599113196_160066.html" ["post_title"]=> string(59) "Autenticidad: la audacia de mostrar nuestro yo más genuino" ["post_excerpt"]=> string(103) "Ser auténtico implica no tener miedo de manifestar una individualidad que nos contraste con los otros." 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Autenticidad: la audacia de mostrar nuestro yo más genuino

Ser auténtico implica no tener miedo de manifestar una individualidad que nos contraste con los otros.

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