La presidenta Claudia Sheinbaum no acepta críticas, no acepta errores, no acepta la realidad en la que nos encontramos sumergidos. Es una total pérdida de tiempo contar con más de dos horas de conferencia diarias para que no responda ninguna pregunta de los periodistas además de que es una total falta de respeto que se atreva a decirle a su propio gabinete ¡no digas¡, entonces le pregunto a la presidenta: ¿dónde está la libertad de expresión?; ¿dónde está la apertura a las críticas?
Siempre he creído que las críticas pueden ser constructivas y escuchar nuestros errores nos ayuda a corregir lo que estamos haciendo mal, pero Claudia Sheinbaum no es capaz de aceptar observaciones, ni siquiera de su propio equipo.
La presidenta se negó a escuchar sobre los campos de exterminio y sus palabras fueron “no digan campos de exterminio” cuando fue claro que se trató de lugares utilizados por el crimen organizado para reclutar y asesinar gente pero la presidenta no aceptó el término. Posteriormente vimos la muerte de una maestra que fue torturada por no pagar su derecho de piso como taxista y la presidenta guardó silencio. Ahora vemos una tragedia provocada por las lluvias en Veracruz y no se puede decir que hay municipios afectados porque la presidenta olvida que los micrófonos están abiertos y tuvo el cinismo de decir “no digas municipios afectados”. Yo le pregunto a la presidenta Claudia Sheinbaum: ¿cómo quiere que le digamos a los lugares que sufrieron este golpe?; ¿cómo debemos llamar a las personas afectadas por los desastres naturales?; ¿cómo llamamos ahora a las personas afectadas por la violencia?; ¿podemos utilizar la palabra víctima o tampoco está permitido?
De vergüenza observar el basurero en el que se convirtió Morena. Llenó de las mismas porquerías que estaban en el PRI y el PAN. De vergüenza ver la basura que se encuentra habitando el Palacio Nacional, nuestro Palacio Nacional. De vergüenza observar que olvidamos el poder que tenemos para levantar la voz y decir: ¡así no, presidenta! Porque le recordamos que usted es nuestra empleada, no es nuestra patrona, no es nuestra jefa, es nuestra empleada pagada por nuestros impuestos, así que como mexicana le ordeno: ¡no diga!
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