México se ha convertido en el gran tonto útil de la FIFA. El famoso y también tolerado por muchos años grito de “¡PUTOO!”, al momento que el portero rival despeja el balón, se ha convertido en un distractor para desviar la atención de toda la inmundicia que rodea al poderosísimo organismo rector del fútbol mundial. En el caso puntual de la discriminación a la comunidad LGBT, pareciera que la gran mayoría ignora que la FIFA lleva dos sedes mundialistas entregadas a países donde todo acto homosexual es abiertamente condenado. En el particular caso de Qatar incluso se sentencia a pena de muerte por faltas a la moral.
¿Por qué tenemos que ser nosotros, los mexicanos quienes paguemos los platos rotos mediante draconianos castigos impuestos por FIFA por ser la afición “homófoba”, cuando no lo es, ni de lejos? ¿Acaso alguien ha visto a un colectivo LGBT organizado quejarse por el famoso grito? Mientras Rusia y Qatar son llenados de elogios y vítores por el ya citado organismo, la comunidad LGBT en estos dos países vive, literalmente, en el terror. A México, en cambio, se le exhibe ante el mundo como el país homofóbico que discrimina.
En estos días, la tristemente ya famosa “GENERACIÓN MAZAPÁN” está escandalizada por comentarios jocosos que hizo en TUCA Ferreti con amigos reporteros en conferencia de prensa en Monterrey, que, ¡por Dios!, los hacemos todos en nuestra vida diaria. Si bien no es lo más adecuado hacerlo en público, ya el Señor Ferreti y su Club (Bravos de Cd. Juárez) han ofrecido una disculpa pública al respecto.
Esta frágil generación –aparentemente muy poco informada– no levanta la voz ante la situación de esclavitud moderna con la que se construyen los superestadios vía petrodólares para el ya próximo mundial en 2022 a celebrarse en el pequeño Emirato árabe de Qatar. Casi 1500 obreros nepalíes y paquistaníes han perdido la vida en una década por las abusivas y miserables condiciones laborales en las que viven. Cuando llegan a Qatar, los capataces les quitan sus pasaportes, viven en condiciones infrahumanas, y el mundo, repito, condena a México, por intermediación de FIFA porque su afición se divierte en los estadios.
Y está bien, si ya se prohibió el multicitado grito, hay que acatar la regla y dejarlo en el pasado. Pero ojalá más gente lo supiera: mientras México es castigado por un grito popular, Rusia y Qatar son aplaudidos y laureados a pesar de que, ellos sí, violentan esquemáticamente al colectivo LGBT. De la explotación inhumana a trabajadores inmigrantes ya ni hablamos. Es un hecho que esto debería llenarnos también de vergüenza a todos, sin excepción. Y por si fuera poco, el trato que se le da a la mujer aún hoy en Qatar, dista de ser un ejemplo mundial.
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