No hay tanta novedad. Recuerdo como si fuese ayer cuando tropas estadounidenses, en ese caso sin avisos, amenazas o intentos de negociación. Aterrizaron en Panamá y se llevaron al entonces todopoderoso general Manuel Antonio Noriega. Salió de una cárcel gringa rumbo a su país, claro, en una carroza fúnebre rumbo al aeropuerto donde lo esperaba el compartimento de carga de un vuelo comercial USA – Panamá.
Recordamos también el abuso de la invasión a una isla caribeña que ni siquiera figura en algunos mapas por su tamaño diminuto: Granada. Vamos, que es el llamado imperialismo yanqui actuando, ya bien entrado el siglo XXI todavía bajo el sello KISSINGER, ‘modus operandi’ usado (y abusado) durante las décadas de guerra fría. Pero si bien esos actos al margen de toda legislación internacional fueron a menos en cierta medida, dado el fin del llamado bloque comunista, la avidez de la potencia del norte por recursos materiales de todo tipo y de puntos geopolíticos estratégicos, está muy lejos de cesar, incluso han entrado en una nueva fase: la que dicta su conveniencia frente a la lógica de un nuevo mundo multipolar.
Es en esa misma lógica pues, que se enmarca la reciente invasión gringa a Venezuela y la sustracción (secuestro, así se trate de un gorila) del presidente Nicolás Maduro Moro. ¿Que es por la libertad, democracia y bienestar del pueblo venezolano? Si así fuese no seguiría el chavismo ostentando el poder sin que le hayan tocado un sólo pelo, gobernado su élite y sus estructuras, borrando el presidente Trump en un par de respuestas las pretensiones de María Corina Machado y otros actores políticos de oposición venezolanos. A todas luces, sacrificaron al peón Maduro en su tablero de ajedrez político y “¡a otra cosa, mariposa!”.
Pues bien, en medio de todo este sainete, vemos vociferar en estado cercano al éxtasis a los mismos burros de siempre, con las mismas peroratas y “argumentos” de hace ya, incluso, décadas: que si México pertenece al eje del mal junto con Cuba, Nicaragua y Venezuela, que si el narcogobierno, que si es México el próximo país invadido, que si son López Obrador y Sheinbaum los próximos en ser llevados a juicio por los Estados Unidos, y la misma serie de barbaridades, disparates y despropósitos (que jamás se cumplen), que lo único que provocan es una euforia artificial en los infinitamente minoritarios grupos de oposición dentro de su cuarto de espejos, mismo que les distorsiona la realidad al punto de ya ser vistos, por las mayorías, como unos bufones.
México es el principal socio comercial de los Estados Unidos, país que lo que menos haría sería darse un disparo en el pie, dado la unión en el bloque TMEC y la cada día relación bilateral más simbiótica para ambas naciones. La oposición continúa en caída libre, sin mostrar ser una opción real para el electorado, utilizando sus espacios para mostrar sus estados de conciencia alterados, enumerando supuestos que jamás ocurrirán.
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