A menudo la doctora Claudia Sheinbaum Pardo —quien debería desempeñarse como la presidenta de todos los mexicanos— se refiere insistentemente a los “éxitos de los gobiernos progresistas”, y lo entiendo: está convencida, hasta la médula, de que es la mejor forma de gobernar, a pesar de los pésimos resultados de los gobiernos de la llamada “Cuarta Transformación de la vida pública del país”.
Basta revisar el enorme costo de los proyectos que han ejecutado: el Tren Maya; el llamado “Aeropuerto Internacional” Felipe Ángeles, producto del derroche que implicó la cancelación del aeropuerto de Texcoco; la reciente tragedia del tren interoceánico; y el costo monumental de la refinería de Dos Bocas, que refina muy por debajo de su estimación original. Todos proyectos que costaron muchísimo dinero y que hoy pueden calificarse como un rotundo fracaso.
Y, ante todos estos hechos, no hay responsables. Solo contratistas escogidos a modo y servidores públicos que inexplicablemente se han vuelto ultramillonarios. En el terreno económico, ahora se conoce el súper negocio del huachicol fiscal, uno de los múltiples productos del narco que nos gobierna y que, bajo el pretexto de la “defensa de la soberanía nacional”, la presidenta de todos los mexicanos se niega a aceptar la ayuda de nuestro principal socio comercial.
Y la debacle continúa: se han adueñado de las instituciones que se formaron poco a poco a lo largo de varios sexenios y que actuaban como contrapeso a las decisiones del gobierno: la desaparición de los organismos autónomos. Además, la patraña de la elección de jueces del Poder Judicial, incluida la Suprema Corte de Justicia de la Nación; el control absoluto del Instituto Nacional Electoral y del Tribunal Electoral, que emite sentencias como la que otorgó la sobrerrepresentación de los diputados morenistas en la Cámara de Diputados. Ahora quieren imponer una nueva forma de integrar el Congreso de la Unión: la llamada Reforma Electoral. De aprobarse la reforma presentada por Pablo Gómez, presidente de la comisión presidencial encargada de elaborarla, será la puntilla de la ya frágil democracia mexicana. Aquí se puede leer una nota al respecto.
Por su parte, la presidenta de la Cámara de Diputados, la panista Kenia López Rabadán, dio a conocer una iniciativa ciudadana en la que el documento “Salvemos la Democracia” propone reformar cinco artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con los siguientes objetivos:
1. Autonomía e imparcialidad del INE y del Tribunal Electoral.
2. Piso parejo en las contiendas electorales.
3. Elecciones libres de fraude y del uso indebido de recursos públicos.
4. Combate a la injerencia del crimen organizado en los procesos electorales.
5. Eliminación de la sobrerrepresentación y del “chapulineo” legislativo.
Pronto sabremos sí la Reforma Electoral pasó. Como seguridad se aprobará la presentada por el poder presidencial. Se reciben apuestas.
Todos los artículos que he publicado desde 2014 en el generoso portal www.ruizhealytimes.com se pueden leer en la siguiente liga.
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