Las mentiras destruyen, como las drogas

“Cada mentira que contamos es una deuda con la verdad, y tarde o temprano hay que pagarla”. - Valeri Legásov (1936-1988), científico soviético.

2 de febrero, 2023 amlo y sus mentiras

Con base en mentiras no es posible hacer nada que perdure. Lo falso no resiste la prueba del tiempo, que es el principal agente que desmonta mentiras y abre camino a la verdad. Escribía Juan Pablo II que la verdad es la condición para el desarrollo de la vida social y, de hecho, la condición de posibilidad para la vida toda. En ausencia del afán de verdad es imposible la confianza en las relaciones sociales e imposible la comunicación. 

Sin verdad desaparece la justicia y se desvanece la posibilidad del entendimiento mutuo. Tampoco la ciencia ni la técnica de ninguna especie se pueden desarrollar sin la fundamentación de conocimientos verdaderos: ningún aparato funcionaría y los muros que sostienen nuestra realidad material y humana se vendrían abajo si estuvieran cimentados en mentiras. A propósito, recomiendo ver “The Dropout”, miniserie que expone con detalle la historia de Elizabeth Holmes, empresaria estadounidense que intentó levantar la empresa biotecnológica Theranos, con base en palabras sin sustento verdadero, hasta que su castillo de mentiras se derrumbó. Hoy paga una larga condena en prisión, después de hacer perder mucho dinero a muchos inversionistas que se tragaron sus cuentos con sus encantos. No está de más mencionar el caso de Bernie Madoff, considerado el mayor defraudador financiero de la historia y que murió en prisión, condenado a cadena perpetua (su historia también se ha llevado a la pantalla. Se sugiere: “The Wizard of Lies”, en HBO). 

Las mentiras no son sostenibles. En el caso del mundo político, es larga la historia de los demagogos que se hacen del poder a base de mentiras, pretenden gobernar con cuentos y terminan llevando a sus pueblos a la ruina, tanto económica como moralmente.

Por esto es de la mayor relevancia que una sociedad se defienda contra los cuentos de los estafadores y marrulleros antes que los daños que causan las mentiras sean graves. Proteger a la sociedad de los engaños y de la mala fe es parte esencial del quehacer del entramado institucional: tanto de las instituciones jurídicas y legislativas, como educativas –incluyendo los centros de investigación y de pensamiento– y de los medios de comunicación. La tarea de la construcción social comienza en casa: no es casual que los padres de familia seamos tan celosos para educar a nuestros hijos en no decir mentiras.  Las mentiras pudren el tejido social. 

Un autor ya clásico en los estudios sobre liderazgo, Warren Bennis (1925-2014), no dejaba de señalar que, una y otra vez, en la historia se constataba que es la integridad (ética) la más relevante de las cualidades de un buen líder. Cuando la integridad falla, el liderazgo se desploma y el caos va ganando presencia en la dinámica social. Si las instituciones son ineficaces para exponer y combatir las mentiras y los actos deshonestos como ocurre, por ejemplo, en los regímenes totalitarios, más temprano que tarde, el orden público deviene en el horror.

Debemos reconocer que la cultura mexicana, históricamente, se ha distinguido por los juegos de palabras que ocultan la verdad. Tal es el caso de los juegos de albures o aquellas legendarias “mentiras de los mexicanos”: “mañana te pago”; “la última y nos vamos”… Y nuestra clase política no ha destacado por su honorabilidad y su afán de verdad, sino más bien por los altos índices de corrupción. No es casual que seamos el país en el que “quien no tranza no avanza” o donde “la moral es un árbol que da moras” y en el que durante prácticamente todo el siglo XX vivíamos en un orden político simulado donde, pese a la letra del texto constitucional, no éramos propiamente ni república ni democrática ni representativa ni federal. 

No obstante lo anterior, nunca habíamos estado tan mal como en estos aciagos días de la autodenominada “4ª. Transformación”. Los que llegaron al poder prometiendo ser, sobre todo, moralmente distintos, en efecto lo han sido, pero para mal. En estos cuatro años de gobierno “progresista”, la élite ahora gobernante ha demostrado que, en efecto, no son iguales a los de antes, sino mucho peores. Hemos pasado de las mentiras públicas disimuladas a las mentiras descaradas y abiertas, repetidas una y otra vez sin pudor alguno tanto por el Presidente como por sus seguidores. 

Como nunca, se ha hecho realidad aquello de que, parafraseando el dicho original, si el de hasta arriba miente, todos los que le siguen también mienten. Adicionalmente, si en años previos habíamos los mexicanos logrado construir algunas instituciones cuyo propósito era precisamente sanear nuestra vida pública de mentiras, tranzas, desinformación y violaciones a la ley, el gobierno morenista ha hecho lo más posible para acabar con ellas: destruyéndolas, cooptándolas o anulándolas, como ilustran los casos de la CNDH, el INAI y ahora van con todo “para destrozar” al INE. Lo mismo se puede decir de los recurrentes ataques verbales y presiones diversas a casi todos aquellos periodistas e intelectuales que denuncian y desenmascaran las muchas mentiras de las que está hecha la llamada 4T. Prohibido decir que el emperador va desnudo y la transformación anunciada involuciona de fantasía a pesadilla.

Entre tanto, al señor Presidente se le han contado ya casi 100 000 mentiras en sus conferencias mañaneras (¡100 000!), más las que se acumulen. Y va cada vez peor, porque ya no se trata de mostrar sencillamente “otros datos”: Acusar al INE de “embarazar urnas” o perpetrar fraudes electorales y a Lorenzo Córdova de ser “un farsante” ya va más allá de las mentiras: es canallada. Lo mismo que explicar los accidentes cada vez más frecuentes en el metro de la CDMX por “actos de sabotaje”. Ya no digamos dar por inaugurada una refinería que quién sabe cuándo pueda funcionar si es que algún día lo hace, o presumir de un sistema de salud tipo danés cuando el desabasto de medicinas es alarmante. Y tantos otros cuentos chinos. 

En el gobierno más mentiroso de la historia de México, desde luego no es dato menor señalar que han plagiado sus tesis la ministra Yazmín Esquivel; el Fiscal General, Gertz y el director impuesto en el CIDE, Romero Tellaeche.  Lo que vivimos es muy grave. Tantas mentiras desde el gobierno no son irrelevantes ni meramente anecdóticas. Las mentiras destruyen. Como las drogas. Nuestra sociedad no debe permitir esto. Nos urge verdaderamente un México sin mentiras.  

 

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